

EL PENÚLTIMO ANIMAL POLÍTICO VIVO
VLADIMIR PUTIN
Ricardo Veisaga
«Perdonar a los terroristas es cosa de Dios, pero mandarlos con él es cosa mía»
Vladimir Putin. (Antes del ataque sobre Siria).
El anuncio de la retirada parcial de las tropas rusas de Siria, ha sido una noticia inesperada para los medios de comunicación, líderes y analistas políticos. ¿Por qué se sorprenden de esta decisión? Porque no entienden lo que es la política o la confunden con su parte agonal electoral. Tampoco entienden lo que es un animal político. Hace poco dijo el papa Francisco en México, que él era un animal político.
¿Animal? Seguro…pero ¿político? De ninguna manera, para ser un verdadero animal político no basta una declaración de intenciones, hace falta pensar o razonar desde categorías políticas, no desde perspectivas morales. El Vaticano no tiene política, estrictamente hablando, tiene moral y demasiada metafísica.
Para lo que entiende por política la Iglesia, su ideal está en San Agustín y su «Ciudad de Dios», un verdadero mamarracho desde una óptica política. En donde el
Estado no es nada sino está subordinado a Dios, se puede decir para expresarlo en un lenguaje político, que sostiene la principal tesis anarquista y San Agustín, políticamente es el primer anarquista, un negador del Estado, es decir de lo político.
Vladimir Putin, se ha convertido en un personaje impredecible para la opinión pública en general, y casi siempre sorprende a todos con sus acciones. Pero eso no significa que sus actos procedan de la desesperación o la improvisación, no al menos por ahora. Sus actos obedecen a una estrategia muy definida con unos objetivos muy claros. Parecería que su estrategia global es más propia de la guerra fría que de los nuevos tiempos.
¿Pero cuáles son los componentes de estos nuevos tiempos? Personalmente no he visto ninguna teoría integral que haya sido expuesto por ningún politólogo, no digo de la clase política internacional, pues en ellos directamente no hay nada, se lo ve en sus acciones. Lo único que hay son pequeños fragmentos bien encaminados, pero sin un desarrollo general.
No digo ni pretendo comparar a Putin con Napoleón, con Alejandro el Magno, Luis XIV, Richelieu o Bismark, pero tampoco se lo puede minimizar en la comparación y sus actos son tremendamente efectivos. Cada conflicto, cada aliado, se supedita a sus intereses generales y lo que ayer era un amigo hoy puede devenir en un enemigo, no hay aliados permanentes, hay intereses permanentes, es el eco realista de Lord Palmerston.
Para poder entender la retirada parcial de las tropas rusas, hay que desmenuzar algunos de los fenómenos. Putin ha hecho mucho más por Al-Assad y por extensión por Siria, para terminar el conflicto bélico (que nunca debió iniciarse), que todas las fuerzas occidentales y no occidentales. Sus ataques produjeron enormes daños políticos en toda la oposición, no sólo bélicamente al Estado Islámico.
Tanto es así que hoy por hoy, la continuidad de Al-Assad es la opción más realista a la vista del nuevo equilibrio de fuerzas en el interior del país. La mal llamada oposición «moderada», cuya efectividad ha servido para constituir un verdadero caldo de cultivo para engrosar las fuerzas del Daesh. Bien dice el dicho «a rio revuelta ganancia de pescadores», una oposición mantenida a un precio muy elevado y hoy casi inexistente, debilitado y sin protagonismo en la acción militar.
El gobierno sirio ha recuperado territorio y cuenta con una fuerza militar remozada para llegado el caso, terminar con los focos de resistencia. De manera que «pensar» en una solución basada en lo que pretende la «oposición» es casi imposible y una pérdida de tiempo.
La decisión de retirar el contingente ruso se empezó a aplicar el mismo día del anuncio de parte de Putin, pero hubo una semana completa para verificar en detalle el desarrollo del cese de hostilidades que había entrado en vigor el 27 de febrero de 2016 y para que no hubiese sorpresas negativas. El repliegue desde Siria hacia Rusia (a 2.500 kilómetros) exigió una preparación técnica de 4 o 5 días.
