

EL PETROLEO COMO ARMA POLITICA
GUERRA COMERCIAL
Ricardo Veisaga
Gustavo Bueno al hablar de la globalización dice: «En suma: desde el enfoque del relativismo cultural, o del pluralismo de las culturas, la Globalización será interpretada como un episodio de la lucha entre las culturas, o del ‘conflicto entre las civilizaciones’. La Globalización no sería otra cosa sino el proceso propio de una cultura que cree tener la capacidad ‘englobante’ de otras culturas. Y a este ‘conflicto de civilizaciones’ habría que reducir la oposición misma entre la idea de la ‘globalización oficial’. Y las ‘globalizaciones alternativas’.
La conveniencia de revisar las mismas ideas de «identidades culturales» que buscan su «autoafirmación» y dan lugar a los «conflictos de civilizaciones» (en el sentido de Huntington) cuando se enfrentan entre sí. Esta revisión, por parte nuestra, nos llevaría a la impugnación misma de la Idea de «esfera cultural», y aun de la Idea de «identidad cultural». Pues estas Ideas no serían otra cosa sino la sustantivación (metafísica) de los llamados «círculos culturales» por los geógrafos de la escuela de Ratzel. Sustantivación que pretende apoyarse en las llamadas «señas de identidad», como si estas señas de identidad no estuviesen ya pidiendo el principio de la cultura señalizada; como si las señas de identidad fuesen algo más que pautas, instituciones, ortogramas culturales seleccionadas ad hoc y atribuidas a una sustancia metafísica cultural denominada «cultura propia».
Destruidas estas esferas culturales, como «unidades sustantivas», las disyuntivas consabidas (etnocentrismo, relativismo, pluralismo cultural) se desvanecen. Y ello nos permite desvincular el proceso de la Globalización con los procesos de la «civilización» o de los «conflictos de civilizaciones»: la Globalización no es una seña de identidad de la cultura occidental; es un «ortograma en marcha» derivado de determinadas instituciones propias de algunos Estados, tecnología o economías políticas. Es un ortograma que, en su desarrollo, involucra a otras muchas categorías culturales, pero no necesita disolverlas, puesto que muchas veces es incluso arrastrado por ellas.
Desde el 11 de septiembre del 2001, expresiones como «el imperio americano» se escucha con mucha frecuencia, y esta expresión de «Imperio» a diferencia de las mismas expresiones usadas décadas atrás, es usada no sólo por la gente común, el hombre de a pie, sino por la «intelectualidad» europea y de otros países supuestamente aliados de Estados Unidos.
Estados Unidos tiene enemigos terroristas y «estados malignos», que no sólo involucran a los países del llamado «eje del mal», que pueden dañar seriamente sus intereses, sino también otros países que han recuperado cierta capacidad operativa al integrarse a la economía capitalista y que se ven favorecidos por sus recursos naturales, como lo es el petróleo, el gas, etc.
Según Michael Ingatieff del Centro Kennedy de Harvard. «Ser un poder imperial es más que ser la nación más poderosa, significa imponer tanto orden como se pueda en el mundo para proteger a los intereses Norteamericanos.» El mundo político ha dirimido sus conflictos de la única manera que conoce la política, y esta responde a un ortograma, y en este sentido el uso del petróleo, que tanta desconcierto y perplejidad ha ocasionado en los analistas políticos y la prensa en general, no es más que el uso de un medio tan importante para la economía mundial, lo que dijo Michael Ingatieff.
Y frenar o doblegar las pretensiones de ciertos dictadorzuelos, o de tiranías democráticas como Venezuela. Su uso es legítimo y no necesita la aprobación de ningún organismo internacional. Los medios de prensa hablan de la «Guerra del petróleo», la llamada opinión pública que no hace otra cosa que repetir lo que dice la «opinión publicada», sostiene distintas teorías, confundiendo los actores y escenarios y llevando al límite teorías conspirativas que no hacen más que mostrar lo ignorante que suele ser «el pueblo», ese «soberano» que siempre se equivoca y nunca tiene razón. Andrew Higgins escribió en un artículo lo siguiente:
«El desplome del precio del crudo sacudió el orden económico y político mundial, un giro en la rueda de la fortuna que fortaleció los intereses de Estados Unidos y llevó al borde de la crisis financiera a varios grandes países exportadores de petróleo, en especial, a los hostiles a Occidente, como Rusia, Irán y Venezuela».
