

LA ECONOMIA, ESTUPIDO
PRIMER AÑO DE DONALD TRUMP
Ricardo Veisaga
La frase «La economía, estúpido» (the economy, stupid), usada en la política de los Estados Unidos, estuvo de moda en la contienda electoral entre Bill Clinton y George H. Bush (padre) en 1992. La misma se popularizó como: «es la economía, estúpido». Bush Sr., poco antes de las elecciones, según la opinión de la mayoría de los analistas políticos, era considerado imbatible.
Exitoso en política exterior, con el fin de la Guerra Fría y la reciente Guerra del Golfo Pérsico, tenía entonces una popularidad del 90%, un récord histórico. James Carville, estratega de la campaña electoral de Clinton, sostuvo que su candidato debía enfocarse en cuestiones cotidianas de la gente.
James Carville había escrito en una pizarra en las oficinas centrales de campaña, solo tres cosas. Cambio vs. más de lo mismo. La economía, estúpido. Y, No olvidar el sistema de salud. Frases que terminaron como slogan no oficial de la campaña, que finalmente fue decisivo para derrotar a Bush.
Por esa manía que tiene la gente de medir en tiempo una administración, en este caso la política. Donald Trump, cumple un año de gobierno, que se podría reducir a esa frase de James Carville, «La economía, estúpido», para evitar las discusiones psicologistas que nada tienen que ver con lo político, me voy a ocupar de esto. No es solo una frase, es una realidad por ahora, Karl Marx decía: «Para conocer a alguien no basta con lo que dice, hay que saber lo que hace», res non verba, cosas no palabras, decían los clásicos. Entonces vayamos a las cosas o si prefieren a los números.
La llegada de Donald Trump a la Casa Blanca fue interpretada por los izquierdistas y progres, como una escatología política, como el fin de los tiempos, antes de que la nada recubriera la tierra se hundiría la economía estadounidense. Pero un año después, la mayoría de los indicadores muestran que, no se produjo ningún hundimiento, y lejos de producirse lo que revelaba el vientre de una paloma sacrificada a los dioses por el progre premio nobel de economía Paul Krugman, el desempeño productivo del país sigue una línea ascendente.
El presidente Trump, en su toma de posesión el 20 de enero de 2017, prometió: «Esta carnicería estadounidense se detiene aquí y se detiene ahora mismo». Los economistas suelen decir apelando a la medicina, el crecimiento económico, es el indicador de la buena o mala salud de la economía, y esta, muestra una tendencia cada vez más positiva, después de haber alcanzado cotas superiores al 3 % en el segundo y tercer trimestre de 2017.
Para hablar con mayor precisión, el año pasado arranca con un crecimiento trimestral del 1,2%, pero la expansión de la economía llegó al 3,1% entre abril y junio, anotando un 3% de julio a septiembre. Para el último trimestre del año, las proyecciones oscilan entre el 2,7% y el 4,6%, lo que significa que el año 2017 cerraría con una tasa superior al 3%, muy por arriba de la administración Obama, en la que el PIB aumentó a un ritmo del 1,5%.
Otro tanto sucedió con la inversión privada que fue favorable desde que se produjo la asunción de Trump. Luego de más de un año oscilando entre el estancamiento y la recesión, este indicador creció con fuerza y, a lo largo de 2017, subió hasta alcanzar cotas cercanas al 5%. Un fuerte repunte que, según analistas económicos, puede ir a más ahora que el Impuesto de Sociedades va a bajar del 39% al 25%.
El comportamiento de la tan vapuleada Bolsa sigue siendo sólida, el Dow Jones que se disparó luego de la elección presidencial, con un repunte histórico del 28,5%, que se podría atribuir como una reacción psicológica. Sin embargo, desde entonces el índice ha ganado 5.000 puntos, cerrando 71 jornadas en niveles récord de cotización.
También mejoran los fundamentales (las ganancias de las empresas del S&P 500 subieron casi un 10% en el último trimestre) y se van retirando las distorsiones monetarias (con la retirada de estímulos y la subida de tipos).
