

El Real de a Ocho
Historia de la primera moneda global
Ricardo Veisaga


El real de ocho, fue una moneda tan codiciada que su hegemonía en el comercio mundial se extendió durante más de 300 años. Una moneda internacional que impuso el Imperio español, y fue modelo para el dólar estadounidense. Precedió a la libra esterlina de oro británica y obviamente, al dólar de Estados Unidos. De hecho, los estadounidenses se basaron en su modelo para desarrollar su propio dólar.
El llamado real de a ocho, dólar español, peso duro o simplemente duro, acuñado desde mediados del siglo XVI, fue la moneda más importante del mundo hasta entrado el siglo XIX. El reino de Castilla en el siglo XIV introdujo el real de a ocho, los apodos que tuvo fueron «peso de plata», «peso fuerte» y «peso duro». Aunque ya hace más de dos décadas se cambió el nombre de peseta, es aún común escuchar frases como: «estar sin un duro».
Esa expresión se refiere a la antigua moneda de cinco pesetas, popularmente conocida como duro. El nombre de duro se remonta al siglo XIV y es anterior a la peseta. En 1868 se cambió el nombre de peseta. Pero, cosa curiosa, la moneda llamada duro tuvo un breve periodo en Gerona, acuñada en 1808 y con la inscripción «un duro». En Filipinas se sigue usando el nombre de peso para su moneda.
Durante tres siglos fue moneda de reserva, convirtiéndose en la primera moneda franca mundial, que solo sería sustituida por la libra esterlina en el siglo XIX y desde 1944 por el dólar estadounidense.


La Monarquía Hispánica fue durante 300 años ininterrumpidamente la mayor fábrica de moneda del mundo. El real de a ocho se constituyó como la moneda universal del comercio durante ese tiempo. La mayor duración jamás obtenida para una divisa de referencia. Sirvió de divisa sobre la que referenciar las monedas circulantes de los otros estados de la época y para poder participar en el comercio de los cinco continentes.
Los orígenes de esta moneda se remontan a la reforma monetaria que instruyeron los Reyes Católicos de España en 1497, posterior a la llamada Reconquista y a la llegada a América. Tuvo una gran importancia económica en todo el mundo y se convirtió en la moneda más importante de su tiempo. También es conocido como el «peso de ocho reales» o simplemente «peso».
Esa reforma se conoce en los libros de historia como la «Pragmática de Medina del Campo» y estableció al Real, una moneda de plata, como unidad de pago. La moneda de plata de ocho reales, acuñada en las cecas del imperio español y heredera, con matices, de la monarquía de los Austrias, fue creada por iniciativa de los Reyes Católicos y llegó a convertirse en la principal divisa en el comercio mundial.
La moneda, una pieza de plata de grandes dimensiones – diámetro superior a cuatro centímetros y peso superior a treinta gramos – reflejaba el mayor valor de las puestas en circulación de la serie iniciada con el «real» y sus múltiplos. En una cara, tenía el rostro del monarca emisor y, en la otra, su escudo familiar entre las columnas de la leyenda non plus ultra; una tradición perdurable que reflejaba la norma instalada por Carlos I al seguir pautas de su abuelo Maximiliano que consiguió difundir el «thaller» austriaco como divisa principal en Europa.
La creación de una ceca en la Nueva España en la tercera década de dicho siglo y la elevada Ley con la que se acuñaba en la Nueva España facilitó una rápida acreditación de la moneda española, que acabó sustituyendo al thaller incluso en Europa, para lograr una convalidación como divisa en circulación más amplia que el propio euro actual, ya que incorporó a su curso legal a la Inglaterra de la reina María durante el reinado de Felipe II.
Pero no será hasta mediados del siglo XVI que el real de a ocho comience a popularizarse impulsado principalmente por los reinados de Carlos I y V de Alemania, y Felipe II. Estos dos monarcas representaron la etapa de mayor protagonismo y expansión del imperio español. Sin embargo, no fue en Europa donde se consagra el uso frecuente de la divisa española sino en los países del extremo oriente surgidos de la presencia española tras la primera circunnavegación de Magallanes-Elcano.


