

CRIMEN Y CASTIGO
Jaime Ramón Mercader
Ricardo Veisaga
«Crimen y castigo» es una gran novela de carácter psicológico, escrita por el genial escritor ruso Fiódor Dostoievski y publicada en 1866. La historia narra la vida de Rodión Raskólnikov, un estudiante en San Petersburgo, la entonces capital de la Rusia Imperial. Este artículo no es sobre el libro de Dostoievski, pero tiene muchos crímenes y entre ellos a dos estudiantes.
Stalin, nacido como Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, en Gori (Georgia). El nombre Stalin (hecho de acero), deriva del ruso stal, (acero) con el mismo sufijo posesivo personal en que usó Lenin. Durante su niñez, Iósif se maravillaba con las historias que leía sobre los montañeses georgianos que luchaban valientemente para lograr la independencia de Georgia.
Su héroe favorito era un montañés de nombre Koba, y fue el primer sobrenombre de revolucionario que usó Iósif Stalin. Su relación con el movimiento revolucionario comenzó en el seminario de la iglesia ortodoxa, donde estuvo ingresado como seminarista. Algunas biografías, sostienen que abandonó el seminario en 1899, antes de los exámenes finales, según otros, fue expulsado.
Stalin fue instruido en política marxista por el profesor Noe Zhordania (quien sería después jefe de gobierno de la República Democrática de Georgia). Fue responsable del sindicato durante tres años y luego fue portavoz del nuevo partido marxista georgiano. Fue bolchevique, y estuvo con los revolucionarios de octubre de 1917.
Iósif Stalin logró utilizar el cargo para acumular más poder en sus manos tras la muerte de Lenin en 1924, para luego borrar gradualmente a todos los opositores dentro del Partido Comunista, incluyendo a Trotski. León Trotski impulsaba la revolución mundial, la revolución permanente y Stalin el socialismo en un solo país.
En 1937, una campaña contra supuestos enemigos de su gobierno que culminó en la Gran Purga, un período en el que millones de personas fueron ejecutadas y condenadas. Incluidos los líderes del Ejército Rojo, bajo la acusación de participar en complots destinados a derrocar el gobierno soviético.
Lev Davídovich Bronstein, nacido en Ucrania en 1987 y muerto en Coyoacán (México) el 21 de agosto de 1940. Más conocido como como León Trotski, apodo que adoptó, cuando se fugó de su destierro siberiano en un carro de heno y más tarde en ferrocarril, llegando a Irkutsk, viajando con pasaporte falso, a nombre de Trotski, uno de sus carceleros de la cárcel de Odesa.
Hijo de judíos, no hablaban el yidis, su padre curiosamente era ateo. Estudió en una escuela luterana y las clases de religión no le afectaron. Posteriormente, a pesar de la importancia de la cultura hebrea en Odesa, León Trotski se crió en un ambiente secular, atraído por el teatro, la ópera y la literatura, fue antisemita.
En Londres conoció a Lenin, a Yuli Mártov y a Gueorgui Plejánov, editores del periódico revolucionario Iskra (La Chispa), en el cual colaboró. Trotski fue un firme opositor al zar, a Stalin y a los anarquistas. Al principio, incluso criticó al propio Lenin, por sus diferencias en cuanto a la concepción de lo que debía ser el Partido Comunista, y en 1911 Lenin llegó a llamarle «el Judas Trotski», algo que no impediría que posteriormente ambos mantuvieran una buena relación.
León Trotski fue una persona clave en la Revolución de Octubre, que permitió a los bolcheviques tomar el poder en Rusia. Durante la guerra civil subsiguiente, desempeñó el cargo de Comisario de asuntos militares. Creó el Ejército Rojo que consolidaría la revolución, derrotando a catorce ejércitos extranjeros y al Ejército blanco contrarrevolucionario.
Se enfrentó a Iósef Stalin, liderando la oposición de izquierda. A pesar de ser nombrado por Lenin como su sucesor, fue expulsado y desterrado. Fue líder del movimiento internacional revolucionario conocido como trotskismo. En 1938 fundó la Cuarta Internacional. A pesar de que en la década anterior se había opuesto a la formación de una nueva asociación de partidos comunistas rivales de la Comintern.
Se habían creados partidos comunistas alternativos en la mayoría de los países, pero con pocos seguidores. Criticados por algunos socialistas, en ocasiones apenas agrupaban a algunos activistas, a intelectuales con poca o sin ninguna conexión con los movimientos obreros y divididos en distintas corrientes a pesar de su exiguo tamaño.
