

LOS PASILLOS DEL PODER
EL ACCESO DIRECTO AL SOBERANO
Ricardo Veisaga
La obra Don Carlos, de Friedrich Schiller, centrada en la vida del monarca Felipe II.
Decía el maestro Gustavo Bueno:
Las meditaciones sobre el Poder tienen un carácter moral o ético –son «filosofía moral», y en esto estamos casi todos de acuerdo. Toda reflexión sobre el Poder (aunque, en sus comienzos, no sea estrictamente filosófica, sino científica, categorial) alcanza inmediatamente resonancias morales, por tanto: induce a una meditación filosófica. ¿Y qué podemos entender por «filosofía moral», qué podemos entender por «meditaciones sobre el poder en sentido filosófico-moral? Seguramente dos géneros de argumentación muy diferentes, aunque aparezcan tenazmente confundidos en el nombre común de «Filosofía» o de «meditación filosófica» sobre el Poder.
Cuando estudiaba Ciencias Políticas (la Política no es ciencia), el decano de la facultad quien había estudiado en Francia, nos obligó a leer el libro «Sobre el Poder: historia natural de su crecimiento» de Bertrand de Jouvenel, para entender, según él, lo que es el Poder. Recomiendo no leerlo no pierda su tiempo.
El tratamiento sobre el Poder según Gustavo Bueno, es un tipo de meditación sobre el Poder que comienza por la consideración del Poder en general, y que sólo después de creer estar en condiciones de pasar a considerar las diferentes especies del Poder y, en particular, las del Poder político.
No es mi pretensión desarrollar las especies del poder político, sino traer a la superficie algunos aspectos de ese poder que pasan desapercibidos y sin embargo tienen una crucial importancia. En momentos de ocio especulativo, estuve leyendo el «Diálogo sobre el poder y el acceso al poderoso», de Carl Schmitt, un autor controversial y estudioso de lo político, pero con quien no comparto todo su pensamiento.
Lo siguiente es parte de un diálogo entre Carl Schmitt y un estudiante E:
E.- ¿Quiere usted decir con esto que el poderoso de hoy en día puede hacer lo que se le antoje?
C.S.-Al contrario. Quiero decir solamente que el poder es una magnitud propia y autónoma, incluso frente al consenso que él mismo ha creado, y ahora quisiera mostrarle que lo es también frente al propio poderoso. El poder es una magnitud objetiva, con leyes propias, frente a cualquier individuo humano que pueda detentarlo.
E.- ¿Qué quiere decir aquí magnitud objetiva con leyes propias?
C.S.-Significa algo muy concreto. Dése usted cuenta que también el poderoso más terrible está sujeto a los límites de la naturaleza humana, a la deficiencia de la inteligencia humana y a la flaqueza del alma humana. También el hombre más poderoso tiene que comer y beber como todos nosotros. También él enferma y envejece.
E.-Pero la ciencia moderna nos ofrece medios sorprendentes para superar las barreras de la naturaleza humana.
C.S.-Por supuesto. El poderoso puede hacerse asistir por los médicos más famosos y por los galardonados con el Premio Nobel. Puede ponerse más inyecciones que ningún otro. A pesar de todo, después de algunas horas de trabajo o de vicio acaba por cansarse, y se duerme. Así incluso el terrible Caracalla y el omnipotente Genghis Khan dormirían como niños pequeños y, tal vez, además roncarían.
E.-Esto es un panorama que todo poderoso debería tener siempre presente.
C.S.-Muy cierto, y filósofos y moralistas, pedagogos y retóricos se deleitaron en imaginárselo así. Pero no nos detengamos en este tema. Sólo quisiera añadir que el todavía hoy más moderno filósofo del poder puramente humano, el inglés Tomás Hobbes parte de esta debilidad general de todo individuo humano para su construcción del Estado. Hobbes hace la construcción siguiente: de la debilidad resulta una situación de peligro, del peligro el miedo, del miedo el ansia de seguridad, y de todo esto la necesidad de un aparato de protección con una organización más o menos complicada. Pero a pesar de todas las medidas de protección, dice Hobbes, cada uno puede matar a cualquiera en el momento apropiado. Un hombre débil puede, en una situación determinada, liquidar al hombre más fuerte y poderoso. En este sentido, todos los hombres son realmente iguales, es decir, todos están amenazados y expuestos al peligro.
