

LA GUERRA Y LA GUERRA FRIA
Ricardo Veisaga
El primer ministro ruso, Dimitri Medvedev, en la Conferencia de Seguridad de Münich.
El primer ministro ruso, Dimitri Medvedev, criticó a la OTAN por la actitud ante su país, que comparó con la de la guerra fría, y abogó por cooperar para evitar una desintegración de Siria por la influencia de los yihadistas de Daesh. Medvedev realizó estas declaraciones en la Conferencia de Seguridad de Münich (MSC), el denominado «Davos de la Defensa».
La MSC centró su 52 edición en Siria y las tres vertientes de su crisis -guerra civil, catástrofe humanitaria y Daesh- aunque también analiza otros asuntos como el conflicto en el este de Ucrania, la situación de China, la amenaza del terrorismo yihadista global y las diferencias entre Rusia y la OTAN.
«A veces me pregunto si estamos en 2016 o en 1962», aseguró el primer ministro ruso haciendo referencia al momento en que se produjo la crisis de los misiles, uno de los peores momentos de la Guerra Fría. A su juicio, la OTAN se comporta de manera «no amistosa» frente a Rusia, cuando se debería actuar conjuntamente frente al surgimiento del terrorismo yihadista global, capaz de actuar en cualquier lugar del mundo.
«El terrorismo es un problema de la civilización. Es ellos o nosotros. No hay medias tintas. Hay que poner de lado nuestras diferencias y mostrarnos unidos», aseguró Medvedev.
En junio de 2015, ante la posible instalación de armamento pesado en los estados bálticos, Polonia y otros países del este europeo. La respuesta rusa fue la amenaza de rearme e instalación de misiles que podrían llegar a Estados Unidos, lo que aumentó la tensión entre Moscú y Washington.
Distintos medios sostenían que el plan fue preparado por el Pentágono, fruto de una campaña de presión de parte del Congreso, miembros de las fuerzas armadas, la industria militar y sectores mediáticos.
La secretaria de defensa para la fuerza aérea de Estados Unidos, Deborah Lee James, anunció en París, que Washington también consideraba el despliegue de sofisticados cazabombarderos F-22 Raptors, para contrarrestar la «amenaza» que proviene de Rusia. El despliegue iría en contra de la promesa de Washington y la OTAN de no situar armamento en los antiguos países del extinguido Pacto de Varsovia.
Desde los años 90 Rusia se ha quejado de la expansión de la OTAN hacia sus fronteras, el apoyo de Washington a grupos anti-rusos en Ucrania y Georgia, el rechazo occidental de atender las percepciones de aislamiento que Rusia tiene desde los tiempos soviéticos.
A partir de 2009 Estados Unidos solicitó a Moscú, apoyo para imponer sanciones más duras a Irán por su programa nuclear, autorizar el uso de la fuerza de la OTAN en Libia, y permitir el abastecimiento de armas y provisiones a las fuerzas de la OTAN en Afganistán a través del territorio ruso.
Moscú aceptó pero solicitó que Washington congelara los procesos de integración de nuevos países de Europa oriental en la Alianza Atlántica, cesara el apoyo a grupos de derechos humanos en Rusia, y negociar el sistema anti-misiles que se está instalando en Europa.
Washington, levanta las sanciones a Irán, pero no cede en ninguno de los tres temas. Esto agravó las tendencias nacionalistas anti-occidentales en Rusia, y potenció la búsqueda de alianzas con China (Moscú y Beijing firmaron 32 nuevos acuerdos de cooperación), y las potencias emergentes. Lo cierto es que ni Obama, ni el próximo presidente norteamericano le puede ni debe garantizar a Moscú que la ampliación de la Alianza Atlántica tiene límites (esto es política).
Moscú ha vetado todas las condenas al régimen de Bashar al-Assad en el Consejo de Seguridad de la ONU, una las causas de discordia entre Estados Unidos y Rusia es Siria. No quiere colaborar con ninguna operación diplomática que pueda llevar a un cambio de régimen que genere caos, como ocurre en Libia. En 2011 Rusia votó en favor de una operación para proteger civiles, pero que terminó provocando la caída de Muamar Gadafi.
Teme que Siria se transforme en una base para grupos jihadistas que se conecten con sectores radicales de la población musulmana rusa y especialmente en Chechenia. Para Moscú, la guerra en Siria es una confrontación entre Irán (aliado de Rusia) y Arabia Saudí y Turquía, países que apoyan a grupos radicales islamistas.
