

1 DE DICIEMBRE DE 1991
REFERENDUM E INDEPENDENCIA DE UCRANIA
Estaba previsto el referéndum en Ucrania para el día 1 de diciembre, el mismo día que las elecciones presidenciales. Leonid Kravchuk pasó esos días haciendo campaña, ya que había dos competencias que debía ganar. No estaba acostumbrado al trato con los ciudadanos comunes, él era un antiguo apparatchik. Pero Kravchuk no evitó el contacto con la gente, y esa nueva modalidad en algún momento de la campaña casi le cuesta la vida. En Vinnytsia la multitud agolpada en ese lugar, terminaron quebrándole un dedo, y con los zapatos destrozados, sin proponérselo.
En el mes de noviembre, un mes antes de las elecciones, las encuestas le otorgaban a Kravchuk un 30% en intención de voto, por detrás con el 12% se ubicaba su oponente Viatcheslav Tchornovil, un ex preso político que en ese momento dirigía la administración general de Leópolis. No sin razón los rivales de Kravchuk se quejaban de que este corría con ventaja, ya que el presidente del parlamento tenía el apoyo del aparato estatal de Kyiv y en las provincias.
La vieja clase política comunista, que inicialmente se opuso a la independencia, ahora la defendía sin reservas. El 24 de agosto la mayoría comunista en el Congreso había votado a favor de la declaración de la independencia a condición de someterla a referéndum en un plazo de tres meses. Era obvio, que el referéndum no salvaría al partido Comunista que había sido ilegalizado en Ucrania antes que en Rusia. Pero los dirigentes del partido no fueron humillados como en Moscú.
Tampoco le confiscaron los bienes de la organización, ya que los apparatchik se limitaron a entregarlos tranquilamente a los soviets regionales y locales, que en muchos casos eran antiguos compañeros suyos. Para la mayor parte de la vieja dirigencia comunista la independencia se convirtió en su nueva religión. Todos creían que Leonid Kravchuk los protegería de Boris Yeltsin y de las fuerzas nacionalistas y demócratas del país.
Para la clase dirigente comunista votar por Kravchuk para presidente de la república significaba, de algún modo, seguir en el poder, y por tanto defenderían con todas sus fuerzas a Leonid Kravchuk, y se opondrían por todos los medios posibles si ganaba un candidato nacionaldemócrata o un demócrata cercano a Boris Yeltsin. En tanto Leonid Kravchuk tenía que convencer a los votantes, que, pese a su pasado comunista, él era la persona capaz de guiar al país hacia la soberanía, y que por ello votasen a favor de la independencia.
En pos de esa tarea se dedicó a convencer a las clases dirigentes regionales que adoptasen un discurso no separatista, había que calmar a las minorías étnicas y religiosas, que pudieran temer vivir en un país dominado por una mayoría ucraniana. También buscó ganarse el apoyo de los comandantes de las unidades militares soviéticas, para que los dirigentes rusos o los de la Unión Soviética no pudiesen utilizar en contra de la independencia. En ucrania había un total de cinco candidatos, lo que significaba que el voto estaba dividido. En las ciudades del este, la clase intelectual había votado por Yeltsin en los años de la perestroika, esta era una zona muy rusificada.
En esos momentos esos votantes se sentían identificados con el vice presidente segundo, Volodymyr Hryniov, que era de etnia rusa y un emergente democrático que surgió en la ciudad de Járkov, cerca de la frontera noreste de Rusia. Hryniov había condenado enérgicamente el golpe de Estado desde el principio y fue de los pocos diputados que votó en contra de la independencia el 24 de agosto. En realidad, no se oponía a la independencia en sí misma, sino a que fuera gobernada por comunistas, y ahora, como ex comunistas.
Pero al ser ilegalizado el partido Comunista, estos abrazaron la causa de la independencia, con el convencimiento de que la mayoría de los ucranianos la apoyaban. Volodymyr Hryniov, dijo: «En la campaña electoral se hizo evidente que los ciudadanos querían la independencia. Al encontrarse con las multitudes capta uno enseguida el sentir general». El bloque nacionaldemócrata tenía como candidato a Viacheslav Tchornovil, que para diferenciarse de Leonid Kravchuk remarcaba que él siempre había sido anticomunista, y que no había cambiado de ideas debido a las circunstancias.
