

Cuadernos de Eutaxia — 11
JOSÉ LUIS BAXTER
JOE, UN CHANTA FABULADOR
José Luis Baxter, apodo: «Joe», «el Gordo», seudónimo: Salvador Ballesteros, nombre de guerra: «Rafael». Nacido en Marcos Paz, Provincia de Buenos Aires, Argentina, (24/5/1940 – falleció en Orly, Francia, 11/7/1973).
Cuando uso el calificativo de Chanta para referirme a José L. Baxter, lo hago utilizando el lenguaje rioplatense ya que chanta viene del lunfardo «chantapufi», que a su vez proviene del genovés italiano «ciantapuffi», que significa moroso, insolvente, deudor, pero que en el lunfardo chantapufi describe a una persona que no tiene problemas en mentir o engañar para obtener beneficios, o simplemente para mostrarse como algo que no es, que alardea de relaciones o proezas que nunca realizó.
José Luis Baxter Denaro, que usaba el seudónimo de «Salvador Ballesteros» para actuar en el mundo civil, fue el hijo de un veterinario originario de Irlanda, José Baxter y de María Luisa Denaro, fue el mayor de dos hermanos. Baxter vivió de niño en la localidad de Marcos Paz, provincia de Buenos Aires. Su padre se dedicaba a la cría de caballos y educó a su hijo como bilingüe. A los diez años sufrió un accidente con un caballo y se lesionó el brazo derecho, no fue atendido a tiempo de esa caída, y ese episodio terminó provocándole una semiparálisis en su brazo.
Su familia descendió de nivel económico cuando su padre falleció. Entonces Joe tenía 15 años. Fue estudiante secundario del colegio inglés St. Alban’s College, de Lomas de Zamora, es en ese lugar donde sería reclutado en 1955 por Alberto Ignacio Ezcurra Medrano Uriburu, para la Unión Nacionalista de Estudiantes Secundarios (UNES), ala de la Alianza de la Juventud Nacionalista. También fue influenciado por Oscar Denovi.
En 1957 participó de la creación del «Movimiento Nacionalista Tacuara», Baxter fue uno de los responsables de la edición del periódico «Tacuara, Vocero de la Revolución Nacionalista» desde el cual, al menos en sus comienzos, se difundía el ideario del nacionalismo católico. Baxter no era un teórico dentro de la agrupación, sino que más bien tenía a su cargo el desarrollo de las relaciones públicas del MNT.
A fines de 1957 estas corrientes fundan la organización nacionalista de extrema derecha el Movimiento Nacionalista Tacuara. Tacuara surge como un verdadero grupo de choque en 1958 en el contexto del debate conocido como la alternativa «laica o libre», los tacuaristas irrumpían violentamente en actos estudiantiles de la izquierda al grito de «¡Viva Cristo Rey, viva Rosas, viva Franco, abajo los bolches, mueran los judíos!».
Entre 1957 y 1958, José Luis Baxter, había sido jefe nacional de la UNES, luego dirigió «Tacuara, Vocero de la Revolución Nacionalista» (1958-1964), y quedando a cargo de la Secretaría General. Según Jorge Savino, el Gordo como era apoderado «era un bon vivant que iba y hablaba, era orador, entonces ponía la jeta, pero no era el tipo que mandaba dentro de la organización, nunca mandó», según Luis Arean, Baxter «era el político» dentro de la agrupación, y el que llevaba adelante las relaciones públicas de Tacuara.
En 1959 Joe Baxter es encarcelado junto a otros camaradas durante varios meses a consecuencia de las medidas represivas impulsadas por el Plan Conintes, autorizado por el presidente Arturo Frondizi. Debido a la influencia de la Resistencia Peronista, muchos militantes del Movimiento Nacionalista Tacuara se fueron acercando al Movimiento Nacional Justicialista (peronismo). Baxter en 1962, se decía nacionalista filoperonista, según entendía su sector, el peronismo había realizado «un gobierno auténticamente nacional».
Este grupo, del cual formaban parte algunos miembros de las Milicias tacuaristas, habían comenzado a acercarse al peronismo, apoyaron abiertamente la candidatura del dirigente sindical de izquierda Andrés Framini en la provincia de Buenos Aires. En los meses anteriores a la elección de marzo de 1962, los sectores ligados a las Milicias participaron activamente de la campaña de Framini. Estuvieron presentes en un acto multitudinario en Avellaneda donde comenzaron a surgir con claridad las diferencias internas en Tacuara.
La crisis de la institución militar de agosto y septiembre de 1962 y el triunfo de los sectores castrenses legalistas autodenominados «azules», que eran favorables a una salida democrática que incluyera al peronismo, reafirmó en muchos miembros de tacuara la imposibilidad de encontrar en los sectores militares un aliado importante para llevar adelante la revolución nacional esperada. El sector revolucionario de Tacuara (MNRT), durante el enfrentamiento entre azules y colorados, se posicionaron en favor de los primeros, en gran parte por su cercanía al peronismo, sumados al legalismo.
