

EL FIN DE LA OTAN
EL FIN DE LA COMODIDAD Y EL ABUSO DE EUROPA
Ricardo Veisaga
El 7 de noviembre de 2019, el presidente francés, Emmanuel Macron, en una entrevista con la revista The Economist dijo «actualmente estamos experimentando la muerte cerebral de la OTAN», ante la falta de liderazgo Estados Unidos. Dijo que el presidente Trump «no comparte nuestra idea del proyecto europeo» y que Estados Unidos muestra signos de «darnos la espalda», especialmente al retirar inesperadamente sus tropas fuera del norte de Siria.
También cuestionó el principio fundamental de la «defensa colectiva», que significa una ayuda mutua entre aliados. «Existe un riesgo considerable de que a la larga desaparezcamos geopolíticamente, o al menos que ya no tengamos control sobre nuestro destino», y agregó Macron, que Europa debería comenzar a actuar como una potencia mundial estratégica.
También agregó que los miembros europeos de la Alianza «deberían reevaluar la realidad de lo que es la OTAN a la luz del compromiso de Estados Unidos». Angela Merkel, salió rápidamente respondiendo al francés asegurando que no comparte la visión «radical» de Macron. Además de considerar dicha opinión de inoportuna. «No creo que sea necesario un juicio tan inoportuno, incluso si tenemos problemas, incluso si tenemos que recuperarnos».
Durante la reunión de líderes de la OTAN en Londres, el 3 de diciembre, el ministro de Exteriores alemán Heiko Maas reiteró el compromiso de su país con Estados Unidos y con la alianza transatlántica, en una reunión conjunta con el secretario de estado estadounidense Mike Pompeo. «EE.UU. sigue siendo el principal aliado de Europa y el principal aliado de Alemania fuera de Europa», declaró Maas.
En Moscú, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia, Maria Zakharova, en su página de Facebook, escribió sobre las palabras de Macron: «Estas son palabras de oro, sinceras y que reflejan lo esencial, una definición precisa del estado actual de la OTAN».
Ese mismo día el presidente Trump, en la reunión sentado junto al secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, el líder republicano lanzó críticas contra su homólogo francés al considerar como «desagradable» e «irrespetuosa» la frase que utilizó Macron, que dijo que la OTAN está en «muerte cerebral». La frase fue peligrosa, porque, según Trump, «nadie necesita más a la OTAN que Francia».
Donald Trump criticó que dados los problemas económicos por los que atraviesa Francia, con numerosas protestas sociales por meses de los llamados «chalecos amarillos», Francia necesita de la OTAN. Sin embargo, reconoció que debe existir mayor flexibilidad para que la Alianza Atlántica responda a las nuevas amenazas globales.
Macron, dijo que mantenía su opinión sobre la OTAN y que no se trataba de hablar «solo de dinero», sino también de tener una «estrategia clara» sobre lo que debe ser la Alianza, con objetivos transparentes para atender problemas, como por ejemplo los de Siria o Irak. Al francés le preocupaba la retirada de las tropas de Estados Unidos de Siria en la frontera con Turquía, y que dejaba el camino libre para una ofensiva militar turca contra los kurdos en el norte de ese país.
Estoy de acuerdo con la opinión de Macron, sobre la muerte cerebral de la OTAN, pero no por los mismos motivos. Y también entiendo la actitud de Donald Trump para oponerse a esa idea. Pero las tensiones entre Estados Unidos y Europa no van a cesar porque ambos tienen intereses contrapuestos, primero porque el origen de la OTAN ya no existe. La URSS está liquidada y el Pacto de Varsovia también.
Los enemigos de Estados Unidos son los nuevos imperios. La Rusia actual no es comunista sino capitalista, un capitalismo autoritario, y lo único que lo une a la Unión Soviética es la idea de Imperio, y los imperios por esencia son expansivos y no deben parar en su expansión, deben mantener o acrecentar su eutaxia. Entre Estados Unidos y Europa hay grandes diferencias sobre política exterior, en seguridad y tecnología.
