

ESTADOS UNIDOS E ISRAEL
RELACIONES ESPECIALES
Ricardo Veisaga
Mike Pompeo y Benjamin Netanyahu
El secretario de Estado norteamericano Mike Pompeo, luego de no viajar por dos meses al extranjero, en medio de la pandemia acaba de arribar a Tel Aviv. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu dijo que la visita de un día de Pompeo era «un testimonio de la fuerza de nuestra alianza».
Netanyahu también elogio la presión que ejerce Washington sobre Teherán, sobre un país que, según dijo, persiste en sus «diseños y acciones agresivas contra los estadounidenses, los israelíes y todos los demás en la región». Pero más allá de las palabras protocolares, el viaje de Mike Pompeo responde a una grave preocupación estadounidense.
Además de hablar sobre los planes de Israel de aplicar su soberanía en los poblados judíos y otros territorios en Judea y Samaria. Lo que preocupa a Estados Unidos es alejar a Israel de la esfera china en medio de las crecientes tensiones entre ambos países. Mike Pompeo dijo el mes pasado que la decisión unilateral de aplicar su soberanía depende de Israel.
Una posición que ha sido confirmada en una entrevista publicada por el periódico Israel Hayom, a cambio, los Estados Unidos espera que Israel mantenga o se comprometa a apoyar un «Estado palestino» en el resto de Judea y Samaria.
Como dije anteriormente, en la agenda de Pompeo hay una larga lista de temas, además de la soberanía de Israel sobre los asentamientos e Irán. El más conflictivo tiene que ver con el aumento de las inversiones de China en Israel. El presidente Donald Trump, declaró una guerra comercial contra China en 2018 y el COVID-19 lo ha llevado a un punto de una Guerra Fría.
Como decía el maestro Gustavo Bueno Martínez, «hay que definirse» siguiendo las insistencias de Largo Caballero. El conflicto chino-americano es una mala noticia para Israel ya que tendrá que definirse. Desde hace dos años la administración Trump, ve con recelo las inversiones de China y los proyectos de infraestructura en todo Israel como posibles riesgos de seguridad.
Donald Trump y el secretario de Estado Mike Pompeo, advirtieron el año pasado que, si Israel no frena sus lazos con China, la cooperación en materia de seguridad y el intercambio de inteligencia con los Estados Unidos podría ser limitado. El tema más álgido y puntual tiene que ver con la nueva terminal del puerto de Haifa, que está construido parcialmente y será operada por una empresa china el 2021.
Los lazos comerciales y de negocios entre China e Israel se han intensificado en los últimos años, incluso ya empezaron las negociaciones para un libre comercio. Pero un grupo de altos funcionarios israelíes manifestaron su temor por la participación de China en los diversos proyectos de infraestructura. Estos funcionarios sostienen que estos acuerdos representan una amenaza a la seguridad y podrían poner en peligro los lazos con los Estados Unidos.
Estados Unidos ha sido tradicionalmente la única potencia mundial que lo apoya en los foros internacionales, en especial en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. La única vez que le dio la espalda, es decir, fue la administración Obama, que lo libró a su suerte en el contexto del acuerdo con Irán. Barack Obama estaba decidido a lograr ese acuerdo sin importar nada.
En el logro de ese propósito se sitúa el enjuiciamiento al militar Michael Flynn y el desmantelamiento del «Proyecto Cassandra», cosa que es pública en estos días. Esto es lo paradójico de Israel sobre todo en la diáspora, el 75% de los judíos de Estados Unidos votan al partido Demócrata, un partido en cuyo seno anidan pro islamistas o antisemitas. Desde allí surgen todas las campañas en contra de Israel. Sin embargo, la comunidad judía se ha convertido en uno de los mayores soportes económicos del partido Demócrata ¿Síndrome de Estocolmo?