E.-Flaco consuelo.
C.S.-Realmente no quería ni consolar ni asustar, sino solamente dar una imagen objetiva del poder humano. El peligro físico es aquí lo menos problemático y ni siquiera el problema más frecuente. Otra consecuencia de los limites estrechos de cada individuo humano podrá mostrar aún mejor lo que aquí nos interesa, es decir, la normatividad propia y objetiva del poder, incluso frente al poderoso mismo, y la insoslayable dialéctica inmanente de poder y sin poder en la que se ve apresado todo el que tiene poder.
E.-De nada me sirve aquí la dialéctica.
C.S.-Veamos. El individuo humano en cuya mano están por un momento las grandes decisiones políticas tiene que formar su voluntad bajo los supuestos de hecho y con los medios dados. Aun el príncipe más absoluto no puede prescindir de noticias e informaciones, y depende de sus consejeros. Multitud de hechos e informes, propuestas y suposiciones le invaden cada día y a cada hora. De este infinito mar fluctuante de verdad y mentira, realidades y posibilidades, el hombre más inteligente y poderoso no puede sacar más que unas gotas.
E.-En esto ve bien el esplendor y miseria de los príncipes absolutos.
C.S.-Se ve, sobre todo, la dialéctica inmanente del poder humano. Quién despacha con el poderoso o le informa ya participa del poder; y no importa que sea un ministro que refrenda con toda responsabilidad, o alguien que sepa llegar indirectamente al oído del poderoso. Basta que proporcione impresiones al individuo en cuya mano está la decisión por un momento. Así, todo poder directo está inmediatamente sometido a influencias indirectas. Ha habido poderosos que percibieron esta dependencia, lo cual les enfurecía e irritaba. Entonces intentaron escapar a su consejero oficial e informarse por otro conducto.
E.-En vista de la corrupción de las cortes, seguramente llevaban razón.
C.S.-Es cierto. Pero, desgraciadamente, cayeron así en nuevas y, muchas veces, grotescas dependencias. El Califa Harun al Raschid terminó por disfrazarse de ciudadano y recorrió de noche las tabernas de Bagdad para conocer de una vez la pura verdad. No sé qué conoció y bebió en esta dudosa fuente. Federico el Grande, al envejecer, se hizo tan desconfiado que sólo habló abiertamente con su ayuda de cámara Fredersdorff. El ayuda de cámara se convirtió así en un hombre de mucha influencia, si bien continuó siendo igualmente fiel y honrado.
E.-Otros poderosos acaban por confiarse a su chofer o a su amante.
C.S.-Con otras palabras: ante cada ámbito de poder directo se forma una antesala de influencias y fuerzas indirectas, un acceso al oído, un pasillo hacia el alma del poderoso. No hay poder humano sin esta antesala y sin este pasillo.
E.-Pero se pueden evitar muchos abusos con instituciones razonables y disposiciones constitucionales.
C.S.-Se puede ya también se debe. Pero ni la institución más sabia ni la organización más alambicada pueden extirpar totalmente la antesala misma; ningún ataque de ira contra la camarilla o la antecámara puede suprimir la antesala. La antesala misma no se puede evitar.
E.- Más bien parece una escalera de servicio.
C.S.-Antecámara, escalera de servicio, trastero, sótano o lo que sea; la cosa en sí misma está clara y es igual para la dialéctica del poder humano. Durante el curso de la Historia Universal, de todos modos, se reunió en esta antesala del poder una tertulia bastante mixta y variopinta. Allí se reúnen los indirectos. Allí está el viejo Fredersdorff, el ayuda de cámara de Federico el Grande, junto a la ilustre emperatriz Augusta, Rasputín junto al cardenal Richelieu, una eminencia gris al lado de una Mesalina. A veces encontramos hombres inteligentes y sabios en esta antesala, a veces empresarios magníficos y mayordomos leales, a veces estafadores y arribistas estúpidos. A veces la antesala es realmente el salón oficial del Estado, donde se reúnen señores serios y con méritos, mientras esperan ser recibidos para presentar sus informes. Pero muchas veces la antesala no es más que un gabinete privado.
