

EL CHAPO GUZMÁN
ASESINATOS Y CHILES JALAPEÑOS
Ricardo Veisaga
Un tiroteo entre supuestos narcos que se identificaron como policías, dejó un saldo oficial de seis muertos y tres heridos graves, este suceso ocurrió la madrugada del domingo 8 de noviembre de 1992, en la conocida discoteca «Christine» del Hotel Krystal de Puerto Vallarta, México.
Sin embargo, este operativo seudopolicial no alcanzó su objetivo que era acabar con los hermanos Francisco Javier y Ramón Arellano Félix, sobrinos de Miguel Ángel Félix Gallardo. Los afortunados se salvaron al esconderse en el baño, en el ducto del aire acondicionado, lugar desde donde salieron cuando terminó la balacera.
Cuando el ambiente en la disco estaba a todo dar y el alcohol estaba haciendo su trabajo, el reloj marcaba las 02:30 horas, en las calles aledañas reinaba el silencio y la circulación automotriz era prácticamente nula. Un camión Dina «Rabón» blanco, de redilas recubiertas de lámina cromada, que, según los metiches de siempre, estaban nuevecitas, el camión realizó una brusca frenada rompiendo el premonitorio silencio que no auguraba nada bueno.
De la Dina blanca se descolgaron medio centenar de individuos, que, según el testimonio de algunos taxistas, se parecían a los Swat de los gabachos (de Estados Unidos), todos portaban chalecos antibalas, cartucheras, rifles R15 y AK-47, y algunos llevaban granadas y mostraban una disciplina militar, no policial. Esto último, dicho por los taxistas, sin ánimo de ofender o rencor a la fuerza policiaca.
Según los testimonios, los del grupo paramilitar sacaron sus armas y abrieron fuego contra las luces de la discoteca, antes de disparar contra los miembros del cartel de los Arellano Félix. Mientras tanto en el exterior, el camión era escoltado por una Suburban, una Cheyenne y una RAM, que se estacionaron en los carriles centrales de la avenida con los motores encendidos.
Los vehículos estaban custodiados por individuos que vestían ropa oscura, y formando tres filas, con las metralletas apuntando hacia arriba acomodados sobre los hombros, inmediatamente se abrieron en pinza para rodear el centro nocturno del hotel Krystal. La fila del centro irrumpió en el interior, el personal de seguridad presente en el antro, aseguró que los invasores se identificaron como policías judiciales, pero sin indicar concretamente a qué corporación pertenecían dejando ver de manera intencionada placas con la inscripción, PJF.
De acuerdo a los testigos, que en estos casos gustan exagerar, sostuvieron que se dispararon más de 1.000 disparos dentro y fuera del local, en poco menos de diez minutos. De aquellos desafortunados que se los cargó la chingada, dos quedaron al lado de la mesa que ocupaban, dos en el baño y otros dos al intentar rajarse por la puerta de emergencia, estos últimos quedaron tumbados pistola en mano en el exterior del local.
Según los testigos, uno de los asaltantes habría gritado: «Los tenemos rodeados, hijos de la chingada». Mientras otro grupo se dirigió sin titubear a la mesa del gerente. En ese lugar se encontraban alrededor de quince personas, esa mesa, curiosamente es la preferida de los judiciales federales, que suelen frecuentar el lugar especialmente «cuando hay música de banda», como relató una ex empleada de la disco.
Algunos empleados comentaron sobre el grupo de asalto que, «Ya tenían dos o tres noches yendo ahí esas mismas personas y siempre andaban armadas», las últimas tres noches estuvieron bebiendo los mejores vinos y muy acaramelados con tres mujeres guapas, en ese grupo destacaban dos hombres altos y güeros, uno con un Rolex de oro e incrustaciones de diamantes, muy al estilo de jefes narcos.
Los atacantes ya los tenían bien ubicados. Cuando se oyeron las detonaciones acudió al lugar la policía municipal y pidió auxilio a la XII Zona Naval Militar, que se encuentra a unos 800 metros de la discoteca, y a la Policía Judicial Federal que está a no más de dos kilómetros, de la Policía Federal de Caminos y a la Judicial del Estado. Estas últimas dependencias fueron los únicos que acudieron al lugar, las corporaciones federales no se dieron por enterados.