Los medios aéreos y navales de transporte, fueron asignados en función de las capacidades de carga de los aviones en términos de hombres y de equipamiento, así como por su radio de acción, según los trayectos de vuelo y las condiciones meteorológicas. Los planes de vuelo para los aviones de transporte, y los aeródromos de embarque y de desembarco para los aviones de carga necesitó tiempo.
Esta operación implicó a más de mil soldados rusos, que conocían los detalles al menos unos cuatro días antes. Sobre todo, teniendo en cuenta que la ruta más corta no estaba disponible debido al cierre del espacio aéreo por los países de la OTAN a los vuelos rusos. Lo interesante y preocupante por la «sorpresa» de occidente, hay que señalar primero, que los servicios de inteligencia de la OTAN no percibieron absolutamente nada, y en segundo lugar esto podría significar en práctica, que los servicios de inteligencia occidental no tienen agentes infiltrados o trabajan muy mal.
Moscú actúa mientras que los otros sólo reaccionan, toma la iniciativa y no se preocupa por los movimientos de los demás. Putin quiso llevar a Siria sistemas antiaéreos S-400… y lo hizo en dos días. Modernizaron el Ejército Árabe Sirio, en especial la fuerza aérea y al mismo tiempo, pusieron a prueba en condiciones de combate, los nuevos aviones Su-30SM, Su-34 y Tu-214R, así como las municiones inteligentes Kh-25, KAB-500, KAB-1500, que equipan esos nuevos aviones, y los misiles crucero KH-101 lanzado desde bombarderos y NK-Kalibr, disparados desde submarinos y unidades navales de superficie.
Rusia probó el moderno equipo C4I frente a los aliados. Procedimientos y armas adecuadas para la lucha contra el terrorismo, ahora Rusia sabe cómo contrarrestar una nueva «primavera árabe». El cese de hostilidades benefició principalmente a Siria, los rebeldes deben respetarlo, lo que le permite concentrarse en los enemigos principales como el Emirato Islámico, el Frente al-Nusra (la franquicia de al-Qaeda en Siria) y el Frente Islámico (armado por Arabia Saudita).
Siria concluyó un acuerdo, a través de Rusia, con las milicias kurdas, que pueden defender la frontera con Turquía, y una verdadera tregua con el «Ejército Sirio Libre» armado por Estados Unidos y Francia. Por otro lado, los sistemas rusos de defensa antiaérea S-400 y Pantsir-S2 y todos los aviones de reconocimiento sin piloto permanecen en Siria, para monitorear que se respete el cese de las hostilidades.
Los bombarderos rusos pueden volver a Siria y reiniciar los bombardeos aéreos en sólo 24 horas, como tiempo máximo. No es por casualidad que están abiertas la base aérea rusa de Hmeymim y la base naval de Tartús. Putin ha tirado abajo una teoría falsa esgrimida por los progres, la Casa Blanca aseguraba que la fuerza militar no era capaz de resolver la crisis política en Siria. A lo que llaman «solucionar» el problema político en Siria, no es otra cosa que eliminar a Al-Assad del gobierno.
Sin embargo, el contundente operativo del Ejército ruso que lanzó contra los grupos terroristas desde su Fuerza Aérea junto a la Flota del Caspio, logró alcanzar la paz temporal, necesaria para el inicio de las negociaciones. La continuación de la acción bélica a gran escala podría llegar a ser contraproducente a los intereses tanto de Rusia como de Siria.
Siria necesitaba sentarse en la mesa de las reuniones de Paz, con un mayor control del territorio. El retiro de las tropas rusas, coincide con el inicio de estas conversaciones. Retiro, que ha dinamitado los acuerdos previos de la Coalición internacional, que imaginaban un escenario en donde se pidiera la irrevocable salida de al-Assad.
En estos momentos al-Assad ya no es parte de la solución, sino el único capaz de garantizar la estabilidad siria. Los ataques rusos no sólo fueron dirigidos al Estado Islámico, sino también a los «moderados», que a su vez cortaron los suministros de Turquía a sus aliados suníes. Ahora, el sendero se bifurca en dos opciones o, «brutalidad terrorista del Daesh» o «brutalidad estatal de Al-Assad».
