

EL RETORNO DE GADAFI
Ricardo Veisaga
Saif Al-Islam Gadafi
En plena rebelión en Libia el entonces líder Muamar Gadafi, dijo: «Si ellos quieren una larga batalla, entonces que sea larga. ¿Si Libia arde quién podrá gobernarla? Que arda». Siete años después Libia es ingobernable; la alguna vez conocida como la joya de África por sus elevados niveles de vida, es actualmente un estado fallido gracias al legado de la OTAN, de la política exterior de Barack Obama y sus secretarios de estado Hillary Clinton y John Kerry.
Ahora Libia es un país con gobiernos rivales, bandas terroristas, tribus enfrentadas, mafias de contrabando humano y sin la infraestructura que alguna vez fue la envidia de sus vecinos. La revuelta contra el gobierno libio de Gadafi llevada a cabo por la OTAN y Arabia Saudita comenzó en febrero del 2011.
La operación militar se denominó «Operación Amanecer de la Odisea». La odisea de la coalición internacional fue un desastre para Libia, para la región y para Europa. Siete años después, el resultado es miles de muertos y la fuga de cientos de miles hacia Europa, Libia no existe como un Estado unido, el país está dividido en tres regiones gobernadas separadamente.
La primera región es Tripolitania al oeste, cuya capital es Trípoli, gobernada por el «Nuevo Consejo Nacional General», que tiene el respaldo de la Hermandad Musulmana, Turquía y Catar. El consejo está compuesto por agrupaciones radicales islámicas agregadas a los secularistas. Está respaldada por muchos miembros de la ONU y la OTAN. En esta región reina la anarquía y las posibilidades de que se convierta en un estado confesional, regido por la Sharia y en un vecino poco confiable para Cirenaica.
La segunda región se encuentra al este en la provincia oriental de Cirenaica, cercana a la frontera con Egipto. Donde otro gobierno rival reclama autoridad sobre toda Libia desde su cuartel general en el Hotel Dar al-Salam en Tobruk. Este gobierno de Tobruk en la región de Cirenaica, es apoyado por el Ejército Nacional de Libia encabezado por un ex oficial del ejército de Gadafi, el Mariscal de Campo Jalifa Haftar.
El Ejército Nacional controla a las ciudades más importantes de Libia como Benghazi, y además fracciones de territorio en áreas hacia el este de Trípoli, cercanas a la frontera con Túnez, en total un 65% del territorio. En Cirenaica, el Mariscal Haftar está en el proceso de crear un estado centralizado, en tanto que en Tripolitania están los islamistas de Misrata, la brigada de Zintan y los bereberes.
La tercera región, responde a sus propios intereses, y es la Provincia de Fezzan situada a lo largo de la frontera occidental con Argelia. El gobierno de Tobruk aspira a controlar Fezzan, pero esta región es en realidad tierra de nadie. Las tribus Tuaregs dominan parte de la región y no aceptan el dominio de Trípoli o Tobruk.
En esta región las tribus, los traficantes de drogas y de personas controlan una amplia área del desierto y trasladan el cargamento humano traído desde varias naciones del África Subsahariana, realizando peligrosas travesías para luego enviarlas en embarcaciones hacia Europa. Están armados hasta los dientes, poseen armamento saqueado de los grandes arsenales de Gadafi y armas que les brindan las facciones libias en guerra traídas por la OTAN y los estados del Consejo de Cooperación del Golfo.
Cuando estalló la rebelión contra el régimen del coronel Muamar Gadafi, en 2011, su hijo Saif al-islam, que entonces era considerado favorito para sucederle en el poder, prometió «quedarse en Libia para defender su territorio o morir como mártir» por el país. Meses después, en octubre, ya con la guerra agonizando tras el asesinato de su padre a manos de milicianos libios pro estadounidenses en Sirte.
El 19 de noviembre de 2011, un grupo de combatientes del Consejo Nacional de Transición (en Zintan) detuvieron a Saif al-islam en la región de Obari, a 800 km al sur de Trípoli (la capital de Libia), mientras Saif intentaba huir por el desierto del Sáhara, Saif iba vestido con ropa tuareg acompañado de sus guardaespaldas.