Manila, fundada por los españoles en una de las bahías naturales más protegidas del mundo, se convirtió rápidamente en un centro de operaciones comerciales que relacionaban los flujos con Europa y con los reinos principales de Asía, China y Siam, a través de Cantón y Singapur. A través del famoso Galeón de Manila, que conectó al puerto de Acapulco con Filipinas durante más de 250 años hasta 1815, el real de a ocho se introdujo en Asia donde fue aceptada como una moneda propia en China, Japón, Corea e India, entre otros.
Gracias al Galeón de Manila, las monedas de las Españas llegaban también en grandes cantidades a Filipinas, el gran mercado de comercio de Asia. Lo hacían en los galeones que desde 1565 hasta 1813, hacían la ruta Acapulco-Manila y regresaban llevando las costosas porcelanas y sedas de China, junto con las especias y otros artículos de lujo de la India y otros países exóticos, con destino a los mercados americanos y europeos.
Las mercancías procedentes de China y el sudeste asiático eran transportadas por mar a través del Pacífico hasta México y desde La Nueva España a Sevilla por medio de galeones, el primer buque concebido para transporte marítimo de grandes dimensiones. La ruta Manila-Acapulco representa el primer hito de ruta marítima regular con dos viajes (uno en cada sentido) anuales y el Galeón de Manila el primer nombre comercial para un transporte regular que dio origen a la denominación usada para definir el mayor océano del mundo como «El lago español».
Tres siglos de duración tuvieron el curso regular de los navíos en la ruta del Pacífico, hasta que, en el año 1815, a causa de la independencia mexicana, se interrumpió su circulación. La ruta comercial establecida por el Galeón de Manila permitió no solo la llegada de mercancías orientales a Europa, que de alguna forma iniciaron los navegantes portugueses por la ruta del Índico, sino el suministro a los territorios que hoy configuran los estados del sur en Estados Unidos.
Esta ruta introdujo durante más de 250 años las monedas de plata españolas que se convirtieron luego en la reserva de las arcas de países como China e India. Algunos países simplemente la punzaban o marcaban con sellos locales para permitir la recirculación. La plata española y las necesidades chinas consagraron la moneda de ocho reales como la más apreciada para el comercio regional y medio de pago más deseado para los productos chinos con destino a Europa.
El crecimiento de la nueva nación estadounidense en su expansión hacia el oeste y la prosperidad de California que había desarrollado un comercio regional marítimo con México e importantes relaciones con China, sustituyeron los servicios del Galeón de Manila por rutas directas entre Shanghái y San Francisco en las que el uso del real español estaba convalidado respecto al dólar de plata de los Estados Unidos durante el siglo XIX.
Como, de hecho, ocurría en los pagos de suministros por parte de la intendencia de las tropas de George Washington durante la Guerra de Independencia, en la que España tuvo una contribución notable, reconocida por el propio presidente George Washington y hoy visible por la presencia de Bernardo de Gálvez en la galería de retratos del Congreso de los Estados Unidos.
China: el mejor cliente del imperio
Las necesidades financieras de la dinastía Ming en la defensa de sus fronteras del norte, en continuo asedio por invasores mongoles, requería continuos desembolsos a sus ejércitos que se estima en el entorno de las 50 toneladas anuales de plata procedentes, en su mayor parte, de la producción española en México.
Los principales productores de plata a nivel mundial eran las Indias españolas y Japón, no Europa, y China era el principal mercado de destino de la plata. Japón disponía también de una importante producción, pero el imperio español lideraba el mercado.
Además de estos depósitos naturalmente generosos, una serie de nuevas tecnologías de producción –la más famosa la amalgama de mercurio o método de patios- combinadas para dar a las minas hispanoamericanas los costes de producción más bajos de plata. Este fenómeno del lado de la oferta fue particularmente fortuito, ya que coincidió cronológicamente con el extraordinario aumento en el valor de la plata causado del lado de la demanda China.
La combinación de costes de producción bajos del lado de la oferta en Hispanoamérica y el aumento del lado de la demanda chino en el valor de la plata en Asia generó probablemente el auge de minería más espectacular en la historia humana.


Estimaciones oficiales conservadoras indican que sólo la América española produjo aproximadamente 150.000 toneladas de plata entre 1500 y 1800 (Barrett 1990, p. 237), quizás excediendo el 80% de la producción entera mundial en este lapso de tiempo.
La Nueva España incluía una superficie de la nación americana superior a la de las propias colonias inglesas y durante la ocupación francesa de la Luisiana el comercio con México fue muy intenso y soportado sobre la divisa más acreditada: el real de a ocho. El curso habitual de la moneda en los estados del sur tuvo una influencia decisiva en la decisión que establece el dólar como moneda de la Unión en oposición a las de curso legal derivadas de la ocupación inglesa tras la independencia.
Durante más de tres siglos una moneda española dio curso legal a las transacciones comerciales en el mundo, adquiriendo el rango virtual de divisa para una economía en curso de globalización. Con ella se sostuvo la sangría de las guerras europeas entre Pavía y Rocroi, el saqueo de los piratas y corsarios ingleses en el Caribe, la economía de los emperadores chinos y la protección del Mediterráneo junto con aliados en Italia. Un recurso esencial para la supervivencia de las finanzas españolas durante siglos.
El prestigio internacional del real de a ocho hizo que la tomaran como único medio de cambio del comercio internacional para comerciar con Oriente y obtener té, sedas, marfil, porcelanas, especias y muebles configuraron el surtido principal demandado en el viejo continente. Todo pagado con la plata de México, en el siglo XVI, y tras la apertura de la ceca de Potosí, creada en virtud de la explotación del Cerro Rico en dicha ciudad, complementaria de toda la plata en circulación en los siglos XVII y XVIII.
La producción monetaria de las cecas americanas en México, Guatemala, Lima y Potosí se especializó en el real de a ocho, y con él a generar un instrumento de solvencia intachable para numerosos comerciantes asiáticos, afectados por las falsificaciones de mercaderes ingleses y holandeses que procuraban introducirse en la zona. La costumbre del «resello», marca de punzón acreditativa de la calidad de la moneda, se convierte así en una defensa real ante dichas falsificaciones y se generalizó después en numerosos países.
Fue precisamente el real de a ocho la pieza más frecuente en esa acreditación. Los comerciantes chinos crearon punzones específicos para identificar las piezas que pasaban por sus manos y merecían acreditación de autenticidad, lo cual derivó en una búsqueda preferencial de las más punzonadas que solían acabar en la hacienda de los emperadores Ming, que las utilizaban para retribuir a sus tropas mercenarias.
Cada gran comerciante oriental se jactaba de un poder de validación justificado por su propia marca lo que proporcionaba seguridad al resto de usuarios de la «divisa». Durante más de dos milenios y de forma continuada la política monetaria china se había basado enteramente en el cobre. El valor intrínseco de la moneda siempre había sido relativamente bajo y con un alto componente fiduciario, lo que requería de enormes cantidades de piezas para las grandes transacciones.
En este sentido, y como el estado no siempre podía disponer de la cantidad de cobre necesaria, se recurrieron a modos de pago alternativos para facilitar los intercambios comerciales. Uno de ellos consistió en el uso extensivo de la plata. Los comerciantes chinos la habían usado seguramente desde la antigüedad para sus intercambios con otros comerciantes de Asia (como indios y persas, cuyas economías sí se basaban en la circulación de plata) pero no sería hasta la época de las dinastías Song (960-1279) y Ming (1368-1644) en que los lingotes de plata no acuñada se convertirían en símbolo de riqueza, seguridad y estabilidad para banqueros y comerciantes.
Hacia finales de la dinastía Ming, en 1644, las piezas de plata españolas circulaban ampliamente por las ciudades portuarias de Macao y Guang Zhou (Cantón) en las que los comerciantes europeos se habían instalado durante las décadas anteriores. En los dos siglos siguientes, esta se generalizaría por todo el país. Los reales de a ocho que más circularon en China fueron los célebres columnarios (seguramente una de las monedas más bellas jamás creadas) y los tipos «carolus», es decir, los emitidos bajo los reinados de Carlos III y Carlos IV, así como los de Fernando VII.
Los motivos para resellar moneda, pueden ser muy variados. En este caso obedece principalmente a dos: registro de movimiento comercial y autenticación de la validez de la plata. El proceso, era el siguiente: el primer banquero o comerciante que utilizaba la moneda la resellaba con punzón con un pequeño carácter que servía de garantía de valor al banquero o comerciante al que la entregaba.