La caída de casi un 50 % en el precio del crudo desde junio tuvo su impacto más conspicuo en la economía rusa y en el presidente Vladimir Putin. El ex ministro de economía ruso Alexander Kudrin, amigo de Putin, advirtió esta semana sobre una «crisis económica de proporciones», y llamó a mejorar las relaciones con Europa y Estados Unidos. Pero la onda expansiva va mucho más allá. El desplome del crudo podría influenciar en las deliberaciones de Irán sobre llegar o no a un acuerdo con Occidente por su programa nuclear.
También podría forzar a los petro-Estados de Medio Oriente a una reevaluación de su rol de administradores del suministro mundial de crudo. Y podría impulsar la economía de los grandes consumidores de petróleo, como Estados Unidos y China. Tal vez, incluso haya sido el empujón que faltaba para que Cuba decidiera sellar su acercamiento a Washington.
El hecho de que Estados Unidos se convirtiera en una potencia petrolera y no dependiente de los países petroleros tradicionales, ha disparado las alarmas en el cártel (OPEP). Daniel Lacalle, economista y autor de un interesantísimo libro titulado: «La madre de todas las batallas: La energía, árbitro del nuevo orden mundial». Sostiene que:
«La guerra de precios petrolera comienza con la decisión de la OPEP de defender su cuota de mercado y mostrar a los consumidores que son los suministradores fiables y baratos. Esto explica una parte. El mercado se encuentra con un exceso de suministro de 2,5 millones de barriles al día, ya que los países no OPEP han aumentado año tras año su producción por encima de la demanda, y EE.UU. ha llegado a producir más que Arabia Saudita y hoy importa menos crudo que en los últimos treinta años».
Y la China está orientando su crecimiento económico hacia un modelo de servicios, menos industrial (aún insuficiente). El petrolero Polar Discovery, propiedad de la estadounidense Conocophillips, zarpó desde Puerto de Valdez (Alaska), 26 de septiembre de 2014, con rumbo a Corea del Sur. Este barco, con una capacidad de 784.000 barriles, supone una proporción irrisoria del comercio internacional energético, de más de 570 millones de toneladas de crudo que se exportan anualmente en todo el mundo.
Sin embargo, simboliza una revolución de enormes proporciones y con connotaciones políticas y económicas, por ahora, incalculables: Polar Discovery contenía la primera remesa desde 2004 de crudo de Alaska destinado al mercado exterior. Aunque la venta de petróleo en el extranjero está restringida para las empresas estadounidenses desde el embargo árabe de los años 70, que los productores de la OPEP utilizaron como mecanismo de presión en la guerra del Yom Kippur, Alaska goza desde 1996 de cierta autonomía.
Desde Alaska fueron enviados miles de barriles hacia Japón, China y Taiwán (además de Corea) de 1996 a 2004. Después, las exportaciones se pararon, no resultaba rentable. El mercado interior de Estados Unidos tenía una demanda muy importante para asumir la producción a unos precios atractivos. Pero Polar Discovery, pone de relieve que algo estaba cambiando, y que tiene una vinculación con el vertiginoso descenso del petróleo de los últimos meses.
La caída o derrumbe de la cotización del crudo se entiende como una estrategia deliberada, las huellas en el campo de batalla de una guerra de precios con que el cártel de los países tradicionalmente exportadores (la OPEP), y en especial Arabia Saudita, trata de blindar su cuota de mercado ante la amenaza creciente de la producción estadounidense, alimentada por las nuevas técnicas de extracción (el «fracking», la fractura hidráulica).
El pasado mes de noviembre, el país saudita decidió mantener el nivel de producción de la OPEP en 30 millones de barriles diarios, una medida que concede aún mayor margen de caída a los precios. Esta situación está lastrando sobremanera a algunos países productores y, por el contrario, ha resultado un estímulo para los grupos de países importadores, como los que integran la UE.
Se puede decir siguiendo ciertas prospecciones que la caída del precio del barril de petróleo supondrá que los países exportadores ingresarán 1,2 billones de euros menos en los próximos 12 meses. El cálculo realizado por el ex economista jefe de Deutsche Bank en Estados Unidos, Ed Yardeni. De esa cifra, unos 475.000 millones de euros corresponden a los 12 países de la OPEP, aunque el grueso de la caída – casi 130.000 millones de euros- se lo lleva el país que está promoviendo la bajada del precio: Arabia Saudita.
