

Estados Unidos Y El Cerco A China
Frente antichino Indo-Pacífico
Ricardo Veisaga


Estados Unidos y la Alianza de la OTAN están poniendo en riesgo en Ucrania la suerte de Occidente. La invasión rusa con todas las consecuencias bélicas que esto trae, con miles de víctimas mortales, más de diez millones de refugiados, con ciudades reducidas a ceniza, ha dinamitado la estabilidad europea y es la mayor amenaza desde el 11 de septiembre.
Pero la hegemonía de Estados Unidos como potencia mundial, no solo se está librando en las costas del Mar Negro, sino también en las aguas del Indo-Pacífico. Es ahí donde se está decidiendo la suerte del Nuevo Orden Mundial. La principal amenaza a la hegemonía estadounidense sigue siendo China, es necesario la contención de China, por ello la construcción de un frente antichino, sigue siendo de absoluta prioridad para la política de Estados Unidos.
Esta tarea ha sido, es, y seguirá siendo central en la política exterior estadounidense. El área del Asia-Pacífico es la zona más dinámica, con mayor crecimiento económico y demográfico del planeta. Es el área desde donde hace décadas va emergiendo de manera imparable y a cualquier precio, la República Popular China. Beijíng fue construyendo vínculos comerciales, mejor dicho, sometiendo, y diplomáticos con casi todos los países del mundo.
El gobierno de Donald Trump durante su mandato desplegó contra China una guerra comercial, la ruptura del principio de «una sola China» y la intensificación de las relaciones con Taiwán. Pero por sobre todo trató de deconstruir el Estado chino y recuperar las empresas estadounidenses que estaban engrandeciendo y alimentado de tecnología a China, y el reforzamiento del cerco militar en torno a China.
Mas allá de los detractores de Trump, el gobierno de Biden no solo ha mantenido esa política, sino que lo ha incrementado y está aprovechando el frente contra Rusia (aliado de China) para que el cerco sea más multilateral y llevada a cabo por un frente de aliados. Es claro que la acción de la OTAN más evidente gira en torno a Rusia. La Alianza incorporó a dos países balcánicos, Montenegro en 2017 y Macedonia del Norte en 2020.
A eso apunta las posibles incorporaciones de Finlandia y Suecia, en estos momentos suspendidos por los enredos de Turquía. La presencia militar de la OTAN sobre las fronteras rusas ha sido una constante, pero tampoco ha dejado de lado otras regiones, como la nombrada área del Indo-Pacífico. Tampoco Estados Unidos ha dejado de tejer alianzas contra China. Por ejemplo, el AUKUS, una nueva alianza militar en el Pacífico-Indico formada por Estados Unidos, Reino Unido y Australia.
Menos formal, pero de mayor potencia y más decisiva es la alianza QUAD que suma a Estados Unidos, Australia, Japón y la India. Tampoco puede escapar del análisis el papel de la India. Es innegable la enemistad que tiene con China al punto de tener enfrentamientos militares en el pasado reciente. Nueva Delhi está cortejando de forma permanente a Washington, pero también es parte del BRICS, en la que está incluida Rusia y China.
Estados Unidos mantiene acuerdos militares bilaterales directos con Corea del Sur, con Japón, Filipinas, Singapur, pero sobre todo y lo que más enfurece a China, con Taiwán. El grueso del cerco militar contra China se halla en las aguas del Pacífico, pero también incluye lugares claves para el tráfico de mercancías (cuellos de botella), como, por ejemplo, el paso del mar Rojo esencial para los buques petroleros o gasísticos y para la conexión comercial global por vía marítima entre el este y el oeste de Europa y China.
En Yibuti, en el cuerno de África, es el lugar donde China mantiene la única base militar fuera de sus fronteras, unas instalaciones que sirven de base a los buques que escoltan a los cargueros chinos para protegerlos de los piratas que pululan por estas aguas. Pero en Yibuti también hay bases de Estados Unidos, Reino Unido, Italia, y Japón.
Este año, Estados Unidos, organizará una cumbre con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) los próximos 12 y 13 de mayo. La reunión tiene como claro objetivo atraer, tanto en el plano económico y comercial, como en el plano político y militar, a este grupo de países a la órbita estadounidense. Sobre todo, que luego del gobierno de Trump la ASEAN haya estrechado cierta cercanía con China.
