

NOSOTROS, «LOS DEPLORABLES»
LA VENGANZA DE LOS HILLBILLY Y EL CLINTONCIDIO
Ricardo Veisaga
La acción del individuo, en la pequeña historia salta a la vista, así lo expresó Foch con aquella frase famosa: «No fue un ejército lo que cruzó los Alpes, fue Aníbal.» El 8 de noviembre, en la vida política se produjo un hecho de tal envergadura que aún mantiene a más de la mitad del mundo «indignado» y mordiendo la derrota. Y no sólo a individuos o los gobiernos, también a organismos supraestatales.
Podemos decir que: «Donald J. Trump y su ejército cruzaron el Potomac, el Mississippi y también el Rio Bravo». En marzo de este año, escribí un artículo sobre el fenómeno Donald Trump, un artículo sin tomar partido, pero con un subtítulo muy claro para los que entienden. «El infierno son los otros», prestado de la obra teatral de Jean- Paul Sartre. Y finalizaba tomando una especie de oración fúnebre, de un fraile inglés, católico, converso del anglicanismo, Dwight Longenecker, para trazar una analogía entre Julio César y el ascenso de Donald Trump.
La revolución que lideró contó con el apoyo del ejército y de vastas hordas de gente pobre o que se sentía pobre. Fue un dictador, pero un dictador popular. La gente ya no quería una república porque la república se había corrompido. La república se había quebrado y a la gente no le importaba si César era conservador o demócrata. No les importaba si era pro vida o pro muerte. No les importaba si se iba a convertir en un dictador despiadado. Estaban dispuestos a arriesgarse a lo que fuere con tal de derrocar a las familias super ricas que controlaban el senado, la riqueza y que detentaban todo el poder. A la gente le gustaba porque era el tipo de hombre que conseguía que las cosas se hicieran. ¿Entregaban su libertad al dejar caer la república? En su pobreza no se sentían muy libres, asi que no les preocupaba. Desde su punto de vista la «libertad» era algo que poseía la gente rica. Sus vidas estaban hechas de monotonía, miedo y desesperanza.
¿Por qué gran parte los estadounidenses estaban buscando un Julio César? Porque se sentían impotentes ante la corrupción de Washington, los lobistas, etc., etc., etc. Ante la reacción indirecta de algunas personas, di un paso al costado, no por miedo, en realidad no hacía falta decir más nada. Los tiempos electorales son tiempos emocionales, con poca racionalidad, ejemplo de lo que digo son estos resultados. Hace unos meses en una intervención para un medio extranjero, ahondé en otros aspectos fundamentales de la campaña.
Donald Trump (y sus votantes) no sólo derrotaron a los Clinton, Obama, los medios, los encuestadores… derrotaron al establishment norteamericano, demócrata- republicano, y a los grupos que viven medrando del poder. Un establishment encarnado en los Clinton, en la farándula, y en los llamados intelectuales «Los nuevos impostores», según Gustavo Bueno.
La onda expansiva de la bomba, alcanzó a Barack Obama, a su mujer, boquitas Michelle. La supuesta figura no-política más influyente en esta campaña quien trató de desacreditar a Trump luego de que el Washington Post publicara frases «soeces» del candidato republicano contra las mujeres. «Puedo decir que los hombres de mi vida no hablan así sobre las mujeres y sé que mi familia no es una excepción», declaró.
Se la vio sonriente y enérgica durante toda la campaña, pronunciando discursos más apasionantes que la Hilaria, hoy se encuentra desolada, y no es para menos, le tenían reservada un ministerio para ser la sucesora de la Clinton. Incluso habían publicado carteles alusivos de Michelle 2020, continuando las dinastías, los Kennedy, los Bush, los Clinton, como aquí en Chicago, los Daley, la mafia irlandesa.
Esta gente cree que (como dicen en mi país) tienen a Dios agarrado por los testículos. Pobre Michelle, ella que había empezado realizando ejercicios corporales para los niños americanos, y mostrando su «orto» (huerto, en latín), digamos su quintita en la Casa Blanca, así se empieza y así a veces se termina. Afirmaba Obama que un sujeto como Trump que «no puede manejar su cuenta de Twitter, no podía acceder a los códigos secretos nucleares».
