

EN EL NOMBRE DEL PADRE
NO MOSTRAR A LA DEFENSA
Ricardo Veisaga
Adam Schiff, demócrata y David Nunes, republicano.
En el nombre del padre (In the Name of the Father), es una película basada en el caso de los «Cuatro de Guildford» y los «Siete de Maguirre». En 1974, Gerard «Gerry» Conlon, era un ladronzuelo irlandés poco afecto al trabajo, y junto a su amigo Paul Hill se encontraba robando plomo de los tejados en Belfast. Cuando las fuerzas de seguridad lo ven en el tejado, creen que se trata de un francotirador y asaltan el lugar con vehículos blindados y se produce una revuelta en el barrio.
El IRA (Ejército republicano irlandés) quiere castigarlo por poner en riesgo un depósito de armas, su padre Giuseppe Conlon, lo envía a Londres junto a Paul, para mantenerlos fuera de problemas. Gerry, en Londres, encuentra a su amigo de la infancia Paddy Armstrong, quien vive con unos okupas junto a Carole Richardson y otros jóvenes. Gerry se queda con ellos experimentando el amor libre y las drogas.
Gerry y Hill abandonan la casa, debido a una discusión con un joven que les odia por ser irlandeses, roban dinero del piso de una prostituta y duermen en un parque junto a un vagabundo. Esa misma noche una explosión en un pub de Guildford, mata a cinco y hiere a setenta y cuatro personas. Gerry regresa a Belfast para gastar el dinero robado, la casa familiar es allanada por el Ejército británico y la Gendarmería Real del Ulster, le detienen y es enviado a Gran Bretaña.
Gerry y Hill son interrogados por la policía, y bajo amenazas y torturas, ambos consienten en firmar una confesión tras haber estado detenidos durante siete días bajo la Ley de Prevención del Terrorismo. El inspector Robert Dixon, monta una investigación falsa, y detiene a su padre y a la familia de Gerry de Belfast, y de Londres, los Maguirre, su tía, su marido y sus hijos.
En el expediente policial se incluyen pruebas manipuladas, entre ellas restos de nitroglicerina en los guantes de fregar de la tía de Gerry, y el hallazgo de restos del mismo explosivo en las manos y la ropa de los primos de Gerry, unos adolescentes que no tenían relación con el IRA. El juicio termina con la condena de todos los supuestos implicados, a Gerry, Paul Hill, Paddy Armstrong y Carole Richardson (los Cuatro de Guildford), cadena perpetua.
Su padre es condenado a 12 años, estas condenas no se conmutarán ni cuando el auténtico responsable de los atentados se declara culpable de los mismos cuando es detenido por la policía. Las jerarquías policiales se dan cuenta entonces del crimen que han cometido, pero deciden ocultarlo por el escándalo que puede producirse. Los detenidos serán auxiliados por la abogada Gareth Pierce, que lucha para lograr una revisión del caso. Su padre Giuseppe, morirá en la cárcel en 1980, por tanto, el objetivo de Gerry es limpiar el nombre de su padre.
Tras 15 años de detención, un día Gareth Pierce, solicita unas copias de sus clientes, el encargado de los archivos que actuaba en complicidad con la policía, se encontraba enfermo. El reemplazante ignorando los acuerdos espurios, entrega una cantidad de carpetas, y la abogada, descubre una carpeta con información exculpatoria con una nota adjunta, con la siguiente advertencia: «Not to be show to the defence» (No mostrar a la Defensa).
En 2005, el entonces primer ministro británico, Tony Blair, pidió disculpas por la «terrible experiencia e injusticia» que sufrieron los Cuatro de Guildford y los Siete de Maguirre que fueron encarceladas en relación con aquel atentado. Gerry Conlon, falleció en 2014.
Todos los ciudadanos estadounidenses y de los países que se jactan de ser un Estado de Derecho, tiene que tener a disposición del ciudadano que se enfrenta a la Justicia, todo lo que se averigüe mediante el uso de la maquinaria estatal, no sólo lo que favorece a la acusación, sino también lo que pueda perjudicarla. Y fue esa salvaguarda la que el FBI y el Departamento de Justicia violaron en tratar de armar una conexión rusa en la campaña de Trump.