Para 1963 las tensiones se fueron agudizando, el sector de Baxter quería constituir el Movimiento en una organización Revolucionaria peronista que desempeñase una función de vanguardia en lo ideológico y en la acción revolucionaria. Según José Luis Nell, querían transformar los cuadros del movimiento en función de la acción insurreccional, trabajos previos para la iniciación de frentes guerrilleros en distintos puntos del país y el comienzo de actos insurreccionales, consistente en atentados, secuestros de personas de figuración políticas y asalto contra unidades militares.
El hecho de tratar de mantener la identidad propia y el deseo de lograr una adhesión del peronismo llegó a un límite con enfrentamientos y a la separación de un sector completo de la agrupación. En compañía de José Luis Nell y Alfredo Ossorio, y Jorge Cafatti, Baxter se marcharía del MNT en el año 1962 para crear el Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara, involucionando desde el nacionalismo hacia el izquierdismo, alineándose con la izquierda peronista.
En 1963 esos sectores formaron el Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara, luego de ser expulsados de la dirección nacional del MNT. El tacuara de izquierda la nueva agrupación se conformaría en una dirección colegiada. Pero esta se rompería cuando un sector acaudillado por Ossorio se separó y formaron un nuevo grupo con la misma denominación con la que editaban una publicación: Barricada.
El sector acaudillado por Alfredo Ossorio, que reunía militantes del Comando Primero de Mayo, del barrio porteño de Belgrano, rompe con Baxter por su actitud frente a la izquierda, que, según Ossorio, no representaba la opinión de todos los sectores disidentes. Entendía que no se podía claudicar frente a los universitarios pequeño-burgueses de izquierda que tenían mucho menos de revolucionarios que los propios tacuaras, y se discutía la violenta praxis-revolucionaria que había adoptado el grupo de Baxter. Lo que criticaban de Joe Baxter era su adopción del marxismo para entender la realidad nacional.
En noviembre de 1963, Baxter concurrió a un acto en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, en el que, frente a una concurrencia de militantes y simpatizantes de agrupaciones de izquierda, presentó algunos elementos que definían la ideología de la nueva agrupación: nacionalización de los Bancos y de los frigoríficos, abandono del antisemitismo, acercamiento a la Federación Juvenil Comunista, entre otras cosas.
Baxter también habló en la Facultad de Filosofía y Letras ante un auditorio de estudiantes de izquierda presentando al Movimiento Nacionalista Revolucionario Tacuara y tomó distancia del grupo dirigido por Alberto Ezcurra Medrano. Dijo: «No sólo hay liberalismo cipayo e izquierdismo cipayo; hay también nacionalismo cipayo. Los nacionalistas cipayos son quienes creen que la batalla por la soberanía argentina se jugó en la cancillería de Berlín en 1945».
Consideraba que la verdadera división social pasaba por «explotadores y explotados», y se mostraban ajenos a cualquier tipo de salida militar y tomaban como ejemplo acabado de revolución nacional el caso de Argelia. Baxter se definió como peronista y se lanzó a realizar la apología del justicialismo. Su lema era: «Del proletariado y clase media con conciencia nacional y social, surgirán los soldados del Ejército de Liberación Nacional y Socialista, una revolución que sea de los argentinos y para los argentinos».
Hacia finales de 1963 Baxter inicia una gira por Europa y África del norte, lo que le permitiría tener contactos con Ben Bella, en Argelia, y con Nasser en Egipto. Baxter quería relacionar al (MNRT) con movimientos revolucionarios norafricanos (izquierdistas) y obtener fondos (lo más importante) para la acción insurreccional (y personal) en la Argentina. Pero lo más importante para Baxter, era lograr una reunión con Juan Perón en Madrid.
No importaba lo que dijera Perón en la reunión, que siempre jugaba a varias puntas. Lo importante era decir, «estuve con Perón». Quería tener la bendición de Perón, que se la daba a cualquiera, ya sea por izquierda o por derecha, porque como le gustaba decir al general, que él era como el Padre eterno y estaba por encima cobijándolos a todos. Si de chantas hablamos, ahí tenían a otro. Pero más allá de este intento, en un plenario de la Juventud Peronista de la Capital Federal y Gran Buenos Aires de enero de 1964, se les impidió votar a los miembros del MNRT en las elecciones de autoridades.
Tampoco pudieron integrar la Comisión Coordinadora, que la integraron Gustavo Rearte, Eduardo J. Salvide, Julio Spina, Ricardo Ibarra, Alberto Brito Lima, Rubén Maquiavelo, Pablo Flores y Roberto Saldarriaga. Con esto se estaba mostrando lo que les costaba ocupar un lugar dentro de los grupos revolucionarios del peronismo. Poco después entrarían en contacto con sectores del Movimiento Revolucionario Peronista (MRP), organizado por el delegado de Perón, en ese entonces, en Argentina, Héctor Villalón cuyo vocero era el semanario: Compañero, dirigido por Mario Valotta.
En este proceso de mudanza ideología, el grupo de Baxter, con el fin de obtener fondos para la etapa insurreccional cometieron tipos de acciones, que, según fuentes policiales, entre agosto de 1962 y marzo de 1964, realizaron más de una docena de asaltos a locales comerciales, además de reducir a guardias militares y policiales para obtener armas. Y unos 54 atentados desde enero de 1963, la mayoría con bombas molotov, explosivos de gelinita o con armas de fuego. «Robar y matar no importaba, con tal de conseguir dinero».
