

DE LAS HAMBURGUESAS CON KIM JONG-UN
AL CHICO DE LOS AZOTES
Ricardo Veisaga
La destitución del secretario de Estado Rex Tillerson fue interpretada de diversas maneras, hay quienes ven este final como la natural consecuencia del choque entre un halcón y una paloma. Otros veían indicios de este desenlace en el claro desprecio con el que el presidente Trump trataba en público a su secretario de Estado. Durante una cena con las autoridades chinas que se efectuó en un salón privado del Gran Salón del Pueblo, en noviembre pasado, Donald Trump obligó a Rex Tillerson a dar cuenta de una ensalada Cesar, para evitar un desplante hacia sus anfitriones: «Cómete esa ensalada, Rex».
Según algunos testigos del evento, esa invitación sonó a menosprecio. También, en plena puja con el dictador de Corea del Norte Kim Jong-un, el presidente se refirió a los intentos de Rex Tillerson de abrir una vía de diálogo con Pyongyang: «Le he dicho a nuestro secretario de Estado que pierde su tiempo intentando negociar con el pequeño hombre cohete», tuiteó.
Los medios españoles y europeos en general, aprovechan cualquier pretexto para atacar a Donald Trump, para no ser menos el diario socialdemócrata El País de Madrid, se apresuró en calificar al secretario de Estado Rex Tillerson, como el último freno de la «narrativa ultranacionalista» de Donald Trump y el «último reducto de la cordura».
Según estos sociatas Tillerson es «Reflexivo y acostumbrado a acuerdos de largo plazo, su gestión se vio inmediatamente sacudida por el estilo de Trump y sus impresivos tuits». Sin embargo, este mismo medio cuando Rex Tillerson fue designado por Donald Trump, lo retrató como una especie de siervo del presidente ruso, Vladimir Putin.
«Tillerson, que ha hecho toda su carrera en ExxonMobil, recibió en 2013 la Orden de la Amistad de manos de Putin. Al frente de la multinacional energética, el nominado para el cargo de secretario de Estado reforzó la presencia en Rusia con una alianza con la petrolera estatal Rosneft. Según amigos y socios de Tillerson citados por The Wall Street Journal, pocos ciudadanos de EE.UU son tan próximos hoy a Putin como él».
Es decir, que primero lo critica a Donald Trump por designarlo y luego por destituirlo. Tampoco faltan aquellos que ven a Tillerson como un chivo expiatorio de las metidas de pata de Trump. La expresión chivo expiatorio, utilizada sobre todo en política, se usa para designar a aquella persona o situación, al que se le atribuyen y asignan todas las culpas de las que no es responsable, en inglés se suele usar scapegoat o fall guy, también la expresión cabeza de turco.
En inglés según mi entender se dice: «Whipping boy», lo que podríamos traducir como «chico de los azotes». La expresión chivo expiatorio se encuentra en todas las lenguas occidentales y este concepto en castellano o inglés de chivo expiatorio, tienen sus raíces en sucesos histórico-culturales distintos entre sí, pero que comparten una base psicológica común, que es: cargar a uno con la culpa de los otros.
La culpa es una cuestión fundamental de la concepción judeo-cristiana de la vida y de la muerte; para su expiación los hebreos en la antigua Palestina iniciaron un ritual, conocido como «chivo expiatorio», ritual que requería la elección azarosa de dos chivos. Mediante la Cábala, uno de los chivos se salvaba del sacrificio, pero el otro, era cargado con todas las culpas del pueblo para ser, abandonado en el desierto en medio de insultos y pedradas.
Un animal podía cargar las culpas de otros ¿Pero, como castigar a alguien que no se puede tocar? Me refiero a la casta gobernante, a los herederos del Rey, en especial en tiempos donde se gobernaba en nombre del derecho divino. De ahí proviene la narrativa del chico de los azotes. En la sociedad occidental, se ideó una forma de canalizar la culpa, concretamente en las monarquías del siglo XV y XVI.
Teniendo en cuenta el derecho divino de los reyes, por el cual se entendía que el monarca es designado por Dios, y ante la imposibilidad de los tutores y educadores de los príncipes de castigar a éstos por dicho derecho, ya que sólo el Rey podía hacerlo y como estos regularmente no se ocupaban de la educación de sus hijos, los ingleses se inventaron el chico de los azotes.