No, lo que hay es una comunión ideológica, la mayor diáspora judía en el siglo pasado salió de Rusia o posteriormente de la Unión Soviética y sus países satélites. De allí la ideología izquierdista, o los Kibutz o granjas socialistas que hoy son un simple recuerdo, a eso obedece también la participación de judíos en grupos armados de las izquierdas en iberoamérica.
Hace un tiempo leí sobre la vida de un joven de raíces judías, aunque él no hablaba la lengua y era ateo. Curiosamente revela lo que digo, «Leíamos el The New York Times, veíamos películas de Woody Allen y apoyábamos las causas liberales». Es decir, el periódico izquierdista más prestigioso del mundo, la psicología, y las luchas sociales, de clases. Esa izquierda en Israel es prácticamente un animal en vías de extinción.
El embajador de Estados Unidos, David Friedman, dijo la semana pasada a The Jerusalem Post que «lo último que queremos es cualquier limitación sobre cómo los Estados Unidos puede hacer negocios o cooperar en Israel». dijo Friedman:
«Para dos países tan cercanos entre sí como Israel y Estados Unidos, cuando cooperan y comparten información y otros secretos para protegerse mutuamente a un nivel tan poderoso, los dos países deben tener mucho cuidado de revelar ese nivel de cooperación a una potencia extranjera que puede tener otra agenda».
Friedman también advirtió que China está utilizando sus inversiones y proyectos de infraestructura para «penetrar» en los países. «Se infiltran en el mundo entero de una manera benigna pero peligrosa. No lo hicieron con cohetes y tanques; lo hicieron con proyectos de mano de obra barata»
David Friedman, agregó, diciendo que «estas empresas [chinas] tienen la capacidad de accionar varios interruptores y obtener acceso a las comunicaciones más sensibles». El comercio entre Israel y China creció un 402% en la última década, alcanzando unos 14.000 millones de dólares en 2018, lo que convierte a China en el tercer socio comercial más grande de Israel.
La «Iniciativa del Cinturón y la Ruta China», lanzada en 2013, ha establecido un objetivo para que China participe en proyectos de infraestructura en todo el mundo. En 2015, los dirigentes de China también pusieron en marcha el programa «Hecho en China 2025», destinado a convertir al país en el líder mundial de la fabricación de alta tecnología.
Ese programa de llevarse a cabo, que luego del virus chino todo es incierto, traerá muchas víctimas, empezando con Alemania, con el IV Reich, cosa que no me preocupa, se lo merecen. Pero dado que el desarrollo tecnológico israelí entra en ese proyecto, se ajusta a ambos objetivos.
Israel, además de obtener el capital que tanto necesita, quiere diversificar sus mercados de exportación y sus fuentes de inversión conectándose a la economía china. En el Estado de Israel, en su capa basal, entre sus empresarios existen muchos defensores de una relación más sólida con China, que incluso según fuentes, llega hasta el primer ministro Benjamin Netanyahu.
Pero lo que deben entender, tanto los empresarios israelíes como Benjamin Netanyahu, que es más importante la existencia de Israel que su capa basal. En 2017, durante su visita a China, Netanyahu le dijo al presidente chino Xi Jinping que China debería «ocupar el lugar que le corresponde… en el escenario mundial», y dijo que Israel era «su socio menor ideal para este esfuerzo». Añadió que el comercio chino-israelí «es un matrimonio hecho en el cielo».
Soy un creyente de que los países no tienen alianzas permanentes que lo único que existe es el interés permanente. Pero la existencia del Estado de Israel no es un interés sino una necesidad vital, se podría decir, sin temor a equivocarme, que Estados Unidos es el tanque de oxígeno para respirar, para vivir, que necesita Israel. El candidato demócrata Biden ya anticipó su política exterior favorable a los palestinos.
RAND, un prominente grupo de expertos financiado en parte por el gobierno de los Estados Unidos, publicó un informe completo el mes pasado, patrocinado por la Oficina del secretario de Defensa, titulado: «La inversión china en tecnología e infraestructura israelí»: «Implicaciones de seguridad para Israel y los Estados Unidos».