E.-O incluso un cuarto de enfermo, donde unos amigos están sentados al lado de la cama de un paralítico y gobiernan el mundo.
C.S.-Cuanto más se concentra el poder en un lugar determinado, en una determinada persona o en un grupo de personas, como en una cúspide, tanto más se agudiza el problema del pasillo y la cuestión del acceso a la cúspide. Y tanto más intensa, encarnizada y sorda se hace entonces también la lucha entre los que tienen ocupada la antesala y controlan el pasillo. Esta lucha en el ambiente nebuloso de las influencias indirectas es tan inevitable como esencial a todo poder humano. En esta lucha se realiza la dialéctica inmanente del poder humano.
E.- ¿Pero todo esto no son meramente aberraciones de un régimen personal?
C.S.- No. El fenómeno de la formación del pasillo, del que hablamos aquí, se da diariamente en gérmenes mínimos, infinitesimales, en lo grande y en lo pequeño, en todas partes donde hay hombres que ejercen poder sobre otros hombres. En la misma medida en que se concentra un ámbito del poder, se organiza también inmediatamente, una antesala de este poder. Cada aumento del poder directo espesa y densifica la atmósfera de las influencias indirectas.
E.-Esto incluso puede ser bueno cuando el poderoso no es de ley. Pero aún no veo claro si es mejor el poder directo o lo indirecto.
C.S.-Yo considero ahora lo indirecto solamente como una fase del inevitable desarrollo dialéctico del poder humano. El que tiene poder está tanto más aislado cuanto más se concentra el poder directo en su persona. El pasillo le separa del suelo y le eleva a una especie de estratósfera en donde sólo se puede comunicar con los que le dominan indirectamente, al mismo tiempo que ya no llega a todos los demás hombres que están bajo su poder, y ellos tampoco pueden llegar a él. Esto se hace grotescamente palpable en casos extremos. Pero no es más que la última consecuencia del aislamiento del poderoso en el inevitable aparato del poder. La misma lógica inmanente se opera en innumerables situaciones rudimentarias de la vida diaria, en el transbordo continuo de poder directo e influencia indirecta. Ningún poder humano puede escapar a esta dialéctica de autosostenimiento y autoenajenamiento.
La lucha por el pasillo y el acceso a la cúspide del poder, es una verdadera carnicería entre los que tienen y los que pretender tener el acceso al poder. En el tercer tomo de Pensamientos y recuerdos de Bismarck. Se comenta detalladamente la dimisión de Bismarck en marzo de 1890. El texto es un documento histórico-constitucional, es la obra bien pensada de un gran maestro del arte político. Reflejada en su estructura, en la expresión de su pensamiento, en lo que expresa y en lo que silencia. Fue el último acto oficial de Bismarck, y lo redactó y perfiló conscientemente como un documento para la posteridad. Bismarck, el experto canciller, creador del Reich, y el inexperto y joven rey, el Káiser Guillermo II.
Entre ellos había diferencias de objetivos y de opinión en política interior y exterior. Pero el quid de la cuestión que provoca la dimisión de Bismarck, es una cuestión aparentemente superficial y formal. Pero en el fondo es una cuestión muy espinosa. Y se resumía en lo siguiente, de cómo el canciller se puede informar y de cómo él rey y Káiser Guillermo II se debe informar. Bismarck exige plena libertad para entrevistarse con quién quiera o para recibirlo como huésped en su casa. En cambio, al rey y Káiser les niega el derecho de escuchar el informe de un ministro, si Bismarck, él como presidente del Consejo, no está presente.
El problema del informe inmediato al rey es el punto crucial de la dimisión de Bismarck. Así comienza la tragedia del segundo Reich. El informe al rey es un problema esencial de toda monarquía, porque constituye el problema de acceso a la cúspide. El segundo ejemplo lo tomamos del gran dramaturgo Friedrich Schiller, en su obra dramática Don Carlos.
En la obra con gran agudeza Schiller logra captar la esencia del poder. El argumento gira en torno a la cuestión mencionada de quién tiene acceso directo al monarca absoluto Felipe II. El que logre tenerlo participa del poder del rey. Hasta ese momento el confesor y el general, el duque de Alba, tenían ocupada y bloqueada la antesala del poder y acceso al rey. Pero de pronto aparece un tercero en discordia, el marqués de Posa, lo que enciende la alarma de peligro en los otros dos.