Empleo y sueldos
En los primeros once meses del 2017, la creación de empleo se movió a una tasa mensual media de 170.000 nuevos puestos de trabajo. El Departamento de Trabajo informó que el nivel de desempleo mantiene su nivel más bajo desde el año 2000. En el primer año de la presidencia de Trump, la economía generó 2,1 millones de empleos, que ayudaron a bajar la tasa de 4.7% de hace exactamente un año.
Revirtiendo la pérdida de empleos en sectores críticos, sobre todo en la industria manufacturera, considerada una prioridad cuyo desmantelamiento fue criticado insistentemente por Trump a lo largo de la campaña presidencial. Desde el triunfo de Donald Trump hasta el mes de noviembre, las fábricas del país aumentaron sus plantillas en 190.000 trabajadores, la industria ocupa ahora a 12,5 millones de trabajadores, una cifra que se ubica lejos de los 14,5 millones de antes de la crisis.
El paro entre los trabajadores blancos es del 3,6%, mientras que la población afroamericana registra una tasa de desempleo del 6,8%, mucho más baja que los 8,8% de Obama o los 8,2% de Bush Jr. Según datos del Bureau of Labor Statistics, durante la gestión de Donald Trump se registró el mínimo histórico de desempleo de hispanos en Estados Unidos: el 4,7%.
La mejoría de los números de desempleo entre los hispanos es mínima 0,1% en diciembre, ya que en octubre y noviembre fue de 4,8% y queda a un punto porcentual de 2016, cuando se registró 5,9%. En la actualidad, la tasa de desempleo entre los hispanos sigue siendo más baja que los mínimos históricos registrados con Obama 5,3% y George W. Bush 5,1%.
La mejora de las tasas para los hispanos durante la Administración Trump no es la única, porque otras minorías también lograron avances. Donald Trump utilizó su cuenta de Twitter para referirse a la baja tasa de desempleo entre los hispanos durante el último año y aprovechó su mensaje para reprocharles por haber votado por los demócratas.
«El desempleo entre afroamericanos es el más bajo jamás recordado en nuestro país. La tasa de desempleo hispano cayó un punto en el último año y está cerca del más bajo en la historia. Los demócratas no hicieron nada por ti, ¡pero obtuvieron tu voto!», escribió en su mensaje.
La tasa de participación laboral, que cayó en la segunda mitad del siglo XX y en los tres primeros lustros del siglo XXI, frenó su línea descendente y ha crecido con fuerza, en especial gracias al mayor empleo femenino, una buena noticia que, curiosamente han ignorado los círculos feministas que tan duramente cargan contra Trump. Vuelta la burra al trigo o la mula al maíz con las feministas.
Durante este primer año de Donald Trump se registra un 4,7%, con Obama el 5,3% y con Bush 5,1%. La cantidad de personas sin trabajo durante 27 semanas o más, los llamados desempleados de larga duración, cayó como porcentaje de todos los desempleados hasta el 22,9%, desde un 23,9% el mes precedente.
En el acumulado de los últimos 12 meses, los salarios aumentaron un 2,5% y la media de horas trabajadas a la semana permaneció en las 34,5 horas. Noviembre y diciembre de 2016 cerraron en tasas del 0,6% y el 0,8%, el arranque de Trump coincidió con una subida de los salarios hasta tasas del 2,5%. Tras subir un 3,9% en febrero, un 3,7% en marzo y un 3,2% en abril, los sueldos crecieron un 2,8% en mayo, un 2,6% en junio y un 2,5% en julio. Los últimos meses con cifras cerradas son agosto y septiembre, que dejaron aumentos del 2,8% y el 3,2%, respectivamente.
El promedio final para 2017 oscilará entre el 2,5% y el 3%, por encima de los niveles de Obama, cuando el aumento de los salarios se estancó durante años en un 2%. La productividad también está subiendo (rondaba el 1% con Obama, pero se ha acercado al 3 % en los últimos datos trimestrales), de modo que anticipar un mayor aumento de los sueldos en los próximos años es razonable.
La mejora en los indicadores laborales permite una caída de la dependencia y de los subsidios. Por ejemplo, los llamados Food Stamps, o vales de comida financiados por el gobierno federal que llegaron a ser entregados al 15% de la población en los años de Obama. En 2017, a la espera del cierre definitivo del año, este porcentaje ha caído hasta niveles cercanos al 12%. Es decir, que unos seis millones de personas vuelven a pagarse sus gastos de comida sin recibir ayudas estatales.