Según Yardeni, los principales beneficiarios de la caída del crudo son Asia -que se ahorrará 389.000 millones de euros-, Estados Unidos -177.000 millones-, Europa Occidental -163.000 millones-, y América Latina -86.000 millones-. Así pues, se trata de una tremenda transferencia de recursos en la economía mundial, siempre y cuando se mantengan los presupuestos del estudio, que suponen un barril de petróleo ‘Brent’ un 40 % más bajo que en el mes de junio. Bhushan Bahree y Jamie Webster, de la consultora de riesgo político estadounidense IHS, sostienen que:
«Arabia Saudí está intentando una nueva estrategia, al probar la capacidad de resistencia de otros productores a una bajada de precios que trata de hacer frente al aumento de la producción de petróleo en América del Norte. Todo ello llega en un momento en el que varios grandes productores de la OPEP no pueden, o no quieren, afrontar los costes de una reducción de la producción y los mercados tienen exceso de oferta».
Estos movimientos económico políticos, nos recuerda lo sucedido en los finales de la Guerra Fría, exactamente en 1986, cuando Arabia Saudita, cansada de que su contrincante por el control del mundo musulmán, Irán, bombease todo el petróleo que quería, decidió aumentar la producción por su cuenta. Se desplomó el barril.
Los ingresos por exportación de crudo de la Unión Soviética se hundieron, lo mismo que los de otros países que violaban sistemáticamente las cuotas de producción de la OPEP, como Venezuela. Dos años después, Irán pedía la paz en su guerra con Irak, y cinco años después del desplome de precios la URSS dejaba de existir.
En julio de 1990, el dictador de Irak, Saddam Husein, se reunió con la embajadora de Estados Unidos en Bagdad, April Glapsie, para quejarse de los bajos precios. Glapsie le respondió: «Mucha gente en EEUU estaría contenta si el barril subiera». Una semana después, Irak ocupaba Kuwait (tal vez creyendo que había luz verde para la invasión). La economía de Arabia Saudita se había derrumbado y se originó un escenario posible para que tuvieran lugar los llamamientos a la pureza islámica de los integristas -entre ellos, un joven combatiente en Afganistán llamado Osama Bin Laden- tenían más eco.
En 1989, la economía de Venezuela había colapsado por la caída de los ingresos petroleros, la gente salió a las calles, se produjeron enfrentamientos y cientos de muertos. En febrero de 1992, un teniente coronel llamado Hugo Chávez intentaba sin suerte dar un golpe de Estado. 22 años después, Nicolás Maduro, está en la misma situación. Caracas ha planeado su presupuesto con el precio de la ‘cesta Venezuela’ -el crudo que usa de referencia ese país- a 60 dólares el barril.
Pero cualquier caída del precio del crudo es un problema para Venezuela o para Rusia, ya que ambos países carecen de acceso a los mercados internacionales de capitales. Los exportadores tradicionales, como Rusia y Venezuela, la situación es muy grave. La caída a menos de 60 dólares el barril -tras haber alcanzado los 115 dólares en junio-. El desplome, por más que se revierta parcialmente, fue tan abrupto y pronunciado como para trastocar los planes de muchos gobiernos.
Incluyendo a Putin que tenía la esperanza de que Rusia pudiese campear las sanciones de Occidente por su intervención en Ucrania sin demasiados costes económicos, y las aspiraciones de Venezuela de seguir con la política de gasto público y el despilfarro descontrolado del fallecido presidente Hugo Chávez.
Según Edward N. Luttwak, asesor de larga data del Pentágono, la caída del precio del crudo «está noqueando a los principales adversarios de Estados Unidos» sin que el gobierno tenga que hacer nada. Venezuela ya refleja un 90 % de probabilidad de impago. Es el país más dependiente del petróleo (90 % de su economía) y uno de los que más gasta en donaciones y subvenciones políticas.
El 95 % de los ingresos por exportaciones de Venezuela, que tiene las reservas de petróleo más grandes del mundo, lo que le ha servido para declararse enemigo del «imperialismo» de Estados Unidos, provenía de la venta de crudo, antes de la caída de los precios. Ahora, el país tiene problemas para solventar los planes sociales y para sostener una política exterior cuya base es la holgura petrolera, incluidas las remesas de petróleo a precio reducido que enviaba a Cuba, a países del área del caribe y otros países.