Entre las víctimas de estos atentados se destacan las figuras de la política nacional como Federico Pinedo, Ernesto Sanmartino, Carlos Adrogué, se cometieron atentados contra sedes gremiales y políticas, empresas de transporte durante las huelgas y empresas transnacionales. En 1963 su agrupación MNRT ejecutó un violento asalto al Policlínico Bancario, sustrayendo más de 100.000 dólares. Asalto al Policlínico Bancario, que nos ocuparemos en la próxima entrega.
Baxter no participó del evento, pero si se ocupó de blanquear el dinero cambiando pesos por dólares en sus viajes a Brasil y Uruguay, para ingresar luego subrepticiamente esos billetes de vuelta al país. Como en la época era un empleado de la empresa ENTEL, su actividad levantó sospechas. A raíz de ello a comienzos de 1964 tomó la decisión de abandonar Argentina y convertirse en asistente del empresario Héctor Orlando Villalón, quien era el principal financista del «Movimiento Revolucionario Peronista» y hombre de enlace de Juan Domingo Perón con los regímenes socialistas de Cuba, Argelia, China y la República Árabe Unida.
Los miembros del grupo son perseguidos, y Baxter debe salir del país durante varios años, residiendo en Montevideo, Uruguay, donde se vincula estrechamente al Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, y al anarquista español Abraham Guillen y luego en el Brasil. Viaja luego a Madrid para entrevistarse con Juan D. Perón en el exilio, luego a El Cairo, Egipto donde conoce al presidente Gamal Abdel Nasser, Argelia, donde se entrevista con Ben Bella, China en 1964 y Vietnam entre 1964-1966, donde según él llega a participar en un combate y es condecorado por Ho-Chi Minh, para arribar finalmente a Cuba en 1967.
Durante su estadía en Madrid, José Luis Baxter se encargó de difundir la noticia o la fantasía, que había mantenido un breve amorío, un pasajero romance con la actriz estadounidense Ava Gardner. Creo que el gordo Baxter se dijo a sí mismo, si hay que mentir que sea en grande. Los medios que difundieron esta versión sin aportar pruebas, realmente se tragaron un sapo. A decir verdad, el gordo Baxter no era un adonis ni el Alain Delon de la época, como para que las mujeres cayeran rendidas en sus ampulosas manos. Lo que hay que leer.
Sus camaradas izquierdistas no dicen que Baxter era un gordo, en cambio lo llaman corpulento, cosa que no está en conformidad con lo que cuenta la boliviana Ruth Arrieta, su mujer, hija de un militar, que había viajado a Cuba para alfabetizar y allí conoció a Baxter bajo otro nombre, en una entrevista dice:
–Volvamos a Baxter. Usted describe el encuentro muy tiernamente: habla de «El Gordo», de su cuerpo inmenso y de él apoyado en un sillón muy chiquito.
–Es que siempre, todos los sillones, le quedaban chicos al lado del cuerpo. Cuando nos fuimos a vivir juntos conseguí un sillón grande después de buscarlo mucho. Tomándole el pelo a alguien del G2, un cubano muy simpático, que se llevaba muy bien conmigo, le dije: «Necesito conseguir un sillón ancho porque si no ¡qué hago con Baxter!». Se la pasaba el día sentado en la puntita de una silla, y entonces me pusieron una especie de sofá que sacaron de alguna casa porque las cosas se conseguían así. Eran cosas que había dejado la gente. En la casa donde estábamos había una ventana inmensa. Uno entraba derecho, era todo de vidrio y daba afuera, a un patio interno. La gente que había vivido ahí ya no estaba, pero abajo habían quedado sus viejos empleados. El vidrio daba a ese patio. Y el sofá todo redondito daba a ese lugar. El Gordo se la pasaba el día pegado a la ventana porque con su cuerpo era difícil esconderlo en cualquier lado.
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Uno de sus ex camaradas en Tacuara, el sociólogo Alfredo Ossorio, describe a Baxter como «ocurrente e histriónico» y dice que su personalidad le recuerda una frase de José Ortega y Gasset: «En épocas de crisis hay hombres que se hacen matar por una ficción». Algunos ex tupamaros aseguran que era «un aventurero». Ex integrantes del PRT-ERP lo definen directamente como «un chanta con mucho bla bla». Y hay quienes tienen la duda, sin aportar datos concretos, de que fue «agente de algún servicio de inteligencia», muy abundante en esas épocas.
Como dijimos antes, Baxter, luego de dejar Argentina se refugió en Uruguay y desde allí tuvo que viajar a Madrid para su entrevista con Perón, hay una versión que dice:
—Perón, como todas las mañanas de invierno, se había levantado a las cinco. Lo habían despertado los gallos. Después de unos mates amargos dio su habitual largo paseo por las calles del barrio. De vuelta había tomado varios mates más. El ritual matinal indicaba que estaba listo para recibir a la larga lista de invitados diarios. Los esperaba en su escritorio atiborrado de libros y cartas para responder. Aquel 7 de enero, a Baxter lo acompañó un empleado hasta la habitación que ocupaba la planta baja.