Pero no todo son buenas noticias. El déficit fiscal se estaba acercando al 2% del PIB en 2016 (el déficit fiscal, viene de lejos, pero no libra a Donald Trump de responsabilidad), y la reforma tributaria puede elevar un 10% la falta de ajuste entre ingresos y gastos, y deberá tomar medidas para evitar una nueva crisis fiscal como la que enfrentó Barack Obama, con el cierre del gobierno y el secuestro presupuestario.
El gasto del gobierno cayó por tercer trimestre consecutivo, cayendo un 0,1%, eso es muy bueno. Tampoco hay cambios en el abultado déficit comercial que acumula Estados Unidos con el resto del mundo. Pero es consciente de ello y es el único presidente norteamericano que fue capaz de enrostrarle a la Unión europea, a China y a nuestros vecinos, que no será tolerado.
Precisamente el 16 de enero Donald Trump, advirtió a su homólogo chino, Xi Jinping, de que el déficit comercial de Estados Unidos con China «ha seguido creciendo» y que esa situación «no es sostenible». El superávit comercial de China con Estados Unidos aumentó un 13% en 2017, el primer año de la Presidencia de Trump, hasta alcanzar 1,87 billones de yuanes (288 mil millones de dólares, 239 mil millones de euros), según datos oficiales divulgados el pasado viernes en Beijín.
Trump considera el déficit comercial una señal de debilidad económica y que esto estuviera sucediendo no es responsabilidad de Donald Trump, sino de los gobiernos que lo precedieron, y que, a juicio de Trump, son la raíz de la pérdida de empleos en el sector de la manufactura en Estados Unidos.
El presidente amenazó en su campaña electoral con imponer aranceles de hasta el 45% a los productos chinos, y con declarar a China manipulador de divisas, pero por ahora no ha actuado en esos frentes, la cuestión de Corea del Norte hizo cambiar la prioridad, debía acercarse a Xi Jinping para resolver la crisis.
Respecto al comercio, Xi Jinping destacó que la cooperación económica y comercial entre las dos potencias ha dado beneficios concretos a ambas partes (a uno más que al otro), por lo que deberían emplear métodos constructivos para solucionar sus diferencias en este campo a través de una mayor apertura de sus mercados, de acuerdo con la versión china. Jinping será chino pero no boludo, en cuanto a Trump tal vez perdone pero no olvida.
Durante la campaña electoral, en cuanto a las referencias económicas, habló de los desequilibrios comerciales y la reactivación manufacturera, de empleos e impuestos y la promesa de redistribución: «Los hombres y mujeres olvidados de nuestro país ya no serán olvidados». Creo que el momento para juzgar el desempeño o su gestión económica debe ser en 2020.
Pero de acuerdo a su promesa de restaurar empleos en la fabricación y en la construcción. En ese sentido, las cifras son positivas, la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, dice que se crearon más de 400.000 empleos en la construcción y la extracción desde que Trump asumió el cargo hace un año.
El logro legislativo más tangible del primer año de Trump, sin duda en términos económicos, es el importante proyecto de ley de impuestos que recientemente aprobó el Congreso de los Estados Unidos. El proyecto de ley, que allana el camino para el mayor cambio en el código impositivo de los Estados Unidos desde la década de 1980, redujo el impuesto a las ganancias corporativas del 35% al 21% y también incluyó varias otras medidas favorables para las empresas. Moore, el asesor de la Casa Blanca en esta ley, cree firmemente que impulsará la economía.
«Esto generará una mayor inversión en los Estados Unidos. Las empresas ampliarán sus operaciones, construirán más fábricas, comprarán más camiones y maquinaria y, al hacerlo, podrán pagar más a los trabajadores», dijo: «Los trabajadores cobran más cuando son más productivos y son más productivos cuando tienen más equipo de capital».
La gestión del presidente Donald Trump en parte ha seguido el manual republicano, con menos regulación y menos impuestos, muy crítico y con razón, en contra de la globalización en boga, prefiere comerciar de país a país, y no en bloque para que no abusen de tratados que tienen como único fin meter su mercadería en Estados Unidos. Usando a países, como en el caso de México, de plataforma para ingresar al mercado norteamericano.