Para alejar el temor de los mercados, ante un default de su deuda, el presidente Nicolás Maduro, dijo que su país seguirá pagando sus compromisos. Pero la inflación en Venezuela está por encima del 60 %, hay escasez de muchos productos básicos, y muchos expertos creen que la economía está en recesión. David L. Goldwyn, coordinador internacional de energía del Departamento de Estado (primer gobierno de Obama), cree que una Implosion de Venezuela podría perjudicar a los países del Caribe y de América latina de una manera que tendría coletazos para Estados Unidos.
Pero la principal víctima en estos momentos es Rusia, donde los ingresos por exportación de energía representan más de la mitad del presupuesto de gobierno. Putin consolidó el fuerte apoyo con el que cuenta por haber sabido desterrar la tormenta económica que afligió a su predecesor, Boris Yeltsin.
Pero Rusia volvió a quedar de rodillas, tras un desplome del rublo que hizo que los consumidores rusos corrieran alarmados a los comercios a gastar todo lo que tenían. «Esta película ya la vimos», dijo Strobe Talbott, alto asesor sobre Asuntos Rusos de la presidencia de Bill Clinton tras la caída de la Unión Soviética, en 1991, y actual presidente de la Brookings Institution, de Washington.
Los demás países exportadores pueden aguantar años ajustando sus costes. Rusia tiene reservas de dólares y puede ajustar su presupuesto, no es necesario un precio de cien dólares por barril para equilibrar sus presupuestos, existen otras partidas de «gasto discrecional ajustable» que el Estado puede rebajar. También lo es para Irán, que necesita crudo caro porque su infraestructura petrolera está pulverizada tras la guerra contra Irak, la Revolución Islámica y, ahora, las sanciones.
Para Irán, el golpe es tan duro que su gobierno, buscando cubrir el creciente agujero de su presupuesto, ofreció a los jóvenes iraníes la opción de pagar para ser exceptuados de los dos años de servicio militar obligatorio que rige en el país. El único de los principales adversarios de Estados Unidos no dañado por la caída del crudo es Corea del Norte, que importa todo el petróleo que consume.
David L. Goldwyn, advirtió que una implosión de la economía de Venezuela podría perjudicar a los países del Caribe y de América latina de una manera que tendría coletazos para Estados Unidos. «Pero el balance es favorable a Estados Unidos», dijo en referencia al bajo precio del crudo, porque los consumidores norteamericanos ahorran dinero, y la situación «perjudica a Rusia y pone presión a Irán». También Siria puede salir duramente perjudicada si Rusia e Irán no logran mantener su apoyo económico, militar y diplomático al presidente Bashar al-Assad.
No es descartable que los petro-Estados provenientes del Golfo Pérsico, aunque continúen siendo ricos, tal vez deban recortar su apoyo financiero a los rebeldes islámicos radicalizados de Siria, por ejemplo Qatar. Los países productores de petróleo de Medio Oriente se verían también obligados a hacer reformas políticas y económicas, ya que amenaza el sistema rentista de los gobiernos que obtienen gran parte de sus ingresos de lo que pagan los extranjeros por sus recursos naturales.
Los efectos que ocasiona la caída del precio del crudo, ha desatado una especie de teoría conspirativa o una estrategia política diseñada entre Estados Unidos y Arabia Saudita para torpedear las economías de los países menos afines, especialmente después de la guerra de Ucrania y el notorio enfrentamiento entre la Administración de Obama y Putin.
Esta teoría es fácilmente desmontable, ya que la caída masiva de precios afecta también a sus respectivas economías. Lo que no significa que entre ambos países estudien estrategias para abordar el escenario actual y posterior a la caída de precios, que es posible y explicable en términos de mercado.
Los países antiestadounidenses que fueron más golpeados apuntan a un complot extranjero, sugiriendo que Washington, en connivencia con Arabia Saudita, hundió deliberadamente los precios. Visión muy extendida en Rusia, donde ex agentes de la KGB cercanos a Putin creen desde hace tiempo que Washington planeó la caída de la Unión Soviética haciendo que Arabia Saudita incrementara su producción petrolera, hundiendo así los precios y asfixiando los ingresos de Moscú.