(….) Villalón abrió la puerta del despacho de Perón y se encargó de hacer las presentaciones. Perón había pasado los últimos diez años recibiendo visitas de distintos sectores de la política argentina y, a esa altura, era un experto anfitrión.
Como parte de su bienvenida, y para hacer sentir bien a su invitado, Perón le comentó a Baxter que conocía perfectamente la trayectoria del grupo al que representaba. Incluso recordó que le había enviado una carta con su fotografía firmada cuando dos de sus miembros habían caído presos. El 17 de octubre de 1962, José Luis Nell y Rubén Rodríguez habían sido detenidos por el robo de varios autos. Perón se había solidarizado con ellos en su condición de luchadores contra el régimen militar.
En su monólogo de recibimiento, Perón se explayó sobre los escritos de la agrupación Tacuara que había leído. Se extendió también en un largo elogio sobre uno en especial, que alababa al Estado fascista italiano de Benito Mussolini. Le comentó a Baxter que en la época del Duce había visitado Italia y que él también había quedado impresionado por la organización del Estado italiano y por los escritos de Mussolini. Baxter no respondió al comentario y la conversación se desvió hacia la política argentina. Cuentan que fue Campos quien, después de la primera visita de Baxter, le dijo a Perón:
Disculpe, General, pero estos muchachos leen más a Mao que al Duce.
Al otro día, Baxter se encontró en el escritorio de Perón algo diferente. Entre las carpetas y papeles había un nuevo retrato: el del líder chino. Baxter no dijo nada sobre el retrato de Mao. Pero cuando volvió a Buenos Aires se cansó de contar la anécdota y casi siempre la terminaba de la misma manera, con una gran carcajada y repitiendo: Hay que seguir a este hombre, ¡este hombre sabe!
Baxter se despidió de Perón y su séquito en el jardín de la quinta. Mientras caminaba hacia el portón, Perón lo miró de lejos y le dijo a Villalón una de esas frases que parecía decir sólo para que quedaran en la historia: «Un muchacho fantástico. Parece capaz de hacer él solo la revolución». Baxter tenía 23 años y, si bien no estaba dispuesto a hacer solo la revolución, sí quería aprender las técnicas de los movimientos revolucionarios. Al otro día del segundo encuentro, viajó a la RAU y después a Argelia.
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Es verdad, fue una frase para quedarse en la historia, pero en la Historia Universal de la Infamia. La hipocresía y la ironía destructiva en Perón no tenía límites. Luego debe regresar al Uruguay, porque debe encontrarse en Punta Carretas con el ex presidente del Brasil, Joao Goulart, exiliado en Montevideo. Baxter como fugitivo y bajo el nombre de Salvador Ballesteros, vivió durante casi tres años en el barrio de Pocitos de Montevideo. Se relacionó con el dirigente agrario Raúl Sendic y en la creación del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros.
La historieta levantada con la figura de Baxter dice que junto con un grupo de ex tacuaras de izquierda y militantes de la Juventud Peronista recibió entrenamiento militar en China. Después pasó a Vietnam y se unió al Vietcong, algunos dirán que fue al revés. Viajaría a China para recibir entrenamiento militar y posteriormente se haría presente en Vietnam. En ese lugar, gracias a su aspecto físico -alto, corpulento, pelirrojo y con pecas- entró vestido de militar canadiense al Club de Oficiales del ejército de Estados Unidos en Saigón, dejando un explosivo.
Se dice que también, durante la famosa contraofensiva del Thet, participó de aquella decisiva operación de guerra. Se dice incluso que el líder vietnamita Ho Chi Minh lo condecoró por su valor en combate. La ofensiva del Tet o Thet, fue una operación militar planificada por el gobierno norvietnamita y ejecutada por el Ejército de Vietnam del Norte y el Vietcong en 1968 contra las fuerzas aliadas lideradas por Estados Unidos, y el Ejército de la República de Vietnam (ERVN, Ejército de Vietnam del Sur), durante la guerra de Vietnam.
La ofensiva fue un fracaso del Ejército de Vietnam del Norte y del Vietcong, pero tuvo un fuerte efecto en el gobierno de los Estados Unidos y conmocionó a la sociedad estadounidense, a la que sus líderes políticos y militares habían hecho creer que los norvietnamitas estaban siendo derrotados y que eran incapaces de lanzar una operación militar tan ambiciosa.
La planificación de la ofensiva fue meticulosa y la ejecución bien realizada, pero los resultados militares fueron desastrosos para los comunistas, no así las consecuencias políticas, especialmente en Estados Unidos. La cantidad de soldados estadounidenses muertos durante la ofensiva, unos 4000, no fue fácil para el pueblo estadounidense.