Tampoco podría administrar la Casa Blanca porque «la alta política no es un programa de televisión». Lo dice quien ha gobernado la «alta política» como si fuera la «pequeña política». La victoria de Trump es hija del fracaso de Obama, él es el padre de la derrota. Quien ha llevado el país a este estado de frustración, el que cargó el descomunal presupuesto estadounidense con una deuda todavía más grande, condicionando el potencial crecimiento económico de los próximos años.
Un Obama blando y cobarde con los verdaderos enemigos de los Estados Unidos. Que rompió las reglas no escritas, haciendo campaña a favor de Hillary desde el Air Force One. ¿No era que Obama iba a unir al país, superar divisiones, además de caminar sobre el agua? La victoria de Trump, muestra que ha dejado un país más dividido, más resentido y más desilusionado que el que recibió de George W. Bush. Para muestra todavía están en la calle sus huestes de «clase alta y cuello blanco».
El cuarto poder también fue derribado por Trump. Los principales diarios de los Estados Unidos y de gran parte del mundo, se aliaron para derrotarlo. Diarios tradicionalmente conservadores y derechistas «The Arizona Republic», «Cincinnati Enquirer» y «Dallas Morning News» que tradicionalmente apoyaban a los candidatos republicanos, le dieron su apoyo a la Clinton y se opusieron a Donald Trump.
El popular USA Today, un medio históricamente neutro, publicó una editorial haciendo un llamado a no votar por Trump. The New York Times y Washington Post lanzaron todas sus unidades de investigación para destruir a Donald Trump. Todos los medios hicieron propaganda antes que informar, ningún candidato hasta ahora había recogido menos endorsements que Trump, menos del 1%. Hay que ser justos el «Las Vegas Review-Journal» se posicionó por Trump.
Durante las internas ambos partidos estaban centrados en defenestrar a Donald Trump, porque estaba en riesgo no la eutaxia del Imperio sino del establishment. La misma noche electoral el The New York Times seguía con la mentira, insistiendo que según su predictor Hillary Clinton tenía más de un 80% de probabilidad de vencer.
Los mismos que acentuaron hasta límites demoníacos el perfil de Trump, y que ocultaban sistemáticamente las noticias que perjudicaban a la candidata demócrata. Pero no alcanzó para acabar con Donald y sus votantes, como si estuviesen revestidos de amianto, el único metal que resiste a los desechos nucleares. O para decirlo en terminología progre de cuello blanco, unas cucarachas, que según los científicos serían los únicos en sobrevivir a un ataque nuclear.
La progresía, dueña de la verdad creía que el imbécil era Trump, pero a la hora de la verdad, los únicos imbéciles son los que se reían de él. Nunca se dieron cuenta que habían perdido la batalla cultural antes de empezar, al fiarlo todo a la superioridad moral en un contexto de hartazgo. Superioridad moral contra la idiocia trumpista. En realidad en este año electoral desde el inicio de las primarias, todos jugaron el juego propuesto por Trump (la batalla cultural), entre conservadores y progres, en torno a estilos de vida, multiculturalismo, diferencias de género, costumbre, moral.
¿Y cómo respondió Donald Trump? Respondió con todo, jugó la baza como un experto piromaniático, le prendió fuego al progresismo cultural, no quedó minoría racial por atacar, feminista por insultar, ni izquierda por vapulear, y en esta pelea ganó por nocaut. Como en los mejores momentos de Mike Tyson ¿Le habrá aconsejado el ex campeón, quien acompañó a Trump en su campaña, a lanzar directos al mentón?
Fue de mayor a menor, de generalizar sus amenazas a matizar, de expulsar a 11 millones de ilegales a los que hayan cometido delitos, y endurecer el proceso para que se vayan solos. De todos los musulmanes… a ciertos países islámicos conflictivos. Como un sádico que lanza de golpe todo el dolor posible a suministrar a pequeñas dosis, para que no se olviden y a su vez, para mantener y no perder a sus votantes. Personalmente escuché a muchos decir: «Donald es de los míos».
Lo que hizo fue establecer una fuerte conexión emocional. Pero para persuadir a los demás, hay que estar convencido que la mayor parte del comportamiento humano es puramente emocional. Y Trump entendió que el votante no usa la razón sino la emoción. Asi les puso motes a sus adversarios, propios y ajenos, recuerden el «Low Energy» al impresentable de Jeff Bush, «Little Marco» (el pequeño Marco) a Rubio, (la chueca) «crooked» a la Hilaria, “funciona” le dijo al The New York Time, “fluye”, o antes la «Robot Hillary». «Lyin Ted» Cruz (mentiroso Ted).