En la conferencia de seguridad de Münich, el secretario de Defensa de Estados Unidos, Mark Esper, dijo que la tecnología 5G de Huawei supone una «amenaza» para la OTAN. Mark Esper, insistió en el riesgo que representa que el consorcio chino Huawei tenga un papel importante en la infraestructura 5G en Europa y dijo que China utiliza la empresa como una especie de caballo de Troya.
La multinacional china ha sido llevada ante la Justicia en Estados Unidos, y hace una semana acusada de robo y espionaje tecnológico, pero nada de esto parece tener eco en la Unión Europea. Mark Esper llegó a decir que la adopción del 5G chino puede comprometer a la propia OTAN. El secretario de Estado Mike Pompeo, ya había señalado que la tecnología de Huawei es un caballo de Troya que proporcionará los datos de todos los usuarios de esos países al Partido Comunista Chino y al servicio secreto chino.
El gobierno estadounidense está presionando a numerosos países para que no utilicen las infraestructuras de Huawei para el desarrollo de las redes de telefonía 5G. La ofensiva arrancó en mayo del 2019, cuando situó a Huawei en una lista negra que obliga de facto a las empresas y ciudadanos estadounidenses a buscar otros suministradores para sus telecomunicaciones.
Huawei trabajaría de gran espía para Irán y Corea del Norte. Así lo ha denunciado el gobierno de Donald Trump al acusar al gigante chino de las telecomunicaciones del robo de secretos comerciales, así como de mantener negocios ilegales con Corea del Norte y ayudar a Irán en la vigilancia interna. Países sujetos a sus sanciones o a las de la ONU.
La acusación de 16 cargos de conspiración para robar secretos comerciales, y de violar la ley de organizaciones corruptas e influenciadas por el crimen organizado, bajo la ley (RICO) contra Huawei Technologies, la mayor empresa fabricante de equipos de telecomunicaciones del mundo, y dos de sus filiales estadounidenses, fue presentada en un tribunal federal de Brooklyn, en New York.
Una de las acusaciones hace referencia a la supuesta práctica que la compañía con sede en China, usa desde hace tiempo para apropiarse indebidamente de tecnología avanzada y propiedad intelectual de empresas estadounidenses, mediante el fraude y el engaño, informó el Departamento de Justicia.
El Departamento de Justicia dijo que la propiedad intelectual obtenida ilegalmente por Huawei incluía «secretos comerciales y material protegido por los derechos de autor, como códigos fuentes y manuales de usuario para enrutadores de internet, tecnología de antenas y tecnología de prueba de robots».
También acusó de llevar a cabo esfuerzos para ocultar el alcance de estos negocios mencionando en sus comunicaciones internas a esas naciones con nombres en clave, como el código «A2» para el primero de esos países o «A9» para el segundo. Acusa a Huawei de ayudar al gobierno de Irán al realizar la vigilancia nacional, incluso durante las manifestaciones en Teherán en 2009.
Esto se habría realizado a través de la empresa Skycom, una de sus filiales no oficiales, una relación que los empleados de Huawei supuestamente intentaron negar. Según el Gobierno, para lograr sus fines Huawei alcanzaba «acuerdos de confidencialidad con los propietarios de la propiedad intelectual» para luego apropiarse de ella y reclutaba empleados de otras compañías para que fueran ellos los que se apropiaban de la propiedad intelectual de sus antiguos empleadores.
«Huawei, Huawei USA y Futurewei acordaron reinvertir los ingresos de esta actividad de crimen organizado en los negocios mundiales de Huawei, incluso en los Estados Unidos», agregó el Departamento de Justicia, que indicó que esta nueva acusación contiene cargos de la acusación anterior anunciada en enero de 2019.
Otras filiales mencionadas en la acusación son Huawei Device Co. Ltd. (Huawei Device) y Skycom Tech Co. Ltd. (Skycom), así como el director financiero de Huawei, Wanzhou Meng. El grupo chino, tiene más de 180.000 empleados y opera en más de 170 países. El Gobierno estadounidense considera que los productos de la empresa china representan un riesgo para la seguridad, debido a sus vínculos muy estrechos con el Ejecutivo de China.