El informe, dice, que los Estados Unidos deberían estar más preocupados por las inversiones chinas en tecnologías israelíes que podrían dar a China una ventaja militar y económica, pero también advirtió contra el exceso de inversión extranjera en la infraestructura vital de Israel, que, de resultar dañada, podría provocar grandes pérdidas económicas, sociales y ambientales, e incluso víctimas.
El informe de RAND, identifica 11 empresas que deberían preocupar a Israel o a los Estados Unidos, que participan en importantes proyectos de infraestructura de transporte por valor de más de 4.000 millones de dólares -la ampliación del puerto de Ashdod, la construcción y explotación de la nueva terminal del puerto de Haifa y el tren ligero de Tel Aviv, la excavación de los túneles del Carmelo en Haifa y, potencialmente, una línea de ferrocarril entre Eilat y el Mar Mediterráneo- o que invierten en tecnologías comerciales de «doble uso» que podrían tener funciones militares o de inteligencia.
Una de las empresas chinas en cuestión tiene fuertes vínculos con el gobierno chino, el ejército o el Partido Comunista Chino, que es lo mismo. Por ejemplo, la «China Communications Construction Company» y sus subsidiarias, como la «China Harbor Engineering Company», trabajan con las fuerzas armadas chinas y el puerto de Ashdod, además de la propuesta línea ferroviaria de Eilat.
Las empresas tecnológicas chinas como Huawei y ZTE que han invertido en Israel «han sido objeto de un importante escrutinio en los Estados Unidos por sus conexiones poco transparentes con el gobierno y el ejército chino», según el informe. Las inversiones y las actividades de construcción chinas podrían plantear amenazas de ciberseguridad e inteligencia. Huawei, Xiaomi, ZTE y otros inversores en Israel venden productos que se sabe que tienen vulnerabilidades de seguridad.
Las empresas chinas han mostrado interés en las tecnologías de doble uso, en especial en áreas como la inteligencia artificial, las comunicaciones por satélite y la ciberseguridad. Israel limita la exportación de productos de doble uso, pero ha identificado muchas de estas tecnologías como comerciales, a pesar de sus riesgos de seguridad.
RAND expresó su preocupación por el ciber espionaje, diciendo que la información tecnológica puede ser «utilizada por China para reforzar sus propias defensas cibernéticas o hacer ingeniería inversa para identificar las vulnerabilidades del software». Pero la preocupación de RAND por el espionaje no se limita a la esfera tecnológica.
El informe plantea que la proximidad física es un riesgo potencial y que los esfuerzos de recopilación de inteligencia humana, probablemente crecerán a medida que se envíe más personal chino al extranjero. Por ejemplo, si un barco de la marina estadounidense entra en el puerto de Haifa, como hace la 6ª Flota al menos una vez al año, los operativos chinos podrían tratar de identificar sus capacidades de guerra electrónica, las firmas que emite o qué radares hay a bordo.
El informe de RAND también señaló la incompatibilidad entre los intereses israelíes y chinos en Oriente Medio, en particular los estrechos vínculos de Beijing con Teherán. China ha suministrado cientos de millones de dólares en armas a Irán desde el año 2000, ha cooperado con los programas de misiles y nucleares de Irán y se opone a la acción militar contra la República Islámica.
De las empresas que trabajan en Israel, ZTE y el Grupo de Túneles Ferroviarios de China también hicieron negocios con Irán. La política exterior de China también corre en contra de los intereses de Israel de otras maneras. China no reconoce a Hezbolláh como grupo terrorista, e Israel ha abogado por que los países lo hagan. China también vota contra Israel en la ONU.
Entonces, existe una genuina preocupación por la relación entre Estados Unidos e Israel. Los Estados Unidos son el eje de la política exterior israelí, y dentro de Estados Unidos el partido Republicano, y esos estrechos lazos son uno de los mayores activos estratégicos que tiene Israel. Una amenaza a la seguridad y a la cooperación de inteligencia entre Israel y los Estados Unidos es una amenaza seria.