Desacralizando a las «vacas sagradas», para que el votante viera las miserias de los candidatos. Y de paso cañazo, se cargó al «prisionero» John McCain. Y cuando decía «cosas absurdas» lo hacía dirigiéndose a la emoción y no a la razón. ¿Qué no acertaba o desconocía los nombres de líderes políticos? Y eso que importaba, por eso no se disculpó nunca. Deberían disculparse este par de pájaros que sabiendo de todo, cometieron verdaderas aberraciones políticas desde La Casa Blanca.
En la última década del siglo pasado, los neocon, dieron vuelta a la lucha cultural, como si se tratase de una lucha de clases al revés. Los nuevos ricos no eran las elites sino los esnobs progres, las élites ya no eran los ricos sino los esnobs progresistas. Los cosmopolitas, neoyorquinos o californianos que vivían a lo grande, los de Hollywood o ahora de Silicon Valley. Que se burlaban de los granjeros del Medio Oeste, mofándose de sus costumbres y su moral sexual conservadora.
Thomas Frank, estudioso de las guerras culturales, advirtió que había que tomar en serio a Trump, y que su versión era más potente y refinada que de los neocon, y que al discurso anti progre tradicional se agregaba el odio al establishment financiero. Entre los neocon y Trump, pasó la mayor crisis económica. Y la gente no es tonta, vio a Obama salir al rescate de los culpables. ¿No era que en el capitalismo, según la ley darwiniana de la economía, los que no podían sobrevivir debían desaparecer? 25 años después progres y elites son sinónimos.
«Es mucho más fácil burlarse de ellos por sus almas retorcidas y racistas, y cerrar los ojos ante la evidente realidad de la que el trumpismo es sólo una expresión vulgar y cruda: que el neoliberalismo ha fracasado por completo», escribió Thomas Frank hace meses. ¿Y cuál fue la respuesta demócrata? Elegir (trampas de por medio) a la encarnación del establishment a -Hillary- para… enfrentarse al odio al establishment, es decir a ellos mismos. Combatir el fuego arrojando más gasolina.
Thomas Frank dice en un artículo reciente en «The Guardian» sobre el clintoncidio:
«La América de cuello blanco se ha pasado todo el año insultando y silenciando a todo aquel que no compartiera su valoración. Y resulta que han perdido. Quizá ha llegado la hora de valorar si su estridente santurronería, bramada desde un estatus de clase alta, echa para atrás a la gente. Un problema aún mayor es que una especie de complacencia crónica echó raíces hace años en el progresismo americano… Es el progresismo de los ricos, que primero falló a las clases medias, y ahora ha fallado electoralmente.»
En un momento de la campaña apelaron al miedo ¿Cómo permitir que un demente pueda tener en sus manos el botón rojo? ¿Quién lo dijo? Justamente la idiota que usó su servidor personal para enviar emails comprometiendo la seguridad del Estado. Después tienen el descaro de hablar de hackers chinos y soviéticos. Cualquier hijo de vecino sabe que para ingresar en un servidor personal no hace falta hackers.
Trump de rápidos reflejos, dio un paso al costado como un boxeador, dejó fuera de su alcance el miedo. De ahí la filtración adrede de su conversación privada, sobre agarrar ciertas partes a las féminas, cosa que a oídos puritanos causa malestar, eso puede provocar asco a los moralistas pero no…una Tercera Guerra Mundial. Las filtraciones de Wikileaks, el insulto de Hillary a los votantes de Trump, minaron la efectividad del mensaje del miedo. La batalla cultural no fue el único motivo de victoria, pero fue clave.
¿Y quién es la Hillary? Entre muchas cosas la impulsora de la «primavera árabe», la que junto a Obama le dieron oxígeno al Estado Islámico. Que mataron a Gadafi, la que sonriente dijo frente a las cámaras «vinimos, vimos. Él murió», intentando remedar para la Historia a Julio César quien pronunció similares palabras ante el Senado romano: «Veni, vidi, vici» (vine, vi y vencí).