La OTAN celebró a finales del año pasado su 70º aniversario, en medio de la mayor crisis de su historia y bajo la incertidumbre de que Trump decida la retirada de Estados Unidos de la Alianza. La OTAN funcionaba con Estados Unidos a la cabeza. Pero el mayor peligro para la OTAN era la inefectividad de los europeos.
Europa estuvo al borde de la finlandización, es decir, la transformación de Europa en lo que fue Finlandia durante la Guerra Fría: un país capitalista, pero con una neutralidad impuesta por la amenaza de la vecina Unión Soviética. Ese riesgo estaba planteado en la OTAN por los Verdes alemanes, los comunistas franceses, y en el siglo pasado por el nacionalismo gaullista que llevó a Francia a salir de la Alianza en 1966.
También parte de ese riesgo fueron los laboristas británicos, el entonces líder, Neil Kinnock, se presentó a las elecciones en 1987 con un programa que incluía, en un acto de buenismo arrebatador, la desnuclearización unilateral del Reino Unido. El colmo de la estupidez. Pero esos peligros no se hicieron realidad.
La Organización del Tratado del Atlántico Norte fue fundada 1949, a cuatro años de terminada la Segunda Guerra Mundial, para la defensa colectiva de sus miembros en un mundo dividido entre dos bloques, el comunista soviético y las democracias occidentales. La OTAN vinculó la seguridad de Estados Unidos con la de sus aliados europeos contra la entonces Unión Soviética.
La alianza cumplió su papel en esos años de contener la expansión de comunismo hasta la caída del muro de Berlín en 1989 y la desaparición del bloque soviético inmediatamente después. Con un nuevo mapa mundial en Europa, la función de la OTAN pasó a ser de expansión. Aunque en la década de 1990 ya no se consideraba a Rusia un enemigo, la alianza inició un programa para atraer a los países que antes formaron parte del grupo soviético.
Muchos de estos países, como Polonia y las naciones bálticas (Estonia, Letonia y Lituania) seguían desconfiando de Moscú y vieron con buenos ojos integrarse a occidente como una medida de precaución. Desde entonces la Alianza no ha hecho más que ganar miembros, Alemania que no entró en la OTAN hasta 1955, o las ex repúblicas soviéticas del Báltico. Francia empezó a regresar a la OTAN en 1995 y se reintegró plenamente en 2009. Lo mismo ha sucedido con sus funciones.
La OTAN nunca entró en combate con sus enemigos, es decir, con la Unión Soviética y a partir de 1955, el Pacto de Varsovia, totalmente controlado por Moscú. Pero intervino en la antigua Yugoslavia contra Serbia, el aliado tradicional de Rusia, por su agresión en Bosnia y Kosovo. En el Océano Índico contra los piratas somalíes, en el cuerno de África. En Afganistán contra Al Qaeda, los talibanes y el Estado Islámico.
Una sola vez la OTAN invocó el Artículo 5, en virtud del cual se considera a uno de sus miembros víctima de una agresión y se autoriza a los demás a que adopten las medidas que juzguen oportunas. Fue para apoyar a Estados Unidos tras los atentados del 11-S. Actualmente los tanques de la OTAN están a 900 kilómetros de Moscú, un poco menos de la distancia que hay entre Chicago y New York, y a 350 kilómetros de San Petersburgo.
Podemos decir que la OTAN pudo superar el hecho de la desaparición del comunismo soviético y la Alianza sigue activa en este siglo XXI, pero ahora se encuentra en una crisis existencial. El problema actual es que Estados Unidos ya no quiere estar en la OTAN, no sirve a los planes imperiales. El discurso del secretario general de la organización, el danés Jens Stoltenberg, que dio ante las dos cámaras del Congreso de Estados Unidos, fue más una súplica que otra cosa.
Los miembros del Congreso norteamericano, tanto demócratas como republicanos, se oponen al abandono del gobierno de Trump a la OTAN. El 1 de agosto del pasado año, 20 senadores de los dos partidos se reunieron discretamente en Washington con los embajadores de varios países miembros de la OTAN para explicarles que no van a consentir que Estados Unidos se retire de la Alianza.