El memorándum del Congreso sobre la trama rusa, que el demócrata Adam Schiff, trató de impedir su publicación, deja en muy mal lugar al FBI, que actuó como brazo armado del Partido Demócrata. Sorprende que los grandes medios norteamericanos y los internacionales, que llevan más de un año vendiendo una conspiración, para la que no han logrado aportar ni un solo indicio, más bien al contrario, cierran los ojos y elijen ignorar las conjuras evidentes y las abundantes pruebas.
Me refiero a la improbable tesis de que el candidato Trump negoció en secreto con las autoridades rusas para amañar las elecciones a su favor. Bien, esa es la famosa «trama rusa», que dio días de gloria a los principales periódicos y cadenas de televisión estadounidenses, y que cuenta, incluso, con una investigación especial a cargo de Robert Mueller, ex director del FBI que avanza con más pena que gloria.
Queda en evidencia la conspiración (ahora abierta) del establishment, del estado profundo, del estado cloaca o como deseen llamarlo, contra Trump. Basta revisar la prensa, los noticieros, desde las internas republicanas. No empezó el día de la toma de posesión, en medio de marchas y protestas financiadas por Soros o, los jueces entorpeciendo cada medida del Presidente. Aún continúan con las mentiras, como se lee en un periódico europeo, que luego del varapalo recibido dice:
«Los demócratas se alegrarán de saber que la investigación nació a partir de unas palabras que George Papadopoulos, hoy imputado por mentir al FBI, a un diplomático australiano en verano de 2016, no del llamado dossier Steele, manchado de inicio por haber sido encargado por la campaña de Hillary Clinton».
Los periódicos progres hacen suyo aquello del poeta Almafuerte, «no te des por vencido ni aun vencido». Pero, lo peor, lo más peligroso e imperdonable, es la oposición sistemática de las agencias de seguridad o servicios secretos de los Estados Unidos, que han actuado como una quinta columna. Verdaderos traidores, no a Donald Trump, sino al Estado norteamericano.
Hace muy poco tiempo se supo que uno de los hombres de Mueller, el veterano agente del FBI Peter Strzok, tuvo que ser apartado del caso tras conocerse que era un acérrimo enemigo de Trump que había estado intercambiando correos con una colega (y amante) comentando el caso y expresando un furibundo odio por Trump.
El Judicial Watch hizo público correos en los que otro agente y el «número dos» de Mueller, Andrew Weissmann, alababan los intentos judiciales de bloquear todas las órdenes ejecutivas del presidente Trump. También declaró John R. Maguirre, un ex agente de la CIA que trabaja con los contratistas de seguridad (mercenarios, de acuerdo a la incorreción política) de Blackwater que el sucesor de Michael Flynn como director de Seguridad Nacional, General H.R. McMaster colaboró con la NSA en el espionaje del hijo de Donald, Eric Trump, Steve Bannon y otros colaboradores del presidente.
John Maguirre sostuvo que H. R. McMaster, desde su nombramiento mostró una fuerte antipatía por Bannon y por la agenda electoral del presidente, y que habría ocultado información vital al presidente. Los representantes del Partido Republicano dieron a conocer el informe redactado por el equipo del congresista republicano Devin Nunes, en el cual denuncian abusos en el procedimiento que siguió el FBI y el Departamento de Justicia, sobre la campaña de Donald Trump en 2016 y la supuesta actuación de Rusia en su infiltración.
El texto completo, desclasificado por orden del Presidente: 2 de febrero de 2018.
Para: Miembros de la Mayoría de la Comisión Permanente Selecta sobre Inteligencia de la Cámara de Representantes
De: Personal de la Mayoría de la Comisión Permanente Selecta sobre Inteligencia de la Cámara de Representantes
Asunto: Abuso de la Ley de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera en el Departamento de Justicia y la Agencia Federal de Investigaciones.
Propósito:
Este memorándum brinda a los miembros una actualización sobre hechos de importancia relacionados con las investigaciones en curso en el Departamento de Justicia (DOJ) y la Agencia Federal de Investigaciones (FBI) y su utilización de la Ley de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera (FISA) durante el ciclo de las elecciones presidenciales de 2016. Nuestros hallazgos, que se detallan abajo, 1) despiertan preocupación sobre la legitimidad y la legalidad de ciertas interacciones del DOJ y el FBI con el Tribunal de Vigilancia de la Inteligencia Extranjera (FISC) y 2) representa una ruptura preocupante de los procesos legales establecidos para proteger al pueblo estadounidense de los abusos vinculados con los procesos de la FISA.