También, estar en el lado equivocado de la guerra comercial con China podría ser problemático, un funcionario de la administración Trump señaló: «Israel puede usar mano de obra doméstica o de los Estados Unidos o de otro aliado», el funcionario agregó: «A largo plazo, estaremos ahí para Israel, y China no».
El Sorek 2, será la planta de desalinización más grande del mundo. «Hutchison Water International», una filial de la empresa de Hong Kong, es uno de los dos finalistas en la licitación para el funcionamiento de la planta. Ayer martes 12, según una filtración del Canal 13 israelí se informó que Benjamín Netanyahu ordenó a la Comisión de Inversiones Extranjeras a reevaluar la licitación ante la presión de los Estados Unidos.
Hutchison Water International, es una de las dos empresas que ha llegado a la fase final de la licitación para la construcción de la planta Sorek B, que, junto con IDE Technologies, se convertirá en la mayor planta desalinizadora del mundo. Hutchison es propiedad de «CK Hutchison Holdings», con sede en Hong Kong (China).
Funcionarios estadounidenses han cuestionado la propuesta de la empresa china y expresaron su temor de que pueda ganar el concurso, informó Axios el sábado. El informe señala que los funcionarios de Trump, incluyendo el embajador de Estados Unidos en Israel David Friedman, expresaron sus preocupaciones a la oficina del primer ministro y al Ministerio de Relaciones Exteriores.
Cuando esté terminada, la nueva instalación en Sorek, que será la sexta en Israel, proporcionará unos 200 millones de metros cúbicos de agua al año, o alrededor de una quinta parte del agua utilizada anualmente en Israel para fines domésticos y municipales, según el Ministerio de Finanzas.
Está previsto que la planta de 1.500 millones de dólares se empiece a construir en 2020 y que la producción de agua se realice en 2023, cuando Israel, que ya es el líder mundial en desalinización, extraiga el 85% de su agua potable del mar. La planta está planeada para ser construida en Nahal Sorek, cerca de la Base Aérea de Palmachim y de un centro de investigación nuclear en la región. Se esperaba que el ganador de la licitación sea anunciado el 24 de mayo.
En octubre pasado, bajo la presión de Estados Unidos debido al aumento de las inversiones chinas en empresas israelíes, el servicio de seguridad anunció la formación de un nuevo grupo asesor que considerará la inversión extranjera en el país. Funcionarios estadounidenses preguntaron, por qué el grupo no consideró la participación de Hutchison en la licitación de la planta desalinizadora, a lo que las autoridades israelíes respondieron que no entraba dentro del mandato del comité, ya que el tema fue lanzado antes de su formación.
«Los estadounidenses nos están hablando muy educadamente sobre ello, pero por supuesto les gustaría que consideráramos la participación china en [la licitación]», dijo un funcionario israelí a Axios. Un funcionario de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén dijo:
«No vamos a comentar sobre proyectos específicos, pero, como con todos nuestros aliados y amigos alrededor del mundo, seguimos comprometidos en el diálogo con Israel sobre la mejor manera de revisar la potencial inversión extranjera y las actividades económicas con vistas a su impacto en la seguridad nacional».
Ya en septiembre de 2019, Haaretz informó que la compañía Hutchison Water International había sido señalada como un problema de seguridad en Israel. El director de Seguridad del Establecimiento de Defensa, Nir Ben-Moshe, envió una carta al Ministerio de Energía expresando su fuerte objeción a Hutchison debido a su propiedad china, según el informe.
El Ministerio de Energía dijo en respuesta, que Hutchison era una operación israelí que sólo indirectamente era propiedad de la empresa de Hong Kong. El Ministerio señaló además que Hutchison ya opera una planta desalinizadora de agua en Sorek que es similar al sitio planeado. «El ministerio no ve cómo la participación del grupo Hutchison en la nueva licitación es diferente de las operaciones existentes de la empresa en el país».