«La cumbre especial demostrará el compromiso permanente de Estados Unidos con la ASEAN, reconociendo su papel central en la búsqueda de soluciones sostenibles para los desafíos apremiantes de la región», dijo la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki. La portavoz afirmó en el comunicado que una «prioridad principal» del Gobierno estadounidense es mantenerse como «un socio fuerte y confiable» para el sudeste asiático.
No es necesario ser un experto en política internacional para entender a qué «desafío apremiante» se refiere Len Psaki. Ese desafío es China. La ASEAN incluye a diez países del sudeste asiático: Brunéi, Camboya, Indonesia, Laos, Malasia, Birmania (Myanmar), Filipinas, Singapur, Tailandia y Vietnam, que en total suman 650 millones de habitantes, un PIB conjunto de más de 2,5 billones de dólares, y su crecimiento tiene la perspectiva de alcanzar los 4,7 billones en 2025, y la ASEAN está en proceso de convertirse en la cuarta potencia económica del mundo.
El paso más importante dado por los países que integran la ASEAN en su relación comercial con China se produjo a finales de 2019, cuando Trump abandonaba la Casa Blanca, con la firma del tratado de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP en inglés). Un tratado comercial que en teoría es la mayor zona económica del planeta (abarca unos 3.200 millones de personas y un tercio del PIB mundial), que incluye además a China, Japón, Corea del Sur y Australia, pero sin Estados Unidos.
Pero eso tampoco significa mucho y no asegura nada. Países como Filipinas, Singapur, Vietnam, Japón, Corea del Sur y Australia, tienen poco en común con China y, por otro lado, tienen puntos de conflicto. Ese acercamiento es puramente comercial, Birmania (Myanmar) es uno de los pocos países o el único de la ASEAN que tiene fuertes vínculos comerciales, políticos y militares con China.
El presidente Biden está tratando de recuperar influencia en la ASEAN, lo que me parece muy bueno. En la última cumbre entre Estados Unidos y la ASEAN, que se celebró en octubre pasado de forma virtual, Washington anunció una aportación de 102 millones de dólares para la región destinada oficialmente a «programas de salud, clima, economía y educación», aunque se sabe que los programas de «ayuda al desarrollo» esconden objetivos no confesables.
En la reunión que tendrá lugar en Washington el 12 y 13 de mayo, el gobierno estadounidense buscará atraer de nuevo a estos países en una relación más sólida, pero de ahí a integrarlos o, que se quieran integrar en un frente anti chino, eso habría que ver.
Las noticias internacionales del mes de febrero, anunciaban, Estados Unidos cierra una brecha clave en su cerco militar de China, y daban detalles de cómo Estados Unidos habría logrado completar un arco de seguridad en el Pacífico alrededor de China. Es verdad que Estados Unidos se ha asegurado el acceso a cuatro bases militares adicionales en Filipinas, las cuales están ubicadas en una zona clave que le permitirá vigilar a China.
Estados Unidos, con este acuerdo completa así el arco de alianzas regionales que ya se extiende desde Corea del Sur y Japón, en el norte; hasta Australia, en el sur. El último eslabón que le faltaba era Filipinas. Este país limita con dos de los mayores focos de tensión en la zona: Taiwán y el Mar de la China Meridional. El acuerdo que revierte parcialmente el retiro de las tropas de la que fue su colonia hace más de 30 años, fue como era de esperar, duramente criticado por Beijíng.
El pacto con Filipinas es un asunto trascendental, dicen los analistas y expertos en la región. Gregory B. Poling, director del programa sobre el Sudeste Asiático del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, dice que «No hay contingencia en el Mar de la China Meridional que no requiera el paso a través de Filipinas». «EE.UU. no busca bases permanentes. Se trata de emplazamientos, no de bases», explicó.
