

Serie Roja —27
FINAL DE LA SERIE ROJA
LAS RAZONES HISTÓRICAS DEL FIN DE LA URSS
Desde su creación en 1922, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) fue un poderoso bloque político y económico que abarcó una gran parte del mundo. Sin embargo, este gigante se vio enfrentado a su propia caída, un proceso conocido como la caída de la URSS. En esta serie de nuestra revista analizamos los eventos que llevaron a la disolución de la URSS y cómo esto cambió el mundo. En el momento de mayor esplendor, la URSS era una superpotencia global. Con un territorio vasto y una población diversa, se convirtió en un rival formidable para los Estados Unidos durante la Guerra Fría.
Sin embargo, el sistema político y económico centralizado comenzó a mostrar signos de debilidad a medida que avanzaba la década de 1980. La Unión Soviética había experimentado décadas de represión política, censura y falta de libertades básicas. Esto generó un descontento generalizado entre la población, que anhelaba un cambio y una vida mejor. Además, los altos niveles de corrupción y la ineficiencia económica minaron la estabilidad del país. En 1985, Mijail Gorbachov asumió el cargo de Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética.
Con Gorbachov, llegaron una serie de reformas destinadas a modernizar y revitalizar la Unión Soviética. Estas reformas, conocidas como la perestroika y la glásnost, buscaban dar más libertades y transparencia al pueblo soviético. Sin embargo, estas reformas abrieron la puerta al surgimiento de movimientos independentistas en las repúblicas que conformaban el imperio soviético. Las tensiones étnicas y los grupos nacionalistas comenzaron a aumentar, sucesos que debilitaron aún más la unión de las repúblicas.
El 9 de noviembre de 1989, el mundo fue testigo de un evento histórico: la caída del Muro de Berlín. Este símbolo de la división entre el este y el oeste de Europa se convirtió en el punto de inflexión que aceleraría el colapso de la Unión Soviética. La caída del Muro de Berlín fue el inicio de un proceso en el que los países del bloque del este comenzaron a buscar su propia independencia de la influencia soviética. Esto llevó a un aumento en los movimientos independentistas en las repúblicas soviéticas, que no estaban dispuestas a seguir siendo controladas por Moscú.
La economía soviética también se encontraba en un estado precario. La falta de innovación y la dependencia de los recursos naturales llevaron a una disminución en la productividad y al estancamiento económico. Además, la burocracia y la corrupción obstaculizaron aún más el desarrollo del país. A lo largo de esta serie vimos la gravísima situación económica de la URSS y a Mijaíl Gorbachov suplicando ayuda humanitaria para paliar la pobreza, y sus reiterados pedidos al FMI por dinero.
Estas crisis económicas tuvieron graves repercusiones en la calidad de vida de los ciudadanos soviéticos. La escasez de bienes básicos y la falta de oportunidades laborales generaron un descontento generalizado, lo que condujo a protestas y manifestaciones en todo el país.
El 25 de diciembre de 1991, los líderes de las repúblicas soviéticas más poderosas se reunieron en Bialowieza, Bielorrusia, y firmaron un acuerdo para disolver la URSS. Esta decisión marcó el fin oficial de la Unión Soviética y dio paso a la formación de nuevos estados independientes. La disolución de la URSS tuvo un impacto profundo en todo el mundo. El equilibrio de poder global cambió drásticamente, y los Estados Unidos emergieron como la única superpotencia mundial.
Además, los países recién independizados de la URSS tuvieron que enfrentar diversos desafíos en su camino hacia la estabilidad y la democracia. La caída de la Unión Soviética marcó el fin de una era en la que el mundo estuvo dividido en dos bloques ideológicos. Fue un proceso complejo y lleno de desafíos, pero también abrió la puerta a nuevos horizontes y oportunidades. El legado de la Unión Soviética perdura hasta nuestros días y sigue siendo objeto de análisis y debate en el ámbito político y académico. El papel que jugaron los actores mas importantes en el final de la URSS, como el papel del presidente de Estados Unidos, George Bush, que intentó hasta el último momento impedir la disolución de la Unión Soviética.
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El 28 de enero de 1992, el presidente George H. W. Bush pronunció su tercer discurso sobre el estado de la Unión. Bush dijo: «Nos reunimos en un momento trascendental y muy prometedor de la historia de nuestro país, y de la humanidad. En el último año, el mundo ha sufrido cambios casi bíblicos en su magnitud». George Bush estaba haciendo alusión a los sucesos de 1991 que comenzó con la operación Tormenta del Desierto, que se realizó contra Saddam Hussein y finalizó con el hundimiento de la URSS. «En este año ha muerto el comunismo. Y se ha producido el acontecimiento más importante al que hemos asistido nunca: Estados Unidos ha ganado la Guerra Fría por la gracia de Dios».