Tchornovil, que había sido detenido en 1967 por primera vez, pensaba que, una vez conseguida la independencia, Ucrania tenía que convertirse en un estado federal. En la primavera de 1990 fue elegido gobernador de Leópolis, y desde entonces propugnó por una federación ucraniana en la que Galitzia, recién formada por tres óblasts y con capital administrativa en Leópolis, disfrutaría de autonomía política.
Levko Lukyanenko, el principal redactor de la independencia, seguía sosteniendo que Viacheslav Tchornovil era partidario de un federalismo y que sería malo para Ucrania, ya que alentaría la ambición imperial de Rusia y le daría fundamento legal al separatismo. Tchornovil era el candidato del Rukh y Lukyanenko, jefe del Partido Republicano Ucraniano, la fuerza política más organizada de los que integraban aquella coalición. Ambos provocaron un cismo que favoreció a Leonid Kravchuk.
La división se agravó cuando varios políticos nacionaldemocratas pidieron el voto para el presidente del parlamento, para muchos miembros de la clase intelectual que habían defendido la independencia, la elección de Leonid kravchuk era la única posibilidad de una Ucrania unida e independiente. Para los nacionalistas, Kravchuk era el mal menor y sostenían que debía ser vigilado de manera permanente, ya que podría ceder a las presiones de Rusia.
La diputada Larisa Skorik, sostuvo que Kravchuk era el único candidato idóneo para el cargo, el único que podía negociar con los comunistas, como lo había demostrado el 24 de agosto, cuando se sometió a votación la independencia. «Es un político muy astuto. De lo que no estoy segura es de que sea una persona integra. […] Por otro lado, ¿qué necesitamos en este momento, héroes o gente con habilidad diplomática?», dijo al Ukrainian Weekly.
Leonid Kravchuk no quería ser el gobernador de una provincia sometida a la autoridad de Rusia. Una vez constatada su ventaja en las encuestas, se centró en la cuestión de la independencia. Los sondeos indicaban que esa estrategia funcionaba, a finales de septiembre era del 65% y a principios de noviembre llegaba al 75% a favor. Hay que recordar que el referéndum promovido por Gorbachov, el resultado era el arma mas importante para mantener la Unión Sovietice.
Para Kravchuk el reto era no solo ganar la el referéndum sino ganarlo con un mínimo del 50% en todas las regiones del país. Kravchuk y su equipo de colaboradores se preguntaban sobre la pregunta exacta que se le iba a formular a los ucranianos el 1 de diciembre. Las encuestadoras aseguraban que, cuando se le preguntaba a la gente si estaba a favor de la independencia, y también de la declaración aprobada por el parlamento en agosto, los resultados eran los mejores que cuando se les preguntaba solo lo primero.
En el Este de Ucrania, la propaganda soviética por largos años había degradado la palabra independencia, pero una vez aprobada en el parlamento, el término cobraba cierto respeto. En las vísperas del referéndum, el presídium del parlamento, emitió un comunicado en la que se advertía a los ciudadanos de Ucrania que rechazar la independencia equivalía a aceptar la dependencia. La diversidad regional y cultural del país, significaba una enorme dificultad para los que abogaban por la causa de la independencia.
Georgi Shakhnazarov le propuso a Mijaíl Gorbachov que se aprovechara esta cuestión para frenar el avance independentista, y Mijaíl Gorbachov no cesaba de recordárselo a todo el mundo. Las encuestas pronosticaban una amplia mayoría del sí en el referéndum, el apoyo a la independencia variaba según la región. El porcentaje más alto se registraba en Galitzia, que en una época había estado bajo la autoridad austriaca y polaca. En uno de sus Óblasts, el de Ternopil, mas del 90% estaba a favor. En la región natal de Kravchuk, Volinia, que había pertenecido a Polonia en periodo de entreguerras, pero nunca a Austria-Hungría, el porcentaje era cercano al 88%, en Kyiv y Ucrania Central también era alto.
