

EL ESTADO ISLAMICO DE IRAK Y EL LEVANTE
Ricardo Veisaga
Mapa del Califato, que pretende instaurar el Estado Islámico de Irak y el Levante.
Una de las tres distinciones claves en la política es, la distinción amigo-enemigo. En el caso del Estado Islámico (ISIS), lo más elemental es conocer bien quién y cómo es el enemigo para poder enfrentarlo y vencerlo. En este caso concreto veo gravísimas equivocaciones al respecto. La primera, Obama, ha caracterizado al (EI) como grupo terrorista.
El (EI) en sus inicios actuó como una formación terrorista más, pero muy pronto buscaron algo que los terroristas no suelen hacer: el control del suelo y su administración. Es decir, el control político, económico, social y religioso. Cuando el (EI) a comienzos del mes de junio se mete en el norte de Irak y llega a amenazar Bagdad, crea un bastión mayor que el estado de Florida, y borra físicamente con la fuerza de sus bulldozers la frontera de Siria e Irak, controlando unos 80.000 kilómetros cuadrados.
Es decir, suelo, gobierno y población, tres elementos definitorios de todo Estado antiguo o moderno. El cuerpo de la sociedad política está constituido por tres capas, indisociables, pero con ritmos diferentes de crecimiento y desarrollo, y que nosotros denominamos la capa conjuntiva, la capa basal y la capa cortical.
Las tres capas según las cuales se organiza el cuerpo de la sociedad política y constituyen la «forma del contenido» al que habrá que aplicar las formas sintácticas del poder político. De este modo, la doctrina sintáctica del poder político encuentra como vía propia para su interno desarrollo, a la doctrina de las tres capas del cuerpo de la sociedad política.
El Califato Omeya o Califato de los Omeyas (en lengua árabe: أمية بنو banū umayya o al-umawiyyūn. األمويون
El Omeya fue un linaje árabe que ejerció el poder califal primero en Oriente, con capital en Damasco, y luego en al-Ándalus, con capital en Córdoba (España). El Estado Islámico quiere reconstruir el califato Omeya. El Califato Omeya (árabe: األموية الخالفة, trans. Al-Ḫilāfa al-ʾumawiyya) fue el segundo de los cuatro principales califatos islámicos establecidos después de la muerte de Mahoma. El califato se centró en la dinastía Omeya (árabe: األمويون al-ʾUmawiyyūny «Hijos de Umayya»). أمية بنو, Banū ʾUmayya,
La familia omeya había llegado primero al poder bajo el tercer califa, Uzmán (Uthman ibn Affan) (r. 644–656), pero la dinastía Omeya fue fundada por Muawiya (Muawiya ibn Abi Sufyan), antiguo gobernador de Siria con Uzmán, con la finalización de la primera Guerra Civil musulmana en 661 d.C/41 AH. Siria seguirá siendo la principal base del poder de los Omeyas y Damasco su capital.
Mapa del califato Omeya
Los Omeyas continuaron las conquistas, incorporando el Cáucaso, Transoxiana, Sind, el Magreb y la Península Ibérica (Al-Ándalus) en el mundo musulmán. En su mayor extensión, el Califato Omeya tenía unos 15.000.000 km², el imperio más grande que había visto el mundo y el quinto más grande de los que han existido.
Los Omeyas eran un clan de la tribu Quraish, de La Meca a la que pertenecía Mahoma. El antepasado que da nombre a la familia, Umayya ibn Abd Shams, era sobrino de Háshim, bisabuelo del Profeta, que da nombre a los hashimíes, o también como hachemíes. El último de los califas Omeya, Marwan II, este huyó a Egipto y Abu l-Abbas se convirtió en califa, inaugurando así el califato abasí.
Todos los Omeyas fueron asesinados, incluso se sacó a los muertos Omeyas de sus tumbas, para borrar de este modo los rastros de la familia. Sólo uno logró escapar a la matanza, y con el tiempo reaparecerá en el otro extremo del mundo islámico, en Al-Ándalus.
Barack Obama, dijo muchas veces que no tenía una estrategia para luchar contra el ISIS o IS (siglas en inglés del Estado Islámico) y sus avances en Irak y Siria. Finalmente presentó su plan para «degradar y finalmente destruir al grupo terrorista conocido como ISIS». Barack Obama ha buscado el apoyo de sus aliados europeos en Gales durante la cumbre de la OTAN, pero el ojo siempre lo ha tenido puesto en el régimen de Damasco y en Teherán.