Esta operación se podía repetir en cada intercambio, de tal forma que en muchos casos las monedas eran tan contramarcadas que quedaban irreconocibles o incluso rotas, pero podían seguir circulando al peso. Todas estas piezas fueron sometidas, en mayor o menor medida, al contramarcado privado mediante punzón. El real de a ocho de 1803 que se muestra en las imágenes contiene unos pocos de estos caracteres culturales:


En el anverso, se pueden distinguir de arriba abajo ⼭ (san, montaña), ⼆ (èr, dos), ⽅ (fang, lugar, cuadrado) y 六 (liù, seis). En el reverso, podemos ver (de arriba abajo) ⼯ (gong, trabajo), ⼤ (dà, grande), 元 (yuán, origen, primero o apellido) y九 (jiû, nueve). Aparecen también una serie de perforaciones, seguramente comprobaciones de calidad. Y cuando China emitió su primera moneda de plata, el tahel, en 1899, lo hizo según el modelo español del real de a ocho.
Se llamó «Real de a ocho» y era fabricada en gran parte con plata americana y fue acuñada por el Imperio Español a mediados del siglo XVI, impulsada por las riquezas abundantes que le trajo la conquista de América. El nombre «real» proviene del antiguo término español que significa «real» o «de la realeza». El «ocho» es el nombre y se refiere al valor de la moneda en relación con otros valores monetarios.
Un real de a ocho se dividía en ocho reales de a uno, que a su vez se dividían en cuatro maravedís. Lo moneda fue utilizada en todo el mundo y era ampliamente aceptada en Europa, Asia, América y África. El real de a ocho fue introducido por primera vez por los españoles en la década de 1490. La moneda fue acuñada originalmente en plata y pesaba alrededor de 27 gramos.
Su diseño incluía la imagen de la monarquía española y el escudo de armas. En la década de 1530 se empezaron a instalar en América casas de moneda: México y Santo Domingo, y posteriormente Lima y Potosí, Santa Fe de Bogotá. La plata americana llegaba a España donde se acuñaba, en forma sobre, de reales de a ocho, moneda también conocida como peso y luego como duro.


Los tipos de las monedas fueron variados, destacando el escudo de la monarquía, el de Castilla y León y la composición simbólica integrada por las columnas de Hércules y el lema del emperador Carlos V: PLVS VLTRA. Así nació el famoso columnario, con la imagen de los dos hemisferios, todo sobre unas ondas que representaban el mar, y un nuevo lema circular: VTRAQUE VNUM. En las colonias norteamericanas se las llamaba dólares, iniciada oficialmente en 1792.
Con la llegada de la dinastía borbónica se abrieron nuevas casas de moneda en Guatemala, Popayán y Santiago de Chile. La moneda fue muy popular en todo el mundo, especialmente en los territorios españoles de América, donde se utilizaba para pagar salarios, impuestos y compras. Además, se convirtió en moneda de cambio para el comercio internacional, ya que tenía un valor constante y uniforme en todas partes del mundo. Debido a esto, se convirtió en una moneda de reserva global, y se estima que, en el siglo XVIII, el 50% de todo el dinero en circulación en el mundo era en Real de a Ocho.
Además, el modelo del real de a ocho fue copiado para el surgimiento del dólar de Canadá, el dólar estadounidense, el yuan chino, el yen japonés, los pesos de las repúblicas independientes americanas, el peso filipino y otras muchas monedas alrededor del mundo.
Con la plata que se extraía de América, en particular con la riqueza de las minas del Cerro Rico de Potosí, en la actual Bolivia, entonces Virreinato del Perú, dará origen al nacimiento de la casa de la moneda del mismo nombre y al nacimiento de la ciudad entre 1544 y 1554. Allí se encontraban las riquísimas minas de plata, prácticamente una montaña maciza de este material, el mayor yacimiento argentífero que haya existido nunca.