Una vez terminado el operativo, los delincuentes se alejaron del lugar en el camión y en las camionetas, el grupo que se quedó rezagado secuestraron a dos taxis y se fueron rumbo a la ciudad. La patrulla no pudo alcanzar al camión Dina, y cuando una de ellas estuvo a punto de lograrlo, muy cerca de la subdelegación de la PGR, dos personas que cuidaba la retirada, bajaron de una Suburban que poco antes le habían secuestrado a una señora, portando ametralladoras y dispararon sobre la unidad que recibió unos cuarenta impactos.
Una vez terminado el tiroteo, los Arellano, a quienes la policía los tiene identificados como lavadores de dinero de su tío, y dueños de negocios dedicados al turismo en Mazatlán, Sinaloa y Tijuana, salieron de los conductos de aire acondicionado, lugar donde se refugiaron. Dos guaruras (guardaespaldas) que protegían a los Arellano, estaban en la sala de espera de los baños, y según manifestaron, creían que habían herido a dos sicarios del comando.
Los heridos declararon que habían llegado a Puerto Vallarta tres días antes, y que se hospedaron en el hotel Villa del Palmar. En el hotel la policía encontró un Chevrolet Century 1992, con cuatro «cuernos de chivo» y 734 cartuchos útiles, y en una de las habitaciones dos kilos de mariguana y una credencial, una de ellas estaba a nombre de uno de los muertos, que lo acreditaba como policía judicial de Baja California.
La venganza suscitada entre narcos fue atribuida a Luis Héctor «El Güero» Palma, quien había jurado venganza por la muerte de su esposa Guadalupe Leija y de sus hijos Nataly y Héctor, asesinados en San Francisco (California), y en San Cristóbal (Venezuela) respectivamente, crímenes cuya autoría intelectual fueron atribuidas a Félix Gallardo.
Sin embargo, quienes han hecho un seguimiento de la guerra narco, le adjudican el ataque a Joaquín Guzmán Loera «el Chapo», que en ese entonces intentaba controlar las rutas del narcotráfico a Estados Unidos, para su Cártel, el de Sinaloa. Joaquín Guzmán Loera buscaba vengarse de los hermanos Francisco Javier y Ramón Arellano Félix.
Esta descripción es parte del relato que presentaron los procuradores federales en Brooklyn en el caso contra Guzmán Loera; el memorando de noventa páginas fue presentado ante la corte el 10 de abril. El mismo contiene un largo listado de los delitos que le achacan a Guzmán, aunque no los hayan detallado en la imputación formal.
Según los fiscales, son clave para el caso, ya que incluyen asesinatos, actos de tortura, secuestros, las fugas de prisión y un intento de contrabandear siete toneladas de cocaína en latas de chiles jalapeños. En el mismo memorando, cuentan que en 2001, cuando Guzmán Loera estaba enfrentado con los Cárteles del Golfo y de los Zetas, el Chapo ordenó a sus sicarios capturar y torturar a cualquier integrante de esos grupos rivales.
Cuando estos eran atrapados eran llevados a su presencia «atados e indefensos», para ser interrogados, pero en algunos casos, «fue el mismo acusado quien le disparó a los rivales a quemarropa y les ordenó a sus lacayos deshacerse de los cuerpos».
Unos nueve años después, cuando el Cártel de Sinaloa disputaba territorio con los Beltrán Leyva, el Chapo recibió noticias de que Israel Rincón Martínez, uno de los principales lugartenientes de esa organización había sido capturado. Rincón estaba acusado de matar al hijo de uno de los lugartenientes de Guzmán Loera.
Según el documento, Rincón fue llevado por distintas propiedades de El Chapo donde fue torturado e interrogado por el primo de Guzmán, Juan Guzmán Rocha. El Chapo ordenó que no mataran a Rincón hasta que él llegara, pero debido a la madriza (golpiza) recibida Rincón falleció antes de su arribo.
La caravana que transportó al Chapo de Manhattan a Brooklyn para una audiencia
También se menciona que en 2006 el Chapo aprovechó un descanso después de comer para mandar a golpear a dos integrantes de los Zetas a los que después mató con un tiro de gracia «disparado desde un arma larga». El documento añade que «les ordenó a sus trabajadores cavar un hoyo, lanzar ahí los cuerpos y prenderles fuego».