Aunque otra versión refiere su origen a las cortes alemanas. A cada hijo del rey, se le asignaba desde el mismo momento de su nacimiento un chico de los azotes, es decir, alguien de su misma edad. Como los Príncipes no tenían compañeros de juego y sus vidas estaban destinadas al gobierno, tenían que cumplir muchas obligaciones. Estos dobles provenían de la nobleza, y compartían los juegos con el príncipe y desarrollaban una fuerte amistad, a los que llegaban a querer como hermanos.
Pero a pesar de ser criado junto al Príncipe y gozar de un status especial en el reino, tenía una función muy clara en la Corte, como los príncipes no podían ser azotados por los castigos a que eran merecedores, recaían sobre estos chicos. Se dice que muchos de estos chicos, fueron muy bien recompensados por sus servicios.
El Rey Charles I de Inglaterra nombró a William Murray, su chico de azote, primer Conde de Dysart en 1643. Sin embargo, existieron muchos reyes que no siguieron esta tradición, delegaron esa potestad en el encargado de educar al delfín, por ejemplo, se narra lo siguiente del rey Enrique IV:
(…) dio instrucciones especiales al tutor de su hijo para que le aplicara una buena azotaina cuando el niño se portara mal. En una carta fechada el 14 de noviembre de 1607 escribe lo siguiente: «Deseo y ordeno que el Delfín sea castigado siempre que se muestre obstinado o culpable de inconducta; por experiencia personal sé que nada aprovecha tanto a un niño como una buena paliza».
En las monarquías actuales no existe tal tradición, pero en muchas repúblicas contemporáneas, la cercanía al poder, supone acceder a privilegios y favoritismos que los detentores del poder distribuyen a manos llenas. Los que comparten la corte, los amigos del poder, se enriquecen inexplicablemente y hacen recaer sobre otros las culpas del poder, así los ciudadanos parecen ser una versión actualizada de los chicos de los azotes. Pero Rex Tillerson, no es un chivo expiatorio, ni un chico de los azotes.
Rex Tillerson no cae por ser paloma, cae por no estar en sintonía con el modo que tiene Trump de entender su America first en política exterior, es cierto que no solo Rex Tillerson no lo entiende, pero es más grave dado su cargo, y America first, consiste en poner el interés o la eutaxia (para hablar en términos aristotélicos) de los Estados Unidos, en primer lugar, no sólo al de los enemigos, también al de los amigos, si asi lo exigen las circunstancias.
Muchos consideran un error de Donald Trump, pero no deja de ser coherente con su mensaje electoral. En política cuando se produce un cortocircuito, el fusible que salta no es el presidente, y en esto a Donald Trump no le tiembla la mano, y cuando lo considera necesario no duda en repetir aquella famosa frase de su paso por la televisión «¡Estás despedido!».
Con el despido de Tillerson, Trump se pone a los mandos de la política exterior. Más allá de su trabajo como secretario de Estado, Rex Tillerson, en sus ideas era en cierta medida globalista y por lo mismo desde su nombramiento, creo que estaba en posición de salida. Donald Trump sabe que llega desde fuera de la política, a una Administración que le recibe con uñas y dientes.
Con la que tendrá que gobernar, en medio de un panorama adverso, con todo el establishment en contra, desde Hollywood hasta su propio partido, sumado a los grandes medios, las universidades, las multinacionales y Wall Street, esperando que dé el menor traspié para sacárselo de en medio. Trump muchas veces tuvo que transigir, tuvo que «tragarse el sapo», tuvo que poner en puestos altos a gente que no es de confianza, que no es «propia tropa».
Un claro ejemplo de esto fue el asesor económico Gary Cohn, un banquero de Wall Street, hombre de Goldman Sachs, pero que fue clave para la reforma tributaria, pero era público que se oponía a la imposición de aranceles al acero y al aluminio, clave para la «Guerra comercial» de Trump. En este sentido, Trump, ha logrado sobrevivir hasta ahora y lo está haciendo muy bien, ahora conoce al «monstruo» por dentro y se siente más seguro, y se va rodeando de gente leal, que le debe el cargo a él y no a Wall Street.
Mike Pompeo es una muestra de ello, que entiende lo básico de la política exterior del Imperio, algo que muchos sabelotodo, se burlaban de Trump, por no saber nada de relaciones internacionales ¿Y estos que entienden por ello? Millones de personas votaron por Donald Trump, no por el partido republicano, por ser antiglobalista, por defender el Estado nacional, y ahora que le ha tomado el gusto, sabe que el destino del Imperio estadounidense es seguir avanzando, como cualquier imperio, el que se detiene pierde, es lo que hacen Rusia y China.