Hay que decir que Estados Unidos ya podía operar de manera limitada en cinco instalaciones militares gracias al «Acuerdo de Cooperación Reforzada en materia de Defensa» (EDCA, por sus siglas en inglés). Sin embargo, el nuevo pacto les concede a las fuerzas militares estadounidenses un acceso más amplio a los emplazamientos castrenses en el país asiático, algo que «permitirán un apoyo más rápido a los desastres humanitarios y relacionados con el clima en Filipinas, y responder a otros desafíos compartidos».
Lo que constituye una referencia velada a China, como afirmó la administración Biden en un comunicado. La declaración se produjo después de que el secretario estadounidense de Defensa, Lloyd Austin, se reuniera el jueves en Manila con el presidente filipino, Ferdinand «Bongbong» Marcos Jr.
El gobierno de Estados Unidos no ha precisado en qué instalaciones sus efectivos van a operar, pero todo indica que tres de ellas podrían estar en Luzón, isla situada en el extremo norte del país, la única gran extensión de tierra cercana a Taiwán, excluyendo a la propia China. El gobierno también dijo que el acuerdo con Manila tiene fines humanitarios y permitirá a sus fuerzas asistir a los afectados por desastres naturales más rápido.
Washington busca acceso a lugares en los que se puedan llevar a cabo operaciones «ligeras y flexibles» de abastecimiento y vigilancia, en lugar de bases en las que permanezcan estacionadas grandes cantidades de tropas. El acuerdo y la modalidad nos indica claramente que no es un regreso a la época de la Guerra Fría, cuando Estados Unidos llegó a albergar 15.000 soldados y dos de las mayores instalaciones militares que ese país tenía en Asia: Clark Field y la cercana Subic Bay.
En 1991, los filipinos acababan de derrocar a la dictadura de Ferdinand Marcos. La guerra de Vietnam había quedado en el pasado, la Guerra Fría llegaba a su fin y China era un país militarmente débil. Así que, en 1992, los estadounidenses volvieron a casa, o al menos la mayoría de ellos, y al enviar a su casa a las fuerzas coloniales, creyeron que eso consolidaría más la democracia y la independencia.
Pasaron 30 años y otro Marcos ha vuelto al palacio presidencial de Malacañang. Y lo que es más importante, China ya no es un débil militar y está a las puertas de Filipinas. China estuvo construyendo en su mar meridional bases militares en islas artificiales durante la última década, lo que ha provocado tensiones con sus vecinos. Manila ha observado horrorizada, pero impotente para intervenir, cómo China se ha lanzado a redibujar el mapa del Mar de la China Meridional, o Mar Filipino Occidental, como ese país insiste en llamar a esa zona marítima.
Desde 2014, China ha construido 10 bases insulares artificiales, incluida una en el Arrecife Mischief, dentro de la propia zona económica exclusiva filipina. Hasta entonces, las relaciones entre Manila y Beijíng no habían tenido grandes problemas. Pero en 2012, los chinos, intentaron hacerse con el control del Atolón de Scarborough. Luego, en 2014, empezaron a construir las islas. La apropiación de territorio por parte de China cambió la relación.
Durante el gobierno del anterior presidente Rodrigo Duterte, Filipinas y Estados Unidos mantuvieron una estrecha colaboración militar frente a China. La capacidad militar de Filipinas es muy limitada para la amenaza china, y los chinos incumplieron repetidamente sus promesas de no militarizar sus nuevas bases en el Mar Meridional, lo supone una amenaza para Filipinas. El ex embajador de Filipinas en Estados Unidos, José Cuisia Jr., dice «Sólo EE.UU. tiene poder para detenerlos. Filipinas no puede hacerlo sola».
Pero esta vez, por suerte, no estarán miles de marines y aviadores estadounidenses llenando los barrios rojos de Olongapo o Angeles city. La localidad de Olongapo, cerca de una base estadounidense, fue un centro de prostitución en los años 70. La historia de abusos por parte de las tropas estadounidenses en Filipinas sigue siendo un tema delicado. Se calcula que 15.000 niños filipinos debieron crecer solos con sus madres filipinas cuando sus padres estadounidenses volvieron a casa.
No habrá tantas tropas como antes, Washington pidió acceso a varios y nuevos emplazamientos, algunos frente al Mar de la China Meridional, otros hacia el norte, en dirección a Taiwán. Informes extraoficiales apuntan a las zonas de Cagayán, Zambales, Palawán e Isabela como las opciones preferidas. La primera da a Taiwán, la segunda al atolón de Scarborough y la tercera a las islas Spratly.