Los procuradores tienen una montaña de evidencias para probar que antes de su extradición a Estados Unidos, Guzmán era el mayor narcotraficante del mundo, y que tenía operaciones en cuatro continentes y había acumulado unos 14.000 millones de dólares a lo largo de su carrera como líder del Cartel de Sinaloa. El material recopilado por el gobierno incluye no menos de 300.000 páginas de documentos y unas 1500 grabaciones de audio del acusado y de sus cómplices, conversaciones grabadas en secreto.
Los fiscales, de acuerdo a los indicios planean contar una larga historia que incluye no sólo el ascenso a la fama y fortuna en el mundo del narcotráfico, sino la historia reciente del comercio internacional de drogas. El relato comienza a principios de los años ochenta cuando capos como el colombiano Pablo Escobar, controlaban la industria de narcóticos en New York y Miami, una infraestructura de distribución respaldada por traficantes mexicanos que llevaban la mercancía desde Colombia hasta la frontera con Estados Unidos.
Guzmán, quien empezó cultivando marihuana, se destacó sobre los demás al mover la cocaína colombiana hacia Texas, Arizona y California con eficiencia y velocidad, tanto es así que uno de sus apodos iniciales fue «el Rápido». Al finalizar los años ochenta, el éxito de su start up lo obligó a expandir su territorio, lo que llevó a una guerra con el entonces Cartel de Tijuana.
En esta guerra fueron asesinados algunos personajes como el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, en el aeropuerto de Guadalajara en 1993, lo que llevó a una cacería policial contra Guzmán Loera. En realidad, quienes ordenaron la muerte de Posadas Ocampo fue un poderoso grupo político, y usaron a el Chapo de chivo expiatorio, le ordenaron tomarse unas vacaciones (forzosas) junto a sus pistoleros y al momento del tiroteo, Joaquín Guzmán Loera estaba embarcando junto a su gente desarmada.
Este fue capturado y estuvo ocho años en una prisión de «alta seguridad», desde donde pudo mantener e incluso aumentar sus negocios. En el 2001 se escapó metido en un carrito de lavandería (arregló su fuga), después de esa fuga, los procuradores dicen que Joaquín Guzmán Loera se refugió en las montañas de Sinaloa cercanas a Culiacán.
Para evitar volver a prisión, el Chapo Guzmán, armó un ejército de cientos de guardaespaldas fuertemente armados y estableció un sistema sofisticado de comunicaciones con aparatos encriptados y «varias capas de intermediarios». La fuga de Guzmán coincidió con la aprobación de nuevas leyes de extradición en Colombia, lo que ponía a los narcos en peligro de ser juzgados en Estados Unidos.
Ese hecho obligó a los colombianos a ceder las rutas de distribución hacia ese país y Joaquín Guzmán fue uno de los que aprovechó la situación creando sus propias rutas hacia New York, New Jersey, Texas, Illinois y Georgia. Guzmán con ganancias en «niveles exorbitantes» según los fiscales, expandió sus operaciones a Estados Unidos, Honduras, Costa Rica, El Salvador y Panamá, contando con pistas de aterrizaje y el uso de submarinos para mover hasta seis toneladas de cocaína.
De acuerdo con los documentos, el Chapo Guzmán estableció a sus lugartenientes en Sudamérica para proteger la red de suministro y amplió su negocio incluyendo la marihuana y la heroína. Para traficar metanfetaminas envió a su gente a la India y China, para conseguir los ingredientes necesarios para fabricar la droga.
En ese entonces y de acuerdo a su cultura de referencia, Joaquín Guzmán Loera, se convirtió en la figura mítica de «un Robin Hood moderno», dicen los documentos. «Amado por los oprimidos y enaltecido en canciones populares», rodeado de asesinos profesionales y él personalmente portaba una AK-47 bañada en oro y una pistola con diamantes incrustados. Tanto lujo para disparar plomo.
De acuerdo con la fiscalía, una vez pagó un soborno de un millón de dólares (¿una vez?) en efectivo a las autoridades mexicanas para asegurar el flujo de un solo envío de drogas. En paralelo al crecimiento de la fama y la infamia del Chapo, también crecía el interés por atraparlo, o al menos eso fingía la policía.