La responsable de fracturar a Libia, tornarla ingobernable, y que se impusiera la sharia y se organice el tráfico de personas hacia Europa. Los mismos que instalaron a los Hermanos Musulmanes en Egipto hasta que fueron eliminados por el general al- Sisi. Y mordieron el polvo en Siria gracias a la irrupción de Putin. Mentirosa y deshonesta, como lo muestra los pocos correos conocidos, en complicidad con el director del FBI James Comey, ocultando, pasando por alto las evidencias que la incriminaban, las declaraciones falsas, la destrucción de pruebas y la obstrucción a la justicia.
Con vínculos oscuros, financiación turbia, ambiciosa, sin escrúpulos, elitista que no tiene empacho en llamar «deplorables» a quienes no se someten a sus designios.
Una persona que no hizo más que vivir de los vericuetos de la política, que soportó estoicamente sin ninguna dignidad los desmadres de Bill con tal de no perder el goce del poder. La seguidora de Saúl Alinsky, el judío marxista, a quien le dedicó su tesis universitaria y amiga de Byrd, su mentor y amigo.
Robert Carlisle Byrd, hijo de una familia de mineros del carbón, blancos pobres de Estados Unidos. Al alcanzar la adultez, fue el integrante de más alto rango del grupo supremacista blanco Ku Klux Klan (KKK), el brazo terrorista del partido Demócrata Sureño. En West Virginia, eso significaba la entrada a un alto puesto político, y Robert Carlisle Byrd lo utilizó bien. Congresista y senador, de 1959 a 2010 fue la encarnación de West Virginia.
Caminos, escuelas, aeropuertos y edificios del gobierno fueron bautizados con su nombre. Se suele mencionar su afiliación con el KKK como una indiscreción juvenil, casi como un capricho pasajero. En 1967 se opuso al ascenso de Thurgood Marshall a la Suprema Corte. Marshall era uno de los abogados más exitosos de Estados Unidos, quien había ganado 29 de 32 casos ante la Suprema Corte (incluso el caso de Brown contra el Consejo de Educación, que prohibió la segregación racial escolar). Era juez del Tribunal de Apelaciones del Segundo Circuito Federal Appeals (en Nueva York) durante 5 años y Subsecretario de Justicia federal durante 2 años.
¿Por qué motivo Byrd se opuso a Marshall? Porque no quiso ver un hombre negro en la Corte, y punto. ¿Una indiscreción juvenil? Robert Byrd tenía 50 años cuando votó contra Marshall. Dos años antes, en medio de una serie de disturbios que sacudieron al país, el senador Byrd opinó desde su curul en el Senado que sería bueno que los negros conocieran a la planificación familiar para no tener tantos hijos que llegarían a ser jóvenes adultos desempleados.
La discípula de Robert Byrd, Hillary, la misma que recibió dinero para su fundación que lleva su nombre, y que se guardó para sí, el dinero destinado a los niños víctimas del terremoto en Haiti. Gastando de ese dinero 3 millones de dólares en la boda de su hija, y por si fuera poco le dio un puesto en la fundación a la Chelsea, con un salario de 900.000 dólares anuales.
¿Y lo de Benghazi, y la ayudita de Soros? Aquellos que llaman loco a Donald Trump ¿han leído el contenido de los correos de la Hillary a sus jefes de Wall Street, que se hizo público? de quienes recibió más de 30 millones de dólares por conferencias en los últimos tres años, a los que aseguró defender sus intereses «por encima de los de fuera». La Hillary es la encarnación del gatopardismo «cambiar para que nada cambie», no iba a resolver ni acabar con el Estado Islámico, cuya financiación reciben de Arabia saudita y Qatar, los mismos que le hicieron donaciones millonarias en dólares para su campaña.
La amiga de Marc Rich, un mafioso indultado por su marido Bill, con un prontuario que Al Capone a su lado tiembla como un pobre angelito. Los sabios que analizan el comportamiento de los votantes, siguen tratando de explicar el porqué del voto a Trump, que si los blancos, con estudios, sin estudios, negros, hispanos, católicos, evangélicos, urbanos, rurales. Siguen sosteniendo que los votantes de Trump, son los blancos pobres, sin estudios, es decir gordos, paletos, gilipollas, boludos, machistas, maleducados, adictos a las armas y a la música country.