Con lenguaje de la Guerra Fría el gobierno ruso ha denunciado la «provocación de la OTAN», y anunció que respondería con rearme desde su lado. El presidente Putin, señaló que la fuerza nuclear de Rusia pronto dispondrá de más de 40 misiles intercontinentales.
Según la agencia británica de noticias Reuters. El presidente ruso, Vladimir Putin, en un acto sin precedentes, incluyó en su nueva estrategia de seguridad nacional el nombre de Estados Unidos como una amenaza para su país. El documento sustituye al de 2009, suscrito por el entonces presidente Dmitri Medvedev, actual primer ministro del país, y que no incluía ni el nombre de Washington ni el de la OTAN.
En el texto de la nueva estrategia de seguridad nacional aprobado por Putin, Rusia además considera la expansión de la OTAN hacia sus fronteras como una amenaza de seguridad nacional. Durante el último discurso de su presidencia sobre el Estado de la Unión ante el pleno del Congreso, Barack Obama dijo:
«¿Quieren consolidar nuestro liderazgo y credibilidad en el continente? Reconozcan que la Guerra Fría ha terminado. Levanten el embargo».
Barack Obama, les dijo a los legisladores que los más de 50 años de política estadounidense para aislar a Cuba «no lograron promover la democracia», y deterioraron la imagen de Estados Unidos en Latinoamérica. «Por eso hemos restaurado las relaciones diplomáticas, hemos abierto la puerta a los viajes y el comercio, y nos hemos posicionado para mejorar las vidas del pueblo cubano».
Hay que recordarle a Obama (un verdadero analfabeto político), que los problemas con Cuba comenzaron dentro de las reglas de la Guerra Fría. Fue la lógica respuesta norteamericana a los Castro y a un grupo de comunistas, convencidos de la superioridad de las ideas marxista-leninistas, de las bondades de la URSS y de la maldad y la prepotencia del imperialismo americano y de la economía de mercado, e instauraron en la Isla una dictadura comunista.
El imperio soviético experto en organizar países satélites, tenía una larga, cruel y eficiente experiencia en la Europa del Este, tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Llegaron a la isla «asesores» soviéticos para planificar y ejecutar la eliminación de toda oposición democrática y creando las famosas redes de contrainteligencia.
El segundo objetivo fue plantar misiles nucleares. La Unión Soviética fue descubierta construyendo 40 silos nucleares en Cuba. Según Kruschev, la medida era puramente defensiva, para evitar que los Estados Unidos intentaran una nueva embestida contra los cubanos. Se sabía que los soviéticos querían responder ante la instalación estadounidense de misiles Júpiter II en la ciudad de Esmirna (Turquía), que podrían ser usados para bombardear el sudoeste soviético.
Ya lo había dicho Nikita Kruschev, ahora sabría Estados Unidos lo que era vivir con una daga apuntando a su cuello a pocos kilómetros de su costa. Era su represalia por el acoso de la OTAN. Lo mismo que dice Putin en estos tiempos.
A mediados de marzo de 1960, el presidente Ike Eisenhower firmó una orden secreta autorizando las operaciones encubiertas para tratar de liquidar al satélite ruso instalado en Cuba, pero ya era tarde. Una semana antes había llegado a Cuba el general ruso de origen hispano Francisco Ciutat, como punta de lanza.
Fidel lo llamaba «Angelito», inmediatamente después de angelito llegarían a la isla 40.000 militares y asesores soviéticos. Kruschev, había enviado navíos de carga y submarinos, transportando armas atómicas hacia Cuba. Un avión espía descubrió las rampas de lanzamiento, y Estados Unidos ordenó el envío de navíos hacia Cuba.
El 22 de octubre de 1962, Estados Unidos interceptó los transportes soviéticos y ordenó cuarentena a la isla, posicionando navíos militares en el Mar Caribe, y cerrando todos los contactos marítimos entre la URSS y Cuba.
Esa fue la primera y única vez en que Estados Unidos «bloqueó» a Cuba, lo que siguió después fue un embargo a las empresas norteamericanas que comerciaran con el régimen cubano (cosa que nunca fue total). Nikita solía reírse de Kennedy y decía, que aun con los misiles en sus narices no respondería, lo consideraba un cagón (con toda razón).