La estrategia militar presenta un grave dilema, de cómo bombardear Siria sin reforzar a al-Assad y a su vez armar a la oposición moderada (sic), cómo reforzar a Bagdad sin promover la presencia y los intereses de Irán en Irak, y cómo potenciar los grupos e instituciones para encontrar una salida simplemente desde el aire.
Mapa actual de dominio del Estado Islámico.
Su estrategia de pretender distinguir entre banda terrorista e insurgencia es un error. El Estado Islámico es un grupo terrorista y, pero también un Estado, con su administración, su ejército irregular, su población y su territorio. El ISIS no es Al Qaeda y sus militantes que viven escondidos y planean en la clandestinidad, cómo y cuándo van a ejecutar sus próximos objetivos.
Las fuerzas de ISIS avanzan ocupando territorios, las ciudades, y realizan el exterminio de sus enemigos allí donde se instalan. Al ISIS no se lo eliminará solamente con drones y unidades de operaciones especiales. Acabar con el Estado Islámico no es como eliminar a Osama ben Laden.
El más grave error de Barack Obama (y de otros) es no reconocer que el ISIS es un movimiento islámico. ¿Qué capacidad intelectual o conocimiento sobre filosofía de la religión, tiene Barack Obama para distinguir quién pertenece al islam y quién no pertenece? Ninguno.
Una cosa es afirmar, como hizo en su día George W. Bush Jr., que no todos en el islam son terroristas y otra muy distinta creer que el terrorismo islámico no es islámico. ¿Cómo explica el discurso inflamado de sus líderes, las referencias permanentes al Corán, sus rezos y prácticas, la aplicación de la sharia (como actualmente ha sucedido en Alemania), y sus referencias al califato?
El ISIS no es un grupo nihilista (como tampoco son nihilistas los anarquistas), como el presidente Obama y su empleado John Kerry han repetido incansablemente. Es un movimiento de creyentes. Obama se salta a la torera el primer principio de la estrategia: «conocer a tu adversario». Porque es la forma de evitar hablar de guerra ideológica. Muchos no quieren decir que Estados Unidos está en guerra.
El Pentágono ha hecho público que, desde agosto hasta comienzos de esta semana, la aviación estadounidense ha llevado a cabo 162 sorties, (salidas de sus aparatos). En cada salida se habría bombardeado posiciones de mortero, así como vehículos empleados por los militantes del ISIS. No resulta una cifra muy impresionante, sobre todo si se está en guerra.
Durante la primera Guerra del Golfo, Estados Unidos operaba más de mil misiones al día (1.400 toda la coalición), en Kosovo, la OTAN gestionó unas 600 salidas diarias, y, más recientemente, en Libia, más de 200. Más o menos lo que Israel ha hecho en Gaza este verano. Unos ataques al día son para creer que no están en guerra. La negativa de no enviar tropas terrestres al combate, tampoco. La noticia de que esta campaña puede llevar hasta tres años plantea la posibilidad de una guerra de tan baja intensidad que difícilmente pondrá a temblar a los jefes del Estado Islámico.
David Cameron, el premier británico, quien tras la salvaje decapitación del cooperante David Haynes, ha afirmado solemnemente que sus asesinos «son monstruos, no musulmanes». ¿Entonces que son, Testigos de jehová, del Opus Dei, mormones, ¿qué puta son David? Esto de Cameron muy en línea de lo que dijo Barack Obama, cuando descartó tajantemente que el Estado Islámico fuese en realidad islámico. Es fácil jugar con las palabras.
En buena medida, en eso se ha convertido la política contemporánea, pero les guste o no, el Estado Islámico es un movimiento que sólo encuentra su sentido desde el islam. Da igual la variante que se quiera. Responde a una corriente teológica y, por mucho que sus actos nos parezcan bárbaros, están plenamente legitimados para muchas de las autoridades religiosas que pueblan el islam hoy, ayer y hace siglos.