Las nuevas instalaciones estadounidenses estarán dentro de las bases filipinas existentes, y las tropas estadounidenses llegarán en pequeños grupos y por rotación. Los filipinos están comprando misiles BrahMos a India y Estados Unidos va a desplegar misiles de crucero Tomahawk. La cuestión de los evacuados no es un farol estadounidense, en Taiwán están viviendo entre 150.000 y 200.000 filipinos.
El objetivo de Estados Unidos es disuadir a China de seguir expandiendo su territorio en el Mar Meridional y, al mismo tiempo, obtiene un lugar desde el que vigilar los movimientos militares chinos en torno a Taiwán. Durante los últimos meses China ha realizado varios ejercicios y maniobras militares en el estrecho de Taiwán, y preocupa a los vecinos. Filipinas no tiene otra forma de disuadir a China fuera de esta alianza.
Filipinas no está llevando las cosas como Australia y Japón, desafiando directamente los intereses chinos en el Mar Meridional o en el Mar Oriental chino. El presidente Marcos quiere mantener buenas relaciones con Estados Unidos, pero también pretende buenas relaciones con China para obtener ventajas económicas. Filipinas no busca enfrentarse al gigante asiático. Por otro lado, China ha indicado que no tiene intención de permitir que el nuevo acuerdo militar entre Manila y Washington enturbie sus relaciones con su vecino.
Al mismo tiempo de la llegada a Manila del secretario estadounidense de Defensa de Estados Unidos, en la editorial del diario estatal chino Global Times, acusaron a Estados Unidos de «tender una trampa a Filipinas» y de «tratar de empujar a Filipinas a la primera línea de la confrontación con China».
Washington y Tokio aspiran a coordinar esfuerzos contra China en los sectores de la tecnología y la seguridad. El viernes 13 de enero en Washington se celebró un encuentro entre el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el primer ministro japonés, Fumio Kishida. Ambos acordaron mantener su «alianza más fuerte que nunca» en el ámbito de seguridad y tecnología. En el punto de mira de la relación entre los dos países está China, a la que ven como el mayor desafío en la región.
Biden y Kishida abordaron el mercado de semiconductores y chips. El primer ministro japonés, señaló que Tokio considerará «con responsabilidad» su postura en este sector. «Japón mantendrá una estrecha comunicación con aliados y países afines, incluyendo Estados Unidos, y pensará en cómo lidiar con los semiconductores», afirmó Kishida.
No obstante, se negó a detallar si Japón se unirá a las restricciones comerciales contra China impuestas por Washington en octubre de 2022 y que buscan limitar la capacidad de Beijíng de obtener chips avanzados, para fabricar semiconductores, desarrollar y mantener supercomputadoras.
También se abordó la cuestión de Taiwán. En un comunicado conjunto, Biden y Kishida señalaron que «nuestros enfoques básicos hacia Taiwán permanecen sin cambios». «Abogamos por la solución pacífica de las cuestiones relativas al estrecho [de Taiwán]», añadieron.
Además, Kishida afirmó que China es «el desafío más primordial, tanto para Japón como para Estados Unidos». También expresó el deseo de «lograr un entendimiento mutuo con China respecto al estado del orden internacional» y la alentó a seguir manteniendo el diálogo y la cooperación «en cuestiones de interés común».
Asimismo, discutieron el fortalecimiento de los sistemas de defensa y contraataque, que esta incorporada en la nueva estrategia de seguridad nacional adoptada en diciembre. Kishida le transmitió a Biden la intención de adquirir misiles de crucero Tomahawk como parte de un paquete de medidas para fortalecer las capacidades de contraataque desde el territorio nipón.
No obstante, Kishida minimizó las preocupaciones acerca de este mayor aumento del poderío militar de Japón desde la Segunda Guerra Mundial e indicó que es un punto importante «para fortalecer la alianza» con Estados Unidos y otros países afines. Lo cierto es que el fortalecimiento de la alianza entre Washington y Tokio, alimentará la sensación de cerco en China, impulsando a Beijíng a intensificar su modernización militar y profundizar sus relaciones con Rusia, su actual aliado, lo que alimentará una carrera de armas regional.