A decir verdad, más allá de la mitología oficial, John Kennedy, era un progre bueno para nada, ¡perdón! dicen que era bueno para la cama. Pero los soviéticos creyeron erróneamente que el poder norteamericano descansa en una persona, en una especie de Zar o un Padrecito de la Unión Soviética.
John Kennedy dirigió un ultimátum a la Unión Soviética: demandó que detuviera esos navíos bajo amenaza de emprender represalias masivas. Los soviéticos argumentaron que no entendían por qué tomaba esta medida cuando varios misiles estadounidenses estaban instalados en países miembros de la OTAN contra ellos, en distancias idénticas.
Kruschev habría enviado mensajes a Kennedy, informando de sus intenciones pacíficas. El 26 de octubre, informó que retiraría sus misiles de Cuba si Washington se comprometía a no invadir la isla. Al día siguiente, pidió además la retirada de los misiles balísticos Júpiter de Turquía. Peticiones que Estados Unidos cumplió, incluso después de la caída de la Unión Soviética.
Fidel Castro y el Che Guevara, no podían entender el acto de prudencia política de Kruschev, maldecía y trataba de cobarde y traidor al soviético, mientras lanzaba sus huestes a la calle que recorrían La Habana coreando «Nikita mariquita, lo que se da no se quita».
Esta crisis dio lugar a una nueva distensión entre los dos bloques, y pusieron en marcha el «teléfono rojo» (que en realidad era de color blanco), una línea directa entre Washington y Moscú en caso de una nueva crisis.
Barack Obama dice, que no se pudo promover la democracia en Cuba (por esos medios). Bien, esta es una prueba más a mi favor cuando acuso a Obama, de ser un «fundamentalista democrático», que cree (pues, es una creencia o mejor dicho una superchería), que la democracia lo resuelve todo.
De lo que se trata no es de promover la democracia o no, de lo que se trata es de la permanencia en el tiempo, se trata de la eutaxia de un Estado o Superestado, o para decirlo de manera políticamente incorrecta de un «Imperio».
En aquellos tiempos hasta la «implosión de la URSS», la «Dialéctica de Estados, Superestados o Imperios», se daba concretamente en términos ideológicos. Y esta dialéctica que es el verdadero «motor de la Historia» (no la lucha de clases), continúa, no se detiene porque un progre lo crea o anhele. Eso sólo lo puede creer un idiota que no entiende de Política. La Historia se construye por medio de esa dialéctica. ¡No hay Fin de la Historia!
Cuando los países satélites de la Europa del Este rompieron con la Unión Soviética, desapareció el Bloque del Este y también la Unión Soviética. La estrategia de la «contención» dio resultado y Estados Unidos ganó la «Guerra Fría». Cuba y Corea del Norte, fieles al materialismo histórico cavaron trincheras, Fidel y su hermano Raúl, llamaron a Gorbachov «traidor» y proclamaron que «primero se hundiría la Isla (ya lo hicieron) antes que abandonar el marxismo-leninismo».
Cuba sería el faro para guiar o alumbrar a todos aquellos que se unan a la causa revolucionaria. Fidel no tardó en hallar a otro iluminado (pero no estúpido), Lula da Silva, mientras juntos armaban esa bolsa de gatos, una especie de Tercera Internacional conocida con el nombre de «Foro de Sao Paulo» (San Pablo), Lula se embarcaba en el navío capitalista para mayor gloria de Brasil. Luego llegaría otro idiota, bruto e ignorante, el Coronel y fracasado golpista Hugo Chávez, alias «el pajarito», post mortem.
Y ahora Venezuela está en la bancarrota, no por obra y gracia de Maduro, cuyo aporte y colaboración es cuantiosa. Pero eso no importa ni siquiera por el muerto «pajarito» Chávez, Mao, Stalin, o cualquier otro camarada, que no son más que simples accidentes en la Historia. Es el resultado de intentar instaurar un sistema económico condenado al fracaso por su inutilidad intrínseca desde el inicio.
Pero dos personajes aparecen para salvar una vez más a los dictadores marxistas leninistas, Obama y Francisco, uno progre y de ideas socialdemócratas, el otro, un peronista de izquierdas que sigue culpando al «capitalismo salvaje».