Actualización de la Investigación
El 21 de octubre de 2016 el DOJ y el FBI solicitaron y recibieron una orden de la FISA basada en causa probable (no según el Subcapítulo VII) que autorizó al FISC la vigilancia electrónica de Carter Page. Page es un ciudadano estadounidense que cumplió funciones de asesor voluntario de la campaña presidencial de [Donald] Trump. En cumplimiento de los requisitos de la FISA, su aplicación tendría que haber sido certificada primero por el director o el subdirector del FBI. Luego necesitaba de la aprobación del Fiscal General, el Fiscal General Adjunto (DAG) o el Fiscal General Auxiliar de la División de Seguridad Nacional confirmado por el Senado.
El FBI y el DOJ obtuvieron del FISC una orden inicial basada en la FISA para Carter Page y tres renovaciones. En cumplimiento de la ley (50 USC, artículo 1805 d1), una orden FISA sobre un ciudadano estadounidense se debe renovar cada 90 días ante el FISC y cada renovación exige un hallazgo separado de causa probable. El ex director James Comey firmó tres de las solicitudes FISA en cuestión en nombre del FBI, y el subdirector Andrew McCabe firmó una. La ex DAG Sally Yates, el entonces DAG interino Dana Boente y el DAG Rod Rosenstein firmaron al menos una o más solicitudes FISA cada uno, en nombre del DOJ.
Dada la naturaleza delicada de la actividad de la inteligencia extranjera, las solicitudes ante la FISA (incluidas las renovaciones) son secretas. Por ende, la confianza pública en la integridad del proceso que marca la FISA depende en la capacidad de los tribunales para hacer que el gobierno se comporte según los estándares más elevados, en particular dado que tiene que ver con la vigilancia de ciudadanos estadounidenses. Sin embargo, el rigor con que el FISC protege los derechos de los nacionales, que se refuerza con la renovación de las órdenes de vigilancia cada 90 días, depende necesariamente de que el gobierno presente ante los tribunales todos los materiales y los hechos relevantes. Esto debería incluir la información que el gobierno conozca que sea potencialmente favorable al sujeto que es el objetivo de la solicitud FISA. En el caso de Carter Page, el gobierno tuvo al menos cuatro oportunidades independientes ante el FISC para presentar con precisión un recuento de los datos relevantes. Sin embargo, nuestros hallazgos indican que, tal como se describe más bajo, se omitieron materiales e información relevante.
1) El dossier que compiló Christopher Steele (Dossier Steele) en nombre del Comité Nacional Demócrata (DNC) y la campaña de Hillary Clinton constituye una parte esencial de la solicitud FISA para Carter Page. Steele fue una fuente antigua del FBI a quien el DNC y la campaña de Clinton pagaron más de USD 160.000 por medio del bufete de abogados Perkins Coie y la compañía de investigaciones Fusion GPS para que obtuviera información negativa sobre los vínculos de Donald Trump con Rusia.
a) Ni la solicitud FISA inicial de octubre de 2016 ni las renovaciones revelaron o aludieron al papel de la DNC, la campaña de Clinton o cualquier partido o campaña en la financiación de los intentos de Steele, aunque por entonces los funcionarios superiores del DOJ y el FBI conocían los orígenes políticos del Dossier Steele.
b) La solicitud FISA inicial señala que Steele trabajaba para una persona estadounidense identificada, pero no nombra a Fusion GPS o el director Glenn Simpson, a quien pagaba un bufete de abogados estadounidense (Perkins Coie) que representaba al DNC (a pesar de que el DOJ sabía en el momento que había actores políticos involucrados en el Dossier Steele). La solicitud no menciona que Steele, en el fondo, trabajaba para —y era pagado por— el DNC y la campaña de Clinton, o que el FBI había autorizado un pago separado para Steele por la información.
2) La solicitud FISA para Carter Page también citó ampliamente un artículo del 23 de septiembre de 2016 publicado en Yahoo News por Michael Isikoff, que se centra en el viaje de Page a Moscú en julio de 2016. Este artículo no corrobora el Dossier Steele porque se deriva de información que el propio Steele filtró a Yahoo News. La solicitud FISA de Page sostiene erróneamente que Steele no dio información de manera directa a Yahoo News. Steele ha reconocido en presentaciones ante la justicia británica que se encontró con Yahoo News —y varios otros medios— en septiembre de 2016 en la dirección de Fusion GPS. Perkins Coie estaba al tanto de esos contactos iniciales de Steele con los medios porque fue la sede de al menos un encuentro en Washington DC en 2016 entre Steele y Fusion GPS en el que se discutió este tema.