Fue detenido sin oponer resistencia y trasladado en avión a Zintan, y encarcelado en una mazmorra. Mientras permanecía en poder de las milicias independientes de Zintan, el 28 de julio de 2015 un tribunal en Trípoli lo condenó en ausencia a muerte, por crímenes de guerra, en un falso juicio ampliamente criticado por las fuerzas políticas de Libia, por la ONU y organismos de derechos humanos.
12 de abril fue anunciada su liberación, aunque esta no se produjo en realidad hasta el 11 de junio de 2017. Dicen que fueron los militares libios quienes insistieron en la liberación de Gadafi. Saif no ocupaba ninguna posición oficial en el gobierno de su padre, pero su influencia sobre la política de Libia era importante. Muchos lo vieron en su momento como el sucesor de Muamar.
Saif al-Islam Gadafi, nació en Trípoli, el 25 de junio de 1972, fue el segundo hijo y tuvo cinco hermanos. Cursó estudios y se graduó en arquitectura, y en el 2000, obtuvo el MBA en la Universidad IMADEK de Viena (Austria) donde fue compañero del líder político Jörg Haider, y obtuvo un doctorado de la London School of Economics en 2008.
Durante el gobierno de su padre, encarnó el liderazgo de la facción reformista del grupo del gobierno libio, opuesta a la conservadora. A través de la Asociación de Derechos Humanos, desarrolló campañas para la liberación de los presos políticos con bastante éxito. En 2006 propugnó la promulgación de una Constitución permanente para Libia y realizó críticas contra el sistema político en sus encuentros anuales con los jóvenes libios.
El 20 de agosto de 2008, Saif al-islam declaró que no se involucraría más en asuntos de Estado, rechazando la idea de suceder a su padre, afirmando que el poder «no es una granja que se hereda». Aquella promesa de Saif al-Islam de quedarse en Libia para defender su territorio, hoy está muy cerca de cumplir. Saif Gadafi se encuentra trabajando para regresar a la política; y generando muchas expectativas entre quienes creen que como líder podría salvar al país del caos y la violencia, desde que su padre fue linchado.
Su portavoz, Basem al Hasimi al Sul, declaró al Egypt Today, «Saif al-Islam se presentará a las próximas elecciones presidenciales, que podrían tener lugar a mediados de 2018», agregó que, «cuenta con el apoyo de importantes tribus de Libia». Y que está preparando su plataforma política, «La plataforma incluye algunos procedimientos que Saif al-Islam espera que la ONU aplique para ayudar a Libia a avanzar del actual periodo de transición hacia la estabilidad».
El portavoz agregó que «Saif al-Islam planea imponer más seguridad y estabilidad, según la geografía libia y en coordinación con todas las facciones libias». Su abogado, Jaled al-Zaidi dijo: «Está trabajando en política desde su base en Libia, con las tribus, las ciudades y los que toman las decisiones en el país». «Su objetivo es lograr la paz en Libia», afirmó.
No se sabe con certeza dónde se encuentra Saif al-Islam Gadafi; hay informaciones que le sitúan en Zintan tanto como en las ciudades orientales de Al Baida o Tobruk, sedes de uno de los gobiernos rivales del Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) establecido en Trípoli. Una de las razones de que Saif al-Islam (cuyo nombre en árabe significa Espada del Islam) cumpla su promesa de 2011 es que no puede salir de Libia, ya que enfrenta una orden de arresto del Tribunal Penal Internacional por crímenes de guerra.
Saif Gadafi se reúne a diario con líderes tribales para elaborar una lista electoral, en consonancia con su fama de aperturista de antes de la guerra. «Hay consenso general para apoyar a Saif al-Islam como candidato a las presidenciales. Es la figura más importante capaz de tener éxito en esas elecciones y gestionar el país», dijo Ashraf Abdel Fattah, miembro del Consejo Supremo de las Tribus Libias, al canal de televisión Al Arabiya. «Muchos le ven como la única solución para salvar Libia de su caótica situación y unir filas para luchar contra el terrorismo», añadió.
En el marco actual de Libia, las elecciones parecen una fantasía, pero lo cierto es que la figura de Gadafi es beneficiosa. Ninguna figura política pudo aglutinar a las tribus y a las milicias de ciudades rivales que se disputan el gobierno. Saif Gadafi fue liberado en julio por la milicia Abú Bakr al-Sidiq, vinculada al gobierno del mariscal de campo Jalifa Haftar.