Al finalizar del tercer acto, los acontecimientos llegan a su mayor pico de tensión. El rey Felipe II ordena: El caballero (el marqués de Posa) será recibido en adelante sin ser anunciado. «Es realmente demasiado», «mucho, verdaderamente demasiado» dice don Carlos cuando se entera. El confesor Domingo le dice temblando al duque de Alba: «nuestros tiempos han pasado».
En ese momento el drama pasa a tragedia. Lograr el acceso directo al rey significa para el desdichado marqués de Posa, un tiro mortal, el fin para el fiel caballero. Podríamos especular sobre lo que habría hecho el marqués de Posa, con el confesor Domingo o el duque de Alba, de haber mantenido su lugar cerca del monarca, pero no importa, él fue eliminado.
El lector habrá escuchado o leído muchas veces sobre el «círculo áulico». Esa denominación deriva del «Consejero áulico», del alemán Hofrat, era el título con el que se designaba a un consejero político de alguna de las cortes de los principados electorales del Sacro Imperio Romano-Germánico. Fue variando con el tiempo desde el reconocimiento honorífico hasta un cargo político o judicial de importancia.
Su nombre derivaba del término latino aula, que en latín medieval había perdido su antiguo significado de mansión o gran residencia privada, para pasar a significar corte, tribunal o palacio. El Consejo Áulico surge al final de la Edad Media como un órgano consultivo financiado por el Emperador. En 1497 el emperador Maximiliano I lo reorganizó como un órgano rival de la Cámara Imperial, que la Dieta del Imperio le había impuesto.
El Consejo Áulico duró hasta la disolución del Sacro Imperio en 1806, desarrolló tareas de árbitro judicial, tribunal supremo y, de consejo privado del emperador. En el ínterin, sin embargo, el título de consejero áulico dejó de estar reservado en exclusiva para los miembros de dicho consejo, y pasó a referirse a todos los consejeros de las muchas cortes reales del Sacro Imperio.
Tras la disolución del Sacro Imperio, el término pasó a emplearse sobre todo en el sentido de consejero de Estado, sentido en el que aún se emplea hoy en día en Austria. En nuestros tiempos cuando se refieren a este título, va dirigida a aquellos que tratan de rodear a la persona que detenta el poder, es decir, su sentido es peyorativo. El escritor alemán Goethe, ostentó el título de consejero áulico del ducado de Sajonia-Weimar.
Hace poco tiempo leí una gran cantidad de críticas al periodista Ricardo Vásquez Kunze, del Perú. Su pecado fue referirse a las mujeres que están en el partido del entonces presidente electo Pedro Pablo Kuczynski. El periodista dijo entre otras cosas lo siguiente:
«(…) en todos los gobiernos se forma un entorno próximo al gobernante que trata de acapararlo para influir en su voluntad. Al parecer, en el del presidente electo ese entorno tiene por mayoría a mujeres. Esto sería magnífico si no fuera por el detalle que trasciende de que la ambición de poder de estas no va de la mano con los talentos políticos necesarios para dar buenos consejos para gobernar. Ya hemos tenido prueba del mal fin que una ambición así ha tenido para con el gobierno saliente».
«(…) no vemos a ninguna Thatcher, Merkel o Hillary por allí. Y eso es grave sobre todo si se trata de, como en la bolsa, timbear con el primer ministro, pues a las mujeres del entorno del presidente electo les interesa ejercer el poder tras bambalinas (reservadamente)».
Vásquez, fue acusado por sus detractores por señalar a esas mujeres de tener ambición de poder, pero sin talento alguno para aconsejar en temas de gobierno, y cargar con el estigma de Nadine. El periodista en su artículo trazó analogías con otras mujeres que les «interesa ejercer el poder tras bambalinas».
Y continuó Vázquez:
«Esto me hace recordar la historia entre María de Médicis, reina madre de Francia y descendiente de los famosos banqueros florentinos, y Richelieu, el cardenal primer ministro de Luis XIII. María de Médicis fue una mujer cuya ambición era inversamente proporcional a sus capacidades políticas y, sin embargo, quería cortar el jamón en el débil reinado de su hijo. Fatua y obtusa, según Belloc, influyó para que el rey nombrara primer ministro a Richelieu, un prelado que sabiendo de qué pie cojeaba la adulaba sin medida. María fue pues su mentora».