Sofía Casanova, entrevistó un mes después de la revolución a León Trotski en San Petersburgo.
«¿Es simpático Trotsky? No es atractivo. Acentúa su tipo israelita la espesa melena revolucionaria, que enmarca con negrura su rostro irregular y agudo. Las cejas y la recortada perilla, muy negras, son a modo de pinceladas mefistofélicas en el rostro cetrino. No se revela en él ni la voluntad, ni la inteligencia; nada, en fin, potencialmente fuerte. Podría pasar por un artista decadente, y, sin embargo, yo creo que tiene un valor irremplazable en la Rusia actual, y que no son las circunstancias precarias las que dan relieve a una medianía, sino que es la personalidad de este hombre la que se impone a aquéllas con actos de un plan político desconcertante y trascendental.»
Sofia Casanova continúa:
«En el Instituto Smolny es todo plebeyamente democrático, y los feroces marineros de Kronstadt, confundidos con la guardia roja, no desdicen de los fríos muros, de las salas desamuebladas, donde funcionan como árbitros de San Petersburgo. Impresionan y desasosiegan el Instituto Smolny, y sus moradores, porque es un foco de anarquía y porque la ignorancia y el odio de los antiguos esclavos a todas las clases sociales arman sus manos con el ensañamiento demoledor. Al fanatismo jerárquico del Imperio sustituye el otro, el de la ergástula en rebeldía. ¿Qué pueblo podrá ser feliz gobernado por el terrorismo de abajo?»
La figura de León Trotski ha llegado idealizada hasta nuestros días. Esa es la respetada opinión del historiador Robert Service: «Trotsky sigue siendo un personaje más admirado que repudiado por encarnar el auténtico ideal revolucionario que Stalin supuestamente había traicionado».
Dice Robert Service, Trotski – «tampoco era un ángel», recuerda y describe su personalidad como «dominada por una tendencia a sobrevalorar su importancia personal, una indisimulada arrogancia, un evidente egocentrismo que le llevaban a menudo a despegar sus pies de la realidad e infravalorar a sus adversarios».
En febrero de 1913, nace en Barcelona Jaime Ramón Mercader del Río, en el barrio de Sarriá, lugar encantador, en la calle de Sant Gervasi de Cassoles, número 24, en ese edificio de pisos distinguidos. Ramón es hijo de Pau Mercader y Eustacia María Caridad del Río Hernández. El padre un fabricante catalán. La madre, aburrida de parir cinco hijos, de momento se ocupa de las labores de la casa. Le disgusta soportar a su marido, y como dice Luis Mercader, el último de los hijos:
«no tenía muchas apetencias sexuales, entonces, mi padre para animarla la llevaba a burdeles desde donde a través de una ventanilla especial, se podía ver como hacían el amor otras personas».
Entre drogas y correrías sexuales, Eustacia María Claridad, se vuelve anarquista y cabecilla de una célula terrorista que hacía explotar bombas, incluso la fábrica de su esposo. El bueno de Pau Mercader consigue internarla en el psiquiátrico de Sant Boi, por neurasténica, término con el que se denominaba a las «excéntricas o desviadas» de la época.
Eustacia María Caridad del Rio Hernández, montada a caballo.
La morfina recorre por las venas de Eustacia María Caridad mezclada a su joven fervor revolucionario. «Desde entonces odia para siempre a su familia», dice Luis Mercader. Sus camaradas y compinches logran sacarla del manicomio y le ayudan a cruzar la frontera junto a sus cinco hijos pequeños e instalarse en el sur de Francia.
Jaime Ramón, el hijo del fabricante textil de Barcelona, está destinado para ser industrial, abogado, deportista, periodista, diplomático, militar o profesor. Pero se convierte en un estalinista, espía, conforme al canon de agentes secretos de entonces, se convierte en el agente que asesinará a León Trotski. Republicano, inteligente, cultivado, marxista, burgués, bien educado.
En Toulouse, Aix y Burdeos, Eustacia Caridad Mercader, ahondará en sus relaciones con el sexo, la revolución marxista y los agentes secretos de Stalin. Nada menos que con Alexander Orlov, Ernö Gero y Leonid Eitingon, los más importantes de la tristemente conocida NKVD en España, por el traslado del oro del gobierno de la República a la URSS, conocido como el «Oro de Moscú».