Los partidarios de la independencia apenas superaban el 50% en varias regiones del sur y del este del país. En los territorios que no habían sido colonizados hasta el siglo XIX, y que recibieron un buen número de rusos de acuerdo al plan de repoblación y en lo lingüístico y cultural por la URSS, Leonid Kravchuk iba por delante de Viachelsav Tchornovil. La elección de Kravchuk era garantía que la independencia no traería al poder un nacionalismo extremo.
El día 23 de octubre Kravchuk había viajado a la república autónoma de Crimea para convencer a su parlamento de que apoyaran la independencia. La península, que estaba unida al país por un istmo de siete kilómetros de ancho y separada de Rusia por el estrecho de Kerch, de cuatro kilómetros y medio, había pertenecido a la Federación Rusa hasta 1954, cuando Nikita Kruschev la incorporó a Ucrania por razones económicas. Crimea era uno de los veinticinco óblasts ucranianos hasta febrero de 1991.
Mediante el referéndum celebrado el mes anterior, fue reconocida como región autónoma y con derecho a firmar el nuevo tratado de la Unión. Gorbachov y su gobierno estaban detrás de todas maniobras, y a principios de ese año, Mijaíl Gorbachov puso todo el empeño en elevar de estatus a ciertas regiones para hacer contrapeso a las repúblicas secesionistas. En el mes de agosto Mijaíl Gorbachov invitó a Moscú para la firma del tratado de la Unión, al presidente del parlamento crimeo, Nikolái Bagrov, pero este rechazó cortésmente la invitación.
En Crimea los de etnia rusa eran mas del 77% y dominaban la cultura y la política de la zona. La mayor marcha forzada de los trataros por parte de los soviéticos, se produjo en Crimea. No había colegios ucranianos, y los ciudadanos ucranianos no podían usar su lengua en la vida cotidiana, y con el tiempo, la mitad de ellos lo consideraba su lengua nativa. Eso fue producto de la limpieza étnica. Por tanto, la identidad ucraniana en la región era muy precaria.
A los dirigentes de Kiev tampoco les preocupaba la presencia de oficiales y marineros de la flota soviética del Mar Negro, así como los militares retirados que se oponían a la independencia. Los tártaros de Crimea a los que Stalin había acusado de colaborar con los nazis durante la ocupación alemana y que fueron expulsados de la península en 1944, empezaban de a poco a regresar a su tierra y de esta manera alterando el dominio étnico de los soviéticos.
Leonid Kravchuk arribó a Crimea el día en que estaba previsto la votación de una ley reguladora del referéndum, en la que los ciudadanos decidirían separase de Ucrania o no. Leonid Kravchuk logró disuadir a los diputados de que aplazaran la votación y suspendieran la consulta. No era necesaria esa ley, ya que Crimea podía resolver los problemas de la región sin la intervención de Kyiv. La vieja clase comunista que colaboraba con Kyiv desde 1954, aceptó el aplazamiento, derrotando a los diputados del Movimiento Republicano de Crimea.
Yuri Meshkov, el líder del partido, que había sido uno de los pocos parlamentarios que se había opuesto al golpe de estado de agosto, se declaró en huelga de hambre como protesta, presentando el conflicto como una lucha entre la democracia y el comunismo. Tiempo después, cuatro periodistas, una de Ucrania, una tártara y dos rusas, imitaron a Meshkov, pero en este caso era una denuncia al odio étnico que los seguidores de este fomentaban en la región.
Digamos que, Leonid Kravchuk, consiguió retener la región autónoma en su país por medios políticos. El estatus recibido por Crimea despertó la envidia de los dirigentes del Óblast de Zakarpatia, que había pertenecido a Checoslovaquia antes de la guerra. Ellos querían la autonomía. Odesa, en el sur y la cuenca minera del Donbás, en el este, eran las principales candidatas a obtener el mismo estatus que Crimea. El candidato Viacheslav Tchornovil le prometió a la clase dirigente de Odesa una zona de libre comercio.
Leonid kravchuk recorrió el país prometiendo una amplia autonomía para las regiones históricas de Ucrania, las regiones del sur y del este se declararían independientes de Kyiv. Además del separatismo, estas fuerzas centrifugas constituían un problema en las relaciones de Ucrania con sus vecinos, soviéticos o no. Luego del comunicado emitido por el portavoz de Boris Yeltsin en agosto, se hizo evidente que, si el resultado del referéndum no era la deseada, Rusia estaría dispuesta a reclamar Crimea y otras regiones orientales.