El comandante de las milicias, Ajmal al-Atiri, precisó que Gadafi fue liberado gracias a una «ley de amnistía» promulgada por el Parlamento de Tobruk, si bien las autoridades de Trípoli rechazaron su legalidad. Tras su liberación, el propio Jalifa Haftar indicó que no está en contra de que Saif al-Islam participe en la vida política del país. «Por qué no, si quiere desempeñar un papel político, no hay ningún problema».
En julio de 2016, el Gobierno libio de Trípoli, reconocido internacionalmente reiteró que los cargos impuestos contra Saif, eran «demasiado graves como para ser perdonados». dicen que el hijo de Gadafi se unirá al Mariscal Jalifa Haftar, trayendo consigo a varias tribus; el embargo sobre Libia será retirado y Rusia ofrecerá su ayuda militar al Mariscal Haftar. Este militar, considerado «el nuevo Gadafi» por los libios, tendrá las tropas y las armas suficientes para triunfar y unificar el país.
Moscú dejó claro su apoyo a Jalifa Haftar y confirmó su intención de garantizar la unidad, soberanía e integridad territorial de Libia. Además del apoyo de Emiratos Árabes, de Egipto, temerosos de la llegada de yihadistas desde Libia, tiene el respaldo de Arabia Saudita, y de manera indirecta de Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Italia, y especialmente de Rusia, como demuestra la presencia de Haftar en un portaaviones ruso en enero de 2017.
Saif goza de la amnistía planificada por Haftar, amnistía que alcanza a la viuda de Gadafi y a su hija Aisha. Gadafi hijo, aparentemente tiene el apoyo de una parte significativa de las tribus más poderosas del país. Según Basem Sol, «La gran mayoría de la sociedad libia ansía que Saif al-Islam vuelva a la gran política y se convierta en presidente. Esta es una figura simbólica, capaz de conducir al país hacia la reconciliación nacional». Es cierto que ese apoyo se trata de una posición honorable, pero más bien simbólica, que no otorga poderes reales.
Pero es innegable que el Ejército necesita el apoyo de las tribus en el sur y en el oeste de Libia, que siguen favoreciendo al antiguo régimen, por lo que Saif fue puesto en libertad para unir a la sociedad en la lucha contra los militantes «Hermanos Musulmanes», organización prohibida en Rusia y otros países, que controla Trípoli.
El Mariscal Jalifa Haftar nació en 1943. Tras su graduación en la Academia Militar de Bengasi, continuó su formación en la Unión Soviética. Haftar luchó junto a Gadafi para derrocar al impopular monarca Idris I, un rey pro occidental y amigo de Israel, en 1969. Fue miembro del Consejo del mando revolucionario y Jefe de Estado Mayor de Gadafi hasta 1987.
Haftar fue el comandante de las tropas libias durante la guerra con Chad el año 1986. Luego de caer prisionero, Haftar y su tropa, pasaron a estar bajo el control de Estados Unidos. Haftar fue señalado por Gadafi, como chivo expiatorio, por ello fue llevado a Estados Unidos, junto a un grupo de su estado mayor. Haftar se convirtió en ciudadano estadounidense, y desde su residencia vecina al cuartel de la CIA en Langley, (Virginia) dirigió un grupo armado opositor a Muamar Gadafi con la asistencia de la División de Actividades Especiales (SAD) de la CIA.
Cuando el mariscal Jalifa Haftar, apareció en la escena libia, algunos medios como el The Washington Post y el The New York Times, el nombre de Haftar fue transliterado del idioma árabe al inglés como Hifter, hecho con toda mala intención, que se parece y suena como Hitler. El militar regresó a Libia durante la revuelta del año 2011. Jalifa Haftar pasó a ser el brazo ejecutor del gobierno de Tobruk en su lucha contra el «Nuevo Consejo Nacional General» de Trípoli, por el control de todo el territorio.
Si Haftar decide imponer el orden por la fuerza y restablecer la unidad, para ello necesita armas y, por el embargo internacional impuesto a Libia, actualmente no las puede comprar y necesitará la ayuda de sus aliados. Dada la situación actual, una de las posibilidades es que surja una guerra entre Trípoli y Tobruk.