En el mes de julio, el Senado había aprobado unánimemente, con 97 votos a favor y solo 2 en contra, una resolución de apoyo a la OTAN. El 22 de enero, la Cámara de Representantes aprobó un proyecto de ley que prohíbe al presidente de Estados Unidos destinar fondos públicos para una eventual retirada de la OTAN. Una medida poco efectiva, ya que la Constitución de Estados Unidos le otorga al jefe del Estado y del Gobierno potestad absoluta en materia de tratados internacionales que no afectan a la política interna del país.
El Tratado del Atlántico Norte, firmado en Washington hace 70 años, entra dentro de esa categoría. Si quisiera, Donald Trump podría sacar a Estados Unidos de la OTAN. Estados Unidos desde hace muchos años que no está a gusto en la OTAN, durante la invasión de Afganistán, George W. Bush rechazó explícitamente la ayuda de la OTAN, alegando que las necesidades determinan las alianzas, no viceversa.
El lamentable desempeño de los soldados de la Alianza en Afganistán convenció a los estadounidenses de que sólo algunos miembros, como Reino Unido, Dinamarca, Noruega, o Francia, tenían la voluntad de participar en operaciones militares. En la guerra de Libia, que terminó con el asesinato de Muamar Gadafi, Estados Unidos se vio arrastrado, por medio de la OTAN.
Un conflicto bélico provocado por el imprudente intervencionismo del primer ministro británico David Cameron, y del presidente francés, Nicolas Sarkozy. Tan lamentable fue el papel de la administración Obama y Hillary Clinton, que el mismo Obama se convenció de que Europa solo traía problemas, y direccionó su interés hacia el Pacifico.
El costo de la OTAN es un tema demasiado tratado y no vale la pena insistir en ello. En 2012, el gobierno de Barack Obama, suplicó a las dos potencias militares europeas, Gran Bretaña y Francia, que no enviaran barcos al Golfo Pérsico para vigilar a Irán, ya que, debido a su atraso tecnológico, iban a crear más problemas que los que iban a resolver a la flota estadounidense.
Alemania, no quiere aumentar el gasto militar, solo quieren beneficiarse de las ventajas de ser una gran potencia sin asumir los costos. Alemania tiene una población de 83 millones de personas, es la cuarta mayor economía del mundo, y controla de facto la segunda divisa más importante de la Tierra, el euro. Pero no quiere pagar su defensa.
Eso lo resumió en su momento Mattis, «por mucho que hablen de defensa los europeos, lo cierto es que Gran Bretaña no quiere ni tenerla ni pagarla, Francia quiere tenerla, pero no puede pagarla, y Alemania puede pagarla, pero no quiere hacerlo». En la alianza se está debatiendo distintas ideas sobre los temas en que se deben ocupar, de cara al siglo XXI.
Mientras Francia sigue criticando a sus socios y Turquía solicitando ayuda para su invasión en el noreste de Siria, la Alianza no tiene en cuenta cual debe ser su rol en el escenario mundial. El único que lo tiene claro es Donald Trump, es el único sin mencionarlo o tal vez careciendo de una explicación filosófica-política, entiende que la historia se construye por la dialéctica de imperios, que en la vida política hay que definir al amigo-enemigo (público, no privado), entiende, aunque no de manera intelectual la importancia de la capa basal y cortical de un Estado.
De acuerdo a la lógica de los imperios, la OTAN ha llevado sus fronteras hasta Rusia. El gobierno ruso, que quiere recuperar su posición de influencia internacional como en la época soviética, opone resistencia en todos los frentes y se va rearmándose. En Europa perciben a Rusia como un elemento perturbador que lanza ataques cibernéticos, que se mete en las elecciones de países occidentales y que presta su apoya a gobiernos dictatoriales como el de Bashar al-Assad en Siria.
La aparición en escena del fundamentalismo islámico en el Oriente Medio y otras regiones del mundo, llevó a la alianza a salirse de Europa, su hábitat natural, y enviar efectivos a la guerra de Afganistán a principios de este siglo. Con la llegada de Trump al poder en Estados Unidos, se acabó la fiesta, y exigió a los miembros a gastar más en defensa. En cierta medida logró su propósito y algunos países miembros aportaron con cierto retraso.