a) Steele fue suspendido y luego cancelado como fuente del FBI por lo que el FBI define como la más seria de las infracciones: una revelación a los medios, no autorizada, sobre su relación con el FBI en un artículo del 30 de octubre de 2016 publicado en Mother Jones por David Corn. Steele tendría que haber sido exonerado por sus anteriores contactos no divulgados con Yahoo y otros medios en septiembre, antes de que en octubre se enviara al FISC la solicitud para Page, pero Steele lo ocultó al FBI de manera impropia y mintió [al FBI] sobre esos contactos.
b) Los numerosos encuentros de Steele con los medios infringieron la norma central del manejo de las fuentes —mantener la confidencialidad— y demostraron que Steele se había convertido en una fuente menos que confiable para el FBI.
3) Antes y después de que Steele fuera eliminado como fuente, mantuvo contacto con el DOJ por medio de entonces asistente asociado del Fiscal General Bruce Ohr, un oficial superior del DOJ que trabajaba cerca de los fiscales generales adjuntos Yates y luego Rosenstein. Poco después de la elección, el FBI comenzó a interrogar a Ohr, y documentó sus comunicaciones con Steele. Por ejemplo, en septiembre de 2016 Steele reconoció ante Ohr sus sentimientos contra el entonces candidato Trump, cuando Steel dijo que él «estaba desesperado porque Donald Trump no fuera elegido y estaba enardecido porque no fuera presidente». Esta prueba clara de la parcialidad de Steele fue registrada por Ohr en su momento y luego en archivos oficiales del FBI, pero no se reflejan en ninguna de las solicitudes FISA para Page.
a) Durante ese mismo periodo, Fusion GPS empleó a la esposa de Ohr para que ayudara en el cultivo de la investigación opositora a Trump. Más tarde Ohr brindó al FBI toda la investigación de la oposición de su esposa, que pagaron el DNC y la campaña de Clinton mediante Fusion GPS. La relación de los Ohr con Steele y Fusion GPS se ocultó, inexplicablemente, al FISC.
4) Según el titular de la división de contrainteligencia del FBI, el director auxiliar Bill Priestap, la corroboración del Dossier Steele se hallaba «en pañales» en el momento de la primera solicitud FISA para Page. Luego de que se exonerase a Steele, un informe sobre validación de fuentes realizado por una unidad independiente dentro del FBI evaluó el informe de Steele como mínimamente corroborado. Y sin embargo, a comienzos de enero de 2017 el director Comey informó al presidente electo Trump sobre un resumen del Dossier Steele, a pesar de que era —según su testimonio en junio de 2017— «escandaloso y sin verificación». Mientras que la solicitud FISA se apoyaba en el registro pasado de informes creíbles de Steele sobre otros asuntos no relacionados, ignoró u ocultó su financiamiento anti-Trump y sus motivaciones ideológicas. Más todavía, el subdirector McCabe testificó ante el Comité en diciembre de 2017 que, sin la información del Dossier Steele, no se hubiera procurado ninguna orden de vigilancia del FISC.
5) La solicitud FISA para page también menciona información sobre otro miembro de la campaña de Trump, el asesor George Papadopoulos, pero no hay pruebas de ninguna cooperación o conspiración entre Page y Papadopoulos. La información sobre Papadopoulos causó la apertura de una investigación de la contrainteligencia del FBI a finales de 2016, del agente del FBI Pete Strzok. La Oficina del Consejo Asesor reasignó a Strzok en Recursos Humanos del FBI debido a los mensajes de texto impropios con su amante, la abogada del FBI Lisa Page (ninguna relación con Carter Page que se conozca), en los que ambos demostraron un claro prejuicio contra Trump y en favor de Clinton, a quien Strzok también habían investigado. Los textos entre Strzok y Lisa Page también reflejan largas conversaciones sobre la investigación, la organización de filtraciones a los medios e incluyen un encuentro con el subdirector McCabe para hablar sobre una póliza de «seguro» contra la elección del presidente Trump.
¿Cómo empezó la conspiranoia? Mientras las elecciones primarias avanzaban, los tontuelos de siempre se reían de Trump, pero el establishment estaba preocupado, sobre todo en el entorno del candidato Jeb Bush. Paul Singer, un multimillonario, nacido en New York, fundador de Elliot Management Corporation, conocido en Argentina como «Fondos buitres», inversor de alto riesgo, donante del partido republicano y de la web conservadora The Washington free Beacon, y en ese momento de Jeb Bush, le encargó una investigación a Fusion. Luego pasaría el dossier a Jeb, Singer abandonó la campaña cuando triunfó Trump.