Las empresas chinas como lo hacen en todo el mundo, hicieron enormes adquisiciones en Israel como el gigante de la alimentación local Tnuva en 2014, y acuerdos para gestionar los puertos clave de Haifa y Ashdod. En enero del año pasado, el jefe del servicio de seguridad del Shin Bet advirtió que las inversiones masivas de China en Israel podrían suponer un peligro para la seguridad nacional.
«La influencia china en Israel es particularmente peligrosa en términos de infraestructura estratégica e inversiones en grandes empresas», dijo Nadav Argaman, en un discurso a puerta cerrada en la Universidad de Tel Aviv. Tras las observaciones de Argaman, China, supuestamente pidió aclaraciones a Jerusalén sobre su posición.
Una semana después de la advertencia de Argaman, el Subsecretario de Energía de Estados Unidos, Dan Brouillette, en visita en Israel para reuniones que incluían entre otras, conversaciones con el ministro de Energía Yuval Steinitz, dijo que a menos que Israel implemente rigurosos procedimientos de selección para las inversiones chinas, el intercambio de inteligencia entre los dos aliados podría verse amenazado.
Dan Brouillette alentó a Israel a tomar «medidas agresivas» para monitorear la inversión extranjera para protegerse de cualquier debilidad en la infraestructura israelí que pudiera comprometer el intercambio de inteligencia con Estados Unidos.
El 13 de mayo de 2020, el secretario de Estado de los Estados Unidos, Mike Pompeo viajó a Israel para una visita de ocho horas. Su viaje atrajo mucha atención, no solo por lo muy breve sino porque ocurrió en medio de la pandemia del coronavirus, cuando los viajes diplomáticos se habían detenido.
¿Por qué hizo Pompeo el viaje en medio de la crisis? Simple para darle un mensaje a Israel sobre China, con la que los Estados Unidos está compitiendo por la hegemonía. China no fue el único tema de discusión de Pompeo con el primer ministro Netanyahu, la aplicación de la ley israelí en partes de Judea y Samaria, e Irán también estaban en la agenda; pero su principal foco de atención fue China.
El portavoz de la embajada china en Israel publicó una dura respuesta a la visita de Pompeo, rechazando los intentos estadounidenses de criticar la postura de Beijing, tanto en el contexto del coronavirus como en lo que respecta al desarrollo de sus relaciones con Israel. Afirmó que la cooperación chino-israelí beneficiaba a ambas partes e instó a los «amigos judíos» de China a derrotar el «virus político» junto con el coronavirus y «elegir la opción que mejor sirva a sus intereses».
¿Pueden ser tan ingenuos las autoridades israelíes? Para China no hay «amigos judíos» si así fuera, no votarían en contra de Israel en la ONU, y tampoco reconocerían a Hezbolláh, ni tendrían excelentes tratos con Irán. Lo que sucede es que Israel se quiso pasar de rosca, no se puede tener todo en la vida, ni se puede ceder a las presiones de los empresarios, a quienes, mayoritariamente no les interesa la Patria sino el dinero.
Un periódico israelí decía lo siguiente:
«Israel se encuentra atrapado entre dos gigantes, cada uno de ellos tiene muchos y variados intereses en todo el mundo. Si bien es comprensible que Israel se acerque a su antiguo aliado estadounidense, no desea desentenderse de su nueva relación con China, la segunda potencia económica del mundo. Parece que se está cerrando la ventana de oportunidad en la que Israel puede tener relaciones con ambos países sin una interferencia significativa de ninguno de ellos».
Que sigan haciendo negocios con la segunda potencia económica del mundo, y veremos qué pasa cuando Estados Unidos vote en contra de Israel en el Consejo de Seguridad. La crisis del «Falcón» de 1999, durante la cual Israel se retiró de un acuerdo que había firmado con China para venderle un sistema israelí de radar aerotransportado, ofrece una visión de la situación actual de Israel.