Haftar cuenta en Tripolitania con potenciales aliados, entre ellos, los ciudadanos cansados de la presencia de islamistas en Trípoli, que pretenden imponer la sharia, penalizar el consumo de alcohol, supervisar la vestimenta de las personas. El mayor obstáculo que tiene por ahora es la ciudad de Misrata, controlada por los Hermanos Musulmanes (ilegalizados en Rusia), organización, con fuertes lazos con Turquía.
La posibilidad de que Misrata ayude en la recuperación de Libia o al menos de que tome una posición neutral, depende en gran parte de la relación entre Putin y Recep Tayyip Erdogan, presidente de Turquía. Sus enemigos, en particular las milicias de Misrata (oeste), le acusan de querer instaurar un régimen militar en Libia. También suelen poner en duda su capacidad militar, pero el Mariscal sigue siendo el hombre fuerte de Libia, cuya figura se ha visto reforzada por tres años de enfrentamientos exitosos contra las fuerzas islamistas del «Amanecer Libio».
Sus victorias en la región de Bengasi colocaron bajo su control la infraestructura petrolera clave, los principales emplazamientos militares e importantes centro de población, lo que hacen del Mariscal el árbitro de la situación en Libia. No obstante, el Ejército de Haftar, no se encuentra en capacidad de tomar Trípoli sin ayuda extranjera.
El último saldo de que se dispone del ENL da cuenta de 48 militares muertos en combates en junio, según fuentes médicas en Bengasi. A esta situación anárquica la ONU quiso ponerle punto final, el 17 de diciembre de 2015, con el «Acuerdo Político Libio» entablada entre los dos parlamentos que funcionan de manera simultánea y antagonista en Trípoli y en Tobruk.
Este gobierno de unidad nacional iba a ser dirigido por el político pro occidental, Fayez al-Sarraj, y también el Consejo Presidencial, la más alta institución del Estado. El Acuerdo, impulsado por la ONU y dirigido por al-Sarraj, no tiene apoyo del Parlamento de Tobruk y de algunas milicias que impidieron ejercer su autoridad. No obstante, al-Sarraj pudo conseguir la lealtad de las dos instituciones económicas más poderosas: el Banco Central y la Corporación Nacional del Petróleo.
En el plano militar desalojaron a los yihadistas del Daesh, de la ciudad costera de Sirte, un triunfo opacado por ser el resultado de la movilización de milicias y no por la acción de un ejército nacional. En suelo libio se está librando el combate entre las distintas corrientes ideológicas que sacuden el mundo árabe. El apoyo al gobierno de Tripolitania y Cirenaica por gobiernos extranjeros, convirtieron a Libia en una pieza más de las guerras por delegación que se libran en el mundo árabe.
Aunque al-Sarraj esté al mando, no deja de ser una figura decorativa, su Gobierno de Acuerdo Nacional respaldado por la UN tiene muy pocas fuerzas armadas propias y depende de la «protección» de una coalición de milicias de Trípoli, que más que un ejército regular es una banda de mafiosos. Este gobierno tampoco tiene la aprobación de la Cámara de Representantes internacionalmente reconocida, con sede en Tobruk. Esto provoca problemas para obtener del Banco Central los fondos necesarios para pagar salarios y servicios públicos.
Muchos de sus nombramientos en instituciones clave han sido rechazados. Los bancos no disponen de efectivo y las milicias que «protegen» al primer ministro se ven envueltas en peleas con sus rivales en Trípoli. Haftar, por el contrario, tiene el viento a favor. Nunca aceptó el Acuerdo Político Libio respaldado por Naciones Unidas que llevó a la creación del GAN, y por tanto, no comparte ninguna responsabilidad por la incapacidad de al-Sarraj para gobernar el país.
Su objetivo es liberar Libia de todos los islamistas, y en especial, de los «Hermanos Musulmanes». Esto lo hace un aliado favorito de Egipto y de los Emiratos Árabes, que le proporcionan armas, y efectúan bombardeos aéreos dentro de Libia, y los Emiratos, crearon su propia base en Al-Khadim, al sur de Bengasi. La popularidad de Haftar se asocia con la idea de la creación de un Ejército fuerte, «independiente de las autoridades políticas» y que acabe con las milicias que, en opinión de la mayoría de los libios, ha arruinado el país desde la muerte de Gadafi.