Los nuevos clientes serían el Comité Nacional Demócrata (DNC), Marc E. Elias, abogado, que trabajaba en la campaña de Hillary, tenía nexos con Fusion y recibía sus informes. Hay que decir que la existencia del dossier era un secreto a voces, se habla de copias que habrían llegado a distintas manos.
El ex espía británico del M16, Christopher Steele.
El 18 de noviembre, el senador John McCain, hombre del establishment, se encontraba en la ciudad de Halifax, Canadá, en el Foro de Seguridad Internacional. En esa reunión fue presentado a un ex diplomático de alto rango, que habría visto los documentos, conocía su fuente y lo consideraba confiable.
McCain decidió conocer la fuente y averiguar más sobre el tema, un emisario organizó el viaje y se encontró con la fuente en un aeropuerto, de un país no especificado, como en una novela de espías, McCain tuvo que buscar a un hombre con una copia del Financial Times. El oficial de contrainteligencia condujo al emisario a su casa, donde discutieron los documentos y sus antecedentes.
El emisario voló a encontrarse con McCain y le mostró los documentos, pero le advirtió que sería difícil o imposible verificarlos sin una adecuada investigación.
John McCain temía involucrarse, sin embargo, el 9 de diciembre, McCain organizó una reunión con Comey, a solas, sin ayudantes presentes, y se los entregó. «Al examinar los contenidos y no poder emitir un juicio sobre su exactitud, entregué la información al Director del FBI. Ese ha sido el alcance de mi contacto con el FBI o cualquier otra agencia gubernamental con respecto a este tema», diría con posterioridad. En el mundo del espionaje no se rigen con normas morales, en el mercado de los trapos sucios todo vale y se vende a cualquier cliente.
En la primavera de 2016, Glenn Simpson, fundador de Fusion GPS, acudió a Steele, su nuevo amigo y colega, y Steele, comenzó a investigar a Paul Manafort, nuevo director de campaña de Trump. Desde abril Steele investigó a Trump para la DNC, en junio de 2016, escribió su primer memorándum (escribiría un total de 16, entre junio y noviembre) y lo envió a Fusion en un correo cifrado, bajo el siguiente título: «Elecciones presidenciales de Estados Unidos: las actividades del candidato republicano Donald Trump en Rusia y su relación comprometedora con el Kremlin».
En dicho informe hablaba de las «obsesiones personales y la perversión sexual de Trump», durante el viaje que el empresario había realizado a Moscú en 2013, y en el que había profanado deliberadamente el «lecho» ocupado por Obama en el hotel Ritz-Carlton, y que habría realizado el espectáculo de la lluvia dorada con las rusas.
Se cree que pasó una copia al servicio de inteligencia de su propio país, por eso el responsable de la GCHQ, la agencia de inteligencia británica, Robert Hannigan, viajó a Estados Unidos para informar personalmente al director de la CIA, John Brennan. Según Hannigan el dossier Steele era «una patata radioactiva».
La filtración de Edward Snowden mostró la estrecha relación entre la GCHQ y la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) y que aun forman parte de la alianza de espionaje Five Eyes (Cinco Ojos) entre Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Canadá y Nueva Zelanda. En el mes de julio, Steele realizó contactos en la división de contrainteligencia del FBI. En septiembre Steele, viajó a Roma por segunda vez, y se reunió con un equipo del FBI, y la reacción del FBI, fue de «conmoción y horror».
La oficina federal le pidió que explicara cómo había recopilado sus informes y el historial de sus fuentes, y que en el futuro enviara copias de todas ellas. La Oficina no logró contrastar los hechos como ciertos, ni siquiera en contacto con el autor. Steele ya no podía viajar a Rusia y no podía interrogar a sus fuentes, y encargó esa tarea a otros, de una larga y delicada cadena de intermediarios, subfuentes, agentes operativos, etc.
El informe permaneció dormido hasta el 31 de octubre, según relata el diario británico The Guardian, su autor decidió contárselo a David Corn, director del digital Mother Jones, quien publicó la noticia por primera vez. El The New York Times, publicó afirmando que el FBI no encontró un «vinculo concluyente o directo» entre Trump y los rusos.