La Guerra Fría que ganó Estados Unidos, no terminó para los Castros y demás seguidores iberoamericanos como cree Barack Obama. Y aunque Rusia y China sean capitalistas en lo económico (para ellos no se trata de ideología), siguen siendo enemigos de Estados Unidos. Y es lógico que así sea, es la dialéctica de Estados.
¿Qué fue la Guerra Fría? La Guerra Fría fue un enfrentamiento político, económico, social, militar, incluido lo deportivo, iniciado al finalizar la Segunda Guerra Mundial, se suele citar al año 1947 hasta la implosión de la URSS (Perestroika, 1985, caída del Muro de Berlín en 1989 y el fallido golpe de Estado en 1991).
El enfrentamiento entre los bloques Occidental-Capitalista liderado por Estados Unidos y el bloque Oriental-Comunista liderado por la Unión Soviética. Este enfrentamiento no desencadenó una Guerra Mundial, pero estos conflictos marcaron y construyeron casi o toda nuestra Historia actual.
El término Guerra Fría ha sido atribuido al financiero estadounidense y consejero presidencial Bernard Baruch. Baruch dio un discurso el 16 de abril de 1947, en el que dijo «No nos engañemos: estamos inmersos en una guerra fría». El término fue popularizado también por el columnista Walter Lippmann en 1947 en la edición de un libro titulado Guerra Fría.
Los soviéticos sospechaban que británicos y estadounidenses habían optado por dejar a los rusos el grueso del esfuerzo bélico, y que se unirían contra los soviéticos una vez que la guerra estuviera decidida a favor de los aliados, para forzarlos a firmar un tratado de paz ventajoso para los intereses occidentales.
Estas sospechas minaron las relaciones entre los aliados durante la II Guerra Mundial. Los aliados no estaban de acuerdo en cómo deberían dibujarse las fronteras europeas tras la guerra.
El modelo estadounidense de «estabilidad» se basaba en la instauración de gobiernos y mercados económicos parecidos al estadounidense (capitalista), y la creencia de que los países así gobernados, acudirían a organismos internacionales (como la entonces futura ONU) para arreglar sus diferencias. Los soviéticos creían que la estabilidad habría de basarse en la integridad de sus propias fronteras.
Los soviéticos querían asegurarse de que el nuevo orden europeo posibilitara la existencia a largo plazo del régimen soviético (su eutaxia), y que este objetivo sólo podría conseguirse mediante la eliminación de cualquier gobierno hostil a lo largo de la frontera occidental soviética, y el control directo o indirecto de los países limítrofes a esta frontera, para evitar fuerzas hostiles en estos países.
Sería largo de detallar los contenidos y pretensiones de los aliados contra el régimen nazi, en las distintas conferencias como la Conferencia de Yalta, en febrero de 1945. La de Potsdam en julio de 1945, en esta reunión no se ocultó las antipatías y el lenguaje hostil entre ellos.
En esa conferencia, Truman informó a Stalin que los Estados Unidos habían creado una nueva arma. Stalin, que ya estaba al tanto de los avances estadounidenses en el desarrollo de la bomba atómica, expresó su deseo de que aquella nueva arma fuera usada contra Japón.
En febrero de 1946, George Kennan escribió una larga carta desde Moscú, conocido como «Telegrama Largo», en el que se apoyaba una política de inflexibilidad con los soviéticos, y que se convertiría en una de las teorías básicas de los Estados Unidos durante la Guerra Fría.
Semanas después, del famoso telegrama, el primer ministro británico Winston Churchill, pronunció un discurso sobre el «Telón de acero» en la Universidad de Missouri, en ella trataba de promover la alianza anglo-americana contra los soviéticos, a los que acusó de haber construido un telón de acero (conocida también como Cortina de hierro) desde Stettin, en el Báltico, a Trieste en el Adriático.
La URSS instauró gobiernos títeres en Bulgaria, Checoslovaquia, Hungría, Polonia, Rumania, Alemania Oriental, etc., con motivo de la Guerra Civil griega, Estados Unidos puso en práctica la «Teoría de la Contención».
Truman enmarcó esta teoría dentro de la Doctrina Truman, dada a conocer en un discurso en el que se definía el conflicto entre capitalistas y comunistas como una lucha entre «pueblos libres» y «regímenes totalitarios». Pero el «equilibrio de poder», no sólo se alcanzaría en Europa por la defensa militar, sino resolviendo los problemas económicos.