En julio del pasado año el ministro libio, Fayez al-Sarraj y el Mariscal Haftar fueron a París, invitados por el presidente galo Emmanuel Macrón. Un primer ministro nominal, al-Sarraj, sobre una parte cada vez más pequeña, y el Mariscal que reconquistó Bengasi, la esencial base aérea de Jufra, en el centro del país, y muchas bases más en el sur de Libia. Además, recuperar Sirte, en la provincia de Isis, ciudad donde nació Gadafi. Al-Sarraj propuso un plan para salir de esta crisis, presentando una hoja de ruta que llevaría a una elección presidencial para 2018.
Es probable que Haftar quiera seguir el ejemplo del presidente egipcio al-Sissi y presentarse de candidato o dejar ese papel para al-Islam Gadafi. Los líderes libios decidieron declarar un alto el fuego. Ambos aceptaron el proyecto de declaración presentado por Francia y que se basa en diez puntos.
«Nos comprometemos a un alto el fuego y a refrenarnos del uso de la fuerza armada para ningún propósito que no incluya estrictamente medidas contraterroristas».
Así firmaron los lideres rivales en el castillo de Celle-Saint-Cloud, a las afueras de París, tras unos prolegómenos en mayo en Abu Dhabi que no dieron muchos frutos. Aceptaron celebrar elecciones en este año. «Hay legitimidad política. Está en las manos de al-Sarraj. Hay legitimidad militar. En manos del comandante Haftar. Han decidido actuar juntos. Es una decisión poderosa», aseguró el presidente francés ante la prensa después del apretón de manos de las dos partes enfrentadas.
La iniciativa francesa no fue bien recibida en Italia, país que debe soportar el caos migratorio procedente de Libia, su ex colonia. El Gobierno de Paolo Gentiloni expresó el temor de que Francia (uno de los más interesados en atacar a Gadafi en 2011) extienda su influencia sobre Libia. Justamente el 25 de julio, la Unión Europea, decidió prolongar la operación Sophia en el mar Mediterráneo, hasta el 31 de diciembre de 2018.
Sophia fue creada en 2015 para luchar contra las mafias que trafican con inmigrantes, y para formar a la guardia costera libia. El despliegue de buques de Sophia busca hacer efectivo en aguas internacionales el embargo de armas establecido por Naciones Unidas en ese país. Libia es, desde hace siete años, un punto crítico de la emigración irregular hacia tierras europeas. La caída del férreo régimen del coronel Muamar Gadafi, en 2011, rompió todos los equilibrios tribales y regionales del país.
La ausencia de un Estado y la violencia constante desde entonces, con más de 1.000 milicias armadas, propicia la actuación de las bandas armadas y las mafias. El Ejército libio cirenaico, bajo el mando de Jalifa Haftar, en el mes de julio de 2017, tomó el último bastión de los terroristas de Daesh en el barrio de Sidi Ejribish, en Bengasi.
Las fuerzas islamitas fueron afines al antiguo gobierno islamista en Trípoli, declarado rebelde en la misma fecha, entre los grupos armados activos en la ciudad figuraban el Consejo de la Shura de los revolucionarios de Bengasi, una coalición de milicias islamistas integrada entre otros por los yihadistas vinculados a Al-Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI), el grupo tunecino Ansar al-Sharia y la rama libia del Estado Islámico.
Fayez al-Sarraj, Emmanuel Macrón y el Mariscal Jalifa Haftar
En el 2014, el Mariscal Haftar lanzó la operación «Dignidad» para recuperar Bengasi, bastión de la revolución de 2011, en manos de yihadistas. En su discurso, Haftar rindió homenaje a «las caravanas de mártires» muertos en combates contra los yihadistas y añadió que Bengasi entraba «en una nueva era de paz, seguridad, reconciliación y de reconstrucción».
El Ejército Nacional Libio, había anunciado la toma de los últimos barrios de Bengasi, la segunda ciudad del país a 1.000 km al este de Trípoli. Ciudad a la que asediaba desde mayo de 2014, y que terminó con la conquista del hospital Al-Ghomhuriya y el hotel Regency, los dos edificios en el que resistían los islamistas. «Las Fuerzas Armadas que os protegen os informan de que se ha liberado la ciudad de Bengasi del terrorismo, una victoria completa que es fruto de la dignidad», nombre asignado a la operación militar.