«Una vez en el poder, Richelieu, cuyas habilidades políticas eran extraordinarias, enamoró al rey fortaleciendo su gobierno en toda Francia para despecho de la ambiciosa Médicis, que quiso defenestrarlo. Pero el rey, entre su madre nula y su primer ministro genio, eligió al último y, en una famosa esquela, le ordenó a la Médicis “de ne se meler plus de rien”. Condenada al exilio, sus lobbies terminaron».
Las desmedidas reacciones de los periodistas, no hace más que certificar una vez más la ignorancia de este gremio. La historia está llena de ejemplos. Durante la época conocida como el Primer Imperio en China, por debajo de la autoridad del Emperador estaba el Canciller, y debajo del Canciller se encontraba el Secretario Imperial, que se encargaba de supervisar a los oficiales, trasmitir las órdenes del Emperador, y vigilar a los burócratas principales.
El supuesto poder absoluto del Emperador (no existe el poder absoluto) estaba hasta cierto punto limitado por la burocracia y eso ocasionaba fricciones entre el Emperador y sus consejeros. Se dice que el Emperador Wu hizo matar al menos a unos cinco cancilleres. La formación (inevitable) de facciones y grupos de interés, en torno a funcionarios influyentes fue otro gran problema.
Muchos emperadores desconfiando de sus ministros, favorecieron a personas allegadas a la corte, y que vivían dentro de ella, ya sea parientes políticos, familiares de las esposas o sus concubinas, o eunucos. Los eunucos eran hombres castrados que servían en las alcobas del Emperador, y que por lo mismo tenían el acceso directo al Emperador. Es sobradamente conocido como creció el poder de estos servidores que muy pronto se convirtieron en un grupo fuerte y peligroso.
Narraba en un artículo el recordado Carlos Semprún Maura, de su vida en Francia en torno al poder.
«Mi mujer me cuenta que, cuando era directora de un programa de televisión (…), conoció a Carla Bruni, joven modelo entonces. El programa duró sólo unos pocos meses, porque Nina se enfadó con la productora Fabienne Servan-Schreiber y su marido Henri Weber, ex trotskista, convertido luego en lugarteniente de Laurent Fabius y ahora en senador. Nina tiene peor mal genio que yo. Todo eso no viene a cuento, salvo para decir que Carla Bruni le pareció a Nina una chavala simpática y bastante menos imbécil que las modelos del montón. Luego me dicen que se ha puesto a cantar. Lo siento, pero he escuchado sus discos y no canta, murmura, y gracias a los progresos de la tecnología, también en cuestiones de sonido, alcanza hasta el oído del presidente de la República. En el Palacio del Elíseo, desde su construcción, existen aposentos, pasillos y puertas secretas para que las amantes de los presidentes puedan entrar, salir y lo demás discretamente. Ahora todo está en pantalla y, dentro de poco, los protagonistas presidenciales actuarán en películas X. ¿Qué es preferible? ¿La cautela hipócrita de antaño o el exhibicionismo actual? No lo sé y además me da lo mismo; los polvos de Sarkozy o los de Mitterrand, Giscard, Pompidou o De Gaulle no tienen para mí el menor interés. Eso sí, estando chapado a la antigua, prefiero la discreción de Vincent Auriol».
Carla Bruni, esposa de Sarkozy, y primera dama de Francia. Lo que hicieron esos cinco políticos franceses mencionados con las féminas, tiene importancia, si esas aventuras pusieron en riesgo o peligro los secretos de Estado.
El gran problema de la «cepillada» que le daban los dos hermanos Kennedy a la tontuela Marilyn Monroe, no lleva para mí una condena moral, el grave problema estuvo en que la rubia platinada, era a su vez cepillada y manejada por miembros del Partido Comunista y agentes de la KGB, en plena Guerra Fría. Lo que probablemente llevó al asesinato de la bella Marilyn, ¡Que digo! La CIA no comete asesinatos en territorio estadounidense, sólo ajustes de cuentas que ponen las cosas en su lugar.