También se celebró la reunión de los ministros de Exteriores y Defensa de Estados Unidos y Japón. El ministro de Defensa japonés, Yasukazu Hamada, destacó que China es el «desafío estratégico más grande», hasta tal punto que no hay «precedentes». En ese sentido, el secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, señaló que ambos países ven a China como el «mayor desafío estratégico compartido».
El portavoz de la Cancillería china, Wang Wenbin, como era de esperar, dijo que el comunicado conjunto «contiene difamaciones infundadas y ataques contra China», y que:
«Estados Unidos y Japón afirman promover la paz y la seguridad regionales, pero lo que hacen es encontrar pretextos para la acumulación militar y el uso deliberado de la fuerza. Dicen abanderar una región del Indo-Pacífico libre y abierta, pero lo que hacen es crear varios bloques de exclusión para crear división y confrontación. Afirman defender el orden internacional basado en reglas, pero lo que hacen es pisotear el derecho internacional y las normas básicas que rigen las relaciones internacionales e interferir gravemente en los asuntos internos de otros países. Lo que han hecho plantea un verdadero desafío a la paz, la seguridad y la estabilidad regionales».


De acuerdo con Wang Wenbin, «Asia-Pacífico es un ancla para la paz y el desarrollo, no un campo de batalla para la competencia geopolítica». «Los países de la región están por la justicia y contra el hegemonismo. Esperan participar en la cooperación, no en la confrontación. Aspiran a un verdadero multilateralismo y rechazan los pequeños círculos que incitan al enfrentamiento de bloques», explicó.
«Instamos a EE.UU. y Japón a que abandonen la mentalidad y el sesgo ideológico de la Guerra Fría, dejen de crear enemigos imaginarios y dejen de intentar sembrar las semillas de una nueva Guerra Fría en Asia-Pacífico, y no se conviertan en disruptivos de una Asia-Pacífico estable», concluyó.
El plan japonés para incrementar su poderío militar empezó hace algunos años y durará varios años y puede conllevar problemas económicos y políticos. Es decir, mientras a largo plazo Japón puede cambiar su posición en el terreno militar, en un futuro previsiblemente el equilibrio militar no cambiará mucho. Sospechosamente, ante la iniciativa japonesa, se han activado o reactivado los conflictos en el entorno de las fronteras entre China y varios de los más importantes países de la región.
Hace unos pocos años se dio el enfrentamiento entre India y China, por la decisión de la India de construir una carretera en el valle del río Galwan, en Ladakh, en la disputada región de Cachemira. Aunque ambas naciones entablaron negociaciones, India sigue enviando unidades militares hacia la frontera norte, incluidos los vehículos de combate T-90 y T-72 y un gran número de aviones de combate.
China respondió con maniobras militares para expresar su apoyo a Paquistán, ya que Paquistán es otro país que amenaza a la India apoyado por China. En esos mismos días, Estados Unidos envió nada menos que tres portaviones, el USS Theodore Roosevelt, el USS Nimitz y el USS Ronald Reagan, para patrullar las aguas del Indo-Pacífico, en un acto analizado como una advertencia a China y un mensaje a sus aliados. El despliegue incluyó decenas de buques y submarinos que conforman los grupos de ataque que acompañan a los portaaviones.
También a principios de junio del 2020 se agudizó el conflicto entre China y Australia. Para Beijing, la alianza militar con estados Unidos es algo que va en contra de sus intereses. El periódico estatal chino el Global Times, dijo que Australia «carece de independencia y autonomía diplomática, está en gran medida manipulada por los Estados Unidos en asuntos exteriores» y «ya se ha convertido en un estado vasallo».
Los chinos amenazaron con dejar de comprar mineral de hierro y hacerlo en Brasil o África, como represalia ante la creciente tensión entre ambas naciones. En medio de los conflictos, India y Australia suscribieron una «Asociación Estratégica Integral», una «Visión compartida para la cooperación marítima en el Indo-Pacífico» y un «Acuerdo de apoyo logístico mutuo» para aumentar su «interoperabilidad militar».