Hace un tiempo atrás escribí un artículo con el título de: ¿Nuevo Orden mundial? O el orden político de siempre. En la que sostenía que Rusia, detrás de la imagen de un «oso imparable», escondía una gran fragilidad y que si no resolvía sus problemas podría encaminarse lentamente al desplome, y el petróleo constituía uno de los problemas.
Ante las negativas perspectivas de que el precio del petróleo vuelva a subir a corto plazo, todo parece indicar que las finanzas rusas seguirán sufriendo. El índice de la Bolsa rusa -el RTS- se dejaba este martes 23 de diciembre un 12,33 % tras unas semanas negras. En un año dicho índice arrastra una caída del 54 %. Prueba de ello es la intensa salida de capitales que ha sufrido Rusia en los últimos meses. El gigante Gazprom acaba de anunciar que estudia despedir a unos 100.000 trabajadores como consecuencia de la crisis. Capital Economics plantea tres nuevos escenarios distintos para Rusia en 2015 y en todos se da por descontado una recesión.
- Si el rublo sigue en caída libre, la contracción del PIB podría ser cercana al 8 %.
- En caso de que su moneda se estabilice en torno a los 65 dólares, estiman una recesión de entre el 2 % y el 5 % del PIB. Y 3). Si el rublo superase los 60 dólares y subiese más, estiman que también habría recesión, pero sólo en el primer semestre de 2015 y con una contracción de la economía de menos del 2 %. Todos estos escenarios van acompañados de una fuerte inflación esperada. No se descarta que el Gobierno ruso opte por introducir en las próximas semanas, o incluso días, un control sobre el tipo de cambio. Un manotazo de ahogado por parte de Moscú para intentar frenar el desplome del rublo.
La experiencia histórica de este tipo de movimientos no es muy favorable. Dicen que esta crisis es consecuencia de la guerra económica que Estados Unidos ha iniciado para debilitar a Rusia. El desplome del petróleo habría perjudicado temporalmente a la industria del fracking en Estados Unidos, pero habría permitido debilitar económicamente a Rusia sin derramar una gota de sangre.
Lo cierto es que a Rusia le ha afectado mucho más la caída del crudo que cualquier sanción que hasta la fecha le haya impuesto Occidente. Habrá que ver qué hace el rublo en las próximas semanas y lo más importante, qué hace el precio del petróleo en 2015 para ver cuál será el desenlace de esta particular pugna.
¿Es cierto que la actual caída del precio es obra de Estados Unidos? Sí y tiene su origen en gran parte el auge de la producción de petróleo gracias al desarrollo de fuentes alternativas, como el shale oil. Al compensar el declive de la producción de petróleo convencional, el aumento de producción de shale oil ha permitido que el total del petróleo producido en Estados Unidos crezca de 5 millones de barriles diarios en 2008 a los 9 millones de barriles diarios actuales, según fuentes de la Administración de Información de Energía de Estados Unidos.
Ese aumento de 4 millones de barriles es más de lo que producen diariamente Irak o Irán, segundo y tercero en la lista de mayores productores de la OPEP después de Arabia Saudita, y eso ha presionado fuertemente a la baja el precio internacional del crudo. La producción doméstica de petróleo en Estados Unidos superaron las importaciones de crudo. En lo que va de 2014, la producción diaria excede las importaciones en más de un millón de barriles de petróleo.
Semejante vuelco energético se ha producido en menos de un lustro, de la mano del fracking. El territorio de la Unión en el que más se está produciendo este cambio es Dakota del Norte. Los datos oficiales indican que la producción en Dakota del Norte ya se ha situado por encima del millón de barriles diarios. Solamente Texas ha conseguido colocarse sobre dicho umbral, mientras que Alaska, California y Louisiana, que en su día sí lo habían logrado, no han parado de perder terreno.
Fracking – Texas
De acuerdo con el Departamento de Recursos Minerales, hace cinco años la producción de petróleo en Dakota del Norte se situaba en los 200.000 barriles al día; para 2013, esta cifra ya era de casi 800.000, y en el presente 2014 el promedio se sitúa en 1.002.445. Las perspectivas de futuro eran sumamente optimistas, se esperaba que la producción alcanzara el millón y medio de barriles diarios para 2017.