Estados Unidos finalmente ha reconocido el papel del régimen de Damasco, lo que para los rusos significa que al final tuvieron que elegir, como dirían en el café con lenguaje «políticamente incorrecto», entraron por el aro.
En muchos momentos durante el conflicto, al-Assad estuvo a punto de caer y gracias a la intervención rusa no se materializó. Intervención que había sido negociada por el general sirio Hassan Turekmani en el 2012. Pero que se concretó 3 años después, no por caprichos sino porque Moscú optó por terminar de desarrollar sus nuevas armas antes del despliegue.
La alianza de Moscú y Damasco data de los años 70, cuando Hafez al-Assad, padre de Bashar al-Assad, estaba al frente de la nación. Es el único país, en que más allá de la frontera de la antigua Unión Soviética, es donde Rusia conserva bases. Lo que le permite tener una cierta influencia en Oriente Próximo y en cierta medida en el Mediterráneo. Pero eso no significa Carta blanca para al-Assad.
Terminó la época en que al-Assad recuperaba terreno empujado por los rusos. Vladimir Putin al retirar parcialmente sus tropas de Siria, está forzando a Siria a negociar. Cuando al-Assad, envalentonado dijo que estaba dispuesto a seguir reconquistando todo el país, el embajador ruso en la ONU, Vitaly Churkin, le lanzó un aviso: la salida del atolladero sólo puede ser negociada, la victoria militar sólo será parcial.
Moscú quiere que entienda que tiene todo a favor para negociar. La imagen de Putin telefoneando al sirio tras reunirse con los ministros de Defensa y Exteriores, muestra claramente que Al-Assad sólo puede acatar la decisión rusa y agradecer el apoyo prestado. Ahora debe hablar con los enemigos.
Bashar al-Assad es un aliado problemático y la aventura no podía ser eterna. Moscú ha padecido los quebraderos de cabeza de tener como aliado a un tirano capaz de masacrar a su pueblo con armas químicas. El apoyo aéreo de los rusos hizo posible el avance de las tropas sirias, que han cometido atrocidades, que dejan muy mal a Rusia.
Pese a los vínculos históricos, durante esta crisis se ha revelado que Moscú en realidad, no tenía mucha influencia sobre el régimen sirio, quienes por su lado cometieron graves errores estratégicos. Siria tuvo siempre dos aliados Rusia e Irán en los cuales se apoyaba. Rusia lo apoyó diplomáticamente en foros internacionales donde Irán era un paria o no contaba. Y le aportaba armamento.
Pero Irán puso soldados sobre el terreno y propició el apoyo de Hezbolláh a la causa de al-Assad. Y como si se tratara de un guión secreto, hace unas semanas la guerrilla chiíta libanesa Hezbolláh anunció también su retiro del teatro de operaciones de Siria. Desde el inicio del conflicto Bashar al-Assad perdía terreno y empezaba a sentir el peso del enemigo, se fue inclinado más hacia Teherán y menos hacia Moscú.
Damasco ha mostrado que tiene otros aliados como Irán (¿será el factor religioso?). Y que Irán pese a tener buenas relaciones históricas con Rusia (eso lo pude comprobar personalmente), lo cierto es que tiene grandes ambiciones respecto a Siria, que chocan muy fuerte con los planes de Moscú. Por tanto las operaciones conjuntas de las fuerzas ruso-sirios no podían durar eternamente.
Recientemente, se han producido frenéticas visitas de los secretarios de Defensa de Rusia e Irán a sus respectivas capitales, señal de que algo inédito está sucediendo entre Moscú y Teherán. En el complejo avispero medio-oriental, pienso que a Putin no se le pasó por alto la visita a Teherán del premier turco Ahmet Davutoğlu al presidente iraní Hassan Rohani, quienes se pronunciaron en contra tanto de un sistema Federal en Siria como de una provincia kurda, cuya metástasis geopolítica carcomería las regiones kurdas de ambos países.
