

EL KURDISTÁN IRAQUÍ
REDIBUJANDO EL MAPA
Ricardo Veisaga
Hace más de medio siglo que falleció Winston Churchill, el británico fue un gran personaje del siglo XX y en vida desempeñó todo tipo de oficios. Fue historiador, militar, corresponsal de guerra, escritor, orador, pintor, albañil, novelista, aviador, premio nobel de literatura, propietario de caballos, ciudadano honorario de Estados Unidos, un gran bebedor de coñac y primer ministro.
También fue cartógrafo, mejor dicho, dibujante de mapas e inventor. Su mayor invento lo dio a conocer en El Cairo (Egipto), en marzo de 1921, inventándose nada menos que el Oriente Medio moderno. Churchill desempeñaba entonces el cargo de secretario de Colonias británico, y a tal efecto convocó una conferencia en El Cairo luego que la Sociedad de Naciones otorgara a Londres los mandatos de Palestina, Transjordania e Irak.
Reunió a cuarenta personas entre expertos y políticos, entre ellos a Gertrude Bell, la primera mujer nombrada para un puesto con autoridad política en el servicio colonial británico, sir Percy Cox, alto comisionado en Mesopotamia, y T.E. Lawrence (el famoso Lawrence de Arabia). Recurriendo al típico humor inglés, los denominó los Cuarenta ladrones.
Todo se hizo en medio de un gran hermetismo, en esa reunión, se decidió la suerte de las entonces provincias árabes del imperio Otomano, y que hoy es una región sumamente inestable. En primer lugar se dibujó el reino de Irak (un gobierno títere) para Faisal Ibn Husein, que pasó con la denominación de Faisal I. después se dibujó el emirato de Transjordania (hoy, Jordania) destinado para Abdulah I Ibn Husein, hermano de Faisal y también hijo de Husein Ibn Ali.
Fue un premio por cambiarse de bando en la Primera Guerra Mundial, animado por Lawrence, para apoyar obviamente a los británicos. Gran Bretaña realizó promesas contradictorias con el fin de sumar aliados contra los otomanos, quienes a su vez luchaban junto al imperio alemán y al austrohúngaro. A los árabes les prometió la independencia, a los judíos, un Hogar Nacional en Palestina (declaración Balfour, 1917), y, secretamente, pactó con París (acuerdo Sykes-Picot) el reparto de los territorios que había prometido a árabes y judíos.
Sir Henry McMahon, en 1915, un alto comisionado británico en El Cairo, entabló las primeras negociaciones con Husein Ibn Ali, que se decía descendiente de Hachem, a su vez descendiente de Ismael (hijo de Abraham) y bisabuelo de Mahoma (es decir que era un mentiroso descarado) por este supuesto linaje era reconocido como jerife de La Meca, en Hiyaz, en la península Arábiga.
Henry McMahon prometió a Husein Ibn Ali que, si los árabes se alzaban contra los otomanos, Gran Bretaña estaba «dispuesta a apoyar la independencia de los árabes dentro de los límites solicitados por el jerife de La Meca». Husein entendió que todos los territorios se convertirían en un Estado árabe independiente. Pero los británicos no pensaban lo mismo.
Años después en 1937, McMahon confesó: «Considero que era mi deber afirmar, y así lo hice de manera enfática, que no pretendía asegurar al rey Husein la inclusión de Palestina en el área sobre la que había prometido la independencia árabe». En tanto Mark Sykes, diputado británico, y Charles-Georges Picot, ex cónsul general francés en Beirut, en 1916, concluyeron un pacto secreto, con el consentimiento de Rusia, para repartirse los territorios árabes ignorando lo que Henry McMahon había prometido a Husein.
Francia se quedó con la costa siria (hoy, Líbano), Londres, con Bagdad y Basora (hoy, Irak), Palestina sería administrada internacionalmente, y el resto (las actuales Siria, Mosul y Jordania) tendría jefes árabes supervisados por los gobiernos de París y Londres. Una vez suscripto el acuerdo, los británicos se arrepintieron. Exigieron el control de Palestina y desaprobaron que Mosul, lugar donde comenzaba a brotar el petróleo, pasara a Francia.
En 1920, en San Remo, el Oriente Medio fue dividido en cinco mandatos, de la Sociedad de Naciones, que deberían preparar las independencias. Para París, Siria y Líbano, para Londres, Palestina, Transjordania (hoy, Jordania) y el actual Irak, integrado por Mosul, Bagdad y Basora. Churchill consideró que Londres, con estos arreglos, cumplió lo prometido por sir McMahon.