La reciente salida del Reino Unido de Europa provoca problemas internos en la OTAN. Turquía es un gran problema. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan, en su cruzada neo-otomana quiere que la OTAN apoye su invasión en el noreste de Siria contra combatientes kurdos, que son considerados aliados de Occidente y que Turquía los considera terroristas.
La compra que hizo Turquía de un sofisticado sistema de defensa ruso, es un tema bastante espinoso para Estados Unidos en su lucha hegemónica mundial. Al ser Turquía miembro de la Alianza, es posible que el Kremlin pueda acceder a información secreta de la OTAN a través de la tecnología de radar del S-400.
El mismo día que comenzó la ofensiva militar turca, el propio Trump amenazó a Erdogan con destruir la «economía turca». No es necesario ser un experto en cuestiones de política internacional, para ver que Rusia está intentando dividir a la OTAN con su política sobre Turquía. Nada de esto es bien visto en la OTAN por los miembros. La OTAN debe tener una estrategia, redefinir hacia donde debe dirigir ese complejo político-militar, de acuerdo a las exigencias de este nuevo siglo.
Una vez más, nuestro mundo realmente existente, se encuentra en medio de un enfrentamiento entre tres imperios, Estados Unidos, China y Rusia. Todos ellos capitalistas, aquí la cuestión de las izquierdas no pinta para nada, es perro muerto. La OTAN debería pensar cómo enfrentarse a Rusia, tener una política común para enfrentar el ascenso del imperio depredador chino, redefinir su estrategia.
El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, dijo que la alianza es la única plataforma donde Norteamérica y Europa pueden abordar juntos temas estratégicos comunes. Yo no lo creo así, Estados Unidos en solitario (mejor dicho, Donald Trump) se está enfrentando a esos Superestados, mientras Europa hace negocios con ellos.
Lo hace por intereses, pues carece de materias primas, en especial hidrocarburos y es dependiente de Rusia. También está influenciada por una cuestión ideológica, está preñada de una ideología progre, armonista y multiculturalista. Europa fue la responsable de la inmigración islámica en el viejo continente. El islam es enemigo de la sociedad occidental.
La permanencia de Turquía en la OTAN está provocando un fuerte debate. El líder de la facción del Partido Socialdemócrata alemán, Rolf Mützenich, cuestionó fuertemente la permanencia de Turquía en la OTAN. Una opinión compartida por amplios sectores en Alemania. Una encuesta del instituto de investigación de opinión, YouGov, de la Agencia Alemana de Prensa, dice que el 58% está a favor de la expulsión de la OTAN y solo un 18% en contra.
Pero, la exclusión de Turquía es jurídicamente improbable y casi imposible. El tratado de la OTAN no prevé la exclusión de un país de la alianza transatlántica. Sin embargo, un Estado miembro puede declarar su retirada en conformidad con el artículo 13 del Tratado de la OTAN. «Una exclusión conduciría a la aparición de un nuevo e importante riesgo para la seguridad en la frontera oriental de la UE», según palabras del ex ministro alemán de Asuntos Exteriores, Sigmar Gabriel.
Lo que le permite a Turquía estar en la OTAN es su situación geográfica, vía Estambul, es el camino entre Europa y Asia, el control del terrorismo o de los movimientos migratorios de los refugiados. Turquía posee el segundo mayor ejército de todos los Estados de la OTAN: una exclusión afectaría gravemente sus capacidades militares de defensa como alianza.
Pero Turquía está muy aislada en política exterior, la operación militar en el norte de Siria así lo muestra y su ingreso en Libia. Desde hace algunos años, la OTAN puso sus ojos en Grecia, como nuevo estado para cumplir con el actual papel de Turquía. A Grecia le conviene, Grecia está enfrentada a Turquía por Chipre. Tampoco es probable que Turquía se vaya solo, necesita de Europa, pero su juego con enemigos de la OTAN no debe ser permisible.
Donald Trump, es un patriota más que nacionalista, y su programa político está basado en la premisa de Primero América, nada más propio para todo estado soberano, en especial cuando se trata de un imperio. Los intereses de Europa no son los intereses de Estados Unidos. Quienes provocaron la Primera y Segunda Guerra Mundial fueron ellos. Estados Unidos mandó hombres que derramaron su sangre por las desavenencias europeas.