Pero estos sabios idiotas no entienden que Florida no se gana sólo con rednecks, hillbilly, con la basura blanca, o con los «gusanos» como llaman los cubanos comunistas a los que huyeron del dictador Castro. Ni con la basura latina en cuya categoría me excluyo (soy hispano). Alguien debería decirles que en democracia, el voto de un blanco desgraciado vale lo mismo que la de un progre de cuello blanco.
Pero los números dicen otra cosa, los votantes de educación secundaria o inferior votaron por Clinton el 45%, por Trump el 51%. Los de educación superior por Clinton 43%, por Trump el 52%, con título universitario Clinton 49% por Trump 49%, con título de post grado cuyo número en Estados Unidos es irrelevante, para la Clinton 58% para Trump 37% ¿Dónde está la diferencia?
Por orientación sexual los heterosexuales 47% para la Hillary y un 48% para Trump, con una salvedad que ese 48% son (según los progres) de machistas de mierda. Los de la comunidad LGTB, 78% para la Clinton y 14% para Trump. Para aquellos que están hablando de un complot sionista, el 70% de los votos judíos fueron para la Hillary. Los republicanos siempre defendieron al Estado de Israel y los judío- americanos votan Demócrata, en cuyas filas hay políticos islámicos que odian a Israel.
Como ocurrió con el Brexit y el No en Colombia, una vez más fueron derrotados los encuestadores. Pero no se equivocaron, la mayoría de los periodistas y analistas prestaron sus servicios al establishment, pero el voto oculto se burló de ellos. Si Trump ganó la nominación con probabilidad cero, y ganó la presidencia con una probabilidad negativa. Las democracias occidentales deberían entender que el voto oculto es tan o más importante que el voto cantado.
«No hemos entendido el país en el que estamos viviendo», dijo el Nobel de Economía Paul Krugman. Pero Trump, que no es nobel de nada, supo interpretar los temores de gran parte del país. El gran periodista inflado, el progre indio-americano Fareed Zakaria, el mismo que escribía libros de cabecera para Obama, de quien me ocupo desde hace años, dijo:
«Trump ha rehecho el mapa político con un enorme pico de apoyo de los blancos de clase trabajadora, particularmente en las comunidades rurales. Permítanme ser honesto: este es un mundo que no conozco-y mucha gente probablemente tampoco conoce muy bien-, y ese es parte del problema. Entre todos hemos conseguido ignorar el dolor de la América rural».
Es verdad Zakaria que sabés muy poco, pero ganás mucho dinero, así retribuye el establishment. Se tacha de racista a Trump, olvidando a propósito que Donald tuvo una novia negra, y que su mujer Melania es la segunda inmigrante convertida en primera dama, la primera fue la esposa de Quincy Adams.
Nada dicen del clasismo que usan para explicar el voto conservador de los «blancos sin estudios en un ámbito rural». O directamente de «basura blanca» eso es lo políticamente correcto, pero no se atrevan a llamar «basura negra» o «basura hispana». El pecado de estos blancos es pertenecer a minorías que no se victimizan.
Al otro lado del Atlántico, no van a menos, la periodista Ana Pastor entrevistaba a una partidaria de Trump acosándola por el hecho de que una «mujer latina» no votase ni con la vagina (expresión de la actriz Susan Sarandon) ni con la raza. Decían que los españoles deberían votar en Estados Unidos, porque no saben votar ¡claro! ellos saben tanto que Rajoy después de un año por fin puede formar gobierno. Llaman tontos a los estadounidenses, que han votado por más de dos siglos.
Serán tan tontos los norteamericanos que son la primera potencia mundial. Trump tuvo que vencer a dieciséis candidatos republicanos, al establishment, a los medios. Y también al peronista de izquierdas, su Santidad el Papa Francisco, quien, de gira por México, cuando se acercó a la frontera estadounidense, se ocupó de Trump y lo calificó de anticristiano. En estos días le preguntaron sobre Trump, como buen hipócrita se excusó diciendo que no habla de personas o gobiernos.
Napoleón decía: «un cura me ahorra cien gendarmes» cuando eran funcionales al sistema político, hoy con su cielo y su infierno no convencen a nadie, no sirven para mantener ninguna eutaxia salvo la de ellos, es preferible pagar cien mil gendarmes. La estructura vaticana constituye la mayor clase parasitaria e improductiva, sostenida por el capitalismo.