Los que circulan estas historias nunca aportaron pruebas ¿Por qué creerle a un mitómano? ¿La condecoración? Esas baratijas se compran en cualquier feria. Otra de esas historias que repiten, como en los cuentos «Se dice que…», nos dice que:
—Desde las ventanas del Hotel de las Nacionalidades, los argentinos quedaron extasiados ante la panorámica de la plaza de Tiananmen. Durante el primer mes de su estadía en China ése sería su lugar de residencia. La primera noche eligieron comer en el restaurante oriental y dejaron de lado el que ofrecía comida occidental. Querían aprender todo del país que había logrado la revolución tan soñada. Desde la ventana de su habitación Baxter se quedó en silencio. Había algo que no podía explicar sobre lo lejano, conmovedor y tétrico del paisaje urbano. Las luces de los autos iban y venían por la avenida. El silencio que desprendía el país más poblado del mundo era abrumador. Se lo comentó a Rodríguez y juntos se dieron cuenta de que la falta de carteles de publicidad era lo que provocaba esa extraña visión. Baxter y sus compañeros estaban rodeados de millones de personas y no escuchaban nada.
Mas cuentos de Baxter:
—La rutina en la academia era dura. El día comenzaba a las cinco y media de la mañana. El grupo estaba fuera de forma y en los primeros días les costaba seguir el entrenamiento. Al principio, el instructor los hacía correr poco: unos dos kilómetros por día. Pero sobre el final llegaron a trotar en buen ritmo casi doce kilómetros diarios. En cada salida al exterior quedaban sorprendidos de la cantidad de pequeñas brigadas extranjeras con las que se cruzaban.
Una mañana, el instructor les hizo una seña para que se corrieran hacia la derecha para dejar pasar a una brigada. Los argentinos no podían creer que quienes les estaban ganando en la carrera eran parte de una compañía femenina china. Subían una montaña corriendo y cargadas con todo el arsenal para un ataque: desde armas de guerra hasta mochilas, fusiles y morteros. Más allá del entrenamiento físico, de aquella experiencia Baxter se llevó uno de los conceptos claves para su vida política: el de guerra revolucionaria que, a la manera china, significaba la lucha popular y prolongada contra el régimen. Después de sus días en China, Baxter se transformó en uno de los personajes que se dedicaron a expandir esta técnica en América latina.
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Juan José Sebreli, en sus tiempos de seducción maoísta, también viajó invitado a China, pero como era una persona inteligente, se dio cuenta de que todo estaba armado, que todo era un cuento chino. La historia personal de Baxter luego del Policlínico Bancario, ni sus viejos compañeros de ruta querían saber nada de ella, algunos se decidían a hablar del gordo, pero para tratarlo de chanta.
Uruguay para Baxter, sólo sería un punto de permanencia transitoria mientras viajaba por el mundo con pasaporte falso a fin de ocultar su identidad. Desde esa vida aventurera donde la ideología sólo era una excusa para la acción. A Baxter no le importaba asumir posiciones opuestas, eso si radicalizadas, como por ejemplo con el Movimiento Tupamaros del Uruguay.
En Uruguay compartiría con un grupo de argentinos que luego formarían la «Fuerzas Armadas Peronistas», también trabaría con el escritor izquierdista Eduardo Galeano, quien intentó mitificar su figura en el libro Los fantasmas del día del león. En 1967 viajaría a Cuba, en una reunión en la casa de la peruana Hilda Gadea de La Habana conoce a la que será su esposa, Ruth Arrieta, una profesora de historia de origen boliviano que había llegado a la isla para trabajar en tareas de alfabetización. De su unión nacerá en 1968 su hija Mariana en La Habana.
¿Quién era Ruth Arrieta?
Ruth Arrieta nació en Cochabamba, en una familia acomodada de Bolivia. Su abuelo fue militar, combatió en la Guerra del Pacífico. Su padre, también militar, peleó en la del Chaco y luego fue intendente de La Paz y opositor de quienes, como su hija, se enrolaron más tarde en las revueltas del «Movimiento Nacionalista Revolucionario» que intentó llevar al gobierno a Víctor Paz Estenssoro. En esos años, Ruth se casó con un diplomático, hombre clave del MNR, poeta y secretario del gobierno de Paz Estenssoro años más tarde.
Con él vivió en Buenos Aires y luego de divorciarse en Montevideo subió al avión del Che Guevara que la dejó en Cuba en 1961. Allí comenzó su segunda historia, la más intensa. En Cuba, además de muchas aventuras, enamoró a Joe Baxter, el guerrillero que pasó de la extrema derecha nacionalista en la Argentina a formar parte de las primeras organizaciones armadas de la izquierda en distintos lugares del mundo. Baxter murió a los 33 años, en un accidente aéreo de 1973 en Orly, Francia, Ruth tuvo una hija con el Gordo, como aún lo llama, y para el mundo ella empezó a aparecer como su viuda.
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En Cuba, Baxter, conoce a los dirigentes del ala trotskista del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) que se encontraban recibiendo formación militar en La Habana: Luis Enrique Pujals, Rubén Pedro Bonnet, Daniel Hopen y Helios Prieto, ellos son los que lo acercan a las posiciones del trotskismo y lo incorporan al recién fundado PRT. José Baxter y Daniel Hopen viajan a principios de 1968 a París.
En mayo de ese año participan de una reunión, junto al máximo dirigente del PRT-El Combatiente, Mario Roberto Santucho, con altos dirigentes de la IV Internacional, como Ernest Mandel, Hubert Krivine y Daniel Bensaïd, con quienes se acordará mantener la adscripción del PRT-El Combatiente a la IV Internacional. Tendrá también la oportunidad de asistir a las grandes movilizaciones obrero-estudiantiles y a las barricadas del Barrio Latino de Mayo de 1968.