En el año 2014, la Marina mexicana lo encontró en su hogar en Culiacán; pero logró escapar por un pasaje construido debajo de una tina que llevaba a una serie de túneles. Después de un mes de búsquedas lo encontraron de nuevo en Mazatlán y fue llevado a otra prisión de «alta seguridad». De la cual, en 2015, se escapó de nuevo por medio de un túnel construido (previa licitación pública) en la ducha de su celda. Un video lo muestra, según cuentan los procuradores, «bajando con calma una escalera hacia el túnel donde lo esperaba una motocicleta».
Cuando el Chapo fue enviado desde México; su caso se limitó a la discusión sobre la legalidad de esa extradición y las condiciones en que vive en la prisión de alta seguridad de Manhattan. El documento presentado por el gobierno estadounidense este mes, es la primera que detalla las evidencias que los procuradores planean presentar al jurado.
Los fiscales federales sostienen que tienen más de cuarenta testigos dispuestos a testificar que Guzmán construyó a lo largo de tres décadas el imperio de la droga más grande el mundo; que empleaba a un ejército de asesinos y que ganaba miles de millones de dólares del narcotráfico, contando para tal fin con una flotilla de camiones, aviones, barcos, submarinos y yates.
Los procuradores dicen que tienen imágenes satelitales de el Chapo Guzmán y sus operaciones, libros de contabilidad que fueron confiscados al cártel, decenas de videos, miles de llamadas, correos interceptados y más de 300.000 páginas de diversos documentos.
Se explicará cómo fue el ascenso de Guzmán desde ser un productor adolescente de marihuana a capo internacional que portaba un revólver con incrustaciones de diamante. La fiscalía en Brooklyn lo describió como el narco más sofisticado a nivel mundial y como un asesino a sangre fría, que mandó matar a miles de personas durante la guerra contra el narcotráfico en México.
No es descabellado que tengan evidencia de pagos que hizo Guzmán Loera a sus abogados como «prueba de la riqueza inexplicable y los ingresos sustanciales del acusado». El abogado del Chapo Guzmán, el ecuatoriano Eduardo Balarezo, sigue argumentando sin éxito que su cliente no enfrentará un juicio justo debido a las restricciones severas que se le impusieron con el arresto.
Balarezo solicitó al tribunal que le entregara los antecedentes penales de todos los capos, mensajeros, ex integrantes de cárteles y contadores que los procuradores presentaran como testigos, son casi cuarenta personas, a algunas se les permitirá rendir testimonio con seudónimos.
Para quienes presenciaron la presentación de Joaquín Guzmán en la corte, les resultaba difícil conciliar esa imagen con la figura poco impresionante de Guzmán en la corte. Lo que vieron fue a un hombre de baja estatura que pasó la mayor parte de la hora que duró su audiencia, mirando al vacío hacia el infinito, mientras escuchaba la traducción a través de audífonos. Y alguna vez buscó con la mirada a su mujer, Emma Coronel Aispuro, que llevaba un saco de color blanco, y también dirigía su mirada a la cantidad de guardias de seguridad.
Un juez federal en Brooklyn, decidió el día 10 de enero posponer el juicio para septiembre y se cree que la misma durará unos tres meses. Hay que tener presente que la oficina de la fiscalía estadounidense en Brooklyn presentó cargos en contra de Guzmán Loera en 2009, in absentia, y cuando fue capturado de nuevo en el 2016 se le imputaron nuevos cargos. Estos cargos fueron usados para solicitar la extradición.
El gobierno de Estados Unidos, pese a que Guzmán se encuentra recluido en una celda en miniatura y en aislamiento, en la prisión federal de Manhattan, lo sigue considerando como una amenaza. Los defensores federales Michelle Gelernt y Michael Schneider, que inicialmente actuaron como abogados de Joaquín Guzmán, argumentaron durante varias semanas que Guzmán padece los efectos nocivos del confinamiento solitario en que permanece, en lo que se conoce como 10 South, el ala más segura del Centro Correccional Metropolitano.