Aquellos sabelotodo que se quedaron con la lucha de clases, es hora de que se enteren que esto es dialéctica de Imperios o Estados (Superestados) y el resto poco cuenta. Rex Tillerson, es incapaz de entender esta cuestión clave de la política internacional, Rex representaba a veces a intereses que no siempre respondían a esta idea. Y Trump tiene una idea distinta y además está al mando.
En los últimos tiempos la figura de un canciller, ministro de relaciones exteriores, secretario de Estado, o como lo llamen en cualquier país del mundo, el jefe de la diplomacia no es uno de los ministros más importantes del gabinete. Pero cuando un país es la primera potencia mundial; y Estados Unidos lo es, su capacidad de injerencia alcanza a todo el globo, ese cargo en importancia está apenas debajo de la del presidente.
Antiguamente quien ejercía ese cargo tenía ideas políticas propias para alcanzar o mantener la eutaxia del reino. Algunos fueron muy importantes, es el caso del noble Charles Maurice Talleyrand. Nacido en una de las familias más poderosas y prestigiosas de Francia, debido a una cojera no pudo seguir la carrera militar, por tanto, ingresó a la Iglesia.
Su salto a la política se produce en 1789 cuando es nombrado representante del clero en los Estados Generales convocados por Luis XVI. Ante el triunfo de la Revolución Francesa adapta su pensamiento político a las nuevas circunstancias, se enfrenta con la Iglesia y participa en la confiscación de sus bienes. Participa en la redacción de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Es nombrado embajador de Francia en Londres, lo que le permite alejarse de los años de Terror durante la revolución.
En 1797, durante el Directorio, es nombrado ministro de Relaciones Exteriores, etapa en la que conoce y entabla una estrecha amistad con Napoleón Bonaparte. Dimite de su cargo para apoyar el golpe de estado del 9 de noviembre de 1799 (18 de brumario) que instauró el Consulado y es nombrado Ministro de Relaciones Exteriores. En 1804, con Napoleón Bonaparte como emperador, adquiere una cuota importante de poder y de riqueza.
Tras la caída de Napoleón, en 1814, se encarga de firmar el armisticio con los aliados y con la restauración borbónica de Luis XVIII, es nombrado Primer Ministro y también vuelve a ocupar el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores. Al año, tuvo que dimitir de su cargo por las presiones de los extremistas monárquicos que le recordaban su pasado. Talleyrand Renunció a su cargo, pero desde la sombra hizo oposición al absolutismo de Carlos X.
Apoyó la Revolución de 1830 que llevó al trono a Luis Felipe de Orleans y nombrado embajador en Londres hasta 1834. Poco antes de su muerte, en 1838, se reconcilió con la Iglesia. Charles Talleyrand ocupó ese cargo no por ser un «hombre corcho», que siempre sale a flote. Lo ocupó porque tenía el conocimiento de las relaciones entre estados, una buena formación, contactos, poder de convocatoria, flexibilidad, adaptabilidad, influencia, recursos a nivel de ideas, dinero, talento.
Cambiaba de bando porque no le importaba la ideología o las formas de gobierno, le importaba como a todo hombre de Estado, su eutaxia. Napoleón no lo soportaba, pero en función de los intereses de la revolución lo mantenía en el poder, fue un personaje brillante y excepcional en Francia durante los siglos XVIII y XIX. Rex Tillerson, ni ningún otro canciller actual, le da la talla para intentar compararse con Talleyrand, eso sería un abuso.
Tampoco se puede permitir una potencia mundial, tener disidencias a nivel de planes y programas. Un gabinete debe ser compacto no puede admitir fisuras, y mantener siempre claro la relación mando-obediencia. La relación de Donald Trump con Mike Pompeo, por los antecedentes, será radicalmente diferente.
No sólo por la fuerte personalidad de Pompeo, sino también por el pensamiento compartido, lejos de esa falla que había en Rex Tillerson. Existían demasiadas desavenencias acerca de Irán, Rusia, China o Corea del Norte. Rex Tillerson era partidario de respetar el acuerdo con Irán, de optar por la continuidad del acuerdo nuclear, mantenerse a distancia de Rusia y dialogar con China y Corea del Norte.