Como también la matanza de los republicanos del POUM y la CNT y la desgraciada instalación de las chekas comunistas. Los dos últimos operativos, sin moverse de la Languedoc francesa, mientras mataban a los rusos blancos huidos de la Unión Soviética y a preparar la desestabilización final de una España agónica, estos agentes conforman un trio sexual con Caridad.
Nahúm Eitingon, también llamado Leonid, será su preferido. Eustacia Caridad se enamora del más atractivo, íntegro y disciplinado de los tres. Y desde entonces permanecerá fiel y devota a Stalin hasta el día de su muerte, en París (1975), con la foto del tirano durmiendo bajo el colchón de su cama. Jaime Ramón, se ocupa de su madre y la salva de varios intentos de suicidio.
¿Las razones? Droga y depresión, sumado a su amor por el mujeriego Leonid Eitingon. Ramón Mercader, en Francia, fortalece su ideología marxista, admira a su padrastro del que aprende tácticas de guerrilla, disciplina y a desenvolverse como futuro agente del Kremlin. En 1931, tras la proclamación de la Segunda República española, regresan a Barcelona.
Jaime Ramón, instruido para servir mesas en el restaurante francés de Eustacia Caridad, trabaja de maître en el Hotel Ritz. Es miembro de una peña comunista clandestina que, bajo el nombre de Miguel de Cervantes, se reúne periódicamente en el barrio del Raval hasta el 12 de junio de 1935, que será detenido junto a otros camaradas, y encarcelado en la prisión Modelo de Valencia.
El 16 de febrero de 1932, el llamado Frente Popular Español (agrupación de los principales partidos de izquierda) consigue ganar las elecciones previas al golpe de Estado que ocasionará la Guerra Civil. Se decreta amnistía inmediata de los presos, sin distinción, entre ellos Jaime Ramón. Educado en Francia, un plus a su favor, enamora a todas las mujeres.
Mercader Habla varios idiomas a la perfección. Es inteligente y de un temperamento más controlado que el de su madre Claridad. Quiere ser militar, pero su condición de comunista se lo impide. Ramón colabora con su madre en la fundación del Partit Socialista Unificat de Catalunya. En el Hotel Ritz ya no lo admiten por su antecedente político. Se gana la vida como profesor de catalán y en su tiempo libre es capitán del equipo de equitación en el Real Club de Polo.
El 19 de julio de 1936, los militares sublevados toman las calles, Jaime Ramón, se suma al movimiento popular que en veinticuatro horas vencen la revuelta. En plena plaza de Cataluña consigue robar un cañón a los rebeldes y es aplaudido por su hazaña. Su carrera combatiente, lo pone en primera línea de batalla. Pasa de ser capitán de mando, con proezas notables en Cataluña, Aragón y Guadalajara, a ser nombrado Comandante del V Regimiento.
La madre y el hijo están luchando en el frente de Tardienta, según su hijo Luis «Caridad se fue con la columna de Durruti al frente, y allí en un bombardeo, fue herida casi mortalmente, tenía 11 heridas en el cuerpo y se la llevaron a Lérida, nadie creía que sobreviviría, pero sobrevivió.»
En Moscú, Stalin, reúne en su despacho a su mano derecha, Laurenti Paulovich Beria y al Jefe de Operaciones Especiales de la NKVD, Pavel Sudoplatov. Y les imparte la orden terminante, de liquidar a León Trotski. Para dicha tarea, utilizarán a los policías secretos en activo de la guerra española: Ernö Gero, Leonid Eitingon y Alexander Orlov responsables de los asesinatos a mansalva de trotskistas y poumistas, es decir, militantes de la (POUM).
Alexander Orlov se convierte en desertor y se refugia en los Estados Unidos. Salva su vida chantajeando al Gran Jefe Stalin. Se planifican tres estrategias valiéndose de agentes rusos en la sombra, además de los combatientes de la guerra civil que fueron enviados a la URSS a fin de adiestrarlos con rigor soviético. Jaime Ramón Mercader, es el único que, no visitará el país de Stalin.
La espía de la primera misión, frustrada debido a la traición de Orlov, es una hermosa española llamada África de las Heras que había sido infiltrada como secretaria de León Trotski. La agente África con identidad camuflada llegará a ser la esposa del escritor uruguayo Felisberto Hernández. La segunda misión tiene como cabeza visible, al pintor mexicano y ex brigadista Coronel David Alfaro Siqueiros.