Una prisión federal ubicada en la zona baja de Manhattan del otro lado del río desde Brooklyn, donde está la corte. El 4 de mayo, el juez Cogan, emitió una orden rechazando casi todas las solicitudes para relajar las restricciones. El juez consideró las medidas necesarias, para evitar que el acusado continúe manejando el Cartel de Sinaloa mientras está en prisión.
La abogada Gelernt le dijo al juez Cogan que ni a ella ni a Schneider se le permitía estar en la misma habitación que su cliente en el centro penitenciario. Si querían mostrarle un documento, dijo, tenían que sostenerlo contra un ventanal de vidrio acrílico que los separaba.
El Centro Correccional Metropolitano, es una fortaleza donde están cientos de prisioneros federales, y según un acusado de terrorismo que fue encarcelado en ambas prisiones, lo califica como menos habitable que la bahía de Guantánamo. Aquellos prisioneros de «alto riesgo» que fueron condenados por los cargos más severos (una media decena), viven en duras condiciones de aislamiento que algunos reportaron pérdidas ligeras de la vista.
En el Centro Correccional Metropolitano estuvieron alojados presos como Ramzi Ahmed Yousef, el autor intelectual del bombardeo de 1993 al World Trade Center de New York, y Bernard Madoff, ex presidente de la firma de inversión con la que estafó a sus clientes por unos 20 mil millones de dólares con el sistema Ponzi.
El que más tiempo permaneció en 10 South fue Vincent Basciano, un ex jefe de la banda criminal de los Bonanno. Su abogado, Mathew J. Mari, dijo que Basciano describió a 10 South como «una cámara de tortura que el gobierno usa para tratar de hacer que un acusado coopere».
Basciano, condenado de por vida bajo cargos de extorsión, fue trasladado después a la llamada Supermax en Florence (Colorado), considerada como la prisión federal más segura del país, Basciano la describió como «un hotel de cinco estrellas en comparación con el 10 South», según Mari.
La Oficina de Prisiones no identifica a los reclusos que ahora están en 10 South. Sin embargo, extraoficialmente se ha llegado a saber que los vecinos de Guzmán incluyen a Muhamad Mahmoud al-Farekh, un texano acusado de ser comandante de Al-Qaeda y a quien el gobierno estadounidense estuvo a punto de matar en un ataque con drones en Paquistán; y a Maalik Jones, residente en Maryland acusado de combatir junto al grupo islámico Al-Shabab en Somalia.
Muchos prisioneros intentaron escapar pese a sus estrictas medidas de seguridad. En 1981, un reo casi logra subirse a un helicóptero secuestrado; pero en 1990 dos presos se descolgaron por una ventana del segundo piso, usando el cordón eléctrico de una máquina para lustrar los pisos. Uno aún está en la lista de buscados por el servicio de alguaciles. Anthony Boyd un asaltante de bancos, en el 2009, pudo salir por la puerta principal por un aparente error administrativo.
El Centro Correccional Metropolitano, que abrió sus puertas en 1975, en la actualidad tiene 795 internos y colinda con un tribunal, desde el tribunal se puede ver a los presos jugar al básquet en la cancha ubicada en el techo. Cosa vedada para el Chapo, ya que los prisioneros de alta peligrosidad son puestos en media decena de celdas en un ala llamada 10 South, confinados en solitario y tienen prohibido dirigirse la palabra entre ellos.
Las luces permanecen encendidas 23 horas y a veces las 24, las ventanas son esmeriladas, no se puede ver hacia fuera. La ranura de la puerta para pasar alimentos está cerrada todo el día.
Los guardias, pueden observar hacia dentro por medio de cámaras de vigilancia en la ducha y sobre el inodoro. Los presos no tienen televisores ni radios, las revistas a los que acceden llegan con un mes de retraso y periódicos como The New York Times con dos meses de retraso y muchas noticias recortadas por los censores.
Uzair Paracha, quien estuvo detenido en ese centro por dos años por suministrar apoyo material a Al-Qaeda, hasta 2005, dijo que era común en los presos las pérdidas ligeras de la vista y para la hipermetropía acudían a anteojos. Según Uzair Paracha, quien narra su experiencia en su libro: Hell is a Very Small Place: Voices from Solitary Confinement; se podía oír algunas oraciones y las voces de los guardias burlándose de los prisioneros.