Mike Pompeo respaldó las conversaciones con Corea del Norte, pero envió un aviso sobre el riesgo de «cometer errores» en el proceso. Según el nuevo secretario de Estado, «sólo puede salir bien si se mantiene la máxima presión», lo que ha llevado precisamente al régimen norcoreano a buscar el diálogo. Trump quiere romper el acuerdo con Irán, mantener otra relación con Rusia y hacérselas difícil a Corea del Norte y por lo mismo también a China. De todos estos asuntos el más urgente e importante es la negociación de Trump con Kim Jong-un.
Tillerson pretendía continuar con lo mismo de siempre, con el diálogo, ayudas económicas, es decir, el mismo regalo que le otorgaron las últimas administraciones estadounidenses, mucha zanahoria y nada de palo. Donald Trump, entiende que la misma política del Departamento de Estado no basta para acabar con la amenaza norcoreana, respaldada veladamente por China.
Muchas opciones no le quedan, una es atacar y barrer del mapa con las armas el poder nuclear de Corea del Norte, enfrentarse a las críticas de los enemigos y de los supuestos aliados. Asumir la responsabilidad y esperar que China no intervenga en la guerra. Otra opción es saber honestamente que quiere China, para no seguir sosteniendo a su aliado.
Mentiría si digo que poseo información sobre esas negociaciones, pero hay ciertos rumores, y parece que Beijing le pidió a Trump como moneda de cambio a Japón, para que este deje de interferir con la política expansionista china en el Pacífico y garantías de que el país nipón no será en el futuro la potencia militar que ya lo ha empezado a ser. China ve esta propuesta como equitativo, desarmar un aliado por otro, es probable, no se puede descartar esa negociación.
En esos planes la presencia de Rex Tillerson no cabía, en cambio Mike Pompeo, por haber sido jefe de la CIA y testigo, si no artífice, de lo que se ha cocinado estos meses, entiende la necesidad de un acuerdo que de seguridad a los Estados Unidos. Es probable, que las conversaciones con el actor principal, permita lograrlo sin darle nada a China. Eso podría avanzar en la esperada «cumbre de la hamburguesa» con Kim Jong-un, una idea exclusivamente suya.
Durante la campaña electoral, Donald Trump anunció su intención de «comerse una hamburguesa» con el joven Kim. «¿Por qué no? ¿Qué hay de malo en hablar?», declaró en mayo de 2016. El candidato dijo entonces estar dispuesto a recibir a Kim Jong-un en Washington, no en una cena de Estado, pero sí delante de unas buenas hamburguesas servidas en la sala de conferencias.
Donald Trump, es el primer presidente de los Estados Unidos que recibe de Pyongyang una invitación desde que se iniciara la guerra de Corea en 1950, un conflicto que, sobre el papel, nunca ha concluido. Los anteriores presidentes quisieron negociar con Pyongyang, desde la firma del armisticio que puso fin a la «guerra caliente», pero el régimen comunista de Corea del Norte, supo sacar partido de la situación.
Corea del Norte, apoyado por su patrón China, hizo que las tensiones aumentaran mientras continuaba en su carrera nuclear. Lo que urge en estos momentos es sacarle al mono la navaja, su juguete nuclear, para que deje de chantajear gratuitamente. El norcoreano Kim Jong-un, sabe por experiencia sobre las intervenciones americanas en Irak, Afganistán, Libia y Siria.
Es obvio que piense que Estados Unidos luego del desarme aproveche la situación para llevar a cabo la reunificación coreana prescindiendo de él. Pyongyang sabe que Trump es de armas tomar, que no dudó en meterle un misil a Siria delante de las narices de Vladimir Putin. La posible reunión entre Donald Trump y Kim Jong-un, tampoco es una chapuza, la Casa Blanca advirtió que el presidente, Donald Trump, no se reunirá con, Kim Jong-un, a no ser que vea antes «acciones concretas» de parte de Pyongyang.
La portavoz, Sarah Huckabee Sanders, le bajó el tono al anuncio del alto funcionario surcoreano, Chung Eui-yong, quien dijo que Trump y Kim mantendrán antes de que acabe mayo la primera reunión de la historia entre los líderes de Estados Unidos y Corea del Norte. «No vamos a tener esta reunión hasta que veamos acciones concretas que prueben las palabras y la retórica de Corea del Norte», dijo Sanders.
La portavoz no dijo qué acciones espera Estados Unidos, pero recordó que Corea del Norte ha «prometido desnuclearizar (la península coreana), ha prometido detener sus pruebas nucleares y de misiles y han reconocido» y que Washington y Seúl van a mantener sus «ejercicios militares».