Según la declaración conjunta, ambos países defenderán sus intereses comunes en la región Indo-Pacífico para «mantener rutas marítimas abiertas, seguras y eficientes para el transporte y la comunicación». El 8 de junio de 2022 Vietnam firmó un Acuerdo de Libre Comercio con la Unión Europea y trabaja para acordar una similar con el Reino Unido. En paralelo, Filipinas apoyó a Vietnam en sus entredichos con China sobre la soberanía en el Mar del Sur de China y «las compañías japonesas y coreanas han estado trabajando juntas para desarrollar soluciones 5G» capaces de competir con Huawei, según el Asia Times.
La iniciativa anti china en la región Indo Pacífico, en cierta medida está impulsada por la India, potenciada por su alianza con Australia. Ambas consideran a China como rival estratégico, al igual que Estados Unidos. India se siente amenazada por la creciente presencia naval de China en el Océano Índico, lo que la ha llevado a cooperar ampliamente, de manera realista, tanto con Estados Unidos como con Japón, Australia, Vietnam, Indonesia y Filipinas, participando en ejercicios navales en la región.
Una editorial de Global Times de hace dos años se preguntaba: «¿Puede Estados Unidos realmente dejar de ser el policía del mundo? No hay evidencia suficiente en la historia o en la actualidad para indicar que Estados Unidos podría dejar de vigilar al mundo». El órgano del Partido Comunista sostiene que dicha actitud «está determinada por la naturaleza hegemónica del país. Para mantener su hegemonía, Estados Unidos debe expandir su influencia en el extranjero». Y concluye que «es poco probable que EEUU abandone el estatus de policía de su mundo».
En la vida política y en la vida en general, no existe tal naturaleza que obligue a actuar necesariamente de una manera determinada, y tampoco Estados Unidos es un policía o un gendarme del mundo. Pero como un imperio de primer orden no puede o no debe dejar de mantener o incrementar su eutaxia, la historia se hace por la dialéctica de imperios o superestados, esto si constituye una necesidad, y el que no, pierde.
Steve Bannon, ex jefe de estrategia de Donald Trump, en una extensa entrevista con David Goldman, de Asia Times, dijo: «El gobierno de China es un grupo de mafiosos. Pienso que el Partido Comunista Chino es completamente ilegítimo. Pienso que son un grupo de gánsteres. Creo que lo que le han hecho al pueblo chino es horrible».
La opinión de Bannon es brutal, pero no hace otra cosa que reflejar lo que piensan los dirigentes de Washington, tanto republicanos como demócratas, que buscan impedir que China con su inescrupuloso y depredador ascenso perjudique la hegemonía estadounidense. Los horrores que sufre el pueblo chino, según los dichos de Bannon, comenzaron en 1949 con el triunfo del Partido Comunista.
Cuando le preguntaron a Bannon qué debe hacer Estados Unidos frente a China, la respuesta es exactamente la que se está viendo en estos momentos en Asia: «Deben ser confrontados en todos los niveles por todos los gobiernos: de Taiwán, Japón, Corea del Sur, India y Singapur hasta Vietnam».
Tanto en el pensamiento de Bannon, en el de Donald Trump y la mayor parte de la dirigencia política de Estados Unidos, China es un peligro no desactivado en el siglo XX. Trump, más allá de todas esas críticas psicologistas, fue el único presidente en la historia de Estados Unidos que se ha enfrentado al Partido Comunista Chino. Para trazar alguna analogía en la historia, lo sucedido en Hong Kong es como la Austria de 1938, cuando la invasión nazi convenció a Occidente (a unos pocos) que había que frenar a Alemania a cualquier precio.
China, dentro de su estrategia política, desarrolló un plan que combina puertos comerciales con bases navales militares, el llamado collar de perlas chino. A través de esta ruta y con una potente armada, China pretende asegurar su dominio marítimo sobre Asia-Pacífico y sus competidores inmediatos. La estrategia busca asegurar su dominio sobre el Índico y el Pacífico y así controlar el tráfico de recursos clave para su economía.