El informe se filtró rápidamente, primero a CNN, que informó sobre el material. Eso desencadenó una controvertida decisión de BuzzFeed de publicar una versión no revisada de los documentos en su sitio web. No está claro de dónde vino la versión de BuzzFeed. El autor había insistido en borrar las referencias a sus fuentes rusas en las copias que daba a la prensa, por temor a su seguridad. La versión sin redactar podría provenir del cliente original, que encargó la investigación, o de intermediarios entre el contratista de contrainteligencia y el cliente.
La identidad del autor del dossier sobre la trama rusa, Christopher Steele, fue revelada por primera vez por el The Wall Street Journal. Steele es un ex espía británico y trabajó para el MI6, el servicio de inteligencia de Reino Unido. Operó en «la estación Moscú» en los años noventa, también en París y Afganistán. De regreso en Londres, su principal función consistió en analizar la información secreta obtenida sobre Rusia por sus sucesores.
Tras dejar su trabajo con el gobierno, fundó en 2009 junto a otros ex agentes la firma «Orbis Business Intelligence», con sede en Londres, que se describe como una consultora de inteligencia corporativa. Steele es su director y cuenta con una «red mundial» de expertos y «figuras empresariales prominentes», según la web de la compañía. Steele huyó con su familia apenas se publicó su identidad, un vecino les dijo a los periodistas que el ex espía se había marchado y que le pidió que le diera de comer a sus gatos mientras permanecía ausente.
Jefes del MI-6 dijeron a Daily Mirror que el ex espía podría estar escondido en un lugar seguro fuera de Reino Unido. «Una vez su nombre salió a la luz se creyó que su vida estaba en peligro, así que se tomaron los pasos necesarios para protegerle», dijo la fuente al medio británico. Los medios antiTrump, dicen que Steele era un eximio y serio agente, sin embargo, el Jefe del M16, lo calificó de «idiota» por el débil informe sobre Trump.
Carter Page. Es el miembro de la campaña de Trump para quien el FBI obtuvo autorización judicial para investigar, conseguida, según el informe, en la información proporcionada por Steele. Sin embargo, el FBI seguía a Page desde hacía varios años por sus contactos con Rusia, que incluyeron reuniones con un espía ruso en New York en 2013. Durante la campaña, ya dentro del equipo de Trump, siguió sus contactos con Rusia. La campaña le despidió cuando salieron informaciones de que era investigado por el FBI y minimizó su papel durante las elecciones.
El FBI en octubre de 2016 por primera vez solicitó a un tribunal confidencial establecido bajo la ley de Vigilancia de Inteligencia Exterior (FISA), espiar sus comunicaciones. Tres de esas solicitudes las aprobó el entonces director del FBI, James Comey, que fue despedido en mayo de 2017, y otra la firmó el que fuera director en funciones hasta agosto del año pasado, Andrew McCabe, que renunció a su puesto hace pocos días.
Tres dirigentes del Departamento de Justicia dieron su aprobación a la solicitud judicial de vigilancia: Sally Yates, Dana Boente y Rod Rosenstein, de los cuales los dos últimos siguen en activo en el Gobierno de Trump. Sally Yates, fue la autora de que el Departamento de Justicia se negara a defender las órdenes migratorias del presidente Donald Trump.
El informe acusa a todos esos funcionarios de «ignorar u ocultar» en su solicitud judicial «las motivaciones financieras e ideológicas en contra de Trump» de una de las fuentes del FBI: el ex espía británico Christopher Steele. Fue el chivatazo de Steele «una parte esencial» que convenció al FBI para solicitar la vigilancia de Carter Page.
Bruce Ohr. En el momento de la petición de vigilancia de Page, era un alto cargo del Departamento de Justicia y mantenía contacto con Steele. Bruce Ohr, era muy cercano a Rod Rosenstein, en septiembre de 2016, Steele le confesó que estaba «desesperado» por evitar el triunfo de Trump y «dedicado a que Trump no fuera elegido presidente».
Bruce Ohr, entró en pánico cuando la Fox News informó que Nellie Ohr, esposa del ex subprocurador general adjunto, Bruce Ohr, había trabajado para Fusion GPS durante la campaña electoral del 2016, cuando esa compañía estaba trabajando sobre el informe en contra de Trump, lo cual forma el meollo del Rusiagate. Luego del despido de Ohr, se supo que él se había reunido en secreto en el 2016 con Glenn Simpson, fundador de Fusion GPS, y con el propio Steele. Bruce Ohr, también fue despedido de su puesto de Jefe de operativo contra el crimen organizado y antidrogas del Departamento de Justicia.