Los tres hijos de Husein Ibn Ali no tuvieron suerte. La dinastía iraquí de Faisal fue derrocada en 1958. Abdulah reinó en Transjordania hasta 1951, cuando fue asesinado por un palestino. Y Ali sucedió a su padre en Hiyaz hasta 1925, año en que Ibn Saud, futuro fundador de Arabia Saudita, se lo arrebató.
El nombre Kurdistán significa literalmente la tierra de los kurdos. El término kurdo a su vez se deriva del latín Cordueni, es decir, del antiguo Reino de Corduene, que se convirtió en provincia romana en el año 66 d.C. Los kurdos dicen que son descendientes de los medos, el imperio que se impuso a los asirios en el siglo VI a.C., pero no existen pruebas.
Jenofonte relató en el siglo IV a.C. la participación de los kurdos en una expedición por la península de Anatolia, por lo que sí estaban en el árido y frío Kurdistán cuando los turcos, procedentes de Asia Central, llegaron hace unos mil años. Pero los kurdos, indoeuropeos y en su mayoría suníes, no han tenido nunca un Estado en su propia tierra, ahora repartida entre Turquía, Siria, Irak, Irán y Armenia. Pero existe un Kurdistán en Irak.
El Irak moderno, actual, como dije es un invento británico. Fue creado por Londres después de la derrota del imperio otomano en la Primera Guerra Mundial. Sir Percy Cox y Gertrude Bell crearon Irak con tres provincias (vilayatos) otomanas: en el norte, Mosul, en su mayoría kurdo; Bagdad, con predominio de árabes suníes, y Basora, en el sur, tierra de árabes chiíes. Los kurdos son parte de la historia moderna por el armisticio de 1918, cuando los aliados prometieron recompensar su apoyo contra los otomanos creando una entidad autónoma entre Armenia y Mosul.
Esta promesa figura en el artículo 64 del tratado de Sèvres (1920), que desmembró el imperio otomano y estableció lo siguiente: «Si los kurdos, en el término de un año, se dirigen al consejo de la Liga de las Naciones y demuestran que la mayoría de la población de estas áreas desea independizarse de Turquía, y si el consejo así lo recomienda, Turquía deberá entonces renunciar a todos sus derechos». Turquía fue la cabeza de turco del imperio Otomano.
¿Por qué entonces no hay un Estado kurdo? Porque la respuesta de Mustafa Kemal «Atatürk», al tratado de Sèvres, fue contundente. El padre de la república laica turca, recuperó en cuatro años de guerra lo esencial del territorio perdido, fijando las fronteras actuales de Turquía. El tratado de Lausana (1923) invalidó el tratado de Sèvres, suscrito por los últimos dirigentes otomanos. El actual Kurdistán es autónomo, y la población kurda de Irak es de unos 6,5 millones (de un total de 26,7 millones de habitantes), de los que 4 millones viven dentro de los límites del Kurdistán reconocido por Bagdad.
Este Kurdistán es independiente de facto, bajo la protección estadounidense, desde la guerra del Golfo (1990-1991), cuando la coalición internacional encabezada por Estados Unidos expulsó a las tropas iraquíes que habían invadido Kuwait. Derrocado el régimen de Saddam Husein, implacable enemigo de los kurdos, el gobierno autonómico del Kurdistán fue reconocido por la Constitución iraquí en el año 2005, en la que también quedó establecida la proporción (el 17 % de los ingresos que le corresponde por las ventas de petróleo).
Pero los kurdos fueron abandonados una vez más en 1991, tras la guerra del Golfo. Irak se rindió y a continuación, se sumió en una guerra en la que el presidente George H.W. Bush animó a los kurdos a levantarse contra Saddam. Los kurdos se levantaron, pero no contaron con apoyo. Y tras la matanza, Washington estableció una zona de exclusión aérea en el Kurdistán para protegerlo de la aviación de Saddam, lo que convirtió el territorio en una zona autónoma.
Las tropas estadounidenses que invadieron Irak en marzo del año 2003 contaron a los kurdos entre sus aliados. El Gobierno Regional del Kurdistán, que administra las provincias de Dahuk, Erbil y Suleimaniya, está dirigido desde el 2005 por Masud Barzani, hijo de un legendario guerrillero y jefe del «Partido Democrático del Kurdistán».
En el 2009 fue reelegido con el 68 % de los votos populares. Los comicios del 2005 los ganó Barzani en coalición con su máximo rival, Jalal Talabani, líder del partido de la «Unión Patriótica del Kurdistán» (UPK), reconciliándose después de la guerra civil de la década de los 90. Talabani tuvo entonces el apoyo de Irán, igual que en la guerra entre Irak e Irán (1980-1988).