Durante los sesenta años siguientes, en Potosí la población aumentó a 160.000, igual que Londres o París. El Cerro Rico de Potosí puede haber producido el 60% de toda la plata extraída en el mundo durante la segunda mitad del siglo XVI. Sus vetas eran increíblemente ricas.
También con el mineral extraído de las minas de México, la emisión de monedas de plata se disparó. Alrededor de 1535 se crean en América las primeras cecas -el lugar donde se acuñan monedas-, que serán México y Santo Domingo. Con esa gran cantidad de plata, el Real de los reyes católicos se va a multiplicar: un real de a dos, un real de a tres, de a cuatro… porque la mejor manera de trasladar la plata es amonedada.
Después de ese pequeño caos de piezas, se va a conformar el real de a ocho, que es la multiplicación por 8 del real de los Reyes Católicos. Junto a la Onza, la moneda de oro, el real de ocho conformó el sistema bimetalista impulsado por la monarquía española. En Europa entra ese río de oro y de plata. Como todo el mundo coincide que es una plata muy buena, empieza a convertirse en la moneda de referencia de todos los demás países.
Una moneda global
En el siglo XVIII, con la llegada de la dinastía de los borbones tras la Guerra de Sucesión, un conflicto internacional que enfrentó a las potencias europeas por el control del trono español, el real de a ocho se consolida como una moneda global.
España entonces se enfocó luego en sus posesiones de América y tras tomar control de la Real Casa de la Moneda de México, que había concesionado hasta entonces, ordenó modernizar sus máquinas de acuñación. A este nuevo diseño lo llamaron moneda «mundo y mares».
El real de a ocho se produjo a partir de entonces con un nuevo diseño que era exclusivo de sus territorios americanos. También se la conoció con otros nombres, como la «columnaria», ya que tenía impresas las columnas de Hércules y, entre ellas, los dos hemisferios de la Tierra para representar la expansión del imperio.
Otro de los términos con los que se hacía referencia a ella era spanish dollar (dólar español), que fue muy popular en las trece colonias británicas de América del Norte, donde era más fácil de conseguir que las propias monedas británicas. Algunos expertos en numismática la consideran como una de las de mayor esplendor y belleza jamás acuñadas. Esta nueva versión tuvo particular éxito en la cuenca del Pacífico, donde el comercio funcionaba para entonces bajo un sistema monometalista basado en la plata.
El real de a ocho fue una moneda de plata que tenía un peso de 27,468 gramos y una pureza de 0,93055%, que contenía 25,560 gramos de plata pura. Las monedas tenían un valor de ocho reales (8 reales y 272 maravedís. 1 real de a ocho = 1 duro. 2 reales de a 8 = 1 escudo). El real de a ocho es de base duodecimal ajustado al patrón ponderal del marco de Colonia de 233,85 gramos de peso. Junto a la onza, moneda de oro, responde al sistema bimetalista (real de a ocho–onza) del siglo XVI de la Monarquía española, introducido por Carlos I y difundido por Felipe II en todos sus dominios.


Las monedas internacionales de épocas anteriores, las emitidas por las repúblicas italianas, se vieron sustituidas por los reales de a ocho españoles. Se produjo así el desplazamiento de la preeminencia económica del mundo mediterráneo, que dejó de ser el eje del comercio y con ello del mundo monetario.


A medida que la corona española iba expandiendo sus posesiones en ultramar, y especialmente tras la conquista del Perú y México, los reales de a ocho comenzaron a acuñarse también en América. Carlos I, en 1517, creó la Audiencia de México o Nueva España, y el 11 de mayo de 1535 se estableció por Real Cédula la Casa de Moneda de México, la casa de moneda más antigua de América (procediendo el metal de los yacimientos mexicanos de Zacatecas y Guanajuato).
En el siglo XV y XVI era importante el comercio del Atlántico, pero a partir de un determinado momento, el comercio del Pacífico empieza a ser tan o más importante. Ahí está América, en el centro, con sus minas, con sus monedas, que pueden ir tanto al Atlántico como hacia el Pacífico.