La prensa empezando con The New York Times, especulan con la existencia de un distanciamiento entre Moscú y Bashar al-Assad, y un alejamiento con Irán, pero lo desmiente en forma categórica el portal iraní Press TV. El alejamiento de Hezbolláh aliado de Irán, del teatro de operaciones, es posible que se deba en parte a lo que se conjetura en círculos regionales, y que sostienen que las superpotencias en juego, están pensando en una nueva Siria Federal (con acuerdo ruso), que podrían emerger si las líneas provinciales son redibujadas, de acuerdo a las posiciones actuales sobre el terreno.
Es decir, una provincia sunita en Deir al-Zor y Al-Raqqa (capital del yihadismo), una kurda en el norte, y una cosmopolita integrada por alauitas-cristianos-drusos en la región occidental que va de Damasco a Latakia. De esta manera Putin estaría arrojando la pelota al campo de la coalición sunita de Turquía-Arabia Saudita-Qatar, y que obligaría a mostrar sus cartas a Obama sobre la eclosión del Estado kurdo en Siria, que no desean ni Turquía ni Irán.
El supuesto arreglo con los sunitas, detiene el empuje para recuperar Raqqa, ya que el ejército sirio no podría concretarlo solo, y Putin hábilmente le deja «el honor» a Obama de la toma de Raqqa. Debo recordar una vez más, que tanto en Raqqa como en Deir-ez-Zor, predomina el factor saudita.
Este movimiento de Rusia, pese al disgusto de Siria, es una respuesta a las maniobras de Turquía, miembro de la OTAN, la punta de lanza de la trampa Brzezinski para empantanar a Rusia como lo hicieron en Afganistán. En momentos en que el presidente Erdogan realiza una alianza con el régimen de Kiev (Ucrania), e intenta atraer a su causa a Azerbaiyán.
El debilitamiento del Daesh es más que evidente. La verdadera guerra contra el Estado Islámico se libra en Irak, y con una acción continuada las tropas iraquíes están terminando con el poder territorial de los terroristas, que era el fundamento de su poder económico. El bombardeo ruso a los transportes de petróleo fue mortífero para su supervivencia. Sin Irak, las posibilidades del E.I. de sobrevivir en Siria son mínimas.
Las fuerzas estadounidenses con ataques selectivos continúan descabezando a los grupos terroristas (hace días acabaron con el número 2) y cada vez resulta más difícil reemplazarlos al ritmo de los ataques de los drones.
Europa que no ha sabido resolver el problema de los refugiados, de acuerdo a utópicos principios sobre los que se funda la Unión Europea, pero la realidad política hace que se llegue a un acuerdo con Turquía para conseguir trasladar el problema lejos de sus fronteras, contrariando los elementales principios de la Unión Europea y comienza a ver con buenos ojos el retorno a la situación previa al conflicto.
Vladimir Putin no tenía razones para seguir luchando, ya consiguió lo que se propuso, nunca habló de una victoria militar total, sabe que no es posible expulsar o acabar con los terroristas atacando sólo desde el aire. Muchos analistas sostienen que la guerra para Rusia estaba siendo un mal negocio. Es muy difícil calcular el verdadero coste de la operación en Siria, me refiero al coste económico, ya que el éxito militar-político justifica cualquier precio.
Fuentes de los servicios de seguridad sostienen que Moscú ha logrado pasar los gastos de la campaña desplegada en Siria, a los gastos normales en maniobras. La agencia RBC, ha calculado en 370 millones de euros (y cinco bajas). No es para alarmarse aun cuando el precio del crudo sigue siendo muy bajo, el rublo está demasiado bajo, y el gobierno está recortando el 10% en el presupuesto de todos los ministerios. El club de futbol el Real Madrid de España en dos temporadas de fichajes de jugadores gasta más que esa suma.
Es cierto que tampoco ha suscitado una ola de orgullo nacional, como los obtuvo en el caso de Ucrania, país al cual están muy unidos, Siria está muy lejos. Amigos dedicados al periodismo en Rusia, me comentaron que los medios se habían «olvidado» de Ucrania, para redirigir su atención a Siria, al terrorismo y al Daesh. Y en especial hacia el nuevo enemigo «Turquía». Medios poco parciales dicen que el apoyo a la guerra en Siria ha sido modesto e irregular, que logró apenas un 46% de adhesión.