Fracasadas ambas misiones, la última oportunidad será activada por la red de espionaje secreto: Grupo Madre. El nombre más apropiado debió haber sido «La familia», por el trío que conforman Caridad (madre), Eitingon (padrastro) y Ramón (hijo). Sudoplatov, Jefe de la GPU, fue claro al decir que Eitingon perderá la vida si no se logra el objetivo.
El mismo ex jefe de la KGB, en un último lavado de imagen publicará lo siguiente: «Mi misión consistía en movilizar todos los recursos de la NKVD para eliminar a Trotski, el peor enemigo del pueblo». En 1938, la Guerra Civil española está perdida, los comunistas lo saben, Jaime Ramón, que se encuentra luchando en Guadalajara, desaparece de España. No viajará a Moscú como supone Clemence Berenguer, contacto de la KGB en París, «Ramón llegó en 1938, lo conocimos enseguida porque su madre estaba allí hacía algún tiempo. Ramón, había estado en Moscú, creo, había ido a una escuela…una escuela especial para hacer ese tipo de cosas».
Ramon Mercader llega como un periodista belga, hijo de diplomático, nacido en Teherán, educado en La Sorbonne, fotógrafo de profesión, llamado Jacques Mornard. Tiene un aspecto de joven frívolo, discreto, culto, y millonario. Vive cerca de Notre Dame. Silvia había viajado a París a participar del Congreso fundacional de la IV Internacional, en compañía de Ruby (ella se lo presenta a Mornard).
El objetivo de Mornard, es enamorar a la mujer que lo llevará al escenario del crimen. Silvia Ageloff, no es guapa, es una judía neoyorquina, trotskista y hermana de Rita Ageloff, la secretaria de Trotski. La periodista americana Ruby Weill, se hace pasar por trotskista, pero en realidad, trabaja para un funcionario del Komintern, se convierte en amiga de Silvia y oficiará de celestina.
Silvia cae rendida a sus pies. Clemence Berenguer reconoce. «Sí, frecuentaba a Silvia Ageloff, yo también pensé que era para infiltrarse en los medios trotsquistas. Sí, forzosamente.» La amiga de Silvia y militante trotsquista, María Craipeau, dice: «Era un camarada trotsquista y enseguida llegamos a ser amigos, hasta el punto de que ya no nos separábamos.»
«Un día, ella me habló de un hombre que había ido a verla con un enorme ramo de flores. Y, bueno, ella pasó la noche con él, me telefoneó por la mañana para contármelo, y él se convirtió en una especie de compañero y comenzaron a vivir juntos. Nosotras tres salíamos siempre juntos, estábamos siempre juntos.», «Y nunca mencionó nada de España».
Continúa María Craipeau: «Silvia y yo nos preguntamos: ¿Quién es? Él no se interesaba por lo que decíamos ni por el partido trotsquista…no pudimos adivinar adónde quería llegar y cuál era su papel, y nos dijimos: solo es un chico inofensivo y enamorado.»
El Jefe de la Red es Grigorij Rabinovich (alias Roberts, alias Judío Francés), había sido enviado a New York y se encarga de la logística, toda la documentación, el mantenimiento económico y la vivienda de todos los agentes de la NKVD. Grigorij Rabinovich, organiza una empresa de importación y exportación en Brooklyn que actúa de tapadera del operativo «Madre» y para la que dice trabajar Mercader, mientras se pasea junto a su futura esposa Silvia Ageloff, en su flamante Buick.
La empresa pantalla, es espiada por la CIA, por el espionaje de Estados Unidos. El agente de la (GPU) Iósif Grigulievich, alias «el escritor», con una larga carrera plagada de asesinatos que empiezan en Argentina, España y otros lugares del mundo. Comisionado por Stalin en 1953 para eliminar al Mariscal Tito, presidente de Yugoslavia. Amigo del chileno marxista Pablo Neruda, que conocía sus tretas estalinistas, y de otros escritores.
Trotski y Stalin, en el funeral de Feliks Dzerzynski jefe de la Checa.
El nombre de Grigulievich quedará en la literatura como autor de libros sobre las vidas de Bolívar, Che Guevara, Salvador Allende, Siqueiros, etc. Dirigió el frustrado «Grupo Padre», con las ametralladoras y la pandilla de asaltantes borrachos de Siqueiros. Mornard, viaja con Silvia a New York y le propone matrimonio, le dice que no puede vivir sin ella. Silvia se sorprende que Frank Jackson se encuentra en New York como en su casa, aunque dice que no la conoce.