Se sabe que de las Indias españolas salían al año unos cinco millones de pesos a reinos extraños, ya de Nueva España vía Acapulco a China, ya del Paraguay para Brasil, o de los demás dominios españoles por las muchas y secretas minas del contrabando.
Asia e incluso África eran el destino de la moneda hispánica, porque atravesando los océanos se intercambiaba por exóticos productos de la China, Japón, la India Oriental, Persia, Constantinopla, Gran Cairo y Berbería, y era conocido que apenas corría entre aquellas gentes remotas otra moneda que reales de a ocho y doblones castellanos.
Uno de los principales mercados de esta plata, en forma de monedas de real de a ocho, fue China y los pueblos asiáticos, que aceptaban esta moneda por su valor intrínseco. Los españoles introdujeron en China miles de toneladas de plata entre mediados del siglo XVI y mediados del siglo XVII, que se unieron a las cantidades del mismo metal que se importaban desde Japón.
Así lo señalan los investigadores Dennis O. Flynn y Arturo Girálde en su publicación «Born with a ‘Silver Spoon’: The Origin of World Trade in 1571»:
«La producción y la distribución de la plata durante los tiempos modernos en el hemisferio occidental se han estudiado extensamente, aunque se ha eliminado sistemáticamente del relato al cliente más grande del mundo, en esta época, que fue China. Esto es peculiar. El predominio de China como un importador de plata fue fundamental al menos durante el nacimiento del comercio mundial. Godinho (1963, 1:432-65) acertadamente describió a China como ¡una bomba de succión!, ‘una aspiradora’ que atrajo la plata a escala mundial durante siglos. El valor de la plata en el territorio chino era el doble que en cualquier parte. Este hecho es reflejado en las estimaciones bimetálicas realizadas por Chuan. Desde 1592 hasta el temprano siglo XVII el oro era cambiado por la plata en Cantón a razón de 1:5.5 a 1:7, mientras que en España el tipo de cambio era 1:12.5 a 1:14, cuestión que indicaba que el valor de plata era dos veces más alto en China que en España. Estas cifras bimetálicas divergentes crearon perspectivas enormes para un comercio muy provechoso, ya que los exóticos productos de China se compraban por precios muy bajos en comparación a los de venta en Europa, dado el gran valor en plata de nuestra moneda para los chinos».
Claro que, con el tiempo, también llegó la inflación: «Tales infusiones masivas de plata disminuyeron el poder adquisitivo del metal. La plata, como cualquier artículo, perdió su alto valor cuando el suministro excedió la demanda habitual. Esto a su turno afectó los precios de casi todo en el Imperio, porque la estructura de precios estaba atada al valor de plata».
«El metal se había hecho más abundante y su poder adquisitivo se disminuyó. Esta tendencia inflacionista afectó el valor de todas las materias primas, por cuanto todo había sido valuado en la plata y ésta había perdido su valor. Si la plata perdía valor, más dinero se necesitaba plata para comprar los artículos que sí lo habían mantenido». A la larga esto provocaría la decadencia de ambas economías, que no contemplaron contingencias específicas que rebatieran el estancamiento de la demanda.


A menudo las monedas tuvieron sellados con caracteres extranjeros para que parecieran de curso legal en muchos países del mundo, como se puede ver arriba, en las muestras. En todo caso, lo cierto es que millones de Reales de a Ocho fueron acuñados a lo largo de varios siglos. No solo fueron ampliamente utilizados durante el período virreinal en las Américas, sino también en África y Asia hasta bien entrado el siglo XIX.
Durante más de tres siglos el real de a ocho no sólo fue moneda internacional, sino que también fue el principal producto de exportación en los Estados del norte del Nuevo Mundo, las Antillas, Filipinas, China, Japón, Indochina, Corea, India y los Estrechos malayos; además de utilizar el real de a ocho en las transacciones comerciales con Oriente, Inglaterra y Francia.
Fue tal su difusión, que todos los comerciantes europeos que adquirían mercancías en Oriente debían necesariamente satisfacer su adquisición en moneda de plata española, por lo que tanto en las carabelas portuguesas como posteriormente en los barcos de las compañías holandesas, británicas, francesas o danesas se llevaba el real de a ocho como moneda de intercambio, y esto siguió produciéndose hasta bien entrado el siglo XIX.


También circulaba la moneda española en las Trece Colonias británicas de América del Norte mucho antes de que declararan su independencia. Por la dificultad de las navegaciones llegaban pocas libras esterlinas a las colonias y era mucho más fácil surtirse de los cercanos y acreditados reales de a ocho acuñados en México que de libras inglesas.
En las Trece Colonias la moneda española circulaba normalmente y era conocida primero como «spanish thaler» o «spanish thaller», pasando después a «spanish daller», y más tarde a «spanish dollar». Los reales de a ocho fueron conocidos como «taleros», por su parecido con la recia moneda austríaca «thaler». Incluso, cuando el imperio ya estaba en decadencia, siguió siendo unas de las divisas más competitivas en el mundo extendiendo su predominio hasta finales del siglo XIX.
La moneda de plata española también fue aceptada en los dominios del creciente imperio británico durante los siglos XVIII y XIX. Se popularizó con el nombre de «Pillar dollar» (dólar de los pilares), precisamente en referencia a las columnas de Hércules de su diseño del siglo XVIII.


Pero no fue el único nombre. En Australia, por ejemplo, para comienzos de 1800, se le llamó «holey dollar» o «dólar agujerado». Tras una escasez de divisas británicas, las autoridades coloniales australianas de entonces ordenaron importar unos 40.000 reales españoles que luego agujeraron y así duplicaron el número de monedas disponibles. También se le conoció como«Spanish dollar» (dólar español), que fue igualmente popular en las trece colonias británicas de América del Norte, donde era más fácil de conseguir que las propias monedas británicas.