Según la encuestadora rusa VTsIOM. El respaldo del 89,1% de junio ha pasado a un 89,9% en octubre de 2015. Lejos del modesto 58,8% de enero de 2012, cuando hubo protestas en las calles por su retorno al Kremlin. Vladimir Putin sabe escenificar los momentos, su imagen estrechando la mano de al-Assad en el Kremlin dio la vuelta al mundo.
Acompañado del malo y del bueno, por Serguei Shoigu, ministro de Defensa y, Serguei Lavrov, Exteriores. Lanzando dos tiros por elevación, uno para el interior de la Federación «4.000 ciudadanos de Rusia y antiguas repúblicas de la URSS» que se han unido a los «terroristas» y suponen una amenaza que hay que combatir antes de que vuelvan.
Y el otro, que para mentes simplistas el destinatario era al-Assad, y que en realidad fue para todas las cancillerías del mundo el «Gracias por venir», y un mensaje que podría ser interpretado así «nosotros (el Kremlin) hemos organizado esta reunión y tenemos un mensaje para al-Assad, estamos de su parte, y aunque Occidente lo demonice, no lo vamos dejar caer, lo vamos a sostener (hasta nueva decisión) para que llegue vivo y con fuerzas a una solución política.
Y que al-Assad y su régimen no serán liquidados como Saddam o Gadafi. No se sabe si Putin y al-Assad hablaron de alguna salida honrosa del sirio, Rusia no es intransigente al respecto, pero es firme en que cualquier sucesión sea ordena y dentro de un proceso político, donde Occidente no siga sacando presidentes al albur.
En esos momentos Turquía sólo le reservaba un papel al sirio, de entregar el poder, Arabia Saudita lo quería fuera, Estados Unidos no quería tratar con él. Putin ha logrado dar una vuelta al revés. Estados Unidos al principio sólo mantenía contactos con el ejército ruso, para evitar que ambas misiones chocaran en Siria. Pero el alto el fuego del 27 de febrero, fue negociado en Ginebra entre Rusia y Estados Unidos, en igualdad de condiciones.
En el caso de Ucrania, el gobierno ruso armó (sin reconocerlo) a unos mineros en paro para plantar cara a un nuevo presidente ucraniano partidario de virar a Europa. Liquidando con ello los planes de Estados Unidos, (supuestamente) de avanzar y cercar a Rusia, arrebatándole otra ex república, cada paso de Kiev era respondido con más tropas (sin uniforme), más artillería y misiles.
El punto más desgraciado y sin retorno fue el derribo del avión MH17, la cosa se le había escapado de las manos a Putin, no estaba manejando un ejército regular. Los medios del mundo difundían su imagen con una palabra que rezaba: Asesino. Ya aprendería de ese suceso, pero no retrocedió y abrió nuevos frentes en Ucrania. En Ucrania, Rusia apoyó a los «rebeldes», es decir a sí mismo. En Siria apoya al gobierno y llama terrorista a todo lo que se mueve en contra del gobierno.
El objetivo real de Rusia era marcar una huella en Oriente Medio, resurgir de las cenizas del aislamiento internacional por lo de Ucrania. Dos décadas después del colapso de la Unión Soviética, Moscú ha demostrado que sigue siendo capaz de proyectar su poder a miles de kilómetros de sus fronteras y de salir airoso y dejar en ridículo a las objeciones de la coalición internacional. Interviniendo en Siria fue un modo de hacer ambas.
La retirada de Siria, tiene sentido una vez que se establece que la intervención del presidente Putin no fue sobre el ISIS, el terrorismo o incluso para ayudar al mismo presidente Al-Assad. No fue interés de Rusia estar en un proceso interminable. Putin habló de negociaciones en octubre de 2015. Los rusos están mirando todavía a Ucrania en términos de su política militar exterior.
Mientras el apoyo de Rusia al presidente Al-Assad fue firme, hubo señales de que Al-Assad se estaba volviendo excesivamente confiado. El retiro parcial fue un mensaje al sirio, luego de algunas fricciones con Moscú como no querer escuchar y esto es también un recordatorio que no puede hacer eso. La intervención de seis meses le cuesta poco a Putin, en comparación con el rédito internacional que ganó.