Tengo que decirlo, daba vergüenza ajena, ver a católicos de misa dominical y de ciertos valores, unidos y revolcados en la misma trinchera con políticos y la prensa de izquierda ¿Será por aquello que acaba de decir Francisco, que los comunistas piensan como los cristianos? Defendiendo el «honor» de una putica como Alicia Machado quien mantuvo relaciones sexuales, en vivo y en directo para millones de televidentes, que se hizo preñar por el Indio, un narco más feo que pegarle a la madre, pero forrado de dólares.
O con la «ruca» Madonna quien anunció que les chuparía el pene a los hombres que votasen por la Clinton. O la yegua kate del Castillo (la reina del sur) quien se mostró indignada por la elección de Donald, es lógico, ella hubiese preferido que fuera el Chapo Guzmán, a quien, según sus propias palabras, confiaba más que en los políticos. ¿Y los que se iban a vivir a Canadá? ¿Qué esperan? No hace falta coyotes para ir a Canadá, que se vayan, que me den una alegría, pero no, son puros berrinches de teenagers, no es que no tengan palabra, lo que no tienen es cerebro.
«Alegres hippies, nos ajustamos y aceptamos a cada quien por lo que es. Así que, Donald Trump, yo te acepto. Y duele decir esto, pero incluso te acepto como presidente de Estados Unidos. Y eso está bien. Está bien, porque ahora quiero ser una hippie esperanzada» Miley Cyrus.
Que no tiemble Donald Trump, o el Imperio estadounidense, la todo poderosa Miley reconoce al nuevo presidente. Esta gente da pena, sólo me alegro por el genial Clint Eastwood y Bruce Willis, a los demás que les den. Las mujeres, y especialmente los afroamericanos en forma aplastante darán la victoria a Clinton, eso decían, sin importar sus anteriores dichos, que los latinos son «unos muertos de hambre», los católicos «unos obsoletos sin cerebro».
Los que hablan de populismo, se encargaron de tener ociosos a los afroamericanos, con su asistencialismo demagógico para capturar votos. Donald Trump les dijo: «Los demócratas los llevan engañando toda la vida, la policía los mata en las calles, cada vez son más pobres, yo voy a cambiar ese estado de cosas».
¿Y que esperaban? Si los progres no leen, ni han leído a esos autores que han descrito minuciosamente la América profunda. Ignoran y no respetan al pueblo americano, al negro pobre, al blanco necesitado, al inmigrante que sobrevive de su trabajo y que se integra, y no al revés, a los que pretenden cambiar el país a su antojo, según el fracaso del país de origen.
Expulsados por políticas socialistas tratando de sembrar la misma destrucción. Los que han hecho un negocio de los inmigrantes, predicadores que consiguieron dinero, en nombre de los pobres inmigrantes. Insolentes que piden la «enchilada completa» y no dan un taco en su país. ¿Y el gigante dormido? Bien gracias, que sigan durmiendo, es mejor eso a que se despierten oyendo «la corcholata», el genio no sé qué…o como cuernos se llamen esa cantidad de programas radiales vulgares y de mal gusto, que lo único que hacen es embrutecer a la raza.
Programillas que se pasaron el año burlándose de Trump con toda clase de epítetos, el trompa o el trumpudo, decían. Da vergüenza oír a cada paisa creyéndose analistas políticos, y no saben distinguir gobierno de Estado. Documentándose en el periódico Hoy o La Raza o con el sabio Jorge Ramos, un verdadero analfabeto, que se cree con autoridad para opinar, sobre todo, hay que soportar la ignorancia que destila cuando habla de política.
Ahora este amarillista dice «nos equivocamos». ¡No, no se equivocó! Sirvió a los planes de sus amos de Univisión. Lo que le duele es que su hija Paola, que estuvo trabajando en la campaña, no consiguiera trabajo. La Hillary, le había asegurado una «chamba».
Y como estamos en tiempos de incorrección política ¿Recuerdan como estos medios nos presentaban a unos pescados como «orgullo latino» o, los «más influyentes»? ¡Pero, eran de ellos y no nuestros! Perro Mundo, «mondo cane» dicen los italianos. Nunca me sentí parte de ese mundo ni de esos iconos, al contrario, sentía en esos momentos nausea de ser hispano, un gesto inútil e impotente, porque es algo que no se puede cambiar, al menos lograba vomitar. Hay que acabar con el mito del mundo latino o hispano en estados Unidos.