De regreso a la Argentina, es uno de los 35 delegados al V Congreso del PRT, reunido los días 28, 29 y 30 de julio de 1970. Baxter (como no podría ser de otra manera) habría sido el principal inspirador del documento que presentan con Santucho a dicho Congreso y que se sanciona como posición oficial. En este congreso se aprueba la fundación del «Ejército Revolucionario del Pueblo» (ERP) y, luego de un prolongado debate, mantener la adhesión a la IV Internacional, posición que sostuvieron Bonnet, Pujals y Baxter.
En junio de 1970 Joe Baxter a partir de la amistad con Mario Roberto Santucho viajaría a las islas Lechiguanas en el extremo norte del Delta del Paraná para ser parte de la fundación del Ejército Revolucionario del Pueblo durante el desarrollo del V Congreso del Partido Revolucionario del Pueblo. Junto a Santucho modificarían sustancialmente el documento original que previamente había redactado Benito Urteaga para la consideración del plenario de delegados.
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«La reunión se hacía en casa de los Gelter, dos hermanos polacos (desaparecidos después de 1976). Desde la entrada salía un largo pasillo que desembocaba en el living donde se llevaba a cabo la reunión. Los que llegaban podían caminar por el pasillo a cara descubierta, pero antes de entrar a la sala donde detrás del biombo estaban los encapuchados tenían que cubrirse obligatoriamente.
Cuando la reunión terminó, un delegado de Zárate caminó, completamente intrigado, hasta donde estaba el encargado de la regional Buenos Aires para preguntarle quién era ese inmenso sabelotodo que parecía muy seguro de lo que decía. Acosado por las preguntas, el de Buenos Aires finalmente habló:
–¿Qué quién es? –le dijo–. ¿Te acordás del asalto al Policlínico Bancario?
La fama de Baxter había crecido repleta de fábulas, leyendas, pero también con fragmentos de sus historias verdaderas. En el PRT habían escuchado de su estadía entre los revolucionarios de Vietnam, de la condecoración de Ho Chi Ming y de su entrenamiento en China. Roberto Santucho lo recibió como un revolucionario de fuste especialmente porque, como decían entonces, llegaba con las “chapas de Vietnam”. En esas condiciones lo sumó como un cuadro político mayor, con el grado de comandante revolucionario que había alcanzado en La Habana. Siempre dijo que los cubanos se lo habían presentado y entregado para trabajar en el Partido».
El gordo Baxter era muy rápido con la lengua, y si lo dejabas, te vendía hasta el Obelisco de la ciudad de Buenos Aires.
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Baxter se integraría entonces, con el nombre de Rafael, al (PRT-ERP) «Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo. En septiembre de 1970, tendría su «bautismo de fuego» en su nuevo grupo que tenía estrella roja de cinco puntas como estandarte. El blanco elegido sería la Comisaría 24 de Rosario, y en el ataque acto morirían dos agentes policiales. Este episodio dio lugar a la primera crisis interna en la organización, Joe Baxter criticaría fuertemente el proceder por las bajas ocasionadas. Estas críticas no quedarían inadvertidas y la animosidad hacia Rafael se incrementaría.
José Luis Baxter comenzaría a recibir críticas por sus charlatanerías y sería señalado como «morenista», un calificativo sobre quienes expresaban una «línea blanda» semejante a la que desde «Palabra Obrera» esgrimiera Nahuel Moreno en tiempos de organización del PRT. El gordo Baxter partir del V Congreso se instala en Tucumán con la directiva de desarrollar la guerrilla rural en la zona, aunque unos pocos meses después plantea diferencias sobre cómo se están llevando a cabo las acciones armadas.
El inicio de la guerrilla en el Noroeste argentino es demorado, mientras Santucho revaloriza el papel a jugar por la guerrilla urbana al conocer la política de masas del proletariado industrial de Córdoba. Joe Baxter es separado del Comité Ejecutivo y trasladado provisoriamente al secretariado de la Regional Buenos Aires. Desde 1971, y en especial tras la muerte de Pujals y de Bonnet, queda políticamente aislado dentro del PRT, sosteniendo al pequeño sector disidente que cuestiona las «desviaciones militaristas» y defiende la permanencia del PRT dentro de las filas de la IV Internacional, una tendencia luego conocida como «Fracción Roja».
En agosto de 1971 Baxter participa de una reunión de la dirigencia del PRT con uno de los líderes de la Liga Comunista Revolucionaria francesa (LCR) y dirigente de la organización internacional, Hubert Krivine, en la que reciben duras críticas por el rumbo militarista que tomaba el partido. En 1972 es separado del Comité Ejecutivo (CE) partidario y relevado de su responsabilidad a nivel nacional. Es parte de múltiples acciones armadas, que se agrava con la represión que cae sobre el PRT tras el secuestro del empresario Oberdan Sallustro.