Mostró a los ciudadanos que fue efectivo y poderoso. Los medios de comunicación estatales de Siria intentaron quitar importancia a la retirada de Rusia. La TV estatal subrayó que esta decisión fue coordinada con el gobierno sirio, pero el Kremlin dijo que no lo había consultado con sus socios sirios antes del movimiento.
Rusia a diferencia de Washington, aprendió la lección de Afganistán, para quedar empantanado en una guerra interminable. Eso es lo que Washington quería no sólo en Siria sino también en Ucrania. Lo que desea es el sobre agotamiento de sus recursos, superiores a los que Washington realizó en sus intervenciones en Afganistán, Irak, Siria, etc., en los últimos 15 años. Vladimir Putin tuvo muy en claro su estrategia del «toco y me voy».
Rusia ha vuelto al escenario internacional. Con una mayor credibilidad y fuerza, ya lo había hecho cuando salvó a Obama justamente en Siria, de la trampa por sus lamentables «líneas rojas». En esta nueva etapa Rusia tiene un lugar estelar, que junto a Estados Unidos copreside el proceso de paz, una paz como todas, fruto de la Victoria. La intervención rusa forzó a Occidente a negociar, y de esa manera meter a al–Assad en la negociación, y seguramente en la transición que en algún momento se abrirá en Siria.
Si en Siria la transición de un marco político a otro se hace de manera controlada (con elecciones y mesa de negociación, aunque todavía no se sabe por qué orden) un Al-Assad fortalecido va a poder defender mejor su postura, que entronca con los intereses de Moscú. El actual aislamiento de Rusia por su política en Ucrania, ha bajado su intensidad en el lenguaje, pero no en los hechos, las sanciones se han renovado, Occidente no va a reconocer a Crimea como soberanía de Rusia, y la exigencia a Rusia para que cumpla su parte del acuerdo de Minsk, para apaciguar Ucrania que sigue encima de la mesa.
La Unión Europea (UE) publicó, el mismo día del retiro ruso, sus cinco principios para negociar con Rusia, donde afirman que las sanciones son un instrumento político, no económico. Los europeos han bajado el tono de los anatemas contra Putin (no por respeto, sino por miedo), mientras la UE opera un arreglo con Turquía sobre los refugiados. La paz que surja de las negociaciones en Ginebra 3, es la solución de los refugiados. ¿Esto significa el fin de las sanciones?
Putin como un jugador de ajedrez, continúa moviendo sus fichas con mucha agresividad, pero siempre protegiendo sus alfiles y sobre todo preservando a su reina, que le otorga un liderazgo internacional. Rusia es una economía que en muchos aspectos languidece, y sin embargo con estos golpes de efectos, Rusia sigue siendo un quebradero de cabeza para los gobiernos Occidentales, justo lo que más ambiciona el ruso. Vladimir Putin quiere un arreglo con los sauditas y mete «la pica en Flandes», en la Flandes actual de sunitas, chiitas y Occidente.
Rusia y los sauditas desean limitar la producción de petróleo, la política saudí se ha vuelto en su contra y demasiado oneroso. Quieren empujar el precio del crudo más allá de los 50 dólares. Y un acuerdo en Siria que contemple el interés de las partes suena lógico. El valor de un pacto petrolero es mucho más que una victoria en Siria para cualquiera de ellos. Las relaciones de Irán y Rusia súbitamente pasan por un mal momento, Irán ha retirado a los guardias revolucionarios de Siria, y se ha manifestado en contra del plan de congelamiento de la producción de petróleo.
La estrategia de Rusia en estos momentos es de debilitar a Turquía y su alianza con Arabia Saudita. Turquía había logrado un gran protagonismo con el retorno masivo de los refugiados (a cambio de dinero). Pero de acuerdo a la perspectiva rusa, el acercamiento de Turquía a la Unión Europea es un obstáculo a su estrategia global.
Si Al-Assad continúa en el gobierno y la aceptación internacional cambia, y si consigue que los refugiados retornen a sus casas, el acuerdo con Turquía perderá valor y los turcos ya no recibirán los 9.000 millones de euros, ni los visados, ni existirá urgencia para acelerar su ingreso a Unión Europea, lo que significaría un durísimo golpe a las pretensiones turcas en la región.