Se implementó el «Plan Marshall» para afianzar las estructuras económicas capitalistas, también este plan sirvió para la remodelación de numerosas ciudades europeas que habían quedado destruidas por la Segunda Guerra Mundial. Stalin prohibió a los países de la Europa Oriental participar en el Plan Marshall.
La Unión Soviética creó una serie de subsidios y canales de comercio conocidos primero como el «Plan Molotov» para luego desarrollarse dentro del COMECON. En 1948 como represalia, Stalin cerró las vías terrestres de acceso a Berlín Oeste, hecho conocido como el «Bloqueo de Berlín».
En septiembre los soviéticos crean el Kominform, una organización cuyo propósito era mantener la ortodoxia ideológica comunista dentro del movimiento comunista internacional. En la práctica, fue un mecanismo de control sobre los estados satélites soviéticos, coordinando el ideario y las acciones de los partidos comunistas del Bloque del Este.
El teatro de operaciones de la «Contención» se amplió de Europa a Asia, África e Iberoamérica, con la intención de detener los movimientos revolucionarios, generalmente financiados desde la Unión Soviética. En 1949, el Ejército Rojo de Mao Tsé-Tung se proclama vencedor de la Guerra Civil China, luego de derrotar a los nacionalistas del Kuomintang, que contaban con el respaldo de Estados Unidos.
Inmediatamente, la Unión Soviética establece una alianza con los vencedores, que habían creado un nuevo Estado comunista con la denominación de República Popular China. Otra de las aplicaciones de la Teoría de la Contención se produjo tras el estallido de la Guerra de Corea.
Debido a que uno de los acuerdos tácitos de la Guerra Fría se basaba en la lucha de ambos bloques a través de «guerras proxy», en donde los ejércitos soviéticos y estadounidenses nunca se enfrentarían directamente.
Stalin se vio sorprendido por la participación de tropas estadounidenses en la defensa de Corea del Sur, invadida por los comunistas de Corea del Norte, este despliegue militar había sido aprobado por las Naciones Unidas, ya que la Unión Soviética no pudo ejercer su derecho a veto en la ONU, por el conflicto de reconocimiento de la China continental comunista o de Taiwán.
Tras el cambio de líder en la URSS se produjeron numerosas fricciones con algunos de los aliados soviéticos más proclives al estalinismo o a la figura de Stalin. La más notable de estas discrepancias se plasmó en la ruptura chino-soviética. Mao Tsé- Tung defendió la figura de Stalin tras la muerte de éste en 1953, y describió a Kruschev como un arribista superficial, acusándolo de haber perdido el perfil revolucionario del Estado.
Los chinos y soviéticos comenzaron un despliegue propagandístico dentro de la propia esfera comunista que acabaría convirtiéndose en una lucha por el liderazgo del movimiento comunista internacional, tres años después llegaron al enfrentamiento militar en la frontera por ambos compartidas.
Todos los conflictos armados que se produjeron en América latina no fue porque unos buscaban la instauración de la democracia y otros no, fue una lucha política ideológica orquestada por el bloque oriental y Occidental, aunque no lo quieran aceptar, sus actores fueron simples peones desechables dentro del tablero mundial.
Durante la Guerra de Vietnam, Estados Unidos apoyó al gobierno sudvietnamita de Ngô Đình Diệm en contra de los comunistas del Viet Cong (FNLV). El presidente Johnson llegó a estacionar hasta 575.000 soldados por todo el Sudeste Asiático para procurarse la victoria contra el FNLV y los aliados de Vietnam del Norte, el coste económico fue un factor preponderante y determinante, en especial por la Crisis de 1973.
Vietnam del Norte recibía apoyo militar y económico de la Unión Soviética (450 millones de dólares anuales en armamento, y 15.000 asesores militares) y China (320.000 soldados y 180 millones en armamento). Finalmente, en 1975, se dio por finalizada la contienda, con la victoria del Viet Cong y la caída del Gobierno de Vietnam del Sur, en lo que se ha considerado una de las derrotas más humillantes de Estados Unidos a manos de uno de los países más pobres del mundo.
Eso de «uno de los países más pobres del mundo», es una idea romántica que es necesario aclarar, es parte de la propaganda. En ese momento el apoyo de la Unión Soviética y China hacía de los norvietnamitas más rico que Estados Unidos. Y tampoco se dice (no es un dato irrelevante para los que cultivamos la Política). La derrota militar de Estados Unidos fue un triunfo político, la «Teoría de Contención», dio resultado.