Estas medidas impuestas son aprobadas por el fiscal general de Estados Unidos, consideradas como «medidas administrativas especiales», y como es costumbre criticada por Amnistía Internacional. El director ejecutivo de la Oficina de los Defensores Federales de New York, David Patton, en una entrevista dijo: «Las unidades segregadas son horripilantes e inhumanas», «Si quieres diseñar un lugar para volver loca a la gente de manera intencional, sería difícil hacerlo mejor».
¿Inhumanas? Pedazo de idiota, son humanas pero jamás a la altura de las empleadas por los criminales detenidos. La oficina de David Patton defiende a varios presos del Centro Correccional, entre ellos a Guzmán Loera, aunque Patton no quiere hablar sobre su caso. «Las luces fluorescentes siempre están prendidas», dijo el abogado, «El único ruido es el rechinar metálico de las puertas cuando se abren y se cierran». Patton debería llevarlos a tomar el sol en Central Park.
Los presos nunca salen al aire libre, tienen una hora en una sala pequeña de «recreación» con una bicicleta fija, una caminadora, un televisor y una ventana que ofrece aire fresco y una vista a la zona baja de Manhattan. A muchos no se les permite hablar entre sí, aunque rara vez se encuentran cara a cara.
Desde que fuera llevado el Chapo Guzmán al Correccional desde el aeropuerto de Long Island, sus abogados se han quejado en su nombre por las condiciones de confinamiento, por negarle todo contacto con su familia y los medios. Los abogados le pidieron al juez Brian Cogan del Tribunal Federal del Distrito de Brooklyn, que suavice las restricciones y que permita la entrada de un investigador de Amnistía Internacional para analizar las condiciones.
Respecto a esto último, los fiscales le pidieron al juez Cogan que la niegue, ya que el grupo (AI) no tenía «autoridad de supervisión» en la prisión y que «no formaba parte de esta acusación». Los abogados alegan que el agua del grifo le había afectado la garganta a su cliente, por lo que pidieron agua embotellada.
También temen que el Chapo esté escuchando voces, pero el gobierno sostiene que simplemente oía los sonidos de una radio que se encontraba cerca. Los fiscales señalan que ahora recibe seis botellas de agua cada dos semanas, y que se le permitió comprar un reloj en la comisaría de la prisión. Aunque le quitaron ese reloj unos días después de que lo había comprado «sin explicación y sin reembolso», afirman sus abogados.
Como medida de seguridad adicional, le negaron las visitas familiares, incluyendo las de su esposa, Emma Coronel Aispuro, una ex reina de belleza. La hermana del Chapo pudo visitarlo amparado en una visa, pero al tratar de viajar nuevamente a Estados Unidos se le negó la visa. La fiscalía en New York va a examinar a los integrantes no estadounidenses en el equipo legal de Guzmán, ante la posible infiltración de un espía del cartel.
En los primeros meses de su detención sus abogados presentaron una moción, pues, aunque se le permite ver la televisión en la sala de recreo, el aparato no es visible desde la bicicleta de ejercicio, por lo que el pobre Chapo se ve obligado a elegir entre ver la televisión y ejercitarse. Dicen que esto es uno de los «obstáculos absurdos» que «contribuyeron al sentimiento de frustración y aislamiento de Guzmán».
Una más, tampoco se le permite al «chapito» elegir el canal, ya que los funcionarios le han «impuesto algún tipo de limitación de la programación», entre los pocos programas que pudo ver está un «programa de naturaleza acerca de un rinoceronte» que, dijeron, ha sido «repetido varias veces». Es ridículo y fuera de lugar quejarse de ver repetido al rinoceronte. Lo que no me parece mala idea, como método pedagógico, ya que el Chapo no fue a la escuela, la repetición puede ser excelente para el aprendizaje.
La sufrida población hispana de Chicago, sin estar en prisión ni mucho menos, estaban condenados a soportar estoicamente las mismas películas de Cantinflas y del chente Fernández, emitidas por las cadenas hispanas cientos de veces. ¡Pobre Chapo! se está perdiendo La Rosa de Guadalupe, habría que preguntarle que desea para «botanear» mientras mira la TV.