Los húngaros de Zakarpatia tenían esperanzas en sus hermanos étnicos del otro lado de la frontera, y el nacionalismo rumano ganaba fuerza en el norte de Bukovina, una zona con mayoría de población ucraniana, pero que en el periodo de entre guerras había pertenecido a Rumania. Por el momento ni los dirigentes checos ni los húngaros no reivindicaban territorio en Ucrania, entonces el parlamento de Rumania decidió desafiar a Kyiv. Los diputados rumanos aprobaron una resolución exigiendo que no se reconocerían los resultados en el norte de Bukovina, al que describían un antiguo territorio rumano.
El ministro de asuntos Exteriores de Ucrania, Anatoli Zlenko, que se dirigía a Bucarest para su primera visita oficial a Rumania, suspendió el viaje y se bajó del tren en medio de la noche, antes de cruzar la frontera. Al siguiente día, su par rumano, que no estaba al tanto del cambio de planes, estuvo esperándolo en vano en la estación de Bucarest. Los dirigentes ucranianos eran muy sensibles a la integridad territorial de su país, donde existían regiones que habían pertenecido a países como Polonia, Checoslovaquia, Rumania y Rusia antes de 1939.
Las reivindicaciones de otros países y las reacciones centrifugas de varias regiones, estaban directamente relacionadas con cuestiones étnicas. Los rusos eran los mas numerosos, 11 millones que en su mayoría vivían en las ciudades del sur y del este del país. Por tanto, los dirigentes ucranianos transmitían el mismo mensaje, querían que los rusos se sintieran en Ucrania más a gusto de lo que estarían en Rusia. Se puede decir, que a los rusos no les preocupaba la suerte que correrían en una Ucrania independiente. Muchos de ellos llevaban viviendo por décadas y se habían casado con miembros de la etnia mayoritaria.
Los rusos en Ucrania eran conscientes de que la Unión Soviética no funcionaba, su economía era desastrosa y se iba deteriorando rápidamente. Estaban dispuestos a probar otra cosa. Marta Dyzcok, que trabajaba como freelance para «The Guardian», dijo: «Cuando uno hablaba con la gente, lo que llamaba la atención era el deseo de cambio. Este sentimiento lo percibimos en todas partes, antes y después del golpe de estado. Estamos hartos, decían, del caos y de la corrupción. Ya basta. Queremos otra cosa. Y el cambio que se le ofrecía a Ucrania era la independencia».
Cuando Kravchuk dio su mensaje a los votantes no habló de nacionalismo cultural sino de lo económico, apeló a la creencia generalizada de que Ucrania era el granero de Europa, y que estaba alimentando a Rusia y las demás repúblicas soviéticas. Es cierto que Ucrania en el periodo soviético había superado en nivel de vida a las provincias rusas, pero en 1991, el mercado ucraniano de productos agrícolas estaba mejor que el ruso. No hacía falta hacer mucho para convencer a los ciudadanos de todas las etnias de que optaran por la independencia.
En el mes de noviembre, el Banco central soviético les cortó los fondos a las repúblicas, lo que dificultaba el pago de salarios en las institucione y empresas ucranianas. El discurso de Boris Yeltsin sobre las reformas económicas desestabilizó el mercado de consumo en Rusia, los precios subieron y las tiendas en Moscú quedaron vacías. Los moscovitas, cuyos salarios pagaba el gobierno ruso, se dirigían en tren al sur para comprar productos agrícolas en Ucrania.
Los ucranianos y los rusos del este y del sur del país protegían físicamente sus mercados y los precios bajos que pagaban por los productos, retenían a los viajeros en las estaciones de trenes cuando llegaban por miles. En ciudades industriales como Dnipropetrovsk, se armaban enfrentamientos entre los dos grupos diariamente. La independencia era la única opción posible para las etnias de Ucrania. En Ucrania vivían medio millón de judíos, lo que constituía la segunda minoría del país y una de las que más habían sufrido discriminación en los últimos decenios del sovietismo.