El secuestro del empresario Oberdan Sallustro, fue supervisado por José Luis Baxter, y realizado a pedido suyo. El gordo Baxter seguiría un tiempo más como responsable de ciertos operativos que eran delegados por la conducción central del (ERP), con destinos internos y en el exterior. En marzo de 1972 es enviado a Santiago de Chile donde permanecerá algunos meses vinculado al (MIR) «Movimiento de Izquierda Revolucionaria», aunque ingresa clandestinamente de forma breve al país. En ese Chile estrecha vínculos con el grupo de intelectuales y artistas nucleados en el Frente de Trabajadores de la Cultura (FATRAC) ligado al PRT y que lideraba Daniel Hopen.
Desde Chile, sin acatar el requerimiento de la dirección del partido para regresar, promueve en la zona sur del Gran Buenos Aires la «Fracción Roja», en la línea de las críticas de la IV Internacional al creciente militarismo de la organización y a su claro alejamiento del movimiento obrero. Baxter cuestionaría también por «reformista» la decisión de Roberto Santucho de participar de los comicios de marzo de 1973, a cuyo boicot convoca.
Gradualmente Baxter sería marginado de los ámbitos de decisión. En el año 1971 sería separado del Comité Ejecutivo acusado de ineficiencia. La crisis se incrementaría aún más como consecuencia de las críticas que realizó a los fugados del penal de Rawson, a los que hace responsables de abandono de sus pares que posteriormente serían asesinados. En una reunión del Comité Central partidario del 13 de diciembre de 1972, es finalmente expulsado del PRT.
Baxter, sin ninguna credibilidad abandonaría el ERP luego de una escisión interna de la que surgiría la fracción «ERP-22 de Agosto» que se haría célebre por el asesinato del almirante Hermes Quijada en el año 1973, luego se uniría a un desprendimiento trotskista: la Fracción Roja, perteneciente a la IV Internacional, que entonces dirigía el economista belga Ernst Mandel, pero no sería por mucho tiempo más.
Sobre la muerte del almirante Hermes Quijada, se comenta lo siguiente y citan a Oscar Falchi, ex tacuarista, y compañero del gordo Baxter:
—El 31, los diarios publicaron la noticia del asesinato de Hermes Quijada. La policía señaló a Víctor José Fernández Palmeiro como responsable del asesinato. La televisión trasmitió durante varias horas partes informativos. Los flashes aparecían a mitad de una novela que contaba cómo una chica de doble apellido se enamoraba de un taxista llamado Rolando Rivas. Fernández Palmeiro no había actuado solo, decían los presentadores de noticias. Pero nadie tenía información del resto. Frente a las cámaras, un militar explicó luego algunos detalles del operativo. Se supo, y se dijo, que los autores habían contado con un coche de apoyo, pero que huyeron en motocicletas.
¡Zas!
Dijo Oscar Falchi, el chico de los cines club de la Acción Católica, un ex militante de Tacuara sentado ante el televisor de su casa, casado y frente a su mujer.
¡Zas!
Y dudó en seguir hablando. No podía contarle de cuando era chico, ni de las veces, tantas veces, en las que mirando Lawrence de Arabia u otras películas de acción con sus amigos habían planeado un asesinato de esa misma forma. Un atentado igualito. Como nunca antes se había hecho en la Argentina.
¡Zas!
Y mirando a su mujer dijo:
¡Zas! ¡Volvió el Gordo Baxter!
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En 1973 José Luis Baxter está con su mujer Ruth y su hija Mariana en Santiago de Chile. Alberto Pérez Iriarte, uruguayo, nacionalizado suizo, ex militante del Movimiento Revolucionario Oriental (MRO) y vicepresidente del Partido Socialista de Ginebra. Conoció al gordo Baxter en Uruguay, su madre rentaba habitaciones a los guerrilleros fugados de cualquier lugar. Alberto Pérez Iriarte cuenta, que él tenía 14 años cuando Joe Baxter se alojó en su casa del barrio de Pocitos y compartió su habitación. Después se siguieron viendo en Cuba, en el Chile de Salvador Allende y en Europa.
«En 1972, la policía allana mi casa y la de mi familia. Huyo a Buenos Aires con mi madre. Los ex tacuaras nos ayudan y consiguen casas para alojarnos. Poco a poco nos vamos para Santiago de Chile, donde nos reciben con cariño. En aquella época, entrar a Chile por Mendoza era emocionante».
«La Unidad Popular (el partido izquierdista de Allende) nos da casas y nos ayuda a encontrar trabajo. Y allí vuelvo a reencontrar a Joe. Me cuenta que ha roto con el PRT-ERP y me habla de la Cuarta internacional. Veo que nuevamente su cabeza funciona a cien kilómetros por hora. Voy a su oficina en Santiago y conozco sus nuevos compañeros. Viene el “tancazo” de junio del 73 contra Salvador Allende. Salimos todos a la calle. Yo iba arriba de un tractor y saludo a Joe, que camina rápido por la Alameda. Todo se acelera de nuevo. El gordo me dice: “Nos la van a dar con todo”. Seguimos viéndonos y me cuenta que ha decidido irse de Chile. Cuando llega el día, como tantas veces en Uruguay, lo llevo al aeropuerto. Nos despedimos con un abrazo de hermanos el 10 de julio de 1973».