Ante la algarabía de la gente George Bush dijo: «La Guerra Fría no ha terminado: la hemos ganado». Mas adelante dirá: «Por primera vez en treinta y cinco años, nuestros bombarderos estratégicos no están en alerta permanente. Los escolares estudiaran historia y cómo crecen las plantas, pero ya no participaran, como lo hicieron mis hijos, en simulacros de ataque nuclear: mis nietos no tendrán que agacharse debajo del pupitre ni cubrirse la cabeza, ni tampoco sufrirán las pesadillas que han perseguido a los niños durante decenios. El peligro no ha desaparecido del todo. Pero el miedo permanente ya ha pasado».
Los presentes volvieron a aplaudir con mucho entusiasmo, a continuación, explicó el papel de Estados Unidos en una nueva era: «El mundo, dividido hasta ahora en dos bloques, ya no reconoce más que a una única potencia hegemónica: Estados Unidos de América. Mientras sea presidente, nuestro país seguirá capitaneando la lucha por la libertad en todas partes, y no lo hará por arrogancia ni por altruismo, sino en aras de la seguridad de nuestros hijos. No es malo utilizar la fuerza para lograr la paz. Evitemos el aislacionismo».
Lo sorprendente era ver a Bush y a sus colaboradores con esta retórica cuando antes de que Mijaíl Gorbachov firmara el fin de la URSS no lo manifestaban. Era obvio que se debía a una estrategia electoral que no pintaba bien para Bush. En 1990, luego de la reunificación de las dos Alemanias, el presidente Bush se había abstenido de «bailar sobre el Muro», según la frase de uno de sus consejeros, Bush no quería complicarle la situación a Gorbachov. Entonces las repúblicas bálticas reclamaban su soberanía y la Europa Oriental seguía ocupado por el ejército soviético.
En el triunfalismo de George Bush ya no recordaban del comunicado conjunto sobre el final de la Guerra Fría entre George Bush y Gorbachov en Malta en diciembre de 1989. Pero el país seguía en recesión y el presidente Bush que el año anterior gozaba de una popularidad del 89% lo iba perdiendo a medida que avanzaba la fecha de elecciones de 1992. Robert Gates en sus memorias dice: «George Bush no quería ‘bailar sobre el Muro’ ni proclamar nuestra victoria en la Guerra Fría. No habría una celebración nacional como la que siguió a la guerra del Golfo […] Habíamos ganado la Guerra Fría, pero no iba a ver desfile».
Esa falta de festejos según Robert Gates se debió en parte a que «en Washington no todos creían que Estados Unidos hubiese contribuido a precipitar la caída de la URSS». Cualquiera que haya observado la actitud de George Bush frente a la Unión Soviética puede creerlo así. Jack F. Matlock, el diplomático que representó a Estados Unidos en la URSS entre 1987 y 1991, y que abandonó la capital soviética en las vísperas del golpe de estado de agosto, dijo muchas veces que el final de la Guerra Fría, el hundimiento del comunismo y la disolución de la Unión Soviética están relacionados, pero no son la misma cosa: «Estados Unidos adoptó una posición y desempeñó un papel muy diferente en los tres casos».
Según Matlock, Estados Unidos contribuyó a poner fin a la Guerra Fría y al comunismo defendiendo los derechos humanos, pero que el desmantelamiento del régimen comunista fue obra y mérito de los rusos y no de los estadounidenses. Esta visión de Matlock es muy equivocada, si el imperio estadounidense no hubiese enfrentado al otro imperio, el imperio soviético no hubiese caído. En cuanto al fin de la Unión Soviética, vemos al gobierno de George Bush apoyando la independencia de las repúblicas bálticas, pero quería y deseaba que el resto de la Unión Soviética siguiera siendo parte de la URSS de manera indefinida.
George F. Kennan, escribió en 1995 lo siguiente: «Repasando la historia de las relaciones internacionales en la época moderna, periodo que puede considerarse comprendido entre mediados del siglo XVII y el presente, me cuesta encontrar algún acontecimiento tan extraño, tan inexplicable a simple vista, como la rápida y total desintegración, ocurrida principalmente entre 1987 y 1991, de la gran potencia conocida como la Unión Soviética, y antes como imperio ruso».