En la implementación de esta estrategia China se encontró con la presencia de Estados Unidos y también con la India, economía emergente donde se precie, que está tratando de evitar quedarse encerrada por China y abrirse paso al mar. India está tratando de conformar un espacio de influencia propia en la región del Índico.
A pocas semanas de la humillante retirada de Afganistán, el presidente Joe Biden para justificar el repliegue de tan importante enclave, dijo: «No nos podemos empantanar otra década más en Afganistán». «Debemos mantenernos claramente concentrados en el interés de seguridad nacional de Estados Unidos», es decir, «en los múltiples retos con Rusia» y sobre todo en la «seria competición que Estados Unidos libra con China».
La contención de China, es la nueva doctrina politica de Washington desde hace dos décadas. Doctrina que se puso de nuevo en la mesa con el nacimiento del AUKUS -de Australia, United Kingdom y United States, una alianza militar anglosajona que busca hostigar la envestida naval y comercial de China en el Pacífico y en el Índico. El AUKUS incrementará la presencia militar de los aliados anglosajones en varios puntos estratégicos en las rutas comerciales que usa China.
Uno es el Estrecho de Taiwán, el otro es el cuello de botella del estrecho de Malaca, enclave geográfico que separa la península de Malasia y la isla de Sumatra, por el que circula una cuarta parte de la producción mundial de mercancías, más de 50.000 barcos al año. La vicepresidenta Kamala Harris visitaba hace un tiempo Vietnam para afianzar la alianza con este país que esta enfrentado con China.
El objetivo estratégico a largo plazo es dificultar o impedir que el gigante asiático pueda usar con facilidad las vías marítimas para exportar mercancías o abastecerse de materias primas, o desplazarse en caso de guerra. Pero la desastrosa salida de Estados Unidos de Afganistán y el rápido ascenso de los talibanes al poder, ha obligado a China a mover ficha.
China trata de reforzar sus buenas relaciones con Paquistán, cuyos servicios secretos tienen una gran influencia en los talibanes, con el doble objetivo de impedir que el fundamentalismo islámico se contagie a la región de Xinjiang, y para buscar una salida al mar de su «Nueva Ruta de la Seda» ferroviaria en el puerto paquistaní de Gwadar. Como alternativa a un eventual bloqueo del estrecho de Malaca, China estudia el uso de los puertos birmanos, al oeste de este paso estratégico. Por ello Beijing mantiene buenas relaciones con la Junta Militar de Myanmar, que dió un Golpe de Estado en febrero de 2021. Las rutas marítimas que usa China en el comercio con Europa, los pasos estratégicos son los estrechos de Malaca (entre el Mar de China Meridional y el Índico), Bab el Mandeb (entrada del Mar Rojo) y el Canal de Suez (entrada al Mediterráneo). Los dos últimos los controla Estados Unidos y con AUKUS buscan reforzar el control del primero.
A pesar de que Joe Biden siempre miró con antipatía tanto al Brexit como a su artífice, Boris Johnson. Pero ahora, con el ingreso del Reino Unido en el principal frente de batalla de Washington, el cerco naval a China, la «relación estratégica» entre Estados Unidos y Reino Unido parece revitalizarse de nuevo, dejando de lado las antipatías de corte psicologistas.
La novedad de la alianza AUKUS es Australia, un país de 25 millones de habitantes que ocupa el puesto número 13 en las economías mundiales. La isla-continente siempre había estado vinculada a Estados Unidos, pero nunca como hasta ahora había sido recategorizada al alza, nombrada vigía militar del paso Indo-Pacífico. Sin embargo, esto tiene un precio para Canberra: su alineamiento con Washington en el frente antichino pone en riesgo las relaciones con su principal socio comercial China, pero lo político es más importante que lo comercial.
La armada australiana patrullará, junto con los buques de la US Navy y de la Royal Navy, los puntos calientes ya mencionados de los estrechos de Malaca, Taiwán y las aguas en disputa del Mar de China Meridional, rutas clave en el comercio marítimo mundial donde China mantiene disputas territoriales con Vietnam, Filipinas, Malasia y Brunéi. También reforzará su presencia en el Mar del Japón, donde China se disputa con Japón la propiedad de varios islotes.