Chung Eui-yong, el jefe de la Oficina de Seguridad Nacional de Corea del Sur, luego de reunirse con Kim Jong-un en Pyongyang, habló con Donald Trump en la Casa Blanca, para transmitirle la intención del líder norcoreano de reunirse con él. El vicepresidente, Mike Pence, subrayó que su Gobierno no ha hecho «ninguna concesión» para lograr que Corea del Norte accediera a negociar, y atribuyó ese avance a la estrategia de Trump para «aislar» al régimen norcoreano.
«Todas las sanciones siguen estando en pie y la campaña de presión máxima continuará hasta que Corea del Norte dé pasos concretos, permanentes y verificables para acabar con su programa nuclear», afirmó Pence. El ex presidente Bill Clinton (1993-2001), le dedicó muchos años de su mandato a frenar el programa nuclear norcoreano, pero tampoco hizo demostración de fuerzas, incluyendo un viaje de su secretaria de Estado, Madeleine Albright, a Pyongyang.
Pero no lograron una reunión entre los presidentes, ya que Clinton se lo reservaba para la firma de un pacto que nunca sucedió. La Casa Blanca, no da por hecho la reunión, pero llegado el caso confían en Trump como negociador, pero asentado en la enorme presión que llevó adelante mediante su dura retórica y sus fuertes sanciones a Pyongyang, lo que cambia la ecuación respecto a sus antecesores. Políticamente tiene lógica aceptar la invitación para reunirse con la única persona que puede tomar decisiones por Corea del Norte.
Rex Tillerson y Mike Pompeo
Es irónico que en un país donde las agencias de inteligencia (de espías), que buscan derrocar al presidente, Rex Tillerson sea sustituido por un hombre de la CIA, pero nombrado por el propio Trump. El presidente confesó sus diferencias con Tillerson sobre el acuerdo nuclear con Irán. Asegurando que su nuevo secretario de Estado coincide plenamente con él en la necesidad de romperlo.
Convicción que Pompeo hizo público en varias ocasiones, todo indica que luego de la reunión con el líder coreano, Trump podría tomar la determinación de finalizar el pacto suscrito por parte de la comunidad internacional, no así por el Congreso estadounidense. Lo que va a provocar un fuerte sacudón al tablero político internacional. También es cierto, que dicha decisión deberá ser ratificada por el Congreso.
Respecto a Rusia, durante el primer año como Secretario de Estado se podrá apreciar su punto de vista, hasta ahora ha tomado distancia tratándose del enemigo tradicional de Estados Unidos, pero a raíz del anuncio de Putin, de poder superar el escudo antimisiles y de contar con un misil nuclear «imbatible» (que según expertos militares, coinciden en que hay mucho de farol en las palabras de Putin), le llevó a afirmar que Estados Unidos «tiene que asegurarse de que está preparado para responderles».
Mike Pompeo dio muestras de un alto compromiso político con Trump sobre la llamada trama rusa, sosteniendo que la interferencia del Kremlin no condicionó el resultado de la elección presidencial, y que todo es un burdo montaje. Los que deberían estar preocupados por el nombramiento de Pompeo, deberían ser los del régimen socialista venezolano. Quien al frente de la CIA tuvo un rol importante en las sanciones contra Venezuela, mientras tanto Rex Tillerson estuvo ausente en la cuestión venezolana.
Pompeo dijo en una conferencia en enero, que los servicios de espionaje estuvieron detrás de algunas de las sanciones adoptadas los últimos meses contra el régimen de Nicolás Maduro. «La segunda o tercera batería de sanciones obedecía a nuestras recomendaciones», estas declaraciones son una señal de lo que se debe esperar de Mike Pompeo sobre Maduro.
Pompeo tendrá que ocuparse de Iberoamérica por la próxima Cumbre regional en abril y las prioridades de la Casa Blanca sobre Venezuela. El senador Marco Rubio, uno de los mayores críticos de Rex Tillerson sobre los asuntos venezolanos, y de su mano derecha el subsecretario para Asuntos Políticos Thomas Shannon, que manejó este tema.
«Conozco bien a Mike Pompeo. Él es una excelente elección. Su experiencia como Director de la CIA, oficial del ejército y congresista, y su liderazgo comprobado en cuestiones de seguridad nacional le otorgan calificaciones únicas para dirigir el Departamento de Estado en esta coyuntura crítica».