Para Anatoli Cherniaev, uno de los consejeros de Gorbachov: «En ese año le ocurrió a la Unión Soviética lo mismo que les había ocurrido a otros imperios: ya no daba más de sí». Según muchos analistas, sostienen que la Unión Soviética culminó el mismo proceso que comenzó en el siglo XX y que las dos guerras mundiales habían acelerado la caída de todos los imperios. Y que la URSS fue el último, antes se habían disuelto el imperio austrohúngaro, el otomano, el británico, el francés y portugués y otros.
Sostener esto es creer que un imperio lo es por el nombre, nosotros reivindicamos la figura de Imperio como la mayor figura de la política, Imperio como imperio diapolítico. El imperio de Iturbide no lo era por tener ese nombre, pero los Estados Unidos es un imperio y que ya ha superado la centuria como tal, ahora mismo lo son Rusia y China. La Unión Soviética murió como mueren los imperios, fragmentándose en territorios delimitados por factores étnicos y lingüísticos. Muchas de esas repúblicas abandonaron la URSS con el apoyo del país hegemónico Rusia.
Los derechos civiles y el voto fueron casos muy importantes, pero no las que derrumbaron a la URSS, es cierto que las elecciones democráticas se mostraron incompatibles con el imperio soviético. La Unión Soviética cayó tres años después de celebrarse los primeros comicios electorales desde 1917. Una de las razones históricas de la caída de la Unión Soviética se puede mencionar al referéndum del 1 de diciembre de 1991, en la que más del 95% de los ucranianos votaron por la independencia.
El destino de la Unión Soviética fue realizado en el mes de diciembre cuando tres repúblicas eslavas acordaron en secreto disolverlas y que luego fueron ratificadas por una amplia mayoría de los parlamentos democráticamente electos de Rusia, Ucrania y Bielorrusia. En cambio, el intento de restaurar la antigua Unión Soviética fue a través de un golpe militar, no por las urnas. Los viejos dirigentes soviéticos, en esta nueva etapa dependían del apoyo popular y tuvieron que recurrir al voto. El mismo enfrentamiento entre el presidente de Rusia, Boris Yeltsin, y Mijaíl Gorbachov que había sido nombrado por un parlamento.
Mijaíl Gorbachov, al igual que muchos lideres del pasado ruso, buscó en Occidente el remedio a los males de su país, males que se evidenciaban por su incapacidad para competir con Estados Unidos en el plano económico, social y militar. Mijaíl Gorbachov intentó muchas veces centralizar el poder y erradicar la corrupción centradas en las repúblicas centroasiáticas y cambiarla por un grupo de tecnócratas, eso logró que se desencadenaran las primeras protestas ciudadanas contra Moscú. Luego, se ganó la indignación de los lideres regionales y sus camarillas.
Mijaíl Gorbachov puso en marcha la Glasnost con lo que permitió a los medios de comunicación criticar al Partido y obligar a los dirigentes comunistas a legitimar su poder recurriendo a las urnas. Era cuestión de tiempo que desafiaran al Kremlin, para reclamar autonomía y luego la independencia. Mijaíl Gorbachov fue abandonado por los dirigentes regionales y presionado por grupos nacionalistas e intelectuales de corte liberal que querían mayor libertad. A Gorbachov solo le quedaba el respaldo del ejército, el hecho de recurrir a los militares en varias repúblicas había sido hecho sin consultar antes con el comandante en jefe.
Ya en 1991 se habían desplegado los militares por las calles de Moscú para intimidar a Boris Yeltsin y sus seguidores. Mijaíl Gorbachov fue el secretario general del Partido Comunista de la URSS, y algunos analistas sostienen que la ilegalización del Partido que servía de aglutinador de las repúblicas acabó con el elemento de unidad de la URSS. Eso no es cierto, el Partido no cumplía con esa función en el momento del golpe, ya que muchos jefes del Partido se habían convertido en jefes de repúblicas, y no estaban sometidos a los dictados de Moscú.
La decisión de Boris Yeltsin de ilegalizar el Partido, los antiguos dirigentes comunistas lo entendieron como un ataque contra ellos. El presidente Gorbachov había logrado apartar del poder a los jefes del PCUS mucho antes de su proscripción, obviamente que la organización se convirtió en chivo expiatorio del golpe de Estado llevado a cabo principalmente por el KGB y la cúpula militar. Gorbachov rechazó la propuesta de los consejeros de Yeltsin de convertir a la URSS en un estado confederal. Yeltsin no era el único que no estaba de acuerdo con Gorbachov sobre el futuro de la Unión Soviética, lo mismo sucedía con Georgi Shakhnazarov y Anatoli Cherniaev que veían como fracasaba Mijaíl Gorbachov en sus intentos de convencer a los dirigentes de las repúblicas.