En el siglo XVIII, el real de a ocho se convirtió en la moneda de facto de los Estados Unidos. Los colonos estadounidenses comenzaron a utilizarla en lugar de la libra esterlina británica, y pronto se convirtió en moneda de referencia para el comercio internacional en América del Norte. El gobierno de los Estados Unidos también adoptó la moneda para el pago de impuestos y otros gastos gubernamentales. La influencia del Real de a Ocho en los Estados Unidos fue tal que, en 1785, el Congreso Continental aprobó el «dólar español», que tenía un valor equivalente a un Real de a Ocho. El dólar español era moneda oficial de los Estados Unidos y fue utilizado como moneda de curso legal hasta 1857.
De hecho, previamente, en 1963, el Gobierno de New York regula el valor de cambio de los reales de a ocho al ser la pieza más utilizada en la ciudad. Años después, en 1704, la reina Ana de Inglaterra establece el real de a ocho como la unidad monetaria oficial de sus colonias. En 1728 nace el nuevo real de a ocho español y en 1775 se produce la primera emisión del «Spanish dólar» en las colonias británicas de América, respaldada por el real español. En 1792 nace el primer dólar propio de Estados Unidos.
La influencia del Real de a Ocho también se puede ver en la denominación de la moneda estadounidense, que todavía se conoce como el «dólar». Una de las explicaciones al nombre de dólar es la que refiere la existencia de una moneda austriaca de plata que no fue tan importante como el real de a ocho, el taller o talero, por lo que al real de a ocho español se le llamó también «spanish daller», de donde vendría la palabra dólar.
La popularidad del Real de a Ocho en los Estados Unidos se debió en gran parte a su estabilidad y uniformidad. La moneda tenía un contenido de plata constante y uniforme, y su valor era reconocido en todo el mundo. A diferencia de otras monedas, no se devaluaba fácilmente debido a la inflación o a la manipulación política.
El real de a Ocho contenía 1: pureza, 2: el prestigio de España, los Reyes Católicos concluyeron la Reconquista, descubrieron América y habían unificado España, y sus sucesores, en especial, Carlos I de España y V de Alemania, y su hijo Felipe II. 3: la extensión del imperio español, donde no se ponía el sol, y el comercio en países remotos como China. 4: su abundancia, por la gran cantidad de plata extraída de sus minas, como zacatecas en la Nueva España, Potosí, virreinato del Perú, así como la relativa escases de oro en comparación de la abundancia de plata.
5: el contrabando, el real se utilizaba para pagar a contrabandistas extranjeros que, a su vez, utilizaban la moneda fuera del imperio español. 6: Las deudas de la Corona, la abultada deuda contraída por la Corona con los banqueros alemanes, flamencos, genoveses, florentinos, etc., y había que pagar, pese a las sucesivas quiebras. 7: La política exterior de la Corona, las constantes guerras. Las pagas a los soldados y que estos gastaban el dinero en los lugares donde se encontraban, y eso favorecía la expansión del real de a ocho.
8: El comercio internacional, Venecia lo usaba para comerciar con el imperio otomano a través de la Ruta de la Seda, Portugal para comerciar con la India y los Países Bajos para comerciar con los países del Mar Báltico. El precio de las acciones en el mercado de valores en Estados Unidos, denominado en octavos de dólar perduró hasta el 24 de junio de 1997, cuando la Bolsa de New York, convirtió dicha denominación a dieciseisavos de dólar, aunque poco después pasó a la notación decimal.
Lo que no está tan claro es la relación que algunos mantienen entre el símbolo del dólar y las columnas de Hércules que decoran el escudo de España. Hay teorías que sugieren que las dos barras del símbolo del dólar ($), también conocidas como líneas o trazos, están relacionadas con las columnas del Escudo de Armas de España.
El símbolo $, pero en su versión de dos barras, proviene del escudo español. El dólar español (Spanish Silver Pillar Dollar) estaba extendida en las posesiones españolas en la actual Estados Unidos (tierras al oeste del Mississippi más Florida), en Nueva España (hoy México) y en la ahora Hispanoamérica. El símbolo proviene del escudo de armas que instauró Fernando de Aragón, la S como representación del lema «non plus ultra», las dos barras que la cruzan simbolizan los dos pilares o columnas de Hércules. Carlos V suprimió el «non» y quedó «plus ultra» (más allá).
Cuando los nuevos Estados Unidos, ya independientes, acuñaron en 1792 sus propios dólares tomaron como modelo los reales españoles que tenían grabado el escudo de armas español en la moneda, que incorporaba el relieve del mundo y las Columnas de Hércules con el lema Plus Ultra. Las Columnas de Hércules habían estado incorporadas al escudo de Carlos I de España desde comienzos del siglo XVI.
La estilización de las dos columnas con la cinta es lo que daría lugar al símbolo de la S atravesada por dos palos, y en la actualidad a veces se prescinde del segundo palo y se pone simplemente uno: $.9
Hay otras teorías sobre su origen, pero la más aceptada es que proviene de la abreviatura de «peso», otra moneda española que era común en América del Norte y del Sur en los siglos XVIII y XIX. En aquel entonces, la abreviatura para «peso» era «Ps» o «P», y algunos creen que la «S» fue escrita encima de la «P» para formar el símbolo «$».