El mundo latino no es homogéneo, ni compacto. El mundo latino o hispano, está en guerra permanente entre las nacionalidades que la componen. Lo mismo sucede en el mundo laboral latino, una minoría legal contra una mayoría ilegal, mano de obra regalada, funcional al negocio de las agencias de empleo.
Cuando un periodista le preguntó al idiota de Fox, porque un gran número de latinos habían votado a Trump. Mister Coca-Cola dijo que: «eran poco patriotas». ¿Poco patriotas? ¡Son bien patriotas, pero no Pendejos! Son tan patriotas, que con el envío de remesas, fruto de su trabajo, ayudan a mantener la paz social en México. ¿Alguien se tomó el trabajo de investigar sobre la cantidad de pueblos que viven de las remesas? Calles, escuelas, hospitales, ambulancias, etc., etc.
Y, por si fuera poco, muchos llevan personalmente el dinero o las cosas, porque si no se los roban en el camino. El envío de remesas por décadas ha constituido el segundo ingreso de divisas, después del petróleo, sin contar lo que proporciona el narcotráfico, el tráfico de personas, negocios en que la clase política es experta.
Dudar del patriotismo de los migrantes es una barrabasada, lo dicen justamente aquellos que por más de medio siglo han estado expulsando a sus connacionales. El problema para el establishment mexicano es, que si se evaporan las remesas se les acaba el negocio, y en breve el país puede caminar a los tiros. En estos días más de un gobernador encendió las alarmas ante la eventual llegada de deportados, no existe estructura para cobijarlos.
Trump dijo sin rodeos las mismas cosas que millones de personas lo piensan, sienten y odian desde hace mucho tiempo. Hillary era el símbolo de lo que muchos detestan, su corrupción, su deshonestidad, su hambre de poder sin límites, en pos de su beneficio personal. «Voté por Donald Trump. No sé mucho, no soy muy educado. Pero él dice lo que se le pasa por la cabeza. No le da miedo opinar cosas que pueden irritar a los demás», dijo a la AFP Peter Fernández, un lavaplatos de 21 años. «Trump será un gran presidente», dijo R. Raju, de 70 años. «No será solamente bueno, sino grandioso. Es como Ronald Reagan». ¿Y qué piensa de Hillary? «Soy de India. Los países del tercer mundo actúan como los Clintons».
Trump ganó entre los blancos sin estudios universitarios, pero también ganó entre aquellos con educación superior por 4 puntos. Se ganó a los blancos de clase trabajadora y también a los de clase media. Mucha Quinta avenida, Michigan ave; Hollywood, etc., muchos winners…pero parece que por uno de ellos hay dos losers. Y sólo hablan de estos perdedores cuando hay que explicar la victoria de Trump. Sin tener en cuenta que muchos de los losers no votan nunca porque hasta para eso están desintegrados y alejados del sistema.
¿Qué no lo vieron venir? ¡No mames! Andrés Reynaldo dice otra cosa:
No, baby. No digas que no lo viste venir. Dime cualquier cosa. Lo que quieras decirme de Donald Trump. Pero eso no. Estaba ahí, frente a nosotros. Una manchita, una creciente manchita blanca sobre la línea del horizonte. La perdíamos de vista por un día, por 20 años, y ya la manchita tenía el tamaño de un barco. Y luego el tamaño de un barco grande, grandísimo. Hasta alcanzar su descomunal volumen de iceberg. Cien pisos para arriba y mil pisos para abajo.
Baby, por favor. Estaba ahí. Día y noche. Ganando masa. Ganando furia. Trillones y trillones de toneladas métricas en su implacable travesía hacia esta hora de hoy. Todo esto lo vimos, baby. Mientras nos robaban nuestras casas, nuestros ahorros, en Wall Street. Mientras se discutía en la Corte Suprema si a los baños de los señores pudieran entrar las señoras. Mientras las turbas recorrían las calles de Dallas y Chicago ansiosas de matar a un policía.
Entonces, pasó lo que tenía que pasar. El principio de Arquímedes, baby. Roto el equilibrio entre la fuerza de gravedad y la fuerza de flotabilidad, el iceberg del sentido común saltó de las aguas. Escucha, baby, el trueno de la arrasadora onda expansiva de la razón. Mira como corre la gente. No, baby. Ni se te ocurra decirme que no lo viste venir.