Andrew McCabe. Acaba de dejar su puesto de número dos en el FBI, después del escándalo, y el informe, asegura que McCabe dijo ante el Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes que «no se hubiera buscado la autorización para la vigilancia sin la información del dossier de Steele». Es decir, que el dossier fue esencial para autorizar la vigilancia de Page.
Su esposa Jill, en el 2015, cuando compitió por un escaño para el Senado, en Virginia, recibió 675.288 dólares, de dos entidades asociadas con el gobernador demócrata Terry McAuliffe, considerado el «mejor amigo» de Bill Clinton. En esos momentos Andrew McCabe participaba de la investigación del FBI, sobre los correos electrónicos de Hillary.
El matrimonio McCabe, también estuvo presente en la fiesta preparada para Hillary, frustrada por el triunfo de Trump. De los tres dirigentes que dieron su beneplácito, Sally Yates, Dana Boente y Rod Rosenstein, solo dos quedan en activo. Rosenstein, número dos del Departamento de Justicia y Dana Boente, que desde hace unas semanas es el abogado general del FBI. El memorándum dice, que en sus solicitudes el tribunal, el FBI y el Departamento de Justicia, omitieron «información material relevante» sobre su fuente.
Rod Rosenstein. Es un «viejo topo» en el gobierno de Trump, como sostuve hace unos meses, es el más afectado de todos, aun continúa en el gobierno como vice fiscal general. Después de que el fiscal general, Jeff Sessions, se recusara en la trama rusa, Rosenstein fue el encargado de nombrar a Mueller como investigador especial, además de ser su supervisor.
El informe podría ser la excusa que Trump necesitaba para eliminar a Rosenstein. Trump no puede despedir a Mueller sin el permiso del encargado de supervisar la investigación en el Departamento de Justicia, Rod Rosenstein, por lo que, en teoría, podría usar el informe para deshacerse primero de Rosenstein y luego del fiscal especial. El secretario de Justicia de Estados Unidos, Jeff Sessions, sin poder sobre la investigación rusa porque decidió inhibirse de las decisiones sobre el tema, evitó defender a Rod Rosenstein en un comunicado, y dijo que el Departamento que dirige «no es perfecto».
Donald Trump dijo el pasado sábado: «El informe reivindica totalmente a ‘Trump’ en la investigación», y añadió «Pero la caza de brujas rusa sigue y sigue». Tras ordenar la publicación del memorándum sostuvo, «Es terrible, es una vergüenza lo que está pasando en este país. Mucha gente debería sentirse avergonzada de sí misma», y consultado sobre el futuro de Rod Rosenstein, dijo: «Deduzcan ustedes lo que va a pasar», que podría ser acusado de negligencia, y es quien tiene poder sobre la investigación del fiscal especial Robert Mueller.
Rosenstein debería autorizar el despido de Mueller, lo que no sucederá, ya que fue puesto para solicitar un impeachment contra Trump, Mueller no puede ser imparcial desde el mismo momento que trabajan con él, gente que colaboró en la Fundación de Hillary.
La sociedad secreta. ¿Se acuerdan de Strzok? es el ex agente del FBI, mano derecha de Robert Mueller en la principal investigación sobre la trama rusa. Strzok puso en apuros la ya cuestionada investigación cuando se supo por correos que intercambiaba con Carter Page que era un furibundo antitrumpista y fan de Hillary Clinton.
Eso no lo creyeron los investigadores, pero a partir de los correos enviados y recibidos por agentes del FBI antitrumpistas, que a poco de tomar Trump posesión de su cargo se formó una «sociedad secreta» compuesta por agentes y altos funcionarios del Departamento de Justicia para echar a Trump de la Casa Blanca.
Lo de «sociedad secreta» es bastante literal, así dice el propio diputado por Texas John Ratcliffe que se referían a ella Strzok y Carter Page en sus correos. Se trata de un documento de 384 páginas solicitado por los investigadores del Congreso al Departamento de Justicia y que fue entregado, del que faltan curiosamente los mensajes de cinco meses (desde el 14 de diciembre de 2016, cuando Mueller se hace cargo de la investigación, al pasado 17 de mayo).