Los dirigentes ucranianos eligieron a esta comunidad para mostrar su tolerancia en octubre de 1991, cuando los nacionaldemocratas ya habían pasado a la ofensiva y los viejos comunistas se batían en retirada. Las autoridades ucranianas de Kyiv organizaron un acto para conmemorar la matanza de judíos que se había producido en el barranco de Babi Yar en el otoño de 1941. Para los miles de judíos que concurrieron al acto era la primera vez que podían mostrar su identidad en público, y para los miles de no judíos, la primera en que reconocían en público la identidad reprimida de sus vecinos.
Mijaíl Gorbachov mandó en su representación a la ceremonia a Aleksandr Yákovlev, uno de los artífices de la perestroika, y George Bush, a personalidades destacadas como su hermano Jonathan, presidiendo la delegación estadounidense. Leonid Kravchuk, dijo: «!Queridos amigos! La historia de la relación entre los pueblos ucraniano y judío ha sido compleja y trágica. Tiene capítulos luminosos y también sombríos. Ninguno de nosotros tiene derecho a olvidar nada: pero no se trata de reabrir viejas heridas, sino de evitar que se repitan. Ojalá acabemos recordando lo que nos une mas que lo que nos separa».
Leonid Kravchuk, había sido testigo de una matanza de judíos en Volinia y sabía que en el Holocausto habían participado policías ucranianos reclutados por los nazis, pidió perdón al pueblo judío en nombre de los ucranianos, y terminó su discurso con unas palabras en yiddish. El 1 de noviembre, el parlamento de Kyiv aprobó la declaración sobre los derechos de las Nacionalidades de Ucrania, que garantizaba la igualdad de los ciudadanos con independencia de su origen. El día 16 comenzó en la ciudad de Odesa el Congreso Ucraniano Interétnico, organizado en forma conjunta con el Rukh y el parlamento.
Al encuentro acudieron un millar de delegados, que aprobaron, con solo tres votos en contra, una resolución que defendía la independencia. Ese mes el porcentaje de judíos partidarios de la independencia era del 60%, ligeramente superior al ruso que era del 58,9%. El día 20, Leonid Kravchuk habló ante el primer foro religioso ucraniano, Kravchuk pidió perdón a los lideres religiosos no en nombre de un partido que ya no existía, el comunista, sino del Estado que él representaba. En Ucrania se encontraba mas de la mitad de las iglesias ortodoxas de la Unión Soviética y vivían la mayoría de los protestantes.
Ucrania se consideraba el Bible blet, el cinturón bíblico de la Unión Soviética, y con la llegada de la perestroika y la glasnost, se había convertido en un campo de batalla religioso. Leonid kravchuk pidió a los lideres que practicaran la tolerancia sobre otras confesiones, y que evitaran todo tipo de conflictos. El día 20, los lideres de las dieciséis organizaciones religiosas de Ucrania respaldaron la política religiosa del gobierno, en realidad, se trataba de un gesto de apoyo a la independencia del país.
El presidente del parlamento ucraniano se había sentido impotente como autoridad de Kyiv, cuando el general Valentín Varénnikov lo visitó en su despacho el primer día del golpe de Estado. Luego del fracaso del golpe, los ucranianos se abocaron a crear una guardia nacional haciéndose con el control de las tropas del ministerio del Interior. Pero esto no bastaba para intimidar a las tropas rusas estacionadas en el país, y que recibían órdenes de Rusia. Ucrania era considerada el segundo escalafón de la defensa soviética en el caso de una guerra mundial, el primero era Europa del este, y estaban estacionados 700 mil soldados.
El 27 de agosto, Kravchuk convocó a los altos mandos militares destinados en Ucrania para solicitarles que reconocieran la nueva situación política creando unas nuevas fuerzas armadas, pero la cúpula militar no le importaba lo que hubiese decidido el parlamento, todas las unidades debían seguir bajo el mando de Rusia. Solo uno de ellos, el general Kostiantyn Morozov, comandante de una división de aviación que estaba estacionada en el país. Morozov era simpatizante del movimiento democrático ucraniano, fue el único oficial presente en la sala que había desobedecido la orden de los cabecillas del golpe de agosto, de poner las tropas en alerta máxima.