Esta es una muestra de la gran diferencia entre un penal en México y en Estados Unidos. En México, Guzmán estaba más protegido en la cárcel, desde donde podía seguir dirigiendo sus negocios sin temor a los carteles rivales y todo pagado por los impuestos de los mexicanos. El Chapo jamás se escapó de la prisión (lo dejaron salir).
Cada vez que se menciona a Emma Coronel, se agrega inmediatamente su condición de ex reina de belleza ¿Pero quién es realmente Emma Coronel? Emma Coronel Aispuro, provocó una sonrisa sarcástica en muchos de los presentes, cuando manifestó su preocupación por la salud de su pobre esposo, en la puerta del juzgado de Brooklyn.
Su marido no es otro que Joaquín «El Chapo» Guzmán de 62 años de edad, constituyen una pareja con 34 años de diferencia, Emma tiene 28 años, «No me puedo comunicar con él», explicó Coronel, «No le he visto en 15 meses», repitiendo la misma estrategia que ya usó en México antes de que le extraditaran a Estados Unidos. Emma tiene dos hijas gemelas, fruto de su relación con el jefe narco del cartel de Sinaloa. La mujer de Guzmán vive protegida en México y se mantiene leal a él por varios motivos, especialmente por la herencia.
Su madre Blanca Estela Aispuro, repitiendo la vieja costumbre de los mexicanos del norte, cuando está avanzado el embarazo para el parto, cruzan la frontera con Estados Unidos para tener sus hijos en el país del norte. Una vez que lo consiguen regresan para México. Emma nació el 2 de julio de 1989 en Santa Clara, cerca de San Francisco (California), eso dice el acta de nacimiento.
Sobre su nacimiento en Estados Unidos; Emma dice: «Como que no fue nada planeado, fue de última hora. Mi mamá se pasó de ‘mojada’, que en aquel tiempo era mucho más común, mucho más fácil; tocó que allá nací, ninguno de mis hermanos nació allá ni nada, no fue planeado ni lo decidieron. Fue ahora sí que de mera casualidad».
Su madre Blanca Estela, en el mes de agosto del mismo año y con su hija como ciudadana estadounidense regresó a Canelas (Durango), municipio enclavado en la zona de influencia de los cárteles de Sinaloa y de Guadalajara, más conocido como «el triángulo dorado». En Canelas las esperaban su padre, Inés Coronel, y su hermano mayor, Omar, luego la familia aumentaría con la llegada de sus hermanos Claudia y Édgar.
La futura esposa del narco vivió en ese lugar, aunque ella dijo que sus padres son originarios de un rancho cerquita de Angostura, «Toda la vida han vivido ahí, yo también hasta los 18 años viví ahí». Ella creció en Angostura, un pueblo remoto en el Estado de Sinaloa. Emma Coronel dice que su madre era ama de casa y su padre desde chiquito se dedicaba a sembrar maíz y frijol, y ya más recientemente, a la venta de autos usados en la frontera con Estados Unidos.
Emma confirmó que regresó a Estados Unidos, «Sí, este, a los 11 años me fui con la familia de mi mamá; estudié un año en Estados Unidos, y a los 12 me regresé». Esa decisión fue de sus padres, «Mis papás me mandaron para que aprendiera inglés, para que viera cómo era donde había nacido, más que nada. Sí me gustó, pero yo me quise regresar porque los extrañaba mucho; no me acostumbré. Estaba lejos de donde yo soy y extrañaba mucho a mi familia. Al año los convencí de que me regresaran».
En el 2006, cuando tenía 16 años conoció a Guzmán en una fiesta organizada por su padre, Inés Coronel Barreras, el cual cultivaba marihuana y amapolas (para hacer opio) para uno de los principales lugartenientes de su marido, cosa que su hija lo niega.
Según cuenta Emma, el narco le preguntó si podían bailar. Ella dijo que sí. «Pude bailar con él porque en los ranchos se puede bailar con otros hombres, aunque tengas novio», explicó. ¿Será por la falta de hombres? ¿O debe bailar, porque a un jefe narco no se le dice no? Emma admite que lo suyo no fue amor a primera vista, y desde entonces él se desvivió por ella, cumplía con todos sus caprichos.