En marzo de 1988, la UPK ocupó Halabja, junto a la frontera con Irán, y Bagdad gaseó la población. Ali Hasan al Majid, primo de Saddam, luego sería juzgado y ejecutado por la muerte de 5.000 kurdos en Halabja. Talabani fue presidente de Irak entre 2005-2014, se alejó del independentismo kurdo. Este miércoles 3 de octubre, Talabani falleció en un hospital de Berlín. El actual presidente es Fuad Masum, del mismo partido que Talabani.
A Irak, no le caen bien los kurdos porque reclaman otros territorios que consideran suyos, como la ciudad de Kirkuk, los pozos de petróleo que la rodean y parte de las provincias árabes de Nínive, Salah Ad Din y Diyala. A la ciudad de Kirkuk se le calcula el 5 % de las reservas petrolíferas mundiales. La provincia de Kirkuk (Tamin, en árabe) fue arabizada por Saddam, quien, después de 1991, envió árabes suníes (18,5 % de los iraquíes) para inclinar la balanza.
Más de 800.000 kurdos huyeron entonces de Kirkuk y Mosul (Nínive). Desde la invasión del 2003 a los kurdos se les acusa de limpieza étnica contra árabes, asirios y turcomanos. La nueva Constitución iraquí establece que el Kurdistán iraquí es una entidad federativa reconocida por Irak y por las Naciones Unidas. El artículo 140 de la Constitución del 2005 preveía la celebración de una consulta para que la provincia de Kirkuk y otros territorios en disputa decidan si quieren pertenecer a las provincias árabes o al Kurdistán.
La influencia kurda se extiende por las dos terceras partes de la provincia de Kirkuk. Esta ciudad del norte de Irak, es objeto de disputa entre el gobierno central de Bagdad y las autoridades kurdas, que la tomaron en 2014. Si el Kurdistán se independiza, el enfrentamiento se acentuará. La ciudad petrolera de Kirkuk no necesitó de un referéndum para decidir su futuro.
Esta localidad comenzó su proceso de independencia en junio de 2014, cuando las fuerzas kurdas (peshmergas) rechazaron a los yihadistas del Estado Islámico que intentaban apropiarse de esta tierra, donde brota el petróleo. Kirkuk produce hasta 600.000 barriles de crudo al día. De hecho, en señal de desafío, en la entrada de Kirkuk se erigió una estatua de un miliciano peshmerga de 26 metros y medio para dar la bienvenida a los visitantes.
El artista kurdo iraní Man Ahmad Hamid, dice: «Esta estatua representa el sacrificio de todos los peshmerga que han luchado por un Kurdistán libre. No representa a ningún partido político ni etnia. En el nuevo Kurdistán son bienvenidos los árabes, turcomanos, cristianos, kakai, no sólo kurdos». El gobierno de Bagdad, de hecho, tiene cada vez menos autoridad. El Kurdistán controla las ventas del crudo y firma contratos unilaterales de exportación, lo que provoca al gobierno de Irak.
El gobierno de Bagdad cesó al gobernador, Najmaddin Karim, por participar en el plebiscito de independencia, pero no tiene efecto práctico, ya que Karim sigue al frente del Consejo provincial. «Nos amenazan con destituciones, con dejar de pagarnos los sueldos. Bagdad lleva tres años sin pagar a los funcionarios en el Kurdistán y nos las hemos arreglado. No cederemos ante el chantaje», dice Aso Mamand, máximo responsable de la oficina política del partido gobernante, la «Unión Patriótica del Kurdistán» (PUK) en Kirkuk.
La disputa territorial lleva muchas décadas, y los kurdos llaman a Kirkuk la «Jerusalén kurda». En los ochenta del siglo pasado Saddam Husein, llevó a cabo una campaña de arabización en las ricas zonas petroleras del norte de Irak, en manos de los kurdos. Y Kirkuk pasó a ser una ciudad de mayoría árabe musulmana suní. Después de la invasión estadounidense en 2003, más de medio millón de kurdos desplazados regresaron a la «tierra prometida» y a otras regiones que fueron arabizadas para reclamarlas.
Pero fue en 2005 cuando se contempló la inclusión al Kurdistán los territorios disputados. En 2007, debería haberse celebrado un referéndum en esta ciudad sobre su incorporación a la región autónoma del Kurdistán, pero nunca se celebró por motivos políticos. Se cree que hoy en día los kurdos son mayoría en Kirkuk, pero nadie se atreve a censar la población, se trata de un asunto tan tabú como peligroso que podría provocar de nuevo un conflicto armado.