Estados Unidos ayudó a Europa, mediante el plan Marshall y otros planes a levantarse de los escombros, pero cuando Estados Unidos desea ayuda de Europa, como, por ejemplo, con el caso Huawei, no lo hacen. Lo mismo con Rusia o Irán. Trump, que tiene un comportamiento de lo que es la alta política, fue sobre China para parar los abusos consentidos por décadas al país asiático.
También acaba, prácticamente, de cerrar el otro frente con México y Canadá. Hace una semana, entró en vigor la primera fase del acuerdo comercial alcanzado en enero entre Estados Unidos y China. Una tregua en una guerra política, ya que toda política es económica y como toda economía es politica, nada está terminado.
A fines de enero, Trump firmó la ley que permitirá, una vez Canadá termine su proceso de ratificación, la entrada en vigor de un nuevo acuerdo comercial entre Estados Unidos, México y Canadá, el USMCA, que reemplazará al antiguo NAFTA. Esto supone, para el presidente Trump, dar el último paso para cumplir su promesa de campaña de reescribir «uno de los peores acuerdos comerciales de la historia».
Cerrados los frentes con China y México, lo único que le queda pendiente a Trump, es Europa. Justamente el día del anuncio de la entrada en vigor del acuerdo con China, la Administración Trump anunció su intención de elevar los aranceles, del 10% al 15%, a las aeronaves importadas de la Unión Europea. La medida entrará en vigor el próximo 18 de marzo.
Esta subida arancelaria es coherente con la larga disputa entre Estados Unidos y la Unión Europea respecto a las ayudas que recibió Airbus, que, según Estados Unidos, suponen una forma ilícita de competir con Boeing. Ya a finales de 2019, cuando la OMC falló en contra de la UE en el caso Boeing-Airbus, Trump impuso aranceles del 25% a productos de Europa como queso, vino o productos agrícolas.
Un día después de la entrada en vigor de la medida arancelaria, Airbus el fabricante aeronáutico europeo, anunció un ajuste de 2.362 personas en su división de Defensa y Espacio, de los que 630 corresponden a España. El impacto será mayor en el programa de aviones militares 400M que se ensamblan en Sevilla.
La compañía informó el miércoles pasado que prevé la reducción de 2.362 puestos hasta finales de 2021, de los que 829 corresponden a Alemania, 357 a Reino Unido, 630 a España, 404 a Francia y 142 a otros países. La compañía registró pérdidas de 1.362 millones en 2019, lastrado por las sanciones para evitar investigaciones sobre corrupción y soborno.
Los otros productos arancelados están muy ligados a la imagen de los países europeos exportadores en Estados Unidos, que cuentan con competidores internos. Y no hay que olvidar la imposición de aranceles sobre las exportaciones europeas de acero y aluminio en mayo de 2018. La amenaza arancelaria ha sido una formidable arma de negociación de Trump, para conseguir que terceros países cambien sus políticas, que considera nocivas para los intereses estadounidenses.
Gracias a esta política trumpeana se ha conseguido un aumento del gasto en defensa por parte de Alemania, un acuerdo bilateral con la Unión Europea (y Japón) en el sector de la automoción, o represaliar a Francia por la puesta en marcha de un impuesto digital considerado discriminatorio. La situación europea, tras décadas de fructífera relación e intercambios beneficiosos, lo pone en sus peores momentos.
Donald Trump, sabe que si pone aranceles a cinco productos tradicionales de España los pone al borde del nocaut. De seguir así, la Organización Mundial de Comercio, un organismo propio de la ideología globalizadora, que por ahora está escorada, podría llegar a «muerte cerebral». La bandera de defensa del multilateralismo que ondea Europa vive horas bajas. Donald Trump para Europa, significa el repliegue de la globalización.
En la mañana del 18 de febrero, los combates comenzaron inesperadamente en Ucrania, cerca del asentamiento de Zolote en la región ucraniana de Luhansk. Los militantes apoyados por Rusia comenzaron un bombardeo de artillería de todos los sistemas contra las posiciones de las brigadas mecanizadas 72 y 93 de Ucrania. También utilizaron proyectiles de 152 mm.