Meses después de aquel baile, Emma decidió participar en la elección de la reina de la Feria del Café y la Guayaba, que se celebra en Canelas en febrero de cada año. Le corresponde a cada concursante lanzar una fiesta en honor a su candidatura y el de Emma tuvo lugar el 6 de enero «Día de los Reyes Magos» en 2007. Ese día El Chapo Joaquín Guzmán llenó Canelas con cientos de hombres armados y anunció públicamente sus deseos de casarse.
Ese año fue elegida a reina local del café y de la guayaba; sin embargo, ella afirma que ganó por méritos propios, no porque Joaquín Guzmán Loera haya influido en el resultado. «Gané con muchísimos votos y a partir de entonces fue cuando se hizo, pues, un escándalo de él implicándolo en mi vida, y todavía no estaba en mi vida», dice Coronel.
En esa elección mató dos pájaros de un tiro, terminó con su novio que era muy celoso y no quería que participara en el certamen y su próxima boda con el Chapo. El día de la coronación, el Chapo Guzmán apareció con tres bandas para celebrar la consagración de Emma. Guzmán Loera estaba más contento que perro con dos colas, pero el reinado fue muy breve, ya que la boda provocó la pérdida de la corona. Emma tenía 17 años y, el Chapo Guzmán, 51.
Es obvio, que si ese certamen hubiese sido para Miss México para representar en el certamen para Miss Universo, también hubiese ganado por la fuerza del narco. Antes de cumplir los 18 años, se casó con Joaquín Guzmán. En el año 2012, tal como había hecho su madre con ella, cuando estaba avanzado el embarazo de sus dos hijas gemelas, se desplazó a Lancaster (California).
Al nacer en Estados Unidos, sus hijas consiguieron, como ella, la nacionalidad de forma automática. Guzmán Loera, luego de fugarse en enero de 2001 de la cárcel de máxima seguridad de Puente Grande (Jalisco), la comenzó a visitar en su casa, se casaron en 2007, la boda fue religiosa pero no se casaron en una iglesia, se llevó a cabo en su casa.
En septiembre de 2007 se dio a conocer cuando la periodista Patricia Dávila publicó en la revista Proceso una crónica sobre la boda. En la nota se mencionó entre los invitados a políticos de Sinaloa, y un cinturón de seguridad organizado por el propio Ejército mexicano. Emma niega o desconoce que hubiera políticos y militares en su boda, «No, yo nunca lo he visto a él con un político».
«No. Todo fue algo muy chiquito, con pura familia, no hubo las grandes bandas que dicen, nada de eso.» El encargado de la ceremonia religiosa fue un padre del municipio de Canelas. A pesar de la inmensa fortuna pasaron la luna de miel en un rancho. Nunca viajaron a países extranjeros y si es cierto como dice la prensa, que Guzmán Loera llegó a viajar a Argentina y otros lugares, Emma asegura «no me ha llevado con él».
Emma Coronel dice que ella se mudó a Culiacán y comenzó sus estudios de preparatoria, a sugerencia de él, y luego de la prepa «estudié ciencias de la comunicación. No lo he ejercido pero me gusta mucho el periodismo», estudios realizados en la Universidad Autónoma de Sinaloa, donde ocultó su nexo con el mundo criminal de su marido.
Ella es consciente de que su marido no va a salir de la cárcel. Aun en el hipotético caso de que su abogado Eduardo Balarezo pueda desarmar las acusaciones de la fiscalía en New York, donde están formuladas las pruebas más sólidas contra su marido, los diferentes departamentos de Justicia de otros estados se lanzarían inmediatamente en su contra.
Si no es condenado a cadena perpetua en New York, se pasará décadas de juzgado en juzgado, de Estado en Estado. Actualmente Emma vive junto a su familia en Sinaloa, un lugar donde las mujeres de los jefes narcos gozan de un privilegio superior al de los políticos. Especialmente ella que es la esposa del Chapo Guzmán.
Y hablando de hipótesis, el poder de la efímera ex reina del Café y de la guava o la guayaba, podría aumentar si en las elecciones presidenciales de México este 1 de julio triunfa Andrés Manuel López Obrador y cumple con su promesa de abrir una mesa de diálogo con los carteles. A Emma lo que le sobra es astucia, y sabe que debe guardar lealtad mientras espera para heredar una gran fortuna.
27 de abril de 2018.