Separar entre yihadismo e islam, como dice Bardají:
«Es lo más peligroso porque tiende a oscurecer el proceso que lleva a miles de jóvenes en Europa a rechazar ser parte de nuestras sociedades, simpatizar con las causas islamistas, apoyar a los grupos combatientes y, finalmente, formar parte de ellos y llegar, incluso, a inmolarse por su guerra santa. No podemos olvidar que más de la mitad de los combatientes del EI provienen de fuera de Siria e Irak. Nuestro vecino Marruecos cuenta con cerca de 2.000 combatientes identificados; más de 400 han salido de Francia; unos 700 del Reino Unido; un centenar de España».
Cameron desliga islam y yihadismo porque teme que, si no lo hace, la población musulmana del Reino Unido se revolverá y causará más problemas sociales. Pero así lo único que está logrando es silenciar a los moderados y dar alas a los extremistas y radicales. El grado de poyo al yihadismo no ha disminuido en este tiempo, sino que todas las encuestas muestran cómo sigue creciendo.
El Estado Islámico es exactamente eso, islámico (verdad de Perogrullo). Y es una seria amenaza, que controla un territorio del tamaño del Reino Unido en Irak y Siria. Y sus combatientes pueden ser unos 20.000 y que, tras haber saqueado los arsenales iraquíes, están bien equipados con armas (muchas de ellas de fabricación estadounidense) y dinero.
El Estado Islámico acaba de arrebatarle la base aérea de Taqba al régimen de Bashar al-Assad, haciéndose así con el control efectivo de la provincia siria de Raqa, donde está situada su capital de facto.
El periódico Guardian cita las palabras de un «diplomático regional»:
El Estado Islámico es ahora la potencia militar más poderosa de Oriente Medio fuera de Israel. En unos pocos días pueden decidir resultados que a los rebeldes sirios les costaron dos años. Su capacidad contrasta radicalmente con la del régimen sirio, que sólo puede combatir las batallas de una en una y que ha de luchar tenazmente por cada triunfo.
En sus primeros dos meses de vida, el denominado Califato ha logrado un éxito sin parangón. Va camino de crear cimientos para crecer económica, militar y políticamente de forma sustancial. Es el grupo terrorista mejor equipado y más capaz del mundo. No se parece a nada que hayamos visto hasta ahora.
El Estado Islámico tiene la capacidad de tomar y controlar territorios. Tiene poder militar, posee una capa basal, tiene poder legislativo, le basta y le sobra la sharia, e impone su justicia «pura y dura», tiene capacidad administrativa, rudimentaria, pero lo posee. Tiene el territorio que no posee Al Qaeda (perdido Afganistán), realizan negocios (venden petróleo), pero no son invencibles, eso fue demostrado cuando fueron expulsados fácilmente de la presa de Mosul por soldados kurdos e iraquíes con ayuda de fuerza aérea estadounidense.
La ejecución de su propio jefe de inteligencia en la ciudad de Alepo por sospechoso de ser un espía británico, es un signo de debilidad del Estado Islámico, y por los problemas que le ocasionan la muy limitada contraofensiva que ha sufrido en el norte de Irak.
No existe comparación con las Fuerzas de Defensa de Israel –unas de las fuerzas militares más profesionales y capaces del mundo, con 176.000 miembros en servicio activo, casi 4.000 tanques y 10.000 vehículos armados de combate, casi 700 aeronaves, 110 navíos y, no olvidemos, armas nucleares.
Como fuerza de combate, el Estado Islámico, ni siquiera es comparable a los ejércitos de Egipto, Jordania, Irán o Arabia Saudita (este último es el más débil del lote): cualquiera de ellos podría aplastar al ISIS si combatieran en sus respectivos territorios. El impacto real del ISIS se debe, a la indecisión de Barack Obama de actuar en Siria en su momento y, que operan en dos países Siria e Irak.
Países cuyos gobernantes son desastrosos, como Bashar al-Assad, y el inútil ya depuesto Nuri al Maliki, en Irak. El Estado Islámico de Irak y el Levante, es un Estado, no por su bandera o su jefe de Estado, sino que es un Estado de derecho, por el derecho que le otorga la fuerza. Un progre dirá que no tiene reconocimiento de las Naciones Unidas u otras bobadas por el estilo, ni falta que le hace.
De hecho, están financiados por países petroleros como Qatar, país que tiene un lugar en las Naciones Unidas, y embajadas en diversos países como Estados Unidos. Para un realista político lo importante es lo otro.
18 de septiembre de 2014.