Esa crisis socavó las relaciones diplomáticas entre China e Israel durante algún tiempo, aunque finalmente se reanudaron y, de hecho, florecieron dentro de sus límites (es decir, sin relaciones militares). La razón de la moderada ira inicial de China causó una disculpa israelí y el pago de una compensación que le ayudó a no rebajarse.
China también entendió que la cancelación del acuerdo fue incitada por los Estados unidos, no por Israel, que de hecho salió perdiendo. A pesar de que la cancelación fue costosa para este último, era necesario preservar la salud de las relaciones estratégicas de Jerusalén con Washington. Lo que debía preservar Israel es su permanencia en el tiempo, la eutaxia del estado, sin Estado no hay negocios, no hay prácticamente nada.
Como en 1999, Israel tuvo que acceder a los deseos estadounidenses. Por supuesto, dos semanas después de la visita de Pompeo, IDE Technologies, una empresa israelí, fue anunciada como la ganadora de la licitación en la construcción de la gran planta de desalinización israelí, dejando fuera a la empresa china Hutchison Whampoa.
Dicen medios israelíes, las relaciones de Israel con los Estados Unidos son críticas, pero deben mantenerse de tal manera que se minimice el daño a las relaciones israelíes con China. Esto significa evitar situaciones en las que los chinos se sientan humillados. Las relaciones entre Israel y China no compiten con las relaciones entre Israel y los Estados Unidos, pero son valiosas y ventajosas, e Israel no debería renunciar a ellas por completo.
De lo que deben preocuparse es que Estados Unidos no les dé la espalda, ya que China, en lo que más le debería importar a Israel ya le dieron la espalda. Es vergonzosa la lógica de estos mercaderes.
«Jerusalén debe dejar claro a Washington que Israel está eligiendo a los Estados Unidos, pero también debe aclarar a China que no tiene más remedio que aceptar las demandas de los estadounidenses, dada la dependencia de Israel de ese país. Además, Israel debería reiterar a Pekín lo mucho que valora su relación y espera desarrollarla aún más y puede ofrecerse a establecer un canal tranquilo para el diálogo entre los Estados Unidos y China, que podría funcionar en beneficio de todas las partes».
Siguen con la misma estupidez los medios, esto es lo bueno cuando se vive una Guerra Fría, los países deben definirse, y deben dejar de pasarse de listos, eso deberían entender la clase politica israelí y no pecar de imprudencia política.
Israel eligió a la empresa local IDE technologies para construir la mayor planta desalinizadora del mundo, anuncio el gobierno, en lugar de una empresa china, evitando así otro indeseable enfrentamiento con la administración Trump por la participación china en grandes proyectos de infraestructura.
Tres grupos se presentaron a la licitación para construir Sorek 2, una asociación público-privada (PPP) que será la planta de desalinización más grande del mundo cuando esté terminada en 2023. Entre ellos se encontraba la Compañía Hutchison Israel, filial de la Compañía Hutchison china con sede en Hong Kong.
Los Estados Unidos habían pedido a sus aliados, incluido Israel, cortar los lazos con China –el tercer mayor socio comercial de Israel– en las zonas con riesgos de seguridad, un funcionario de Estados Unidos con conocimiento de las charlas sobre el asunto lo dijo la semana pasada.
La administración Donald Trump señaló específicamente la posible participación de Hutchison en la construcción de la planta desalinizadora, que estará en el kibutz Palmachim y costará más de 5 mil millones de NIS. Además de ser un importante proyecto de infraestructura para Israel, la planta está cerca del Centro Nuclear Sorek y de la base aérea de Palmachim.
La preocupación de los Estados Unidos por la participación de las empresas chinas en los principales proyectos de infraestructura en Israel en los últimos años, se debe en parte a la capacidad de los agentes chinos para reunir información de inteligencia mientras trabajan en ellos, así como a las enormes pérdidas económicas, sociales y ambientales, e incluso las víctimas, que se podrían infligir si esa infraestructura resulta dañada.