Tampoco es belga, ni fotógrafo, ahora es ingeniero de minas, de nacionalidad canadiense. La pareja vive su amor en un apartamento del número 50, de la Livingston St. en Brooklyn. Mornard, le confiesa a Silvia su necesidad de cambiar de identidad. Puesto que la pareja debe viajar a México. Ramón le dice a Silvia, que un empresario neoyorquino lo envía como representante a ese país. En la ciudad de México se hospedarán en la habitación 113 del Hotel Montejo. La excusa es que como belga puede ser llamado a filas (estamos ya en 1940, inicio de la Segunda Guerra Mundial) y él pasa a llamarse ahora Frank Jackson.
El tercer agente, trabaja desde México, actúa como Carlos Contreras o, Enea Sormenti y no es otro que Vittorio Vidali, nacido en 1900 en la ciudad de Trieste, brigadista en la guerra española con cargo de comisario político y comandante del V Regimiento. Acusado del asesinato de Andreu Nin, cuya eliminación en la operación Nikolai, dirigida por Orlov, se la disputan Grigulievich y este último.
Le imputan la muerte del comunista cubano Julio Mella, esposo de Tina Modotti solo porque Vidali estaba fascinado por la fotógrafa. También de la muerte súbita en un taxi de Modotti cuando ésta acababa de abandonar el Partido Comunista. Leonid Eitingon (alias Tom o Kotov), culminará con éxito el encargo de Stalin, gracias a su hijastro. Antes de la llegada de Trotski a México, a los pocos días de que Lázaro Cárdenas aceptara otorgar el asilo político. Eustacia Caridad llega a México.
Caridad, en México (pide armas para la España republicana) y se entrevistó con el dirigente comunista Hernán Laborde (Sec. general del P. C. mexicano), a quien le dijo que la IV Internacional, le había encomendado liquidar a León Trotski, y necesitaba cooperación para esa tarea (los dirigentes comunistas que se niegan a colaborar, son expulsados del Partido).
Eustacia Caridad es recibida por Vicente Lombardo Toledano y otros dirigentes comunistas. Bartomeu Costa-Amic, exiliado en México, cuenta que en una reunión dijo: «nosotros tenemos una misión especial que es pedir el asilo para Trotski, y Diego Rivera hizo una exclamación. «¡Jijo de la chingada, no habíamos pensado en eso!» Le mostraron la carta a Rivera y éste se la llevó al presidente Lázaro Cárdenas, y en cinco minutos otorgó el acuerdo.
El 24 de mayo de 1940, el Coronel de la Guerra Civil española, el pintor Alfredo Siqueiros, junto a veinte combatientes más, irrumpirán, todos borrachos, en la fortaleza de Trotsky de Coyoacán, número 45 (actual) de la calle de Viena. Antes, vivieron en «la casa azul» en San Ángel, prestadas por Frida Kahlo y Diego Rivera alias «El Viejo», como la pintora mexicana Frida Kahlo llamaba cariñosamente a su amante-amigo.
Natalia, la esposa de León Trotski, se dio cuenta de todo y había lanzado un ultimátum: «O dejas de verla o rompo contigo.» esto lo comentó Mark Sharon, ex guardaespaldas de Trotski, un americano trotsquista. La actitud de Diego Rivera frente a Trotski lo resume Víctor Alba, periodista y miembro del POUM.
«¡El cabrón de Diego Rivera! Que en aquel momento era trotsquista y, unos años después, quiere volver a entrar en el Partido Comunista, declara en toda la prensa, que él acogió a Trotski para que fuera más fácil liquidarlo ¡Por favor!»
El asalto se hace con la colaboración de algunos guardias de Trotski. El guardia Robert Sheldon Harte, trotsquista estadounidense, les abrirá la puerta, tiempo después aparecerá ejecutado. Es la 04:00 a.m., disparan balas con ametralladoras, pero sin dar en Trotski, ni en su esposa Natalia Sedova, apenas rozaron el pie del nieto que se encontraba acurrucado en el piso del dormitorio.
«Siqueiros, entró con toda una banda de personas», dice Luis Mercader «Tirando tiros en todas las direcciones, exactamente igual me dijo Ramón –como los mexicanos de las películas de Hollywood- tirando tiros a todas partes y no le dieron a nadie.»