Nada más llegar al Gobierno, firmó una orden ejecutiva en la que instaba a todas las agencias federales a identificar dos normativas que se pudieran eliminar por cada una que se quisiera aprobar y, en paralelo, puso en marcha el proceso para rebajar la regulación bancaria creada tras la crisis financiera de 2008.
La economía, por ahora, se ha convertido en su mejor arma, las grandes cifras macroeconómicas han marchado bien, los salarios han mejorado y Wall Street sigue en alza. Las expectativas de menos impuestos estimularon la confianza. Y hay buenas noticias para la clase media, la reforma fiscal se está traduciendo en premios para los trabajadores de este país.
El grupo de contribuyentes Americans for Tax Reform ha recogido ya decenas de ejemplos de compañías que aprovechan la reforma tributaria para mejorar las condiciones salariales de sus ocupados. A continuación destacamos algunos de los ejemplos más visibles.
La empresa de telecomunicaciones AT&T ha comunicado que asignará una prima especial de 1.000 dólares a cada uno de sus 200.000 trabajadores. Además, ha anunciado que aumentará su programa de inversión en 1.000 millones. En palabras del presidente de la compañía, Randall Stephenson, «esta reforma generará crecimiento y ayudará a crear empleo mejor remunerado». Por el mismo camino va Comcast, un gigante en la prestación de servicios de televisión por cable e internet. Su directiva ha anunciado que repartirá una prima de 1.000 dólares entre cada uno de sus 100.000 trabajadores, pero también ha señalado que aumentará su programa de inversiones en 50.000 millones de dólares.
La aerolínea American Airlines ha manifestado que asignará una paga extra de 1.000 dólares a una parte significativa de sus más de 125.000 empleados. En total, 130 millones de alivio tributario irán a parar al bolsillo de los trabajadores. «Esta reforma tributaria nos permite mirar al futuro y proyectar mayores beneficios a largo plazo, lo que nos permitirá invertir para mejorar nuestra flota y nuestra logística. Además, consideramos apropiado compartir una parte importante del ahorro fiscal con nuestros trabajadores», señaló en un comunicado interno. Una de las empresas que se beneficiará del aumento de las inversiones de American Airlines es Boeing, que a su vez ha anunciado un programa de inversión de 300 millones de dólares, repartido a partes iguales en tres iniciativas: filantropía, formación profesional y renovación de infraestructuras y fábricas.
Sin dejar el sector de la aviación, la aerolínea Jet Blue también ha comunicado que repartirá un bono de 1.000 dólares entre cada uno de sus 21.000 empleados, con la salvedad del equipo directivo. Según la carta remitida a los trabajadores, dice «queremos que las mejores condiciones tributarias ayuden a mejorar los sueldos y a aumentar la inversión de la empresa para seguir creciendo». Otra compañía que seguirá el mismo camino es Southwest Airlines, con un bono de 1.000 dólares para sus 55.000 trabajadores y un aumento del programa de donaciones caritativas valorado en 5 millones anuales.
Servicios financieros. Uno de los gigantes del sector, Wells Fargo, nada más anunciarse la reforma tributaria y comunicó a los medios su decisión de aumentar el salario base de sus trabajadores de 13,5 a 15 dólares por hora. Además, la entidad va a aumentar la dotación de su fundación con 400 millones y también va a aumentar su programa de inversión en 100 millones.
La entidad financiera Bank of America también ha comunicado que todos sus trabajadores con sueldos de menos de 150.000 dólares anuales recibirán una paga extra de 1.000 dólares. En palabras del consejero delegado Brian Moynihan, «esta decisión viene motivada por la reforma tributaria y va a beneficiar a 145.000 trabajadores de nuestra compañía».