Un libro titulado «Hillbilly Elegy», cuyo subtítulo es: «Memoria de una familia y de una cultura en crisis», se ha convertido en bestseller. Su autor, J.D. Vance, creció en Middletown, Ohio, el estado predictor por excelencia de las elecciones de Estados Unidos, cuna precisamente de esos hillbillies, nombre con el que se designan a aquellas personas del campo, algo rudas y toscas, pero campechanas, que están en el origen de la identidad estadounidense.
El libro relata las memorias de Vance y su familia, pero también cuenta la historia de la decadencia de la clase trabajadora blanca de Estados Unidos. «No hay otro libro más importante que este para entender lo que pasa en EE.UU. este año», según The Economist. Memoria sentimental que se ha convertido en el himno de la muerte del proletariado blanco. Vance, quien estudió en Yale, una de las universidades más exclusivas del país, es hijo de un bebedor, golpeador, conservador y evangelista. Y de una madre alcohólica.
Es muy crítico con sus abuelos, recuerda lo malos padres que fueron con sus padres, retrata a sus amigos que fracasaron, los recuerda con mucho cariño, pero con la verdad, no se abstiene de culparlos y responsabilizarlos por las decisiones que tomaron. Recuerda como esa sociedad pujante de mediados de siglo cayó en la decadencia. Vance sostiene que es necesario un análisis sociológico, económico y sobre todo político, más allá de las acciones individuales y se opone a los subsidios que fueron la destrucción para esa sociedad.
Un pueblo trabajador, individualista, orgulloso, que confía en sí mismo. La historia de los white trash, abandonado por los poderes públicos durante décadas, después de levantar el país y ser carne de cañón de sus guerras. Es allí donde se fue gestando la crisis que explica el surgimiento de Trump.
De alguna manera el triunfo de Trump, es la venganza de los Hillbilly, de los rednecks (cuellos rojos), los bogtrotters (come pasteles), o white trash (basura blanca). Y la «basura latina» que no nos dejamos engañar por el relato de los demócratas, del establishment y la prepotencia de ciertas mayorías latinas. Una serie de apelativos despectivos, en un país donde el insulto contra una minoría o grupo étnico es inmediatamente censurado, pero criticar a esta gente está permitido.
«Lo que acaba de suceder en Estados Unidos, Colombia y Brexitania es lo contrario de lo que Houellebecq cuenta en su novela Sumisión. La gente se rebela contra la doctrina impuesta por las élites políticas, económicas y mediáticas de la actual progredumbre.» Dice Fernando Sánchez Dragó
El régimen constitucional diseñado por los Padres Fundadores impide la existencia de un dictador, civil o militar. A pesar de guerras internas, conflictos y guerras mundiales. Salvo Gran Bretaña ningún otro país europeo puede decir lo mismo. Las decisiones sobre política exterior, migración, defensa, comercio, tiene que pasar por el Congreso y el Supremo.
Ni los republicanos, ni los demócratas ni los jueces permitirán que un presidente avasalle la Constitución. Trump no es fascista, ni los republicanos son racistas, como lo fue el partido demócrata, el partido esclavista. Trump no quiere ni desea abolir la propiedad privada, ni quiere la secesión del país, como lo desean en España o un centenar de delirantes en California. Ni controlar los medios de comunicación como quiere el partido Podemos de España o Venezuela, ni copiar el modelo despótico de los delirantes bolivarianos.
¿Qué espero de Trump? me basta que no olvide como dijo en su discurso, primero Estados Unidos, eso es lo que cuenta. Un super Estado o Imperio no se detiene, ese es su destino, así es la lucha por el poder político mundial. Hoy sólo existen tres Superestados, Estados Unidos, Rusia y China, el resto desde estas categorías imperiales poco importan.
Se puede convivir sin someterse a Rusia, sobre todo para acabar con el Estado Islámico, pero China es el enemigo más peligroso. Debe emplear racional y prudentemente su gasto militar, que es el mayor del mundo —600.000 millones de dólares, siete veces más que el de Rusia, o más del doble que los de Rusia y China juntos—, algo que el complejo militar industrial no está dispuesto a aceptar.
Y que la gente común entienda que lo más importante en la vida de esta nación donde vivimos, no es una tocada de traste sino su eutaxia.
Noviembre de 2016.