A pesar de estas teorías, el origen exacto del símbolo del dólar sigue siendo un misterio. Lo que sí se sabe con certeza es que el símbolo se hizo popular en Estados Unidos en el siglo XIX, y se utilizó para representar varias monedas, incluyendo el dólar estadounidense, el dólar canadiense y el peso mexicano.
De hecho, el signo se comienza a usar en la correspondencia comercial en la década de 1770 para referirse al real de a ocho español. A finales del siglo XVIII se ve que la mencionada abreviatura de peso se simplifica con las letras escritas una sobre la otra y la «p» reducida a una línea vertical. El uso más temprano tenía el signo con un solo trazo vertical. Por algún tiempo se usó el símbolo con el doble trazo, pero está de nuevo cayendo en desuso.
Cuando el peso en el siglo XVIII fue adoptado como moneda de los Estados Unidos, junto con el término «dólar», el símbolo $ continuó usándose para referirse a la nueva divisa. En los documentos españoles, la S barrada se usaba para indicar «suma total», sin embargo, por la diferente notación a la hora de anotar divisas, los ingleses creían que esa barrada significaba «peso» (peso fuerte, real de a ocho, o peso de ocho reales).
Para una cantidad de 2345 pesos, un documento español reflejaría «$ 2345 p.», pero un inglés entendería que el primer signo es el de la divisa, mientras que los españoles lo escriben después. Podría entenderse el signo «$» como una abreviatura de Real de a Ocho, de manera que la «S» serían los dos hemisferios de la Tierra, pero en vertical, mientras que la «I» sería la fusión de las dos Columnas de Hércules en una (algunos aparecen con dos columnas). Con eso sería más rápido de escribir.
El dólar viene del siglo XVII, cuando las monedas españolas eran parte importante del comercio mundial, y se usaban en Estados Unidos ante la restrictiva política monetaria del imperio británico con sus colonias. Se usaba en el comercio entre los colonos británicos y la Nueva España y lo llamaban el real de a 8, esta moneda recibía el nombre en las colonias británicas, de dólar español, y en el año 1785 fue adoptada como moneda oficial de Estados Unidos, tanto el nombre como el signo $, ante la carestía que provocó la Guerra de la Independencia frente a los británicos.
En 1792, la Casa de la Moneda estadounidense acuñó el dólar americano, pero era mucho menos popular que el español, ya que este era mucho más pesado y de mejor plata. En 1857, se ilegalizó el dólar español, cuando tenía el mismo valor teórico que el americano.
La relación con el nacimiento del dólar
Cuando llegó el momento de la emancipación de las colonias norteamericanas, los flamantes Estados Unidos repudiaron formalmente la moneda británica y se vieron en la necesidad de acuñar moneda propia. El real de a ocho sirvió entonces de modelo para el nacimiento del dólar y así, la unidad de plata del sistema monetario de Estados Unidos, creada por ley de 2 de abril de 1792. Nació tomando de base la «piastra», voz indígena, con la que los mexicanos se referían al real de a ocho español.
De hecho, al principio los dólares estadounidenses eran garantizados con reales de a ocho. Como anécdota diremos que hasta 1997 se mantuvo la costumbre en el mercado bursátil estadounidense de vender y comprar acciones en octavos, motivado precisamente por el real de a ocho, que era la divisa de garantía cuando comenzó a funcionar Wall Street. Para la década de 1770, los revolucionarios estadounidenses llegaron a financiar su movimiento emitiendo papel moneda que era garantizado con reales de a ocho españoles. En los años previos y posteriores a la independencia, Estados Unidos comenzó a diseñar su propia moneda, que basó en el real de a ocho.


Los revolucionarios estadounidenses financiaron su movimiento emitiendo papel moneda que llamaron «Moneda Continental». En el papel se lee: «Este billete da derecho a su portador a recibir cuatro dólares españoles acuñados, o su valor en oro o plata…». El dólar estadounidense nació como moneda en 1785, pero el «Spanish Dollar» mantuvo vigencia hasta 1857 cuando el «Coinage Act» (Ley de Acuñación) lo sacó finalmente de circulación.
El nombre de dólar tiene origen en Bohemia (actual república checa), la moneda tenía el nombre de «thaler», que se extendió por Europa en el siglo XVI. Y Thaler era una abreviatura de Joachimsthaler, un tipo de moneda de la ciudad de Joachimsthaler, en Bohemia (entonces parte del Imperio de los Habsburgo), una ciudad rica en extracción minera.
A principios del siglo XVI la economía europea crecía pujante y necesitaba monedas de plata de mayor peso y valor. Las minas de Joachimsthal, ofrecían plata en abundancia para acuñarlas e, incluso, les puso nombre: thaler. La palabra se adaptó a otros idiomas: tálero en español, daelder en neerlandés y dollar en inglés.
Los reales de a ocho tenían un valor nominal de ocho reales en España y sus territorios de ultramar, pero la necesidad de moneda fraccionaria causó que a menudo las piezas fueran cortadas físicamente en cuatro u ocho trozos, para lograr un cambio más pequeño.
Fuera de la monarquía universal española era muy difícil obtener monedas españolas de plata con denominaciones menores a las del real de a ocho. Así, la partición física de la moneda era el único modo de obtener fracciones y posteriormente resellarlas para su uso.
Muchas monedas, como las de los países que se independizaron en América, el dólar canadiense, el yuan chino, el yen japonés, el peso filipino y otras alrededor del mundo, se basaron inicialmente en el real de a ocho. Esta aceptación global fue el origen del símbolo «$» que se utilizó en libros de cuentas de todo el mundo, imitando de manera simplificada las columnas y bandas que aparecían en la moneda del real de a ocho.