Al no haber un registro de este tipo, se desconoce el peso demográfico de cada grupo. Además de los árabes y kurdos, viven en Kirkuk minorías turcomanas y cristianos asirios. Este último año los funcionarios están cobrando la mitad del sueldo, y los peshmerga llevan meses sin que nadie les pague. «Yo ganaba antes cerca de 800 dólares al mes, ahora no me pagan menos de 400», se queja Habib que es también profesor en la Universidad de Kirkuk.
«Hemos sacrificado más de dos mil mártires en la guerra con el Estado Islámico. Estados Unidos debería habernos apoyado en vez de abandonarnos», denuncia Noa Salah Ahmad, peshmerga del UPK y jefe de Policía de una comisaría de Kirkuk. La independencia del Kurdistán iraquí redibujaría otro Oriente Medio. El Kurdistán tiene las más bajas tasas de pobreza y el más alto nivel de vida en Irak. Es la región más estable y segura del país.
Mantiene sus propias relaciones exteriores, y es sede de una serie de consulados y oficinas de representación de diversos países como Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Suecia, Rusia y los Países Bajos. A la región del Kurdistán se le permite tener sus propias relaciones exteriores sin hacer referencia a Bagdad. El gobierno Regional de Kurdistán tiene previsto abrir oficinas de representación en Europa.
Las relaciones con los Estados vecinos siempre fueron tensas ya que son vistos como una amenaza en países como Irán, Turquía y Siria, por sus importantes poblaciones kurdas dentro de sus fronteras. A pesar de tener la mayor parte de la inversión extranjera directa en el Kurdistán, Turquía no ha abierto un consulado en la región del Kurdistán, pero si en una ciudad árabe en Irak. La economía de la región del Kurdistán está dominada por la industria petrolera, la agricultura y el turismo.
El líder kurdo, cree en la desintegración de Irak y la independencia de la región autónoma kurda, la única que existe en el país. Para Barzani, «El Kurdistán iraquí ya es de facto independiente». Para Masud Barzani, «en el Oriente Medio y en Europa la historia ha demostrado que los Estados resultantes de la Primera y la Segunda Guerra Mundial son una realidad insostenible, ficticia». «Checoslovaquia y Yugoslavia se han desvanecido como está sucediendo hoy en día con el legado de Sykes-Picot». Y agregó, «Los kurdos tienen derecho a tener su propio estado, como los países de Europa Oriental».
Este deseo de un Estado independiente comenzó a principios del siglo XX. Tras la Primera Guerra Mundial y con la caída del Imperio Otomano, los aliados tomaron medidas para su creación en el Tratado de Sèvres, en 1920, por el cual se firmaba la paz entre ambos bandos. Pero tres años después llegó el Tratado de Lausana, que definió los límites de la actual Turquía y tiró por la borda las aspiraciones. Este hecho provoca solidaridad en Israel, que nació tras la Segunda Guerra Mundial. En su caso, los tratados sí se cumplieron.
Los kurdos lograron su autonomía, luego de que Saddam Hussein retirara sus fuerzas de esa zona al final de la Guerra del Golfo de 1991, posteriormente tuvieron su propio Parlamento, ministerios y fuerzas armadas. Cuando Estados Unidos invadió el país en 2003, los convencieron de adherirse provisionalmente a Bagdad, con la promesa de la autonomía y la negociación de las fronteras.
Masud Barzani, califica ahora esa decisión de «gran error». Todos los países de Oriente Medio, menos Israel, están en contra del referéndum, Turquía e Irán cerraron sus fronteras con Kurdistán, estos países junto a Irak manifestaron también que podrían actuar militarmente.
El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, fue directo: «Nuestros militares no están (en la frontera) por nada», admitió en una conferencia de prensa en Ankara, «Podríamos llegar de repente una noche», añadió, ya que considera que hacer frente al reclamo turco se trata para su país de una «cuestión de supervivencia».
El secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, sostuvo que el plebiscito «apartará la atención» de otros asuntos relevantes como la «necesidad de derrotar al Estado Islámico», la reconstrucción de los territorios recuperados y el retorno «seguro, voluntario y dignificado» de los más de tres millones de refugiados iraquíes desplazados.
Igualmente, el régimen sirio se manifestó en contra y envió un mensaje a los kurdos sirios para decirles que no se dejen llevar por estas «situaciones pasionales». Federica Mogherini, la Alta Comisaria de Política Exterior de la Unión Europea, manifestó que «La Unión Europea reitera su apoyo sólido a la unidad, soberanía e integridad territorial de Irak.» Jordania se mostró neutral, Bulgaria y Grecia también. Rusia dice mantenerse neutral, lo que no es cierto.