La caída del precio del crudo, tendrá efectos muy importantes para Dakota del Norte, este estado había registrado el mayor crecimiento económico. A esto se sumaba el pleno empleo, en la que el paro es del 2,6 %, tres veces por debajo de la media nacional. Williston, ciudad ubicada en el corazón de los nuevos campos petrolíferos de Dakota del Norte, se registra hoy un desempleo inferior al 1 %.
La población de Dakota del Norte está aumentando como consecuencia del fenómeno apreciado en los últimos años. El número de habitantes de Williston se ha duplicado entre 2010 y 2014. Atendiendo a las tasas devengadas de la construcción de nuevas viviendas, la actividad inmobiliaria en la ciudad es hoy dos veces más intensa que hace apenas dos años.
Los nuevos contratos de personal de la cadena de grandes almacenes Wal– Mart están cerrando sueldos de $ 17,4 dólares/hora, frente al salario mínimo de $ 7,25 dólares/hora que fija el Gobierno federal. Actualmente se estaban desarrollando dos nuevas refinerías. La logística actual había sido superada, los empresarios del sector energético se vieron forzados a transportar el crudo vía oleoductos o líneas ferroviarias.
En el año 2000, este Estado ocupaba el octavo puesto por la cola en la tabla que clasifica a los territorios de la Unión según su PIB per cápita real. La cifra registrada por entonces era de $ 35.738 dólares, un 20 % por debajo de la media nacional. Dakota ya era un Estado productor de petróleo, pues figuraba en el noveno puesto de la tabla nacional, sus 33 millones de barriles por ejercicio apenas suponían el 1,5 % del total nacional.
Siete años después, justo antes del comienzo de la Gran Recesión: el PIB per cápita ya era de $ 44.668 dólares, si bien esta cifra seguía siendo un 9 % inferior a la media nacional; en cuanto a la producción petrolera, la cifra anual de barriles generados en Dakota del Norte ya suponía el 2,4 % del total nacional.
Fue entonces cuando el sector privado de Dakota del Norte consiguió aplicar con éxito las nuevas tecnologías de perforación y extracción. Entre 2007 y 2012, la producción de crudo se multiplicó por cuatro. Desde entonces, los niveles registrados ya superaban a Alaska y a California. Como consecuencia, el PIB per cápita real está ya en niveles de $ 68.800 dólares, más de un 30 % por encima de la media estadounidense.
El mayor productor del mundo no es Rusia ni Arabia Saudita, sino Estados Unidos, gracias a la expansión de la ‘fracturación hidráulica’ (o ‘fracking’), que consiste en perforar pozos primero y luego inyectar decenas de miles de toneladas de agua con productos químicos y que permite rentabilizar yacimientos que antes no eran viables. Pero el ‘fracking’ exige ‘pinchar’ la tierra constantemente, porque los pozos se agotan en dos o tres años.
Así, un barril de petróleo que tiene un coste de capital de cinco dólares en Arabia Saudita, sale por 10 en Venezuela, y por entre 50 y 70 si se extrae por ‘fracking’ en Dakota. Es probable que muchas empresas de fracking, caigan en suspensión de pagos. En Canadá (Alberta) la caída del barril ha provocado la cancelación de proyectos en las ‘arenas bituminosas’ -donde se obtiene el crudo en minas a cielo abierto-.
Igualmente se pronostica un futuro positivo para Estados Unidos, con la caída del precio del crudo, por un lado, por el ahorro que logrará la gente y su consecuente consumo y, como califica el vicepresidente de la Reserva Federal, William Dudley, como la medida de estímulo que necesita «el 99 %» de la población que no forma parte del estamento de los ‘superricos’. Las principales víctimas de esta bajada del precio del petróleo parecen ser las mismas que hace casi treinta años.
Con una excepción: Arabia Saudita y sus aliados del Golfo. En 1998, cuando el barril cayó a 10 dólares, Arabia Saudita tenía 22.000 millones de dólares en reservas de divisas. Hoy tiene 850.000. Teóricamente, ese país, y sus vecinos, pueden afrontar la situación que ellos mismos han creado.
Pungesti, Rumania.
Vlasa Mircia, alcalde de esta paupérrima aldea del este de Rumania, pensó que iba a hacerse rico cuando el gigante energético norteamericano Chevron se presentó aquí hace un año y le alquiló una parcela de tierra de la que es propietario para hacer perforaciones exploratorias en busca de shale gas. Pero ese encuentro entre los grandes negocios y la Rumania rural muy pronto se convirtió en pesadilla.