Continúa Semprún Maura:
«Ha tenido lugar en el Palacio del Elíseo el traspaso presidencial de Jacques Chirac a Nicolas Sarkozy. En vez de comentar esos eventos oficiales, se me ha ocurrido decir dos palabras sobre las esposas de los presidentes, empezando por la del general De Gaulle, “Tante Ivonne”, como la llamaban los franceses con cariñosa ironía. Fue una señora discreta, enemiga del mundanal ruido y muy católica. Impidió con energía que se divorciaran un par de ministros del general, porque su fe no toleraba el divorcio, y protestó oficialmente porque había demasiadas putas en las calles de ciertos barrios de París.
Tengo un grato recuerdo personal de ella: escribió una carta con membrete de Palacio para protestar contra las groserías contenidas en una de mis obras radiofónicas, retransmitida por la cadena France-Culture. Eran “groserías” corrientes y molientes, que su marido seguramente usaba en privado, pero Tante Ivonne no admitía que se utilizaran en una cadena estatal y cultural francesa. Cuando murió su marido, se retiró a vivir en un convento.
Claude Pompidou fue exactamente lo contrario: juerguista, aficionada a las artes (y a los artistas) y a las fiestas, pero privadas, no oficiales. Confesó a una amiga periodista que si bien no podía oponerse al triunfo de su marido en las presidenciales, si ganaba sería una catástrofe personal para ella. La esposa de Giscard fue tan discreta que hasta he olvidado su nombre. En cambio, Danièlle Mitterrand fue y sigue siendo un desastre. Para quitársela de encima, Mitterrand le regaló un chupete: la Fundación France-Libertés, que se dedica a lamerle las barbas a Fidel Castro y a los terroristas musulmanes.
Bernadette Chirac ha sido la más activa de las “presidentas” hasta la fecha. Ha patrocinado y presidido varias organizaciones caritativas, es concejala regional del departamento de Corrèze, intervino varias veces en los medios con cierto éxito y, al contrario de su marido, que no ha dicho ni mú, ha participado a la campaña de Nicolas Sarkozy. Pero Cecilia Sarkozy está como para parar mil trenes…».
El control del acceso al poder otorga grandes dividendos. No me quiero olvidar del «brujo», José López Rega, ex cabo de la policía que llegó a super ministro, y ejerció un gran poder sobre el general Juan Domingo Perón y sobre Isabel Martínez de Perón, de infeliz memoria para la Argentina, conocida como isabelita. Cuentan que Carlos Saúl Menem cuando Perón se encontraba en el exilio, fue a Puerta de Hierro, residencia de Juan D. Perón en las afueras de Madrid, llevando un ramo de flores. Lo atendió José López Rega y lo despidió (se lo sacó de encima), le prometió entregar las flores y gestionar una entrevista. Menem que se quedó escondido en los alrededores, vio que salía un personal de la residencia y arrojaba un paquete al bote de basura. Fue con mucha curiosidad a ver y descubrió que eran sus flores.
En estos días ha salido a la luz un oscuro caso de amiguismo que mezcla influencia religiosa con abuso de poder y que amenaza con derribar a la presidenta de Corea del Sur, Park Geun-hye. La culpa de su calvario la tiene su vieja amiga Choi Soon- sil, dicen los periódicos (exculpando a la presidenta), a quien le unen cuatro décadas de camaradería y confidencias.
La confianza entre ambas era tal que esta llegó a editar algunos discursos de la presidenta Park y hasta tuvo acceso a documentos secretos sobre las relaciones con Japón y Corea del Norte. Aprovechó de su estrechísima relación con la presidenta para «convencer» a las mayores multinacionales del país, como Samsung, de que «donaran» hasta 80.000 millones de won (casi 63 millones de euros) a dos fundaciones que ella misma dirigía.
La gente, el pueblo (la opinión pública) y la prensa (la opinión publicada) la que normalmente informa (da forma) a la opinión pública, suele ser benévolo con el sujeto operatorio, con el animal político que detenta el poder. Y suelen decir: «La culpa no es de Perón (póngale cualquier nombre), sino de los que lo rodean», como si Perón no hubiese elegido de quienes rodearse.