El último ministro de Defensa de la Unión Soviética, el mariscal Yevgueni Sháposhnikov, consideraba un grave error por parte de Mijaíl Gorbachov no haber planteado en serio la idea de una confederación. Dijo el mariscal: «de haber aceptado Gorbachov, por lo menos en parte, la propuesta d crear una confederación, en la que el gobierno central conservara la competencia exclusiva en transporte, comunicación y defensa, y existiera una política exterior común […], quien sabe qué estado tendríamos ahora».
El mariscal Sháposhnikov y otros altos mandos militares se negaron a dar apoyo al presidente soviético cuando este solicitó ayuda al ejército, antes y después de Bialowieza, para salvar a la URSS. La imagen que se difundió de Boris Yeltsin, en los últimos meses de URSS, como sepulturero de la Unión Soviética no es cierto. Boris Yeltsin y sus colaboradores tenían mucho apego a la Unión, ni el más radical de sus consejeros se había planteado en el primer momento la disolución de la Unión Soviética. Así lo confesó Gennadi Burbulis: «Al principio no nos propusimos destruir la Unión Soviética, la tarea consistía en buscar los recursos necesarios para gobernar la Federación Rusa de manera racional y eficaz».
La elección de Boris Yeltsin como presidente del parlamento ruso convirtió la cámara en instrumento de los diputados demócratas para alcanzar sus fines políticos. Boris Yeltsin quería arrebatar el mayor número posible de bienes y competencias al gobierno central, entre ellos la propiedad legal de los abundantes recursos naturales de la Federación Rusa. Yeltsin lo consiguió a finales de julio, pero el golpe de estado puso en peligro sus nuevas facultades y el control sobre los recursos de un país del que ya era presidente. El fracaso del golpe militar logró que regresaran con mayores posibilidades políticas y acometer reformas por medio de las instituciones.
Derrotados los burócratas del Kremlin y su jefe Mijaíl Gorbachov muy debilitado, los hombres de Boris Yeltsin procedieron a apoderarse de las instituciones de la URSS, liquidando las que no podían o no querían controlar, como es el caso del Partido Comunista. El hecho de que Boris Yeltsin conquistara el gobierno central hizo que otras repúblicas proclamaran su independencia. Yeltsin tuvo que dar marcha atrás, y empezaron las negociaciones para crear una estructura confederal que otorgase a Rusia el poder necesario para llevar adelante las reformas por su cuenta, y evitar que los lideres conservadores de las repúblicas no rusas le significaran alguna restricción.
Es innegable que la pugna entre Gorbachov y Yeltsin contribuyó mucho a la caída de la Unión Soviética, ninguno de los dos se cuidó en no dar a conocer públicamente su enemistad, pero no fue la única razón histórica. Boris Yeltsin en sus memorias explica esta situación desde un punto de vista psicologista y dice porque no quiso suceder a Mijaíl Gorbachov en el gobierno de la URSS, y Gorbachov a su vez, acusa a Boris Yeltsin de disolver la Unión Soviética con el único motivo de deshacerse de él, lo cual me parece un razonamiento estúpido. Mijaíl Gorbachov no quería ser un presidente simplemente nominal en una confederación que no iba tener un poder central y menos con el poder real de Rusia, es decir, de Yeltsin.
El general Valentin Varénnikov, jefe del golpe de agosto, sostenía que los dirigentes de las repúblicas compartían la invencible aversión de Yeltsin por Gorbachov, que los había engañado una y otra vez. El resentimiento por los agravios que le había infligido la cúpula del Partido Comunista, y Gorbachov en particular, influyó mucho, sin duda, en la decisión de Boris Yeltsin de abrazar la causa de los demócratas rusos. Pero fueron las ideas políticas y económicas de este movimiento los que guiaron, en general, al presidente ruso.
No se debe olvidar que Yeltsin consultó con Gorbachov antes de viajar a Bialowieza, Bielorrusia, y comenzó las negociaciones con Leonid Kravchuk proponiéndole el plan de la nueva Unión que lo había hablado con Gorbachov. La decisión del líder ucraniano invocando el resultado del referéndum del 1 de diciembre, sería determinante para el futuro de Unión Soviética. Ni el líder soviético ni el ruso veían viable una Unión que no incluyera a Ucrania. Ucrania era la más poblada y la que más dinero aportaba al estado soviético después de Rusia.