También era el único que sostenía que una Ucrania independiente tenía que contar con unas fuerzas armadas propias. Esa postura colocaba a Morozov en una situación que daba por terminada su carrera militar. Estaba enfrentado a Rusia y lo mismo que su antiguo subordinado, el general Dzhojar Dudayev, que había abandonado el ejército en primavera para guiar a la república chechena hacia la independencia. El 27 de agosto, el parlamento de Kyiv decidió nombrarlo primer ministro de Defensa de Ucrania. En cuanto al armamento nuclear, estaba dispuesto a renunciar al tercer arsenal más importante del mundo, pero no cederlo a Rusia sino desmantelarlo.
A pesar de tener un apellido típicamente ruso, Morozov era originario de Ucrania y su padre era ucraniano, nació y se educó en el este del país, donde la mayoría de la gente hablaba ruso o una mescla de ruso y ucraniano, había estudiado la lengua ucraniana en el colegio, pero más pesó sus treinta años de servicio militar. Su nombramiento como comandante de la división de aviación estacionada en Kyiv había sido un error del estado mayor. Había una ley no escrita en el ejercito sovietico, y los oficiales de etnia ucraniana no podían bajo ningún concepto ocupar puestos de mando en Ucrania, esa norma regía para los miembros de otras etnias en las repúblicas, si no eran originarios.
Al general Dzhojar Dudayev, que estuvo a las ordenes de Morozov en Ucrania, no se le permitía comandar ninguna unidad en su región natal. Su promoción al rango de general causó polémica incluso en Ucrania, se lo tachó de nacionalista porque se había puesto a bailar la lezginka, danza tradicional de no pocos grupos étnicos del Cáucaso, al enterarse del ascenso. Morozov eludió la norma sobre las minorías étnicas y fue porque en su expediente figuraba como ruso. Al momento de apoyar la independencia de Ucrania en 1991, sus superiores en Moscú, entre ellos su antiguo valedor, el mariscal Yevgueni Sháposhnikov, le había preguntado dos veces si era ucraniano. Morozov, medio en broma habría dicho que debía haberse colado una errata en el dossier.
Los comandantes entendían que ser medio ruso, ya sea tener un padre o una madre rusa, era ser ruso. El caso de Morozov pone en descubierto lo que muchos putinistas actuales pretenden ocultar, este caso fue el resultado de ese plan que pretendía rusificar el país borrando la identidad ucraniana. En la URSS los hijos de matrimonios mixtos como es el caso de Morozov, podían escoger su nacionalidad. Muchos nacidos y criados en Ucrania la consideraban su patria, aunque prefiriesen figurar como rusos en su pasaporte. La lengua, la identidad y la lealtad de las tropas eran las tres cuestiones esenciales a la que Morozov se enfrentaba al crear el ejército ucraniano.
Zbigniew Brzezinski, el que fuera consejero de Seguridad Nacional de Jimmy Carter, cuando se entrevistó en Kyiv, el día anterior a la aprobación que declaraba a Ucrania país libre de armas nucleares. Luego de su encuentro oficial con el primer ministro de Defensa, Brzezinski le pidió hablar en privado. Morozov aceptó, aunque algo sorprendido, él no hablaba inglés, ni Brzezinski ruso. Cuando se encontraron ambos, el estadounidense de origen polaco le hablaría en esa lengua y Morozov en ucraniano, y se pudieron entender. Ante la pregunta de cual sería la lengua oficial de las fuerzas armadas, Morozov respondió que el ucraniano.
Pero Ucrania no podía partir de cero, como lo hicieron las repúblicas bálticas, donde las nuevas repúblicas independientes exigieron la retirada de las tropas soviéticas, creando sus fuerzas armadas con nuevos soldados. Kravchuk y Morozov, no creían posible hacer algo así, los setecientos mil soldados rusos no tenían a donde ir. Rusia tardaría años en repatriar y reasentar esas tropas de Europa oriental. A Kyiv no le quedaba otra solución que asumir el mando de las que había estacionadas en el país.
No había problemas con los suboficiales y soldados que eran ucranianos, pero los oficiales procedían de otras repúblicas. Para el nuevo gobierno de Ucrania, la cuestión de la nacionalidad no era un problema, salvo para los destinos, además, no tendrían que quedarse en Ucrania, aunque tuvieran esa nacionalidad en el pasaporte, ni ser despedido al no tenerla, si era ruso o armenio. El oficial tenía que manifestar su voluntad de servir al país, el conocimiento de la lengua autóctona era secundario.