Algo similar hará BB&T, cuyos 27.000 empleados se beneficiarán de una paga extra de 1.200 dólares y un aumento del salario base de 12 a 15 dólares por hora, el banco aumentará sus donaciones filantrópicas y caritativas en 100 millones. Medidas similares anunciaron otras entidades como: US Bancorp, Unity Bank, Texas Capital Bank, Territorial Savings Bank, Washington Federal, Bank of Colorado, Bank of Hawaii, Bank of the James, Bank of the Ozarks, Bancorp South Bank, Central Bank of Sant Louis, Central Pacific Bank, Citizens Financial Group, Comerica Bank, Commerce Bank, Community Trust Bancorp, First Hawaiian Bank, Gate City Bank, Great Southern Bancorp, Harbor One Bank, Hawaii National Bank, INB Bank, National Bank Holding Corporation, SunTrust Banks, Summit State Bank, TCF Financial Corporation, Stifel Financial Corporation… La gran mayoría de estas entidades ha anunciado una prima de 1.000 dólares por trabajador.
Empresas medianas, como la de aire acondicionado AAON, que cuenta con 2.000 empleados, ha anunciado que va a repartir un bono de 1.000 dólares a sus trabajadores. El consejero delegado de la empresa, Norman H. Asbjornson, ha definido la reforma tributaria como «un paso histórico para estimular el crecimiento económico». La compañía de predicción meteorológica AccuWeather, que tiene 500 asalariados en nómina, ha enviado un comunicado de prensa para ensalzar el «aumento de la confianza empresarial» que genera la reforma tributaria.
AccuWeather ha anunciado que repartirá una prima salarial entre todos sus trabajadores. La empresa de utilidades Baltimore Gas & Electric ha optado por repartir 82 millones de dólares entre sus clientes, mediante un programa de descuento que se aplicará a la factura de cada uno de los consumidores.
«Vamos a hacer que Apple fabrique sus malditos ordenadores y cosas en este país, en lugar de en otros», afirmó Trump en campaña. Al cumplir su primer aniversario se produce un golpe de efecto. Apple acaba de anunciar que acepta pagar 38.000 millones de dólares en Estados Unidos tras la reforma fiscal de Trump y espera crear hasta 20.000 nuevos empleos en los próximos cinco años. La reforma fiscal es la clave de la decisión de Apple para repatriar su beneficio a Estados Unidos.
Con el sistema que había hasta ahora, el Estado federal gravaba un 35% de los beneficios que las empresas obtuvieran, sin que importara dónde habían sido obtenidos éstos. Eso sí: las empresas podían deducir de esa tasa lo que hubieran pagado de Impuesto de Sociedades en los países en los que habían obtenido esos beneficios. A eso se suma un Impuesto de Sociedades de los estados que oscila entre el 0% y el 12%.
El sistema era una herencia de la época en la que Estados Unidos estaba apenas conectado con el resto del mundo y, además, su cuota del PIB mundial era mucho mayor. En la década de los cuarenta, con todo el mundo industrializado, salvo Estados Unidos, destruido tras la Segunda Guerra Mundial, ese país suponía más de la mitad del PIB del planeta Tierra. El mercado interno de Estados Unidos era tan grande que los beneficios de las empresas en el exterior eran minúsculos y, por tanto, su tributación era una cuestión muy secundaria.
Hoy sucede lo contrario. El PIB estadounidense no llega al 20% mundial, y sigue cayendo a medida que China y los demás emergentes quitan cuota a los países desarrollados. Así que la proporción que las empresas ganan fuera de Estados Unidos es mayor. No solo es mayor porque vendan más, sino porque las empresas de todo el mundo han convertido en una bella arte las prácticas de elusión fiscal con las que extraen beneficios sin pagar impuestos.
Prácticamente el 100% de esos beneficios queda en paraísos fiscales. Si las empresas no los repatrían, no pagan por ellos. Y, como explica Stan Veuger, economista del think tank American Enterprise Institute, «pueden utilizar esos fondos como colateral para endeudarse, en el improbable caso de que tengan necesidad de liquidez».
Con la nueva reforma fiscal, pasan dos cosas, por un lado, el tipo fiscal de los dividendos de subsidiarias extranjeras, (del dinero que ganan las empresas de Estados Unidos fuera de su país) pasa al 0%. Pero eso no se aplica con carácter retroactivo. Es decir, que el dinero en metálico que las empresas ya poseen en sus paraísos fiscales (como los 252.000 millones de Apple, que es la que tiene más) pasa a tributar el 15,5%. De ahí viene el pago de 38.000 millones a la Hacienda estadounidense que va a llevar a cabo la compañía que dirige Tim Cook.