El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, declaró en julio que las aspiraciones de los kurdos de celebrar un referéndum se deben cumplir en el marco del derecho internacional. Mientras el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, hace unas semanas reiteró el apoyo de Rusia a la integridad territorial de Irak. Hipocresía política.
En los días del referéndum, Putin se encontró con Erdogan, para respaldar al turco respecto al Kurdistán. En estos días Erdogan, el gobernante turco se reunió con el gobierno iraní para reforzar su alianza en contra del Kurdistán. Rusia es aliado de Irán y el sostenedor de Siria. Estados Unidos, en un principio apoyaba el referéndum, pero la semana previa le retiró el apoyo. No sé si esto es definitivo o sólo de cara a la galería.
Estados Unidos, sabe que los únicos confiables son los kurdos, en realidad fueron los únicos en plantar cara en el terreno al Estado Islámico (IS). También un estado tapón, el Kurdistán independiente, es valioso para romper el sueño del régimen de los ayatolás de tener un corredor al Mediterráneo a través de Irak y Siria. Estados Unidos le suministró a los kurdos equipos blindados para su lucha contra Daesh, anteriormente la ayuda se limitaba a armas ligeras y municiones.
La «carta kurda» sería una suerte de protectorado o Estado, no necesariamente un Estado independiente, pero si, un espacio bajo influencia norteamericana en el Oriente Medio. Un lugar físico que le permita tener presencia militar, un aliado incondicional, afín a sus intereses para poder influir en esa zona del mundo. Ni los turcos ni el Irak chiíta lo son.
Armar y proteger a los kurdos tiene una víctima, Turquía. Erdogan sería el gran perdedor, ya que un Estado occidentalizado y vinculado a los intereses de la OTAN, sería a costa de Siria, de Irak, de Irán, de Turquía y de Rusia. El resultado final del referéndum fue sobre un total de 3.440.616 votos válidos, el 92,73 % por el sí y un 7,27 % por el no. Israel fue el único Estado de Oriente Medio que respaldó el referéndum de independencia del Kurdistán iraquí y ve en la creación de un Estado kurdo un futuro aliado frente a enemigos comunes en la región.
Lo mismo piensa Ceng Sagnic, coordinador de estudios kurdos en el centro Moshe Dayan, «Israel tiene más flexibilidad para posicionarse que otros países y el apoyo no solo responde a la solidaridad sino a que tanto kurdos como israelíes sufren un aislamiento en la región». Sin datos oficiales, se calcula que los judíos de origen kurdo en Israel ascienden a 200.000, por una migración que comenzó antes de la creación del Estado israelí en 1948.
En la década de los 50, los kurdos ayudaron a los israelíes que vivían entre ellos a emigrar a Israel. El ex ministro de Defensa de Israel, Isaac Mordejai, de origen kurdo iraquí, fue durante años un importante aliado de este pueblo. Ayudó a los kurdos durante la persecución del régimen de Saddam Husein (1979-2003), y mantuvo con ellos discretos vínculos militares, de inteligencia y económicos.
El primer ministro, Benjamín Netayahu, apoyó «los legítimos esfuerzos del pueblo kurdo para lograr un Estado propio», como han hecho otros mandatarios israelíes durante décadas. El vicepresidente iraquí, Nuri Al Maliki, dijo que su país «no permitirá la creación de un segundo Israel en el norte de Irak» ya que supondría una fragmentación y el debilitamiento del país, tal y como lo perciben otros países de la región.
La postura de Israel no es reciente, el primer antecedente nos lleva a la época del «Cautiverio en Babilonia», en el siglo VIII a.C., tras ser conquistados por los asirios, los judíos estuvieron retenidos durante muchos años en tierras del actual Kurdistán y cuando el rey persa Ciro II el Grande les permitió volver a Palestina, muchos optaron por quedarse en la zona. La presencia judía en territorio kurdo continuó siglos después, como demuestra la figura de Asnat Barzani.
Esta mujer judía y kurda vivió en Irak entre finales del siglo XVI y el XVII y es considerada por algunos expertos la primer rabino de la historia y la primera lideresa kurda. Cuando se creó el Estado de Israel, muchos judíos kurdos partieron hacia esta nueva nación. El pueblo kurdo es un grupo étnico heterogéneo, es el único en la región que tiene devoción por la igualdad y la tolerancia, además de la posición que sus mujeres ocupan en la sociedad a diferencia de sus vecinos.