Durante los combates, un soldado ucraniano murió, tres resultaron heridos y dos fueron alcanzados por los proyectiles. Cuatro separatistas murieron y seis resultaron heridos. Los combates continuaron durante unas cinco horas. La Dirección de Inteligencia del Ministerio de Defensa de Ucrania informó que Rusia había triplicado su potencial militar a lo largo de la frontera con Ucrania.
Para 2022-2023, estará lista para una invasión completa de Ucrania sin ninguna movilización adicional. «Estamos preocupados por la escalada de violencia de los separatistas apoyados por Rusia en el este de Ucrania esta mañana. Esto socava los acuerdos de Minsk y los esfuerzos hacia una resolución pacífica del conflicto», dijo el portavoz de la OTAN Oana Lungescu.
La OTAN también afirmó su pleno apoyo a la integridad territorial y la soberanía de Ucrania dentro de sus fronteras internacionalmente reconocidas. «Seguimos instando a Rusia a que retire sus fuerzas, deje de apoyar a los separatistas y haga verdaderos esfuerzos para aplicar los acuerdos de Minsk», dijo en un comunicado. Estados Unidos expresó su profunda preocupación con respecto a la escalada e instó a Rusia a cumplir con los acuerdos de Minsk y Normandía.
Desde hace casi una década, Libia está en medio de una guerra civil, la guerra civil ha convertido al país del Magreb en un Estado fallido, y tierra fértil para la aparición de mafias, nido de guerrillas y señores de la guerra, de mafias de migrantes, tráfico de armas, puerto de despegue de migrantes islámicos y otros delitos. En Libia, tanto Rusia y Turquía alimentan a la bestia, mueven el tablero político para impulsar su agenda, extender su influencia y sus ambiciones mediterráneas.
El grupo de los Veintisiete barajaban la posibilidad de resucitar la operación Sofía, una misión que se encargó de patrullar el Mediterráneo central, rescatando migrantes y tratando de acabar con el modelo de negocio de las mafias. Ese fue su objetivo hasta marzo de 2019, cuando se quedó sin barcos ante la negativa italiana a seguir siendo el punto de recepción de rescatados.
Ante la negativa austrohúngara (Austria y Hungría) de revivir Sofía, Europa entierra la operación Sofía. A ellos se sumó Italia, que argumenta con toda razón, que volver a poner navíos en el Mediterráneo central generaría un «efecto llamado». Podemos decir que dos países sin costa se cargaron una misión naval.
La elección europea fue apostar por una nueva misión, similar a la anterior en algunos aspectos, como por ejemplo su base jurídica, pero con otra forma, para controlar el embargo de armas en Libia. La Unión Europea ha logrado in extremis un acuerdo para poner en marcha una misión naval para controlar el embargo de armas a Libia, teniendo que esquivar el salvamento de migrantes (una forma elegante de darle las espaldas a la política de rescate y acogida).
Lanzaran una nueva misión naval, aunque también con control aéreo y satelital, en el Mediterráneo central. Luego del acuerdo, Bruselas espera que los barcos estén patrullando la zona elegida pronto. Ahora el mandato de la misión pasará a hacer cumplir el embargo de armas, y el salvamento de migrantes será la «segunda o tercera prioridad», en palabras de la ministra española de Asuntos Exteriores, Arancha González Laya.
La política progre y armonista de los europeos, les ofrecían a los africanos islámicos (básicamente), cuyo continente es el mayor productor de humanos, la mesa servida para deglutirse Europa. La política idealista destructiva de Europa choca con el realismo político de Donald Trump, quien reivindica el poder del Estado, de su capa conjuntiva, de su capa basal y su capa cortical.
El imperio romano avanzaba más allá de su limes, cada vez que los bárbaros se asomaban a sus límites, y esos límites dependen de su potencia, de su capacidad económico, político y militar. Rusia, es decir, Putin, avanza sobre Ucrania porque debe como todo Imperio, ese es el destino de los imperios, defender su capa cortical, manteniendo o aumentando sus límites. Otra cosa es que le planten la cara y ahí las cosas serán distintas. Así ha sido siempre y seguirá siendo la vida política, y así se hace la Historia.
20 de febrero de 2020.