En teoría, la nueva regulación hace más fácil a las empresas estadounidenses trasladar actividades al extranjero, aunque no es menos cierto que establece una serie de regulaciones para impedir que las compañías practiquen ciertos trucos, como, por ejemplo, cargar de deuda sus operaciones en Estados Unidos para transferir así beneficios fuera del país. Si bien es cierto, Trump no quería facilitar el movimiento de la producción fuera de Estados Unidos es lo contrario de lo que desea, pero al menos, la inversión de 20.000 millones de dólares en Estados Unidos que Apple anunció va a ir fundamentalmente al desarrollo de su división de servicios, que está convirtiéndose en uno de los motores de crecimiento de la empresa.
Según Tim Cook, los ¡Phones van a seguir siendo diseñados en California y manufacturados en China por la empresa taiwanesa Foxconn. No tanto por la cuestión fiscal sino porque, según Cook, los trabajadores chinos son mejores que los estadounidenses.
Donald Trump, al cumplir un año de mandato, otorga once premios Fake News. Los galardones fueron publicados en la web del Partido Republicano, que fue colapsada por las visitas después de que Trump lo anunciara en Twitter.
Es conocida la guerra de Donald Trump con el llamado cuarto poder, la prensa socialdemócrata, progre e incluso liberal o conservadora como se llama aquí. Las noticias oficiales del verdadero Poder, se dan a conocer a través de Twitter, casi siempre empleando el término «fake news» (noticias falsas), pero el inventor de este calificativo no fue Trump, sino la primera excusa empleada por la prensa, parte del establishment, paralizada y en shock tras el triunfo de Donald. Para evitar noticias falsas que se hagan virales, Google y Facebook ofrecen «correcciones» a noticias en digitales legítimos, siempre que sean de derechas, a las otras, nada de corrección.
Donald Trump, ingeniosamente (y dicen que está loco), si Trump está loco los que lo atacan están pendejos. Usó el fake news como bumerang para devolvérselos a sus adversarios. No fue una sorpresa el anuncio de la entrega de premios a principios de este año. El interés fue suficiente como para tumbar la web del Partido Republicano al poco de publicarla y enlazarla el presidente desde Twitter. Estos son los agraciados:
Primer premio. El columnista del The New York Times y Premio Nobel de Economía Paul Krugman, conocido por declarar que una invasión alienígena sacaría a Estados Unidos de la recesión, aseguró el día de las elecciones que los mercados «nunca» se recuperarían de la victoria de Trump, pero la bolsa estadounidense no ha dejado de subir desde entonces.
Segundo premio. Estuvo a punto de acertar, eso sí, cuando el segundo galardonado, Brian Ross de ABC News, publicó el 1 de diciembre que el general retirado Michael Flynn iba a testificar que Trump le ordenó contactar con representantes del Gobierno ruso durante la campaña. El índice Dow Jones se desplomó hasta que ABC se vio obligado a emitir un desmentido. Los contactos fueron ordenados después de las elecciones, como otros contactos con otros gobiernos, con la intención de luchar juntos contra Estado Islámico.
Tercer premio. CNN lanzó la exclusiva de que Donald Trump y su hijo Don Jr. habían tenido acceso a los documentos internos del Partido Demócrata filtrados por Wikileaks días antes de que fueran publicados por la web de Julian Assange. Se equivocaron de fecha. Fue después, al mismo tiempo que todo el resto del mundo.
Cuarto premio. Time publicó que Trump había retirado un busto de Martin Luther King del Despacho Oval. Lo único que pasó fue que el avispado periodista no lo había visto. Lo que sí hizo el nuevo presidente fue volver a colocar el de Winston Churchill del que se deshizo el zurdo de Obama.
Quinto premio. Un periodista del The Washington Post, publicó en Twitter que un mitin en Florida del presidente estaba casi vacío. Pero la foto fue tomada mucho antes de que llegara el presidente. En el momento de hablar, el recinto estaba lleno.
Sexto premio. CNN editó un vídeo en el que Trump echa una caja entera llena de comida a los peces en su visita a Japón para hacer parecer que había hecho una barbaridad, provocando la clásica reacción histérica en las redes sociales, cuando el vídeo sin editar muestra que lo único que hizo fue imitar al primer ministro Shinzo Abe, que había hecho lo mismo justo antes.