Los que nos dedicamos a observar el mundo en términos políticos, esperamos ansiosos el siguiente movimiento en el tablero mundial ¿le devolverá Putin a los Aliados su «Afganistán» en forma de boomerang? Un Afganistán como trampa pergeñada por un Brzezinski rusofóbico, un sentimiento legítimo, ya que su pueblo polaco, fue víctima de los criminales soviéticos. Putin le ofrece en bandeja el camino libre para que Estados Unidos consiga su pequeña victoria militar contra los combatientes de Alá y su profeta.
Pero este regalo puede resultar ser un «presente griego», una victoria que requiere de tropas terrestres lo que puede constituir una trampa, una trampa para quedar empantanados. Es posible que Ucrania sea la siguiente pieza, pero de algo estoy seguro, la OTAN ya no puede pretender que el sitio para la contienda con Rusia, sea Siria. El repliegue ruso de Siria, le permite pensar con mucha calma, y tal vez pueda elegir el Frente Ártico, donde se conecta con China frente a Estados Unidos.
Por años estuve siguiendo el desempeño político de la canciller Ángela Merkel, y su desenvolvimiento en el ámbito doméstico (Alemania- Unión Europea), era bastante aceptable, lo que la ponía por arriba del resto de los «líderes políticos» mundiales. Pero…en cuanto tuvo que responder a situaciones globales, que comprometían al bloque continental donde estaba asentada, comenzó a hacer agua, no supo dar una respuesta política y su respuesta fue igual a los progres, su contestación fue desde una perspectiva moral y no política. Falló en lo que constituye la Alta Política, y el error lo pagó en las elecciones recientes.
Vladimir Putin, pese a mis reservas, es un «animal político», piensa y actúa como un político. Es consciente del papel que le corresponde a Rusia, sabe que para proteger a su Estado muchas veces debe sobrepasar sus límites «¿naturales?». Los estudiosos del significado de «Imperio», Gustavo Bueno habla de cinco acepciones y la acepción que le corresponde a la Federación rusa (de hecho, un Imperio), es la de un imperio diapolítico.
Pero, además, es la de «Imperio como espacio del Imperator», un espacio que no es meramente físico-geométrico, sino en el sentido de «espacio antropológico», dotado de tres dimensiones, una circular, otra angular y la dimensión radial (a la que se reduce, principalmente su contenido territorial). Cuando los historiadores de la Roma antigua hablaban de «fronteras naturales» del Imperio estaban usando ese concepto espacio-antropológico de Imperio.
Y cuando se habla del limes o línea fronteriza, constituida por ríos, fosos, muros, desiertos, que separa a Roma del entorno bárbaro, es un contorno o capa cortical que está tallando y retallándose continuamente por las legiones (ejército del Rin, ejército del Danubio, ejército de Oriente, ejército de África), siempre bajo el mando supremo del Imperator.
Y cuando traspasaba los limes lo hacía por seguridad, para asegurar los limes desde el frente. La pérdida de las ex repúblicas del bloque soviético, significa para Putin, según repiten hasta el cansancio, el mayor desastre geopolítico, que no quiere permitir que suceda nuevamente. Ante el avance de la OTAN sobre Ucrania, respondió como todo hombre de Estado, pero esa respuesta también podría ser su el comienzo del fin.
Si a Putin no le queda otra opción que la Guerra, la emprenderá, la Guerra no es un asunto de votos, es un asunto de Poder y decisión pura y dura. Es un movimiento político, la democracia es una institución, es la política domada, domesticada, hasta nuevo aviso. La política real no se lleva a cabo con «doctrinas» ni con «métodos», sino con intereses, con reales intereses, lo demás se llama «ideología», y la ideología y el método serán siempre lo de menos.
Si para conseguir esos reales intereses hay que mentir o falsificar la doctrina, pues se miente y se falsifica el mundo entero y no pasa NADA. Eso es la «Realpolitik» a secas, sin agregados idealizados. Lo único que falta es suponer, que la «realidad política», se debe hacer amoldándola a los presupuestos apriorísticos y a veces dogmáticos de una doctrina, o de una ideología, y por si fuera poco una ideología «fundamentalista democrática».
26 de marzo de 2016.