Muchos libros y artículos dan detalles del crimen, también dos películas, en una de ellas, Mercader-Mornard (interpretado por el mismo Alain Delón) consigue entrar en el despacho de Trotski. Lleva como armas un piolet, un puñal y una pistola. Opta por la primera y radical opción. Su madre y su padrastro, lo están esperando en un coche preparado para la fuga. Clava el piolet en la cabeza de la víctima mientras está concentrada en la lectura del escrito que Ramón le lleva como cebo. Consigue herirlo mortalmente, pero lanza un gran grito. Los guardias lo golpean, Trotski les pide: «No lo matéis. Hay que hacerlo hablar». Y termina la operación Pato.
La madre y el padrastro huyen al aeropuerto. El hijo lleva en el bolsillo una carta escrita por Rabinovich en la que su alter ego Mornard certifica que el «atentado obedece a algo personal ya que conoce en persona a Trotski y lo ha decepcionado». Dice, que su prometida Silvia no tiene nada que ver con la operación. La prioridad es que Stalin no se vea involucrado en este asesinato. Nadie menciona la orden, ni el autor del crimen ni los últimos comunistas arrepentidos de la época. Pero se terminará finalmente conociendo al responsable del mandato.
Jaime Ramón Mercader, es ingresado a la prisión conocida como «El palacio de Lecumberri» o, Palacio Negro, actualmente Archivo General de la Nación, en esa prisión estuvieron presos Pancho Villa, José Revueltas, el cantante Juan Gabriel, recientemente fallecido, época en que no era famoso ni se llamaba Juan Gabriel.
Ramón Mercader, vivirá incomunicado del resto de los presos, sufrirá torturas periódicas durante los primeros seis años de prisión. Pero no abrirá la boca ni siquiera para quejarse. El juez de su causa, Raúl Carranza Trujillo, psicoanalista criminológico, lo somete a un largo psicoanálisis concluyendo que sufre «un activo complejo de Edipo por parte de una madre dominante y de una figura paterna siniestra», que no es el industrial Pau, ni su padrastro, sino el padrecito Stalin.
Muerto León Trotski, el jefe del espionaje ruso NKVD, Beria, pone en marcha la «Operación Gnomo» para liberar a Mercader, bien a través de su absolución en un juicio, bien mediante una fuga. En paralelo, encabeza la «Operación Enormous», que pretendía hacerse con las investigaciones nucleares estadounidenses del Proyecto Manhattan. La propia reticencia de Mercader a evadirse, para lo que tenía todas las facilidades posibles -empezando por la complicidad del director de la cárcel-, resulta también sospechosa.
No escucha a su madre Caridad, se dedica a flirtear y a algo más con Sara Montiel, se convierte en un experto en electrónica y a regentar el taller de la prisión. Juan Manuel Plaza, un comunista valenciano que era la pareja de Sara Montiel, aprovechaba las visitas de la actriz a Lecumberri para entregar a Mercader, por encargo del Partido Comunista Español (PCE), la tecnología electrónica que él no podía conseguir por su cuenta.
Según sugiere Luri, es posible preguntarse, si se limitaba a fabricar radios por hobby o si pudo convertir la cárcel en «un centro emisor de mensajes». Su silencio es valorado por Moscú, Ramón es condenado a 20 años de prisión, la URSS dispone que su estancia en la prisión de Lecumberri sea leve. Cinco millones de dólares calcula Jaime Ramón que se gastaron en conseguirle todos los placeres posibles, incluyendo prostitutas dos veces por semana, o recibir a Neruda o Sara Montiel.
Por veinte años una comisión dirigida desde México por el agente secreto Kupper se ocupa de «vigilar», solventar su defensa y de hacerle más llevadera su vida en Lecumberri. Se dedica a la lectura, al estudio y a la formación personal. Su celda está repleta de libros, comparte cárcel con el pintor Siqueiros, liberado pronto por la intervención del estalinista Pablo Neruda, y con los escritores Álvaro Mutis, José Agustín, y el luego escritor americano William Burroughs.
Ramón Mercader alfabetiza a más de mil presos, por dicha labor recibe el sobrenombre de «El Santo». Así lo llaman los reclusos, el mismo presidente Lázaro Cárdenas, entrará en prisión a condecorarlo por su labor humanitaria. La actriz Sara Montiel dijo de él: «Mató a Trotski pero malo no era». Se comenta que mantuvo relaciones sexuales con la actriz, años después, se supo que, en su periodo en México, tuvo una hija (ella nunca lo mencionó), y se especulaba que el padre fuera Ramón.