Séptimo premio. CNN publicó sobre una reunión secreta en verano de 2016 de Anthony Scaramucci, entonces miembro de la campaña de Trump y un año después su jefe de prensa durante unos días, con contactos rusos. Se retractó ese mismo día y los tres periodistas que elaboraron la noticia dimitieron.
Octavo premio. Newsweek publicó que Agata Kornhauser-Duda, la mujer del presidente polaco, se negó a darle la mano a Trump. De nuevo, la impresión la daba la edición del vídeo. Añadiendo un par de segundos más se ve el saludo entre los dos. El vídeo es gracioso porque efectivamente Trump se queda con la mano al aire en un primer momento, pero la interpretación de Newsweek fue bastante exagerada. La noticia llevó a Andrzej Duda a publicar un tuit en el que anunciaba su intención de luchar contra las fake news él también.
Noveno premio. CNN informó que el ex director del FBI James Comey iba a desmentir ante el Senado la afirmación de Donald Trump de que Comey le había dicho que no estaba bajo investigación por las acusaciones de colaboración de su campaña con Rusia. Por supuesto, Comey confirmó que le dijo a Donald Trump exactamente eso.
Decimo premio. El The New York Times aseguró en portada que el Gobierno de Trump había ocultado un informe sobre el cambio climático que sus intrépidos reporteros habían logrado obtener y que tiraba por la vía del alarmismo. El informe había sido publicado en la web nueve meses antes.
Décimo primer premio. Finalmente, el último premio no fue para ningún medio en concreto sino para toda la narrativa sobre la supuesta colaboración de Trump con Rusia para que lo ayudaran a ganar las elecciones, más de un año después sigue sin haber ningún indicio de que nada parecido ocurriera, lo cual no ha impedido que cuatro de los demás galardones hayan sido concedidos por reportajes que pretendían probar algo que, por ahora, parece ser simplemente una fantasía.
En total, de los diez premios que se dan a noticias, opiniones o tuits concretos, 4 fueron a la particular bestia negra de Trump, la cadena CNN, dos al The New York Times, uno al The Washington Post, otro a Time, otro a Newsweek y uno más a ABC News. En España no solo lo hacen la prensa socialdemócrata como El País, sino las muy derechistas y burguesa como ABC, El Mundo, la COPE, la 13, incluida entre ellas Libertad Digital y la centroizquierdista El Español.
Para no nombrar a los más importantes periódicos de Europa y latinoamérica. No creo que hubo un presidente que sufriera ataques tan miserables como Trump. Que se divorcia, que duermen en camas separadas, que la lluvia dorada con las putas rusas en Moscú. En eso de las rusas ¡Donald es de los míos! ¿Y que si fue de p… con rusas? ¿Y la sección de saxo de Clinton? O ¿acaso Kennedy no se metía en la cama de toda mujer que andaba cerca? Compartió a Marilyn con su hermano.
Donald Trump puede decir como el bambino Veira, un jugador y luego técnico de futbol, cuando dirigía a Boca Juniors que andaba como la mona, los periodistas o hinchas le preguntaban sobre el equipo, el bambino para salir de apuros repetía siempre lo mismo: «La base está», en realidad no había base ni nada. Pero Trump mantiene su base.
Quienes lo critican dentro del partido son aquellos miembros del establishment, los que están de salida o fuera del juego, como el borracho ex presidente, el que hablaba con Dios, y sus inútiles hermanos, o el prisionero John McCain. O el pobre Bannon, que tuvo que pedir disculpas, convirtiéndose en aquello que decía el gran Baruc Espinoza, «El que se arrepiente es doblemente miserable e impotente».
Que se cuide de los republicanos que nunca fue su partido, su base no votó al partido republicano, lo votaron a él. A propósito de esto, dicen que el primer día que Winston Churchill entró en el Parlamento, miró a la bancada de enfrente y le dijo a un viejo diputado lo siguiente: «Así que aquellos de allí son nuestros enemigos», a lo que el compañero de Winston exclamó: ¡No hijo, no! los que tienes enfrente son nuestros rivales, ¡a nuestros auténticos enemigos los tienes justo detrás!…
19 de enero de 2018.