Los rusos ya no querían gastar más dinero en soportar los costes del imperio, además ya no había dinero, y solo estaban dispuesto a hacerlo con la ayuda de Ucrania y, lo más importante, como le dijo Boris Yeltsin a George Bush en varias ocasiones, sin Ucrania, las repúblicas centroasiáticas que recibían todas, a excepción de Kazajistán, cuantiosas subvenciones del gobierno central, superasen en número y votos a las eslavas. Para diciembre de 1991, Rusia ya se había hecho con el control de las instituciones de la Unión, o por lo menos había impedido que funcionaran sin su aprobación o sostén. El fin del conflicto entre Rusia y el gobierno central estaba claro antes del referéndum ucraniano del 1 de diciembre y del acuerdo de Bialowieza que fue firmado el 8 de diciembre.
La relación de Rusia con Ucrania, la segunda república más importante y no con el gobierno central, fueron las que decidieron el destino del imperio soviético. La Unión Soviética se fundó en 1922 para integrar a Ucrania, entre otras cosas. Entonces la URSS contaba con un gobierno central fuerte que tuvo por objetivo retener a los ucranianos y limitar las ambiciones de los rusos, que antes habían formado la etnia mayoritaria. Los ucranianos diezmados por las hambrunas de 1932-1933 provocada por los rusos, los jerarcas comunistas ucranianos recuperaron poder después de la Segunda Guerra Mundial, y pasaron a gobernar el imperio soviético con Rusia.
En los gobiernos de Jruschov y en la de Breznev tuvieron mucha influencia en Moscú, pero Mijaíl Gorbachov los apartó del poder, pero a pesar de la actitud de Gorbachov y su política, los apparatchiks del partido comunista de Ucrania, se mantuvieron leales a la URSS hasta el golpe de agosto, y muchos hasta tiempo después. Yeltsin quiso tomar el poder central, por tanto, la clase dirigente ucraniana corría el peligro de quedarse sola frente a una poderosa Rusia. Por un lado, Gorbachov trataba de incorporar a los ucranianos a las instituciones de la URSS, y ofrecía el segundo cargo más importante del Partido a uno de los apparatchiks y, posteriormente, el de primer ministro de la futura Unión a un miembro del gobierno de Ucrania.
Boris Yeltsin no tenía ninguna intención de contentar a Kyiv, pero, en cualquier caso, los ucranianos ya no querían formar parte de ninguna Unión. Los dirigentes de las repúblicas estaban decididos a proclamar la independencia y los rusos no pudieron o no quisieron ofrecerles una forma de asociación atractiva, algo que no se podía ofrecer en una confederación dominada por Rusia, todo esto se fue sumando para provocar la caída de la URSS.
Hay muchos que comparan a la URSS con el imperio austrohúngaro que duró hasta principios del siglo XX, y en esa comparación no ven parangón, ya que la clase dirigente germano-austriaca y la húngara tuvieron la grandeza de compartir los beneficios y los deberes de gobernar un imperio. El proyecto de una Unión eslava que había pensado Aleksandr Solzhenitsin, y que muchos creyeron que podía ser factible después de la cumbre de Bialowieza, no reconocía la peculiaridad ucraniana ni planteaba una verdadera asociación, ya que se trataba de crear la Gran Rusia.
Kravchuk luego del referéndum a favor de la independencia, puso a Boris Yeltsin y Gorbachov ante un hecho consumado, Ucrania abandonaba la URSS. Los gobernantes de las repúblicas centroasiáticas tampoco veían viable una Unión sin Rusia, Ucrania no quería formar parte de la Unión, Rusia no concebía la Unión sin Ucrania y de las otras repúblicas que querían ser parte de la Unión no la concebían sin Rusia. Por tanto, los jefes del imperio expulsaron de él a los dirigentes centroasiáticos, así que no tuvieron más remedio que incorporarse a la Comunidad.
Esta nueva asociación era mucho más flexible que la URSS en la integración política, económica y social de las repúblicas. Tampoco existía semejante sumisión durante los Romanov que, durante la URSS, los territorios no rusos no tenían la misma relación con la metrópoli, Finlandia y el reino de Polonia tenían derechos especiales y privilegios. Este federalismo de la Unión Soviética fue lo que hizo inevitable la desintegración de la Unión Soviética una vez que se inició y se aceleró el proceso independentista en las repúblicas bálticas, al oeste de Ucrania, el Cáucaso y Moldavia.