El pueblo se convirtió en un imán de activistas de todo el país que se oponen al método de fractura hidráulica (fracking), y se produjeron violentos encontronazos entre la policía y los manifestantes. El alcalde, uno de los pocos lugareños que están abiertamente del lado de Chevron, fue expulsado de la ciudad y vituperado por corrupto y vendido, en un escenario que los activistas presentan como la lucha de David contra Goliat, esta vez, entre los empobrecidos granjeros y las corporaciones norteamericanas.
«Estaba realmente impactado», recuerda el alcalde, que ahora volvió a su oficina.
«Acá nunca tuvimos manifestantes, y de pronto, estaban por todos lados». Los funcionarios del gobierno rumano, incluido el primer ministro, describen una campaña de protestas misteriosamente bien organizada y financiada, y dicen que uno de los protagonistas del enfrentamiento por el fracking en Europa es efectivamente Goliat, pero que no es la norteamericana Chevron, sino la empresa rusa Gazprom.
La gigante energética controlada por el Estado ruso tiene un claro interés en impedir que los países que dependen del gas natural ruso desarrollen sus propias fuentes alternativas de energía, según dicen, para conservar ese lucrativo mercado y esa potente cuota de poder internacional que significa para el Kremlin. «Todo lo que salió mal proviene de Gazprom», dijo Mircia.
Esa convicción de que Rusia fogonea las protestas -una opinión compartida por los funcionarios de Lituania, donde Chevron también se vio envuelta en una inusual ola de manifestaciones hasta que decidió retirarse- no tiene todavía el respaldo de ninguna evidencia clara. Gazprom, por su parte, rechazó las acusaciones de estar financiando las protestas en contra del fracking.
Hay evidencias circunstanciales que, sumadas a una gran dosis de sospecha al estilo Guerra Fría, acrecientan la alarma sobre una injerencia encubierta de los rusos para desbaratar todo aquello que amenace su asfixiante predominio energético sobre Europa.
En septiembre, antes de dejar su cargo de secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen manifestó en Londres su alarma, con comentarios que señalaban a Rusia y que enfurecieron a los ecologistas. «Como parte de sus sofisticadas operaciones de información y desinformación, Rusia está activamente involucrada con las así llamadas ONG -agrupaciones ambientalistas que se oponen al shale gas- para perpetuar la dependencia del gas importado ruso», dijo Rasmussen, que no presentó ninguna prueba y agregó que su juicio se basaba en informes de miembros de la OTAN.
«Para Rusia es crucial mantener esa dependencia energética. Está jugando sucio», dijo Iulian Iancu, presidente de la comisión de industria del Parlamento de Rumania y un convencido de que Rusia metió la mano para alentar a los opositores a la exploración de shale gas en toda Europa Oriental. Iancu reconoció no tener evidencia directa que sustentara sus acusaciones, ni tampoco que respalden su reciente aseveración en el Parlamento de que Gazprom había gastado 82 millones de euros para financiar el activismo contra el fracking en toda Europa.
Esta oleada de protestas en contra del fracking en Europa Oriental, donde los países son más dependientes de la energía rusa, empezó hace tres años en Bulgaria, miembro de la Unión Europea (UE), pero mucho más afín a los intereses rusos que cualquiera de los otros miembros de ese bloque de 28 naciones. En 2012, frente al súbito estallido de manifestaciones callejeras de los activistas, el gobierno búlgaro decidió prohibir el fracking y cancelar la licencia de shale gas concedida a Chevron a principios de ese año.
Rumania depende mucho menos de la energía rusa que Bulgaria y otros países de la región, pero un rápido crecimiento de la producción local le permitiría exportar energía a la vecina Moldavia y así frustrar uno de los importantes objetivos de la política exterior rusa. Como Ucrania, Moldavia se alejó de Moscú para inclinarse hacia la UE, y viene sufriendo crecientes presiones, en especial a través de los precios del gas, para que se mantenga dentro de la órbita de Moscú. «Actualmente, la energía es el arma más efectiva que tiene la Federación Rusa», dijo en una entrevista el premier rumano, Victor Ponta.