A los kurdos se les había prohibido hablar en su lengua en público, tuvieron que cambiar sus nombres por otros comunes a las etnias locales para poder conseguir un trabajo o para inscribir a sus hijos en la escuela. Se registraban sus domicilios y los encarcelaban si encontraban algo kurdo, como, por ejemplo, libros, música o ropas tradicionales. Los kurdos por las circunstancias históricas, se reinventaron después de la invasión árabe y la conquista, como musulmanes.
Después de la ocupación de los turcos otomanos, como suníes, luego de la invasión persa (iraníes), como chiítas. Luego de la Primera Guerra Mundial y la disolución del Imperio Otomano como nacionalistas. Fueron revolucionarios políticos (Partido de los Trabajadores Kurdos – PKK) en Turquía e Irak (Partido Democrático del Kurdistán – PDK) en la década del 1970 y, finalmente, como seculares, luchadores por la libertad (Peshmerga) en la década del 1990, tratando de lograr un gobierno regional para Kurdistán que otorgue todos los derechos civiles a sus ciudadanos, incluyendo la igualdad de derechos a las mujeres, y a todos los grupos étnicos y religiones.
Irán y Turquía, en los últimos años relajaron su sistémica represión cultural. Los nacionalistas árabes, islamistas y el régimen iraní les comparan con los israelíes. El ex canciller iraní, Ali Akbar Velayati, afirmó que Estados Unidos «conspira para establecer un segundo Israel en la región» en la forma de un Kurdistán libre.
Los grupos kurdos como el Partido Democrático de Irán Kurdistán (PDKI), que se oponen al régimen iraní, colaboran con otros grupos minoritarios oprimidos tales como azeríes y baluchis. El presidente israelí, Benjamín Netanyahu, aseguró que su país «apoya los esfuerzos legítimos del pueblo kurdo para conseguir su propio Estado».
Cuando al comandante de una unidad peshmerga se le preguntó por qué país sienten los kurdos más cercanía, éste dijo: «Creemos que Israel es nuestro amigo más cercano en la lucha. Tenemos una historia común». En los 60, ambos pueblos mantuvieron lazos en materia de negocios, defensa e inteligencia, aunque siempre con discreción. En 2006, la BBC, dijo que Tel Aviv había provisto a los kurdos del norte de Irak de entrenamiento militar, pero el gobierno lo negó.
En el Kurdistán iraquí se ven iglesias y templos cristianos yazidi, y la convivencia de diferentes grupos étnicos y religiosos es innegable. Los hombres y las mujeres kurdas, representan la primera línea de fuego frente al califato y el radicalismo islámico y a favor de un estado democrático, donde se respeten los derechos de todos los ciudadanos como en Israel.
Quizás, por el respeto al otro que practican, por sus valores democráticos y su secularidad, esa sea la razón por lo que los grupos progresistas de la izquierda occidental no les apoyan, y prefieren solidarizarse con los terroristas de Hamás o la Autoridad Palestina.
El alto mando de los peshmerga y sobrino del presidente del Kurdistán iraquí, Sirwan Barzani subrayó que el Kurdistán iraquí no recibe ayuda militar de Israel, «No tenemos fronteras con Israel, no tenemos espacio aéreo común, por ello tampoco recibimos de allí ningún tipo de ayuda militar, sin embargo existe el apoyo político, moral», afirmó el militar.
«Actualmente estamos en una situación extremadamente compleja, es un período de transición en la historia de los kurdos, y no olvidaremos en el futuro a quienes nos apoyaron seriamente, y entre ellos hoy está Israel». Barzani especificó que «agradecemos al primer ministro de Israel».
El comandante de los peshmergas kurdos Barzani, descartó que los países vecinos del Kurdistán iraquí (particularmente Turquía e Irán) introduzcan tropas en el territorio de esta región a causa del referéndum de independencia. «Mantenemos buenas relaciones con Irán y con Turquía y por lo tanto no habrá invasión militar que, en este caso, perjudicaría a estos mismos países».
El general indicó que el Kurdistán iraquí entiende los temores de los países vecinos por la celebración del referéndum, «Entendemos sus temores y problemas porque la separación del pueblo kurdo (…) que actualmente vive en los territorios de Turquía e Irán es un tema sensible para estos países». Barzani señaló que los peshmerga están alertas. «Desde luego estamos preparados a repeler (un ataque) provenga de quién provenga».