Después de tres años que duró el cerco y los combates que segaron la vida de miles de personas, obligando a miles más a huir y convertirse en desplazados internos y causado una tragedia humanitaria similar a la que sufrió la ciudad siria de Alepo. La victoria, fue facilitada semanas antes por la intervención de las fuerzas aéreas de Emiratos Árabes Unidos (EAU) y de Egipto (junto a Arabia Saudita los principales apoyos del mariscal). Estas acciones suponen un espaldarazo para las ambiciones políticas de Haftar.
En julio, Haftar logró apoderarse de Sirte, lugar de nacimiento de Muamar Gadafi, y también la capital autoproclamada del Daesh en Libia. A esto hay que sumarle el cerco que le impuso a la ciudad de Sebha, capital del sur, donde se topó con la oposición de las milicias de la ciudad estado de Misrata (norte).
Fuentes muy confiables revelaron que Jalifa Haftar, es apoyado por el gobierno de Israel. En la página web «Middle East Monitor», se específica que recibió colaboración de su agencia de espionaje, el Mossad, durante su campaña militar en Libia. El Mossad habría proporcionado a las fuerzas de Haftar información sobre los movimientos militares de las fuerzas del Gobierno de Acuerdo Nacional libio (GNA).
Ejecutivo reconocido por la ONU, contra el cual luchaba Haftar, hasta la firma del acuerdo en París. De acuerdo con lo revelado por altos mandos del Ejército Nacional Libio (las fuerzas de Haftar), mantuvo reuniones en secreto con el Mossad y agentes del régimen de Tel Aviv, y recibió apoyo en sus operaciones militares.
Según esto, afirman que Israel le proporcionó gran cantidad de armas, municiones y equipos militares, incluidos rifles de francotirador y sistemas de visión nocturna. Las reuniones entre los israelíes y Haftar, fue organizada por los Emiratos Árabes Unidos (EAU), durante los últimos años, que además de patrocinarlos le vendieron helicópteros de ataque y aviones de guerra y transporte.
Se supo por fuentes confiables que, durante la intervención de la OTAN, Muamar Gadafi, también le habría pedido ayuda a Israel, pero fue demasiado tarde. Existen alrededor de 1700 grupos armados activos en Libia para controlar los recursos y el territorio, que han dejado el país en ruinas. Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos despreciaban a Gadafi, por su linaje árabe y temían su competencia para liderar el mundo árabe.
Un memorándum del Consejo Nacional de Seguridad de Estados Unidos, fechado el 17 de noviembre de 1981, señalaba por qué Gadafi era odiado por los sauditas y otros de sus hermanos árabes. El documento explicaba que:
«aunque las tribus beduinas que dominan Cirenaica y Tripolitania son los árabes más puros fuera de la Península Arábiga. Libia no cabe dentro del dominio de los expertos que estudian el Mashriq del Oriente Arábigo por cuanto ellos están físicamente separados por Egipto que no es árabe y tiene una cultura e historia totalmente diferentes».
Por lo tanto, despreciaban a Gadafi porque el líder libio era miembro de una de las «más puras» tribus beduinas, él es tan árabe como cualquier príncipe o rey saudita o emir del Golfo y estaba en condiciones de reclamar el liderazgo de la «nación» pan-árabe. La amenaza planteada por la «condición arábiga» de Gadafi contra la Casa de Saud y contra la familia al-Thani de Catar fue la principal razón por la que los sauditas y los cataríes financiaron y armaron a los islamistas quienes debían tomar Libia y eliminar a Gadafi una vez hecho prisionero de los rebeldes yihadistas.
La entonces secretaria de Estado Hillary Clinton, envió un mensaje característico a los donantes de la «Fundación Clinton» de su esposo ubicados en Riyad, Doha, Abu Dhabi y Dubái pavoneándose del asesinato de Gadafi. Los sauditas y sus aliados yihadistas en Libia también se aseguraron que los líderes sufistas fueran asesinados y los templos sufistas fueran destruidos.
La razón radica en que el sufismo constituye una amenaza contra el radicalismo Wahabita saudita. El islam libio descansa en la tradición Sanussi Sufi, establecida por el clérigo nacido en Argelia, Mohammed Ibn Alí al-Sanussi, durante la década de 1830. Sanussi, fue fundador de la orden religiosa en el Heyaz de Arabia y se convirtió en un contrapeso para la orden extremista radical Wahabita de los Nejd.