Lo que hizo Leonid kravchuk, fue construir una nación política desde una nación multiétnica, y Morozov siguió su ejemplo con su ejército. Morozov y sus superiores en un primer momento no se opusieron a que Rusia siguiera controlando los arsenales nucleares. Esto cambió luego de una conversación entre Morozov y Henry Kissinger, el consejero de Seguridad Nacional de Nixon. En la primera reunión Henry Kissinger quería saber que iban a hacer los ucranianos con las armas nucleares y las fuerzas estratégicas que había en el país, Morozov respondió que seguirían bajo control ruso.
Henry Kissinger preguntó: «¿En qué consiste entonces la independencia?» Si Ucrania quería ser de verdad independiente no podían permitir que las fuerzas militares estuvieran bajo a autoridad de Rusia. Morozov pasó gran parte de su tiempo sin poder llevar a cabo su proyecto de ejército, los rusos se oponían a que Ucrania tomara el mando de las unidades militares estacionadas en el país, aunque aceptaban que Morozov tuviese la doble condición de comandante de tropas aerotransportadas, subordinado al estado mayor del Ejército, y miembro del gobierno ucraniano.
El ministro de Defensa solicitó el traslado desde Rusia de varios oficiales de estado mayor que habían nacido en Ucrania y que querían participar del nuevo ejército. La solicitud fue aceptada, pero sus antiguos compañeros los miraban con desconfianza y desprecio. Los jefes militares de las distintas regiones no miraban bien a Morozov, ya que tenía un grado militar inferior al de ellos. En noviembre se corrió el rumor de que el general Valentín Chechevatov, comandante de Kyiv, que, durante el golpe de estado de agosto, había interpelado a Kravchuk junto al general golpista Varénnikov, había mandado a detener a Kostiantyn Morozov.
Otra versión indicaba que Mijaíl Gorbachov había autorizado a las tropas soviéticas estacionadas en Ucrania a ejecutar maniobras el 28 de noviembre, dos días antes del referéndum. Morozov condenó la decisión, pero poco podía hacer ya que apenas controlaba el ejército en el territorio en el cual era ministro de Defensa. El 1 de diciembre, Leonid Kravchuk depositó su boleta en el centro electoral de la capital, los primeros sondeos indicaban una alta participación ciudadana. Los votantes rurales fueron los que votaron más temprano, en la aldea de Khotiv, al sur de Kyiv, entre el 60 y el 80% de los censados votaron antes de las diez de la mañana.
En Kyiv muchos iban acompañados de sus familiares y a veces con niños, y luego se quedaban en las inmediaciones. Los ucranianos de Estados Unidos y Canadá habían viajado a la tierra de sus antepasados para ayudar en el proceso electoral. Chrystyna Lapychak, de la revista Ukrainian Weekly, le dijo a un corresponsal de Associated Press: «Sentía como si estuviesen todos allí: los fantasmas de los que no tuvieron la suerte de vivir ese día, de votar en el referéndum. Eran nuestros antepasados, todos los que sufrieron, todos los que soñaron con que sus nietos vivieran en libertad. Esos nietos éramos nosotros».
Los distintos grupos sociales y políticos defendían la independencia, cada uno de ellos tenían su propio objetivo, los nacionalistas demócratas querían la independencia por sí misma y que se impusiera la cultura ucraniana antes de ser reemplazada por la rusa. Los ex dirigentes comunistas buscaban protegerse y a sus familias y librarse del control de Rusia. También, luego de mucha lucha, el presidente George Bush se había comprometido a reconocer la independencia de Ucrania.
La participación en la elección fue del 84%, superando todas las expectativas, y el 90% de los que votaron lo hicieron por la independencia. Ni siquiera Kravchuk había podido imaginar semejante triunfo. Una semana antes de las elecciones, Stepán Khmara, vicepresidente del parlamento y ex prisionero del Gulag, le dijo a Kravchuk que los votos por el sí superarían el 90%, le respondió que estaba loco. El porcentaje final fue del 90,32%. Los ciudadanos del Óblast de Ternopil, en Galitzia, el voto a favor fue casi unánime, la participación fue del 97% y el 99% de los votantes lo hicieron por el sí.