La declaración oficial del Ministerio de Finanzas, el Ministerio de Energía y el Ministerio de Recursos Hídricos no menciona a Hutchison ni a China y simplemente afirma que la empresa IDE Technologies, con sede en Kadima, que se asoció con el Banco Leumi, presentó la oferta ganadora de la PPP, prometiendo agua desalinizada a un costo aproximado de 1.45 NIS por metro cúbico (cu.m.) unos 65 agorot más baratos que todas las soluciones de desalinización actuales.
Se espera que el costo reducido ahorre a los hogares un total de 3.300 millones de NIS durante la vida útil de la planta, que se espera que produzca 200 millones de metros cúbicos de agua potable por año, aumentando la producción anual de agua desalinizada del país en un 35% hasta 785 millones de metros cúbicos, aproximadamente el 85% de las necesidades de agua de los hogares y del municipio de Israel. IDE Technologies, una subsidiaria de Alpha Water Partnership, era anteriormente el único propietario de la instalación de Sorek A, pero vendió sus acciones en febrero de 2019 para presentar una oferta para el último proyecto de desalinización.
Estados Unidos exige que Israel tome partido en la nueva «guerra fría» con China.
En Israel, la defensa siempre ha estado en primer lugar, así que cuando el secretario de Estado de Estados Unidos Mike Pompeo hizo una visita apresurada a Jerusalén en medio de la crisis del coronavirus (COVID-19), la mayoría de la gente pensó que estaba relacionada con cuestiones de defensa o los recientemente anunciados planes israelíes para aplicar su soberanía en Judea y Samaria.
A diferencia de Israel, donde la defensa es lo primero, para los estadounidenses se trata también de dinero, pero un dinero que pone en riesgo la defensa. Los israelíes se sorprendieron al saber que la razón por la que Pompeo salió del bloqueo en Estados Unidos y voló a Israel en ese momento fue para advertir a Jerusalén contra la expansión de la cooperación económica con China.
La inusual visita tenía por objeto señalar a Israel que la guerra ya había comenzado y que pronto tendría que elegir un bando. Esta vez no será sólo una guerra comercial. Los mapas muestran una nueva guerra fría entre los Estados Unidos y China, y como la guerra fría original con Rusia, será imposible para Israel estar en un campo en la frontera equivocada. Ya que es sin duda un aliado de los Estados Unidos, que es garante de su existencia.
Por otra parte, el conflicto de Estados Unidos con China, que antes de la crisis decían los medios, que China debería haber superado a los Estados Unidos como la mayor economía del mundo, no será fácil para el nuevo ministro de relaciones exteriores israelí, Gabi Ashkenazi. Israel ha hecho grandes esfuerzos en los últimos decenios para ampliar sus relaciones comerciales con China, y esos esfuerzos han dado fruto en los últimos años. Pero deben tener claro sus prioridades.
Los acontecimientos en el escenario mundial podrían obligar al Gobierno de Israel a borrar esos procesos. La próxima guerra, una de tantas, se llamará «guerra de la cadena de suministro», y ya ha comenzado a avanzar. «Estas estúpidas cadenas de suministro que están en todo el mundo… Y no hay mucho del mundo que vaya mal, y todo es un desastre», dijo el presidente Donald Trump en una entrevista con Fox Business Network que fue transmitida en vivo el jueves cuando Pompeo fue a Israel. «Deberíamos tenerlos a todos en los Estados Unidos», concluyó Trump.
Unas horas después de la entrevista, Taiwan Semiconductor Manufacturing Co. Ltd. (TSMC), que cotiza en la lista de New York y Taipéi, anunció que construiría una nueva planta de fabricación de 12 mil millones de dólares en Arizona. No fue una mera coincidencia, sino el resultado de la constante presión de la administración de Trump, que no quería que TSMC suministrara sus chips al fabricante chino de teléfonos móviles Huawei.