Y agregó en el comunicado, «Con entusiasmo apoyaré su nominación y tengo la esperanza de que pueda ser confirmado rápidamente». Los críticos de Tillerson lo acusan de haber ignorado la región y permitir que la estatura del Departamento de Estado se desmoronase. James Cason, ex embajador en Paraguay y ex jefe de misión en la Sección de Intereses en La Habana, dijo: «Tillerson fue un desastre. Teníamos grandes esperanzas de que traería una buena administración al Departamento, pero todo lo que parece querer hacer es reorganizar, reducir personal», señaló el embajador retirado.
Eliot Engle, el representante demócrata por New York en el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, dijo que siente curiosidad por ver cómo abordará Pompeo los desafíos de Estados Unidos en la región. «El Secretario Tillerson está dejando la relación con los vecinos en las Américas en su peor forma en años», dijo. «Desde ausentarse en el último momento de una reunión clave de la OEA sobre Venezuela hasta traer de vuelta la Doctrina Monroe durante un discurso reciente, el enfoque del Secretario Tillerson sobre la región ha sido extremadamente decepcionante». Pompeo «se enfrentará al desafío de volver a encarrilar las relaciones con los países de la región», señaló.
El nombramiento de Mike Pompeo es un golpe bajo para países como Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Cuba, así como para grupos de izquierda en toda la región. Pompeo, el director de la CIA tiene una ventaja clara con respecto a Tillerson: sus buenas relaciones con Trump. Mike Pompeo, prestó juramento al cargo de director de la Agencia Central de Inteligencia, CIA, el 23 de enero de 2017. Su biografía en la página web de la CIA indica que, como director, gestiona la recopilación de inteligencia, el análisis, la acción encubierta, la contrainteligencia y las relaciones de enlace con los servicios de inteligencia extranjeros.
Antes de ser nombrado Director de la CIA, se desempeñaba en su cuarto mandato como congresista del 4to Distrito de Kansas. Prestó servicio en la Comisión de Inteligencia de la Cámara, y en las comisiones de Energía y Comercio. En 2014, Pompeo también fue nombrado miembro de la Comisión Selecta de la Cámara sobre Benghazi para investigar los trágicos acontecimientos en Benghazi, Libia.
Antes de llegar al Congreso, fundó Thayer Aerospace, donde se desempeñó como CEO durante más de una década. Más tarde se convirtió en presidente de Sentry International, una empresa de fabricación, distribución y servicios de equipos para yacimientos petrolíferos. Pompeo se graduó como primero en su clase en la Academia Militar de Estados Unidos, en West Point en 1986 y sirvió como oficial de caballería patrullando la Cortina de Acero antes de la caída del Muro de Berlín.
También sirvió con el segundo escuadrón, séptimo de Caballería, en la Cuarta División de Infantería del Ejército de Estados Unidos. Después de dejar el servicio activo, Pompeo se graduó de la facultad de derecho de Harvard, después de haber sido editor de la «Harvard Law Review». Mike Pompeo nació el 30 de diciembre de 1963, en Orange, California. Está casado con Susan Pompeo y tiene un hijo.
El puesto que dejará vacante Mike Pompeo lo cubrirá una mujer, otro logro más del machista de Trump. De confirmarse el nombramiento, Gina Haspel, será la primera mujer en dirigir la agencia en sus 70 años de historia, Haspel, de 61 años, es una espía de carrera experta en operaciones encubiertas, respaldada por gran parte de la comunidad de inteligencia y hasta ahora subdirectora de la CIA.
Haspel, se unió a la CIA en 1985 y en febrero de 2017 fue nombrada subdirectora, desempeñó un papel central en la puesta en marcha del programa extrajudicial tras los atentados del 11-S para encarcelar e interrogar a sospechosos de terrorismo. Gina Haspel dirigió en Tailandia el primero de los centros clandestinos de detención, conocidos como «black sites», que el gobierno estadounidense abrió en esa época.
Los progres e izquierdistas, como era de esperar ya pusieron el grito en el cielo, eso importa poco, lo que importa es que es una colaboradora leal con su patria. El final del show, fue para Steve Goldstein, que en un gesto rencoroso e inservible contestó con una petición de explicaciones, al comunicado oficial.
La nota oficial del Departamento de Estado aseguraba que su titular se había enterado del cese por la red social. La Casa Blanca contradecía la versión y se remitía a una supuesta conversación entre ambos el pasado viernes. Tras la salida de Tillerson, Trump felicitó tanto a Pompeo como a Haspel, cuyo nombramiento aún deberá ser confirmado por el Congreso.
17 de marzo de 2018.