Barzani agregó, que el futuro Estado independiente de los kurdos podría comprar armas rusas. «Es algo que decidirá el nuevo Estado, los ministros y los técnicos militares, pero lo más probable es que serán armas rusas, porque hay experiencia práctica en su manejo». El general Sirwan Barzani es el jefe de una fuerza de élite, Los Tigres Negros, y el comandante del mayor frente peshmerga, que se extiende de Gweir a Mahmur. El sobrino de Masud Barzani también es director ejecutivo de la mayor empresa iraquí de telefonía móvil, y de la mesa directiva del Partido Democrático del Kurdistán, que gobierna en esta región autónoma.
Cuando el ejército estadounidense abandonó Irak a finales de 2011, dejando Irak en manos de los islamistas radicales, ganó un nuevo socio, el Kurdistán iraquí, dejando de lado a un socio poco confiable como Irak. Mientras los atentados suicidas mataban a cientos de civiles cada día y los yihadistas avanzaban sobre Bagdad, luego de tomar otras ciudades, las provincias de Erbil, Suleimaniya y Dohuk (parte de la región autónoma kurda) experimentaron un boom económico en los últimos años.
El Kurdistán tiene una de las tasas más rápidas de crecimiento económico en el mundo. En el año 2014 registró un crecimiento del 8 %, debido a la explotación de gas y petróleo, en los años siguientes mantendría el crecimiento. El PIB per cápita es alrededor de 6.000 dólares, un 50 % mayor que en el resto de Irak. Esta región, tiene unas reservas de 45.000 millones de barriles de petróleo, de 2,8 a 5,6 billones de metros cúbicos de gas natural, junto con los 57 yacimientos de gas y petróleo ya descubiertos.
El Kurdistán iraquí atrajo a las mayores empresas petroleras multinacionales como Exxon Mobil, Chevron, Repsol y Total, que en los últimos años incrementaron su presencia. No sólo el gas y el petróleo hacen atractiva está región a los inversores extranjeros, sino también las empresas constructoras, las cadenas hoteleras ven en Erbil, la capital kurda y tercera ciudad de Irak, un oasis virgen a explotar.
Ali Mudaris, un economista kurdo que no oculta su admiración por el presidente del Kurdistán iraquí Mesud Barzani, asegura que: «La seguridad, en primer lugar, y, por supuesto, la nueva Ley de Inversiones han abierto el Kurdistán a miles de inversores extranjeros». El Gobierno regional tuvo que adaptarse a nuevas políticas financieras.
En 2006 se creó la Ley de Inversiones Extranjeras. «Gracias a esta ley, los extranjeros pueden tener la propiedad del 100 por ciento de sus acciones en el Kurdistán, mientras que en el resto de Irak tienen que tener socios locales como accionistas». La ley también prevé exenciones fiscales aduaneras durante diez años en proyectos o servicios.
Muchas compañías extranjeras se instalaron en el Kurdistán Iraquí. «Inversionistas de 20 países, con Turquía a la cabeza, seguidos de Países del Golfo, Estados Unidos, y Reino Unido muestran mucho interés», indica el economista, y agrega que «unas 1.600 empresas extranjeras, junto a 11.000 locales, están ya operando en la región». «No sólo estamos buscando inversión financiera, sino también conocimiento, experiencia y la tecnología que pueda proporcionar un servicio sostenible», insiste. «Los incentivos son más altos en comparación con otros lugares de Oriente Medio, y hemos dado los mismos derechos a los inversores extranjeros y locales».
El cristiano Fahmi Mati Sulaqa, el alcalde más antiguo de Ainkawa, el barrio cristiano de la ciudad, vió crecer a pasos agigantados la ciudad de Erbil, capital del Kurdistán iraquí. «Hace 18 años, cuando ocupé mi puesto, Ainkawa era una zona rural donde no había más de 1.700 viviendas. Hoy hay más de 10.000 y una población de 30.000 habitantes». «En 1991 no teníamos telecomunicaciones, infraestructuras, ni carreteras y sólo había un par de hospitales en todo el Kurdistán», dice Sulaqa, «la seguridad es realmente la clave para el éxito».
Ahora la región cuenta con 17 consulados y representaciones extranjeras, siete universidades y dos aeropuertos internacionales. El barrio cristiano es el preferido por las legaciones diplomáticas y las organizaciones humanitarias que trabajan en el norte de Irak. En Ainkawa hay más licorerías y restaurantes occidentales que iglesias, factores que hacen más llevadera la vida de un occidental en Irak. «Este lugar está creciendo más rápido que Dubái. En cuatro o cinco años el Kurdistán logrará lo que Emiratos hizo en 20. Usted no será capaz de reconocerlo», declara con entusiasmo Sulaqa.