TSMC también produce chips para Apple, NVidia y Qualcomm. El viernes, el Departamento de Comercio de Estados Unidos dijo que estaba tomando medidas para limitar la capacidad de Huawei de fabricar y recibir chips semiconductores utilizando software y tecnología de fabricación estadounidense.
El establecimiento de la planta TSMC en Arizona, marca el comienzo de una campaña de puesta a tierra, un término que prevalecerá en los próximos años. Los decenios de globalización que comenzaron tras el fin de la Guerra Fría y la caída del bloque soviético han acelerado la distribución de las operaciones de producción en zonas de bajo costo. Así, el mundo anterior a la COVID-19 se enfrentó a China y a Asia oriental como su fábrica.
La pandemia mundial y la interrupción de la cadena de suministro que la causó, reveló un alto nivel de dependencia de esa parte del mundo, especialmente cuando Apple dijo que no lograría sus objetivos del primer trimestre debido al cierre de sus fábricas en China. No se trata sólo de la TSMC. Intel ya está expandiendo sustancialmente su antigua fábrica en Arizona y supuestamente está negociando otra instalación de producción allí.
Como potencia tecnológica, Israel se encuentra en el fondo de un caldero, entre otras cosas porque China ve a Israel como un medio para lograr la superioridad tecnológica que tanto teme Estados Unidos. Este tema es tan importante para Beijing que la embajada china en Israel escribió una carta abierta en respuesta a la visita de Pompeo, publicada por el periódico israelí de habla inglesa The Jerusalem Post, para que los estadounidenses también puedan leerla.
En la carta, un funcionario de la embajada negó la retórica anti china de Pompeo, llamó a los israelíes «amigos judíos» y explicó que los estadounidenses tenían la culpa de la terrible situación actual porque, a pesar de las advertencias de Beijing, «perdieron la oportunidad». Pero el corazón de la carta vino a mostrar lo poco que Israel se involucra en las inversiones chinas.
La carta lamentaba que, a finales de 2018, la inversión china en Israel era sólo el 0.4 % del total de la inversión china en el mundo y el 3% del total de la inversión extranjera en Israel. «En los últimos cinco años, sólo el 4% de las inversiones en las industrias tecnológicas de Israel procedían de China, y sólo el 3% de los acuerdos de fusiones y adquisiciones entre empresas israelíes de reciente creación fueron realizados por empresas chinas. La inversión de China en estos años es todavía menos de una sola adquisición de Intel».
La referencia a Intel tampoco es una coincidencia. Gran parte de las exportaciones de Israel a China son el resultado del gigante americano de los semiconductores, que también es una parte central de estas «estúpidas cadenas de suministro», que dijo Trump. Aunque las exportaciones a China son infinitamente más pequeñas en volumen que las exportaciones de Israel a los Estados Unidos, el mayor socio comercial de Israel, están creciendo rápidamente.
El comercio de mercancías con China creció un 140% entre 2014 y 2018. También se observó un rápido crecimiento en el sector de los servicios, que aumentó un 9% hasta alcanzar los 735 millones de dólares en 2019. Esta cifra es importante porque refleja principalmente el trabajo de los centros de investigación de las empresas chinas en Israel, que puede ser uno de los temas sensibles que Israel tendrá que abordar a medida que se intensifique el conflicto entre China y los Estados Unidos.
Uno de esos centros de desarrollo es Toga Networks Ltd., una subsidiaria de Huawei, enemiga de Estados Unidos. En medios israelíes dicen que las cifras sugieren que Israel tiene mucho que perder si se ve obligado a elegir por una de las partes. Sostienen estos medios, que el mejor escenario sería esperar que Donald Trump se distrajera con su campaña de reelección y que mientras tanto Israel pudiera seguir caminando sobre la valla.
No se puede creer que puedan razonar así, es un razonamiento estúpido y cobarde que da la razón a aquellos que los califican de fenicios, que lo único que les importa es el dinero. Sin el apoyo de los Estados Unidos estarían realmente, no caminando sobre la valla, sino en caída libre.
8 de junio de 2020.