¿Es conveniente para el soberano, recibir consejos? Totalmente, como bien dice Thomas Hobbes en Leviatán: «Consejo es cuando un hombre dice: Haz o No hagas esto, y deduce sus razones del beneficio que obtendrá aquel a quien se habla. De ello es evidente de quien da consejo pretende solamente (cualquiera que sea, por otra parte, su íntimo propósito) el bien de aquel a quien se da consejo».
El problema radica justamente en «su íntimo propósito», del que da consejos al gobernante. Por ello el gobernante debe estar preparado para distinguir entre quienes buscan beneficios personales y atentan contra la eutaxia del Estado.
Hilaire Belloc, al referirse a Bismarck y Richelieu, nos ilustra cómo se rodeaban estos genios:
«ambos se vieron servidos por buenos subordinados, pero en esto Richelieu tuvo mucha más suerte que Bismarck. Pues Richelieu tuvo a su alcance todo un equipo de hombres competentes y abnegados, como Charnacé y, sobre todo, la inspiración inestimable de Joseph du Tremblay, en tanto que Bismarck nunca tuvo un lugarteniente que fuera digno de él. Ambos, por otra parte, lograron conservar intactas la lealtad y la eficiencia de sus subordinados durante todos los años de su vida».
Y continúa Hilaire Belloc diseccionando a estos animales políticos:
«a diferencia de Bismarck, Richelieu no se dejó dominar jamás en materia de tal importancia. Así, por ejemplo no se dejó dominar en la cuestión de Cataluña. A él se debe que la Cataluña francesa tenga su frontera marítima en los Pirineos y la vasta Cerdeña, como tampoco se dejó arrastrar por el patrioterismo que pretendía expandirse más allá de la cordillera. Ni por la cuestión de la orilla izquierda del Rhin, ni en la cuestión del sueco Gustavo Adolfo, jamás dejó que se le impusiera la voluntad de otro. Los juicios de Richelieu acerca de los hombres y las circunstancias eran excelentes, y discretísimas sus máximas políticas.»
«La decisión fulminante, la apreciación del detalle, la elección, la visión precisa del terreno según las cartas y planos, la intuición del momento oportuno, y en la práctica de la guerra eso que los franceses llaman “el golpe de vista”. Todo ello se advierte en la campaña de Rhé, en el sitio de La Rochelle, en Casale, en la reunión del ejército de Corbie, en su comprensión de la situación alemana cuando llamó a Gustavo Adolfo a la guerra».
Hombres políticos de esa talla, jamás se dejaron imponer entornos que pusieran en riesgo la eutaxia de los gobiernos a quienes guardaban lealtad.
Como cuando Luis XIV, hijo de Luis XIII, que debe asumir el reinado al día siguiente de la muerte de su maestro y consejero Mazarino, cuando Champvalon, portavoz del primer estamento del reino, le preguntó: «¿A quién desea vuestra majestad que nos dirijamos para recibir vuestras órdenes?», queriendo decir con ello «¿A qué ministro se ha dignado designar vuestra majestad?». A lo que recibió esta nueva y sorprendente respuesta: «A mí».
El mismo Luis XIV, que el 13 de abril de 1655, entonces con 17 años, calzado con botas y espuelas y dando grandes pasos, entró en el Parlamento, acallando las discusiones que desganadamente se habían iniciado. Las anécdotas que se cuentan sobre ese día no son más que leyendas.
Luis jamás dijo: «El Estado soy yo», como se dice que contestó a los juristas cuando éstos alegaron que tenían pleno derecho a decidir en los asuntos del Estado, ni tampoco es cierto que su entrada al Parlamento fuera brutal y dominante. Siempre fue cortés, y en los primeros años de su reinado se mostró más bien tímido.
Pero el mero hecho de que el Rey apareciera así, sin grandes ceremonias, presentándose ante ellos como jefe constitucional, fue el fin de una larga sedición. La Fronda estaba completamente dominada. No en vano los reinados de Luis XIII y Luis XIV, fueron las épocas más gloriosas de Francia. En estos tiempos no sueño con gobernantes como los luises, sólo me consuelo en pensar que Barack Obama, pronto será un triste recuerdo.
3 de noviembre de 2016.