La política de George Bush también hizo posible, a pesar de que muchas veces lo hizo al margen y aun en contra de la voluntad del gobierno estadounidense. La independencia de Ucrania es uno de los muchos ejemplos de cómo las acciones de Washington tuvieron con frecuencia consecuencias imprevistas. Ya en el mes de noviembre, cuando faltaban unas semanas para el referéndum ucraniano, el gobierno de Bush siguió presionando a Yeltsin, para evitar que liquidara las instituciones de la Unión Soviética, en especial el ministerio de Asuntos Exteriores.
Muchas versiones existen sobre la actuación política de Estados Unidos, algunos lo explican en parte por el aprecio que le tenía Bush a Gorbachov, es verdad que existía en Washington un interés de sostener al presidente soviético y a la URSS el mayor tiempo posible. Según James Baker, había que aprovechar la situación para arrancar concesiones al moribundo gigante soviético en política internacional y en el control armamentístico. La estrategia estadounidense funcionó muy bien, la retirada de la ayuda soviética a Cuba y a Afganistán, la decisión de Rusia de recortar drásticamente el armamento nuclear. Existía un temor entre los miembros del gobierno que la URSS se disolviera de manera violenta, ya que cuatro repúblicas como Rusia, Ucrania, Kazajistán y Bielorrusia tenían armas nucleares en su territorio.
Boris Yeltsin no quiso anexar por la fuerza territorios que los rusos consideraban suyos históricamente, ya que en esos momentos pertenecían a otras repúblicas. La Unión Soviética se disolvió pacíficamente por la prudente política de Yeltsin, y por la actitud que tuvieron lideres como Kravchuk, Nazarbáyev con las minorías étnicas rusas. Los lideres de las repúblicas entendieron que, en cuanto a las armas nucleares, fronteras y minorías, debían ganarse la aceptación de Occidente y seguir las directrices de George Bush.
Si bien el presidente Bush no logró salvar a la URSS como socio de Estados Unidos en el plano internacional, al menos lograron que su disolución fuese sin violencia. El año 1991 seguirá siendo considerado como un año decisivo para la historia del mundo, pero en especial con el espacio postsoviético, ya que ellas siguen marcadas por los sucesos de un año que muchos consideran milagroso y otros, como los rusos y en especial Putin, quien considera ese hecho como el «mayor desastre geopolítico del siglo». Lo cierto, hablando estrictamente en sentido político, fue el fin de una dialéctica entre imperios y de la traslatio imperii que dejaba a Estados Unidos como la única potencia hegemónica mundial.
Pero la historia no termina y tampoco las guerras, luego del fin de la Unión Soviética sus herederos establecieron normas sobre el recurso a la fuerza militar y que fue puesta de manifiesta en el 2008 en Georgia. Si el fin de la URSS implicaba la no violencia con las repúblicas que se separaron, no fue así a posteriori con otras regiones autónomas como fue el caso de Chechenia. A partir de ese momento la nueva política rusa respecto a las regiones rebeldes se caracteriza por una mezcla de coacción y flexibilidad.
Por un lado, los dirigentes rusos reprimieron los movimientos independentistas, y por otro alentaron y ayudaron a otros grupos en otros estados postsoviéticos, como Abjasia y Osetia del Sur, en Georgia, y Transnistria, en Moldavia. Esta política fue copiada de la que sirvió de guía a Gorbachov en 1990 y 1991, cuando enfrentó a los dirigentes de aquellas regiones con Boris Yeltsin. Este tipo de políticas se cree que fue inventada por Vladimir Putin, pero en realidad su origen se encuentra en los acontecimientos de 1991, que, por un lado, fomentaban la integración de las repúblicas soviéticas en instituciones comunes, y, por otro lado, oponerse al ingreso de Ucrania y Georgia en la OTAN y en organismos de la Unión Europea.
Unas semanas después del discurso de George Bush a la Unión, se filtró a la prensa ciertos detalles de la llamada doctrina Wolfowitz, esa doctrina consistía en defender la libertad en todo el mundo, pero también de impedir que surgiera ningún rival de Estados Unidos, y recurriendo si era necesario a la guerra preventiva. La política exterior de Bush ya estaba definida y en marzo de 2003 enviaría tropas a Irak, pero eso ya es otra historia.
Marzo de 2025