En Vinnytsia, la ciudad del centro de Ucrania, ciudad de donde Kravchuk había tenido que salir corriendo, más del 95% votó a favor. En el sur y en el este, el triunfo del si fue muy importante, superaron el 85% en el Óblast de Odesa, el 83% en Lugansk, en el extremo oriental del país y casi el 77% en el de Donéts. En Crimea más del 54% apoyo la independencia, en Sebastopol, lugar donde se hallaba estacionada la flota soviética del Mar Negro, fue del 57%. Kravchuk se enteró de los primeros resultados en la madrugada del 2 de diciembre.
Leonid Kravchuk había ganado en todos los Óblast menos en Galitzia, en donde se impuso Viacheslav Tchornovil. Kravchuk obtuvo el 71% en todo el país, y Tchornovil el 23%. Kravchuk obtuvo el 76% en Lugansk y el 56% en Crimea. Mas allá de las profecías de Gorbachov, no hubo conflictos étnicos ni separatismo regional. Esa misma mañana Leonid Kravchuk llamó por teléfono a Gorbachov para informarle los resultados, luego de permanecer atónito un instante, Mijaíl Gorbachov le felicitó por el triunfo, no mencionó en cambio el referéndum.
Al día siguiente Mijaíl Gorbachov, desechó el borrador de un discurso que Georgi Shakhnazarov había redactado para él, Shakhnazarov ya no podía mencionar la cuestión étnica. Los colaboradores de Boris Yeltsin se habían rendido ante lo inevitable y estaban dispuestos a aceptar el resultado. En el borrador se felicitaba a los ucranianos por su «histórica decisión». El presidente ordenó a otro consejero, Anatoli Cherniaev, que redactara uno nuevo que dijese: «No todas las repúblicas utilizan la independencia como arma contra la Unión. Saldrán perjudicados los ucranianos: los que viven en Ucrania y los que viven en otras partes del país. Lo mismo puede decirse de los rusos», pero Cherniaev desobedeció.
Al día siguiente, Mijaíl Gorbachov publicó un comunicado que iba dirigido a todos los parlamentarios de la Unión Soviética. «Tenéis todos derecho a rechazar la Unión, pero, como representantes elegidos por el pueblo, debéis considerar las consecuencias», el presidente aun sangraba por la herida y alertaba a los diputados de los posibles conflictos étnicos. Cherniaev estaba presente en el despacho de su jefe, la tarde del 2 de diciembre, cuando llamó por teléfono a Yeltsin. Gorbachov sugirió a Yeltsin a reunirse con Kravchuk y el presidente de Kazajistán, Nursultán Nazarbáyev, para discutir la nueva situación.
La respuesta de Boris Yeltsin fue contundente: «No servirá de nada. Ucrania ya es independiente». Yeltsin propuso una Unión formada por Rusia, Ucrania, Bielorrusia y Kazajistán, pero Gorbachov se negó de manera rotunda. «¿Y qué pintaría yo ahí? Si ese es el trato, entonces me marcho». Gorbachov, una vez mas no estaba dispuesto a aceptar ser una figura relegada a un papel subalterno frente a Yeltsin. Por su parte Boris Yeltsin, se oponía a una Unión en la que recibiese ordenes de Mijaíl Gorbachov.
El día 3 de diciembre, George Bush, pidió a sus colaboradores que lo pusieran en contacto con Leonid Kravchuk, quería felicitarlo por el triunfo del sí en el referéndum. Bush le dijo que los estadounidenses celebraban el surgimiento de un nuevo país democrático y enviarían un representante a Ucrania para hablar de desarme nuclear y cuestiones fronterizas, así como de los derechos humanos y la protección de las minorías. Leonid Kravchuk tenía una buena noticia, Boris Yeltsin ya lo había llamado para decirle que Rusia había reconocido la independencia de Ucrania.
El presidente ruso Boris Yeltsin y su par ucraniano Leonid Kravchuk iban a reunirse el día sábado para discutir la nueva situación y coordinar sus políticas. El imperio soviético y Mijaíl Gorbachov, tenían los días contados, alea jacta est, la suerte estaba echada.
Ricardo Veisaga
25 de noviembre de 2024.