Desde el barrio de Ainkawa hacia el aeropuerto internacional de Erbil, cuyas obras de ampliación terminaron en 2010, con un presupuesto de 400 millones de dólares, se puede observar las grúas de construcción y nuevos complejos de viviendas de lujo. La enorme avenida 100 Meters Street está diseñada para albergar hoteles de lujo, viviendas multimillonarias y centros comerciales.
En el proyecto «Empire World», trabajaron construyendo este complejo obreros extranjeros y locales, cuyas obras, valoradas en 2,3 mil millones de dólares, concluyeron este año. El lujoso hotel de la cadena Marriot competirá con el del Grupo Divan, en este hotel de cinco estrellas, de 23 plantas y 228 habitaciones, el precio por habitación oscila entre 500 a 15.000 dólares por noche.
Fue la primera inversión de la cadena hotelera turca en el extranjero y aspira a albergar a los viajantes de negocios que deseen invertir en esta próspera región. Debido a su rápido crecimiento Erbil se ganó el apodo de «la Nueva Dubái», las autoridades locales prefieren que el Kurdistán iraquí sea conocido como «el otro Irak», mostrando la estabilidad frente a las matanzas y enfrentamientos diarios del resto del país.
El Kurdistán tiene sus propias fuerzas de seguridad, los peshmergas, quienes recuperaron la importante ciudad petrolera de Kirkuk. Ustedes recordaran como de manera vergonzosa el Ejército y la Policía iraquí huyeron de la ciudad ante el avance del ISIS, abandonando todo su armamento. Dos nuevas brigadas protegen la ciudad, disputada entre el Ejecutivo central y el Gobierno de Kurdistán.
Kirkuk es una urbe con reservas de crudo ubicada justo en las fronteras de la región autónoma de los kurdos, que la consideran su capital histórica. El ISIS que persiguen el sueño de un Estado Islámico desde la cuenca del Éufrates hasta todo el norte de Siria, Abu Bakr al-Baghdadi, el mandamás del IS puso sus ojos en estas fecundas tierras petroleras del norte de Irak y Siria, para erigir el emirato islámico.
La política exterior estadounidense no está inclinada a apoyar a los pueblos o naciones étnicas, que aspiran a lograr su independencia, fracturando a los Estados ya constituidos. El gobierno de los Estados Unidos ha sido muy generoso con el pueblo kurdo iraquí, los protegieron ante las amenazas de los turcos, armaron y asesoraron a los peshmergas, los alentaron frente al enemigo común que es el Estado Islámico, porque eso era lo conveniente para los intereses en la región, pero no parecen dispuestos a apoyar el deseo de independencia.
El paso dado por el Kurdistán iraquí es muy importante, tanto en el frente interno, que sale fortalecido por el alto nivel de aprobación, y en el plano internacional también. Un nuevo conflicto armado en la región sería letal para pacificar el Oriente Medio y fortalecería al IS. Estados Unidos debería pensárselo seriamente, el único aliado posible de confiar son los Kurdos.
El presidente Barzani aspira a que el referéndum, además de ser una expresión de la voluntad de los kurdos a su independencia, sirva de impulso a una renovada negociación con el gobierno de Bagdad. Una formula conveniente podría ser el establecimiento de una confederación de Irak y Kurdistán. El tema fundamental sigue siendo el petróleo kurdo.
Tanto el Gobierno de Bagdad, presidido por el político chií Haider al Abadí, como el de Erbil son aliados de Estados Unidos. Iraquíes y kurdos convergen en combatir a los bárbaros del IS, aunque también divergen en sus objetivos estratégicos. Estados Unidos está empeñado en garantizar la seguridad del Kurdistán. Ante el hecho consumado de la iniciativa del referéndum a la que se oponen Turquía e Irán, el gobierno de Damasco ha manifestado su voluntad de negociar con sus propios kurdos sus anhelos de constituir su ya proclamada autonomía en el norte de Siria.
Ha pasado el tiempo de los acuerdos de Sykes-Picot, adoptados hace un siglo tras la derrota del imperio otomano por el Reino Unido y Francia, que configuraron el mapa del Oriente Medio. ¿Es posible pensar que ahora serán Estados Unidos y Rusia los que puedan llegar a otros pactos para determinar el futuro de estos pueblos?
La larga guerra civil libanesa de 1975 a 1990 concluyó con un eficaz acuerdo, por más increíble que pueda parecer, entre Estados Unidos y Siria, que todas las milicias no tuvieron más remedio que acatar. Personalmente me sumo y solidarizo con el Kurdistán iraquí, hace unos años mantuve una reunión en Turquía con un grupo de peshmergas, se de su valor y entrega, fueron los únicos en enfrentar al Estado Islámico (IS) en inferioridad de condiciones.
5 de octubre de 2017.