La actriz española Marujita Díaz, amiga íntima de la Montiel, lo confirmó y dijo que fue dada en adopción en Valencia (España), y que el padre fue un poderoso político mexicano, cuyo escandalo no convenía en esa época. A Caridad se le ordenó que no viajara a México, pero fue y armó un gran escándalo, con enorme sentido de culpabilidad (llora mucho su desgracia en la URSS), le explica al agente Kupper que tiene un plan perfecto para liberar a su hijo.
Los agentes no quieren saber nada con Caridad, lo estropea todo, los hombres del Kremlin no la soportan y van provocarle un fortuito accidente de coche del que la víctima sale ilesa. Fracasará el proyecto de huida de Jaime Ramón, y este culpa a su madre de que pasara veinte años y no cuatro en prisión. Estando en prisión, conoce a Roquelia Mendoza, «Una bailarina folklórica, hija de militares» (según Luis Mercader), de visita en el penal. Para otros, hija de la cocinera que la red soviético- mexicana contrató para ocuparse de su comida. Nadie sabe si Roquelia, fue o no «puesta» por los soviéticos.
Ramón Mercader entra y sale de la cárcel con la discreción de un invitado a prisionero. Sabe que es un hombre sentenciado pese a ser (lo dijo en secreto) el comunista más leal a Stalin de todos los comunistas conocidos y por conocer. Y su convicción de que el atentado a Trotski obedeció a un crimen político, un acto de guerra propio de la época que le tocó vivir.
Victor Alba, dio a conocer la verdadera identidad de Mornard o Jackson, en El Excélsior. Jaime Ramón Mercader, poco antes de cumplir los veinte de condena, sale discretamente de Lecumberri, rumbo a la prisión de Santa Martha Acatitla, para salir en libertad con pasaporte checoslovaco, acompañado de agentes de ese país. Su destino es la Unión Soviética, previa escala en Cuba.
El escritor Cabrera Infante cuenta que cuando él y otros intelectuales se enteraron de la presencia de Ramón Mercader en La Habana, fueron a ver a Fidel Castro para preguntarle sobre esto, creyendo ingenuamente que Fidel Castro lo desconocía. Este, molesto les respondió: «¿Por qué ustedes me preguntan eso? Yo no mandé a matar a Trotski, simplemente es un favor a una nación amiga que nos ha hecho grandes favores».
Eran años en que Fidel Castro se paseaba por los cafés de La Habana libremente. «Esa nación amiga era la URSS, y estoy hablando de 1960, un año antes de que Fidel se declarara socialista y se pasara al campo ruso». El mismo Fidel Castro lo decía «Creo que están muy preocupados de que somos comunistas, desde luego, he dicho muy claro de que no somos comunistas ¡Lo he dicho muy claro!».
En la Unión Soviética. Mercader es recibido con todos los honores y condecorado con la más alta distinción, la de Héroe de la URSS y también la medalla de Stalin. Y pese a que el nombre que le han adjudicado sea otro, el festejo se celebrará, en la intimidad y el anonimato. Nadie debe conocer el motivo de tal altísima distinción que permitirá a Mercader moverse por Moscú con todos los privilegios posibles.
Hasta el día de su muerte, e incluso años después de ser enterrado se le conocerá como Ramón Paulovich López. Junto a Roquelia adoptan hijos (Arturo, Jorge y Laura). Trabaja escribiendo la «Historia del Partido Comunista Español» y escucha música.
El desencanto por el sistema soviético, el tedio que siente Roquelia y el suyo propio, las purgas que padecerán sus colegas espías, incluido su padrastro Eitingon, la formación de los hijos, las traiciones, el desengaño por los presidentes posteriores, Kruschev y Breznev (a este último lo detesta) y extraña en especial St. Feliu de Guíxols, su paraíso en la tierra.
Una conocida de Roquelia, María del Carmen Vega San José, hija de un republicano español y vecina de la casa, nacida en Ucrania (entonces la URSS), va tomando confianza con la familia. Comparte la amistad con Ramón Mercader, cierto día, ella se informa sobre la llegada de Fidel Castro a la Unión Soviética (27 de abril de 1963). María del Carmen, va a trabajar como intérprete del Presidente cubano, Ramón le pide: «Trata de decirle a Fidel que quiero ir a vivir a Cuba y que le agradecería como un favor que tuviera la amabilidad de invitarme».