Columnario de plata, inspiró para crear el símbolo del dólar, $. Este columnario pertenece al reinado de Fernando VI, acuñado en la ceca de México. La inscripción «utraque unum», que significa «ambos dos, los dos en uno, y simboliza la unión del Viejo Mundo y el Nuevo Mundo bajo una misma corona», la de España.
La calidad de su plata, obtenida en las minas americanas y el enorme volumen con el que se acuñó, hicieron que esta moneda fuera la más aceptada en todos los mercados internacionales durante la Edad Moderna. En resumen, la unidad del comercio mundial hasta el siglo XIX fue el real de a ocho, que precedió a la libra esterlina de oro inglesa y al dólar de plata estadounidense en su hegemonía financiera mundial.
El progresivo final del real de a ocho
En la América Española la circulación del real de a ocho rebasó la época virreinal de dominio español y acuñó en la ceca (casa de la moneda) de México, la única autorizada para acuñar. Los realistas crearon cecas provisionales en Chihuahua, Durango, Guadalajara, Guanajuato, Sombrerete, Zacatecas, Oaxaca, Valladolid, Real del Catorce y Monclova.
Con el final del Imperio Hispánico, el Real mantuvo su poder competitivo y era la moneda reserva que se atesoraba en China, India y Medio Oriente. El real de a ocho era todavía a mediados del siglo XIX la moneda más universal e incluso a finales del siglo XIX, el papel desempeñado por el real de a ocho era notoria en Oriente.
Mantenía su autoridad indiscutida frente a otras unidades de plata que emergían con fuerza, como el dólar norteamericano, el yen japonés, el thaler austriaco, la piastra francesa, la rupia india, el chelín de plata británico y prevalecerá como moneda de reserva en China, India y los Estados del Medio Oriente.
Tan generalizada fue la influencia del real de a ocho que se estima que un tercio de la población mundial vive hoy día en países con monedas nombradas u originalmente creadas basándose en el modelo de esa moneda única.
La libra esterlina superó al real de a ocho como divisa de referencia occidental durante parte del siglo XIX hasta mediados del XX. Sin embargo, aun siendo el Imperio Británico el poder dominante en ese periodo, los ingleses tenían que tragarse su orgullo en las negociaciones con los países de Oriente.
La compra de Singapur en reales de a ocho
Así, por ejemplo, resulta ilustrativo el caso de Singapur. En 1918 Thomas Stamford Raffles fue comisionado por el gobierno británico para negociar un puerto franco del imperio en el sur de la península de Malaca. En 1819 se logró el acuerdo que convirtió a Singapur en puerto libre británico, a cambio del pago anual a las autoridades locales de ocho mil «spanish dollars» -8.000 Sp$-, esto es ocho mil reales de a ocho.
Durante el primer año, los ingresos del comercio rondaron los 400.000 Sp$ (dólar español). En 1821 la población de la isla aumentó en 5000 habitantes y el volumen del comercio fue de 8 millones de Sp$. La población superó los 10 000 habitantes en 1825, manejando cifras de 22 millones de Sp$. En 1823, Raffles firmó un segundo tratado, el cual extendía la posesión del Imperio británico en la isla, a cambio de la entrega a las autoridades de 2300 sp$ al mes de por vida.
Incluso durante el ocaso del imperio español, el real de ocho siguió siendo una moneda codiciada en el mundo. Y pese al colapso del imperio, el real de a ocho resultó seguir siendo una moneda competitiva hasta finales del siglo XIX. Las guerras napoleónicas y la independencia de las provincias españolas en América marcarán el comienzo del fin de la moneda española. Al perder el control de las minas de plata americanas y sus casas de moneda, España se queda sin poder seguir produciendo su principal producto de exportación.
El dólar estadounidense sustituyó como moneda de reserva mundial a la libra esterlina finalizando la II Guerra Mundial, en julio del 1944, en la Conferencia de Bretton Woods celebrada en Estados Unidos.
El dólar es la moneda de reserva más importante hoy en día, más del 50% de la suma total de reservas internacionales son en dólares. Por esta razón, se considera que el dólar estadounidense tiene el estatus de moneda de reserva, permitiendo a los Estados Unidos tener mayores déficits comerciales con un impacto económico limitado siempre que los mayores poseedores extranjeros de dólares continúen acumulándolos.


El euro es actualmente la segunda moneda más comúnmente utilizada en las reservas internacionales, con una cuota aproximada de un 27%, lo que le coloca como la segunda moneda de reserva más importante tras el dólar estadounidense. Pero fue el real de a ocho de las Españas el que marcó el camino, perduró más tiempo y abarcó más territorios.
Hay una verdad en política, la moneda y la lengua siempre fueron juntas, son dos factores fundamentales de un Imperio. La lengua a un nivel nematológico y la moneda a un nivel tecnológico. El idioma español o castellano se habló en casi todos los continentes cuando era un imperio universal, como sucede ahora con el inglés. El imperio español impuso su moneda, luego los británicos con la libra esterlina y ahora el dólar con el imperio estadounidense.


La imagen muestra la captura de una flota española cargado con plata, por un escuadrón de 24 barcos de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales en La Habana en 1628. También lo hacían los ingleses y otras potencias enemigas de España.