No me voy a detener en la Guerra Civil Camboyana, en los «Jemeres rojos», Pol Pot y el genocidio. Los Jemeres Rojos, una vez en el poder, pronto entraron en conflicto con sus antiguos aliados comunistas, especialmente los vietnamitas.
En 1979, Vietnam (ya reunificado) derrocó a Pol Pot y colocó en su lugar al disidente Heng Samrin, mientras ocupaba la casi totalidad del país. La intromisión de los vietnamitas en Camboya tuvo como consecuencia el «ataque punitivo» de China, con escaramuzas en la frontera sino-vietnamita que durarían hasta 1984. Vietnam, logró derrotar al superior Ejército Chino durante los principales ataques de 1979.
Durante la década de 1970, continuaron los conflictos indirectos entre ambas superpotencias (guerras proxy). Jimmy Carter (otro progre), creía que podría frenar la carrera armamentista con la firma de nuevos tratados como el SALT II en el 79.
No sirvió de nada, el triunfo de la Revolución Iraní y la Sandinista, ambos apoyados por la KGB derrocaron a gobiernos pro-occidentales. La caída del Sha de Persia es responsabilidad total de Carter. En represalia Estados Unidos se opuso a la invasión soviética en Afganistán, eso dio por terminada la coexistencia pacífica.
En enero de 1977, cuatro años antes de ser presidente Ronald Reagan, explicó su postura en relación a la Guerra Fría: «Mi idea de lo que debe ser la política estadounidense en lo que respecta a la Unión Soviética, es simple, y algunos dirán que simplista», dijo. «Es esta: nosotros ganamos y ellos pierden, ¿qué te parece?».
En 1980, ganó Ronald Reagan, con la promesa de incrementar el gasto militar, y enfrentarse a los soviéticos en el lugar que fuera necesario. Reagan, como la Primera Ministra británica Margaret Thatcher, denunciaron a la Unión Soviética y a la ideología comunista. Reagan calificó a la Unión Soviética como el «Imperio del Mal» y predijo que el comunismo acabaría en «el montón de cenizas de la Historia».
Gorbachov, inicialmente tenía una actitud tolerante hacia los cambios en Europa del Este, pero no obraba igual hacia los cambios radicales dentro del territorio de la Unión Soviética (ej. represión en los países bálticos). El entonces presidente Bush le avisó a Gorbachov que los lazos comerciales recién iniciados se romperían si continuaban con la represión.
El fallido golpe de agosto de 1991, fue el golpe de gracia a la Unión Soviética. Las Repúblicas soviéticas deseaban independizarse de la URSS, y entre ellas la propia Rusia. Lo que hubiese significado el hundimiento total y caótico de la Unión Soviética.
El 21 de diciembre de 1991 se firmó el tratado que creaba la «Comunidad de Estados Independientes», la heredera legal de la Unión Soviética, en la que cada república sería independiente y libre de unirse, y se mantendría una especie de Confederación. La (CEI) fue el marco donde (según los líderes rusos), se llevaría a cabo «un divorcio civilizado» de las distintas repúblicas soviéticas. La URSS, se declaró oficialmente disuelta el 25 de diciembre de 1991.
La Guerra Fría ideológica-política, ha construido y escrito la Historia de casi todo el siglo pasado, ha cambiado al mundo por medio de la dialéctica de los Superestados, nadie ha sido ajeno a ella, ni siquiera la Iglesia Católica que en su propio seno daba lugar a la Teología de la Liberación, el marxismo dentro de la sacristía, y a la elección de un Papa Polaco enemigo del marxismo.
Ahora, aparecen en escena un nuevo Papa encapsulado en ideologías propias de la Guerra Fría (de la Teología de la Liberación, ahora como Teología de los pobres), culpando de todos los males al «capitalismo salvaje», y levantando banderas falsas propias de las izquierdas, mintiendo sobre el aumento de la pobreza, sin que nadie de su entorno le haya acercado cifras o estadísticas más aceptables, o que simplemente le hayan «mostrado» la evolución de la China y la India que adoptaron políticas económicas de signo capitalista, logrando sacar a cientos de millones de sus ciudadanos de la pobreza.
18 de febrero de 2016.