En declaraciones Ratcliffe, afirmó que: «hoy hemos sabido a partir de esta información que inmediatamente después de las elecciones pudo haberse formado una sociedad secreta de personas dentro del Departamento de Justicia y del FBI, incluyendo a Page y Strzok, que estaría actuando contra [el presidente]».
Los casos de Paul Manafort, Rick Gates y George Papadopoulos, un ex asesor de la campaña de Trump, fue un manotazo de ahogado de Mueller, los dos primeros fueron acusados de lavado de dinero y evasión de impuestos. Las causas imputadas a ambos son de 2012 y no tienen nada de relevante que lo vincule con la trama rusa. Papadopoulos, fue pasante en el Hudson Institute en 2011, en diciembre de 2015 formó parte del Comité Asesor de Seguridad Nacional y Política Exterior de la campaña de Ben Carson para la nominación presidencial republicana de 2016, luego se integró al equipo del presidente Trump como asesor de política exterior.
Se acusó a Papadopoulos de enviar correos electrónicos sobre (no a) Putin a siete oficiales de campaña, y por reunirse entre el 14 y 21 de marzo con un profesor ruso, que supuestamente le entregaría información perjudicial sobre Hillary. La portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, dijo que Papadopoulos fue «un voluntario más» de las decenas que hubo en la campaña y minimizó su impacto y relación con el actual gobierno.
«Poca gente conocía al joven, voluntario de bajo nivel llamado George, quien ya ha demostrado ser un mentiroso. ¡Revisen a los DEMÓCRATAS!», afirmó Trump entonces en su cuenta de Twitter.
Lo que no se explica por qué, si el FBI tenía información negativa sobre Manafort, no lo advirtió al equipo de Trump, por razones de seguridad deberían haberlo hecho. Pero cualquiera con sentido común y que no sea antitrump, sabe que fue parte de la trampa. La imputación a estas personas fue una maniobra de «apriete» para conseguir algo, un disparo al bulto, muy mafioso, típico de policías de pueblo.
Lo único escandaloso en esto es la conexión de la Fundación Clinton, de la ex Secretaria de Estado y la venta de uranio a Rusia, como la decisión del partido Demócrata de pagar a un espía británico para fabricar un informe negativo sobre Trump. Lo que se está destapando, en lugar de la inexistente «trama rusa», es una verdadera conspiración llevada a cabo por una Administración y unos servicios secretos hostiles a Trump para entorpecer sus planes y, si es posible, encontrar alguna razón para desalojarle de las Casa Blanca.
Es imposible esperar una investigación imparcial y objetiva de individuos que demuestran semejante animadversión hacia Trump, que es la línea oficiosa del departamento. Mucha gente entiende que la reputación del FBI está afectada negativamente y tiene dudas sobre su imparcialidad. Lo cierto es que el FBI ha abusado de las órdenes FISA y de mentir a los tribunales desde hace años.
Chris Swecker, que sirvió a la agencia por 24 años, afirmó que durante los últimos años «ha habido muchas controversias, pero nunca acusaciones de que el FBI se haya convertido en una herramienta política para una u otra parte, o para una ideología política u otra».
Parece ser que Chris Swecker sufre de amnesia, la historia del FBI evidencia que en ocasiones fue utilizada como una herramienta política al servicio del poder, empezando por sus orígenes, cuando el presidente Teddy Roosevelt puso en 1908 los pilares de la agencia, inicialmente llamada «Bureau of Investigation» (BOI).
Al prófugo Christopher Steele, le vendieron «carne podrida» como se suele llamar en la jerga de los espías, y él la revendió. Entiendo que este memorándum no va a acabar con la investigación del fiscal Mueller, que a estas alturas no ha descubierto nada, que se sepa. O mejor dicho lo único que se sabe es que nació mal parida y con toda la mala leche, a menos que Trump tomé las medidas que estuvo evitando tomarlas.
Ni van acabar los fake news, ni los medios al servicio del establishment, como el The Washington Post, que lleva como lema: «La democracia muere en la oscuridad», justamente ellos que son el brazo político del partido Demócrata. Importa un pito el régimen político, lo único que importa es la eutaxia del Imperio estadounidense.
Tony Blair, pidió disculpa a los familiares de los injustamente encarcelados, aquellos que fueron condenados y se les negó la información necesaria para su defensa. ¿Quién le va a pedir disculpas a Trump y a los ciudadanos? ¿Quién se va a hacer cargo del Not to be shown to the defence? El establishment quiere ser juez y parte, dueño del patíbulo y de la cuerda para que lo use el reo.