Por lo general, Rusia demostró escasa preocupación por la protección del medio ambiente y tiene un largo historial de acoso y hasta encarcelamiento de los ambientalistas que protestan. Pero frente al fracking, sin embargo, las autoridades rusas se convirtieron en entusiastas ecologistas, y el año pasado, Vladimir Putin llegó a decir que el fracking «representa un enorme problema medioambiental».
También lo decían en este país, los seguidores de Obama, el mismo Obama había enarbolado esa bandera, pero la «Real Politik» hizo que se comiera sus deseos. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, ha decidido que va a sancionar una ley aprobada por el Congreso en virtud de la cual ese país va a entregar a Ucrania misiles antitanque, aviones sin piloto (‘drones’) y radares para artillería por valor de 350 millones de dólares (281 millones de euros) durante el periodo 2015-2017.
La ley, que cuenta con el apoyo de demócratas y republicanos, supone la primera implicación directa de Estados Unidos en la concesión de material letal al Gobierno de Kiev. Hasta ahora, Washington se había limitado a entregar, al menos oficialmente, equipos de comunicación, uniformes, sistemas médicos y otros medios de combate considerados ‘no letales’. La Casa Blanca no especificó cuándo Obama va a sancionar la ley, que incluye medidas para reforzar la coordinación militar entre Estados Unidos y Ucrania.
Esta ley le permite además al presidente de Estados Unidos reforzar las sanciones económicas contra Rusia, en un momento en el que la economía de ese país se está colapsando. Entre las empresas afectadas están Rosoboronexport, la empresa estatal rusa que tiene el monopolio de las ventas de material militar de ese país al exterior, y que ha entregado a terceros países desde tanques hasta satélites. También abre la puerta a la imposición de sanciones a Gazprom, la empresa controlada por el Estado ruso y mayor productora de gas natural del mundo.
Entre las medidas que la nueva legislación incluye está la autorización a Obama de que prohíba a los inversores estadounidenses poner su dinero en Gazprom si esa empresa limita las ventas de gas a los aliados de la OTAN en Europa o a Ucrania, Moldavia y Georgia. El Congreso también aprobó 8 millones de euros (10 millones de dólares) para contrarrestar la propaganda rusa en los países de la antigua Unión Soviética y 32 millones de dólares (40 millones de euros) a medidas destinadas a promover la democracia en Rusia y combatir la corrupción en Ucrania.
Las nuevas sanciones corren el riesgo de deteriorar las relaciones entre Estados Unidos y la UE, que se opone a todo lo que sea irritar a Moscú. Pero la ley da una amplia flexibilidad al presidente estadounidense para que juegue con ellas. El papel de Arabia Saudita, como principal productor de petróleo del mundo, tiene asignado el del desplome. Lo dice el semanario británico «The Economist».
El cambio descendente de la curva de producción beneficia enormemente a los países «que detestan» el binomio Rusia-Irán. «Pueblo ruso, vienen tiempos difíciles, debéis aprender a ser autosuficientes», les dijo Vladimir Putin a los rusos en su discurso del estado de la nación tras anunciar que Rusia entraría en recesión en 2015 después de años de crecimiento estable. Incluso esto ha hecho caer el valor del rublo hasta el punto de que el primer ministro ruso, Dimitri Medvedev, pidió ayer por televisión que no compraran euros ni dólares.
Arabia Saudita pretende hundir los precios para hacer inviable el «fracking» en Estados Unidos, que será exportador de crudo y autosuficiente energéticamente en unos años. Los expertos apuntan que «el límite estaría en los 50 dólares el barril para que deje de ser rentable». Pero a Arabia saudita no le conviene jugar con fuego y menos si viven arriba del petróleo.
Los regímenes autoritarios productores de petróleo, como Rusia, están claramente sufriendo los efectos, para China es una bendición inesperada, ya que importa cerca del 60 % del crudo que necesita para mover su economía. China se convirtió en el mayor importador mundial de crudo en 2013, al superar a Estados Unidos, así que es la principal beneficiaria del hundimiento de los precios.
Bank of America Merril Lynch estimó el mes pasado que por cada 10 % que baja el precio del crudo, China podría incrementar su crecimiento económico en un 0,15 %. Un fuerte crecimiento de China haría aumentar la demanda de petróleo y así ayudar a reducir las penurias de la OPEP, que extrae alrededor de un tercio del petróleo de todo el mundo, el organismo ha perdido gran parte de su capacidad para fijar el precio a través del control de la producción.
27 de diciembre de 2014.