Sanussi trasladó su sede a Cirenaica. El islam libio se basaría en la filosofía transfronteriza islamista Sufí de Sanussi, en tanto que los sauditas establecieron el wahabismo extremista como la religión de estado de Arabia Saudita. El nieto del Gran Sanussi se convirtió en el Rey Idris I de Libia. No obstante, Gadafi derrocó a Idris I por un golpe de estado el año 1969 poniendo fin a la monarquía.
El carismático coronel libio era un adherente a la tradición Sufi Sanussi y por tanto un enemigo jurado del Wahabismo practicado por los sauditas y demás potentados árabes del Golfo. Cada vez que hubo interés por parte de Washington u otros países de la OTAN por restablecer la monarquía Sanussi en Libia, los sauditas, los cataríes y los del Emirato la objetaron enérgicamente.
Luego de la caída de Gadafi, los líderes de entonces en Occidente, y sus amigos en Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos estaban satisfechos con una Libia fracturada. Pero no lograron alcanzar el poder total en Libia, luego del boicot contra Catar encabezado por Arabia Saudita, Doha ha estado un tanto abierta acerca de la inteligencia que posee sobre la colusión de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos con las agrupaciones terroristas en Libia, Siria y Yemen.
No obstante, tanto Libia como Irak, Yemen, Siria y Sudán del Sur están en ruinas por las guerras civiles. En resumen, se trata del despreciable legado dejado por la «Primavera Árabe» de Barack Obama y Clinton, que se transformó en la «Pesadilla Árabe». El paso de Barack Obama y la coalición internacional por Libia ha dejado una huella profunda.
En un comunicado enviado a los medios, la agencia de Naciones Unidas para la Infancia recordó que se necesitan más de 20 millones de dólares en ayuda de emergencia para que esos niños no perezcan a lo largo de este año. Más de 378.000 niños están en riesgo de muerte y necesitan ayuda humanitaria urgente en Libia. Un país sumido en el caos y la guerra civil desde que, en el 2011, la «comunidad internacional» fuera cómplice de la caída de Muamar Gadafi, advirtió Abdel Rahman al-Ghandur representante de UNICEF.
Según datos de la propia ONU, el 54% de las más de 170.000 personas que se desplazaron de forma interna a causa de la guerra en Libia son niños. Las playas entre Trípoli y la frontera con Túnez se convirtieron en los últimos dos años en el bastión de las mafias que trafican con seres humanos, pese a la presencia de patrulleras europeas.
En octubre de 2011, el ex líder libio Muamar Gadafi fue capturado y golpeado hasta la muerte por una turba de rebeldes, después de que un ataque aéreo de la OTAN acabará con su caravana fuera de su ciudad natal de Sirte. Al día siguiente, su cadáver, cubierto de sangre, fue trasladado a Misrata, donde fue expuesto durante casi cuatro días en un refrigerador industrial.
Mientras tanto, las imágenes de su cuerpo daban la vuelta al mundo con especial repercusión en Estados Unidos, país que encabezó la campaña aérea de la OTAN para expulsar a Gadafi del poder. Los líderes de occidente, en especial de Francia y Reino Unido, aplaudieron su muerte y advertían de la «nueva página» que se abría en el país, mientras que la entonces secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, afirmó al respecto en tono de burla:
«Vinimos, vimos y él murió». Creyéndose la reencarnación de Julio César, quien dijo: «Veni, Vidi, Vici», en latín vulgar, al dirigirse al Senado romano. «Vine, vi y vencí», una expresión usada en política para significar o dar a entender la rapidez con que se hizo algo con éxito, ¿con éxito?
En abril de 2016, el aun entonces presidente, Barack Obama, admitió que su mayor fracaso como presidente fue no pensar en las consecuencias de la intervención en Libia, después de la cual el país se vio sumido en el caos. ¿Pensar? Si este fulano jamás pensaba, es decir, no pensaba políticamente, carecía de ese razonamiento, un razonamiento totalmente diferente del que puede tener una persona ajena al conocimiento de lo político.
No pensaba, solo hablaba, puro jarabe de pico, el clásico abogado. El mayor fracaso de la política estadounidense fue, que Barack Obama, llegara a presidente.
2 de febrero de 2018.