Australia, para su labor de patrullaje fue dotada por Washington de ocho nuevos y ultramodernos submarinos nucleares. Este tipo de submarinos -llamados así por su propulsión, no necesariamente porque posean ojivas nucleares, aunque muchos los tienen- son claves en el dominio de los océanos. Permiten desplazamientos rápidos, casi indetectables y mucho más largos sin capacidad de salir a superficie.
Hasta ahora, solo otras seis naciones cuentan con esas naves: Estados Unidos, China, Rusia, Reino Unido, India y Francia. Australia será el único miembro que no cuente con un programa nuclear propio, sea militar o civil, sino «prestado» por la superpotencia. Además de su recategorización naval, Australia ha logrado reforzar su vínculo militar con el Pentágono, aumentando el número de tropas de Estados Unidos en sus bases, más maniobras conjuntas y una mayor rotación del equipo militar aéreo.
La firma del acuerdo AUKUS fue una sorpresa para todo el mundo, pero en especial para China que reaccionó con sorpresa e inquietud, ya que este acuerdo no había sido siquiera mencionado en la reciente conversación telefónica que Biden tuvo con el presidente chino, Xi Jinping, celebrada para bajar tensiones en las relaciones diplomáticas entre ambos países.
China advirtió que «los planes de EEUU de proporcionar submarinos nucleares a Australia ponen en grave peligro la no proliferación nuclear». «La decisión de EEUU y Reino Unido de proporcionar tecnología y materiales nucleares a Australia, un país que hasta ahora no los tenía, va en contra de los objetivos y obligaciones fundamentales establecidos por el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares (TNP)», dijo entonces el Global Times, órgano oficioso del gobierno de Beijing.
«Aunque el submarino de propulsión nuclear no es un tipo de arma nuclear en sí mismo, tiene el potencial de transportar armas de destrucción masiva». «Dado que Australia puede adquirir abiertamente materiales nucleares, otros estados no poseedores de armas atómicas pueden verse tentados de hacer lo mismo, lo que resultará en los infinitos riesgos de proliferación nuclear en nuestro planeta», dijo el diario chino.
El nacimiento del AUKUS llega además poco antes de que se celebre en Washington una cumbre de la asociación informal de defensa conocida como Quad, o también conocida como Tratado Cuadrilátero, entre India, Australia, Japón y Estados Unidos, que China, interpreta con razón, como un intento de frenar su influencia en la región de Indo-Pacífico.
«AUKUS y Quad deberían complementarse entre sí, según la visión de EEUU», dijo el Global Times, «pero puede ser un golpe psicológico para Japón e India», viéndose tratados como aliados de segunda. Tal apreciación resultó equivocada, además, cuando se trata de seguir existiendo como Estado poco importa ser considerado de segunda o tercera categoría, lo importante es seguir en carrera.
Me complace saber que la administración Biden ha entendido cuál es el papel de Estados Unidos en la vida política internacional, y quienes son los enemigos. En la vida política es clave entender la relación amigo-enemigo (político), y esa distinción se ejerce siempre, si usted como Estado, no los elige, ellos lo harán por usted. Esa relación amigo-enemigo no es permanente, pude cambiar, lo único que no cambian son los intereses. Cosa que los buenistas u armonistas no lo quieren ver o entender, en virtud de su cortedad mental.
¿Dónde está Europa y su sueño progre? Mientras Europa seguía escuchando emocionado el Himno a la alegría, Alemania que es la que realmente manejaba Europa, pretendía seguir viviendo por los siglos de las baratas manufacturas chinas, producto de un trabajo casi esclavo, de la energía rusa y de la seguridad que les seguiría proporcionando los tontos de Estados Unidos.
Esa era la santísima trinidad germana, pero llegó Trump amenazando con cerrar la OTAN si no pagaban lo que era justo, y la bárbara invasión de Vladímir Putin, ahí se acabó el sueño progre, tuvieron que volver a la realidad, así es el mundo político, el único realmente existente. ¿Biden ordenó sabotear el Nord Stream 2? Si fue así, bien decidido, así debe actuar un soberano. Hay que rodear a China con aliados, si se puede se lo hace, y prepararse para las consecuencias. ¿Llamarán a Biden fascista como lo hicieron con Trump que nos abrió los ojos con China?