La Muerte
El vuelo 820 de la empresa brasileña VARIG, fue un vuelo programado desde el Aeropuerto de Galeão, Rio de Janeiro, Brasil, hasta el aeropuerto de París-Orly, París, Francia, que sufrió un accidente el 11 de julio de 1973. El Boeing 707 realizó un aterrizaje de emergencia en un campo en Saulx-les-Chartreaux, una localidad a 5 km antes de su destino, el aeropuerto de Orly, debido a la presencia de humo en la cabina. El fuego y el humo provocó que la aeronave se estrellase, resultando en la muerte de 123 personas, con 11 supervivientes (10 de la tripulación, 1 pasajero).
Los problemas del vuelo 820 empezaron cuando se produjo un incendio en uno de los baños traseros. Los miembros de la tripulación intentaron contener el fuego, pero no pudieron encontrar su punto de origen. Antes del aterrizaje forzoso, la mayoría de los pasajeros ya había muerto por inhalación de humo. Entre los muertos se encontraban el guerrillero argentino José Luis Baxter, joe, y el deportista brasileño Jörg Bruder. El piloto de este vuelo, Gilberto Araujo da Silva, desapareció unos años después en el Océano Pacífico mientras volaba un avión de carga.
El cuerpo de José Baxter sería reconocido por un antiguo militante, fue difícil para los familiares retirar el cadáver calcinado, en ese momento no se pudo saber su identidad ya que el gordo viajaba con un pasaporte falso. Sus restos fueron repatriados y descansan en el Cementerio Británico de la ciudad de Buenos Aires. Joe Baxter en el momento del accidente viajaba con 40.000 dólares estadounidenses, dinero dispuesto por Salvador Allende que se cree iba a ser entregado al «Frente Sandinista de Liberación Nacional», en Nicaragua. Cuando murió Joe Baxter tenía 33 años.
Alberto Pérez Iriarte, recuerda al gordo Baxter:
«Joe Baxter llega a mi casa el Primero de Mayo de 1964, día de paro general festivo y día en que se comen tortelines en casa. Lo recuerdo como si fuera hoy. Los muchachos nos presentan a “Salvador Ballesteros”. Pero el ambiente está muy tenso. Yo intuyo que se trata del jefe del grupo. Tiempo más tarde supe que había estado escondido en las islas del Paraná o del Río Uruguay».
«Es un tipo grande, con un gran bigote, pecoso. Tiene una conversación rápida, graciosa, con ironías porteñas. Es amable y muy respetuoso. Nada se escapa a su mirada. Yo quedo muy impresionado con ese personaje que tiene bajo el brazo “Times” y “Le Monde Diplomatique”. Al otro día se va para la casa de mi abuela. Luego lo veo allí. Después comienza a venir seguido a la casa de Pocitos. Me pide que vaya hasta el semanario “Marcha” y retire un ejemplar que está a nombre de “Ballesteros”. Yo voy, y ese gesto se convierte en un rito que repetiré durante meses. Me envía al diario “Época”, llevo sobres y paquetes, traigo periódicos y libros. Una tarde me invita a tomar un café en el bar Bahía, en la rambla de Pocitos. Hablamos de mi situación estudiantil y familiar».
«En la cafetería del Hotel Habana Libre me encuentro por casualidad con compañeros de John William Cooke, que habían estado en mi casa de 26 de Marzo y Buxareo. También veo a una pareja de argentinos, García Elorrio y su compañera Casiana Ahumada, que eran de la revista “Cristianismo y revolución”.»
«Ellos me contactaron con Joe, que estaba instalado con Ruth, su compañera boliviana, en una casa de Miramar (Cuba). Ruth había escrito un libro para Casa de las Américas sobre la Republica Dominicana. Y allí retomamos nuestra amistad como si nos hubiéramos separado ayer. En Cuba fui testigo del nacimiento de Mariana, la hija de ambos. La casa de ellos siempre estaba llena de gente. El gordo andaba vestido con el uniforme verde olivo de oficial cubano y una pistola 45 en la cintura. Por las tardes, íbamos a la cinemateca del ICAIC y luego nos separábamos, cada uno a sus obligaciones».
«En 1969 regreso a Montevideo. El 17 de octubre, a los 21 años, caigo herido de bala. Voy preso en medio del estado de sitio, con una parálisis total de mi pie derecho. Me salvaron la femoral pero no el nervio ciático. […] Entre 1970 y 1972 siguen pasando por Montevideo argentinos de diferentes organizaciones políticas. Ya no venían a casa, pero llamaban por teléfono y les encontrábamos alojamiento. En particular, recuerdo a Gustavo Rearte, con quien conversamos mucho acerca del gordo Baxter».
Pérez Iriarte afirma: “Contra lo que opinan muchos, para mí el gordo Joe sigue siendo un personaje legendario, casi como Lawrence de Arabia o André Malraux”. En su entrevista Ruth Arrieta, su viuda, dice:
–A los 15 años murió su padre, el “Inglés”, una persona muy rígida pero que parece haberle marcado la vida. Con esa muerte, perdió al padre, pero también el haras y una condición social. ¿Cree que eso fue una de sus marcas?
Ruth Arrieta –De todas las pérdidas, creo que la del padre fue la peor. La que le dejó la impresión de que no le había dado cariño. De que al padre le había quedado la sensación de que él no lo quería.
1 de enero de 2024