Fidel Castro acepta de inmediato la propuesta. «Soy una patata caliente para todo el mundo», le dice a su amiga. El viaje a Cuba debe ser organizado como es norma en los países del Este. Roquelia y los hijos viajarán primero. Carmen Vega, los seguirá de inmediato. Ramón Mercader, se queda en Moscú para ultimar trámites de salida y recibir (según fecha programada), otro premio que el 9 de mayo de 1964 sus camaradas de la KGB le hacen como regalo de despedida.
El presente griego (o ruso) consiste en un reloj de pulsera que Ramón Paulovich López (Mercader) ata de inmediato a su muñeca. Unas semanas más tarde, estando todavía en Moscú, se siente enfermo, y es ingresado con el pulmón obstruido por un derrame. El resultado de las pruebas del hospital, no parece del todo claro. Varios especialistas, amigos de la familia, sospechan que es cáncer, pero nunca realizan análisis ni biopsia.
Su padrastro Eitingon lo visita en el hospital y al salir le dice a Luis Mercader, la lapidaria frase: «Algo le deben haber hecho. ¿No lo habrán envenenado?» Cuando desciende del avión en La Habana, ya está herido de muerte. Mientras lo permite su enfermedad se presenta a diario a un edificio del Gobierno. Va acompañado de un escolta. Camina solo, sin amigos, el único extranjero que estuvo con él en la isla caribeña fue un sobrino suyo, que viajó para visitarlo.
Por el cáncer, Ramón, debe acudir semanalmente al hospital, María del Carmen, lo acompaña y ayuda en todo lo necesario. Ella es más joven que Jaime Ramón y calla menos, dará su testimonio riguroso, casi clandestino, de la vida cotidiana del héroe soviético durante los quince años de la tercera vida de Mercader, ahora Ramón Paulovich López, nacido en Moscú. No existe diagnóstico exacto, ni de las clínicas y hospitales de Moscú y La Habana, se sospecha que el veneno fue colocado en el reloj.
En 1977, en plena transición española, Ramón Mercader, casi moribundo, le solicita a Santiago Carrillo, Secretario General del Partido Comunista de España, su deseo de morir en Cataluña, en el pueblo de veraneo de su infancia. El hombre que tuvo muchas vidas, cuya basura propia guarda en su armario, le da una miserable respuesta:
«De acuerdo, te doy permiso si a modo de arrepentimiento escribes una confesión completa de las actividades realizadas a lo largo de tu vida y de quién te dio la orden del asesinato».
Ramón Mercader rechaza categórico la oferta envenenada de su camarada, y le responde que él «nunca traicionará a los suyos», aunque los suyos lo habían envenenado. La propuesta es una deslealtad a la organización para la que había trabajado teniendo en cuenta, que muchos agentes de aquella operación siguen vivos en la Unión Soviética.
El Zorro Rojo (Santiago Carrillo), el hombre responsable directo de la matanza de Paracuellos (purgas y asesinatos), y cuya responsabilidad está demostrada, exige un mea culpa y la confesión de la verdad al héroe, colega y camarada responsable de un solo asesinato. Jaime Ramón murió en La Habana el 19 de octubre de 1978 sin arrepentirse por haber matado a León Trotski. Pero, comentó o deslizó algunas veces que había sido utilizado.
En un momento de melancolía le dijo a un amigo: «Lo de Trotsky fue una acción justa en su tiempo, pero jamás volvería a matar a otro hombre pese a que también existieran motivos ideológicos para hacerlo». Ramón Mercader le fue fiel a un hombre, al que nunca conoció personalmente. Ironías de la vida, tanto Caridad como Ramón Mercader tuvieron que ver cómo Jean Dudouyt, el hijo de Montserrat, la cuarta de los hermanos, se hizo trotskista en la universidad. La antigua matrona dominante decía que bastaba con que fuese comunista; el asesino de Trotski llegó a confesarle que, si él tuviera su edad, quizá también se haría trotskista.
Eustacia María Caridad del Rio Hernández, tenía un espíritu anarquista, alguna vez confesó «Yo solo sirvo para destruir el capitalismo, no para construir el socialismo», ella misma, según testimonio de Luis, se culpó de destruir a su familia. Ni ella, ni León Trotski, ni Iósif Stalin y sus continuadores pudieron destruir el capitalismo.
El Socialismo, desde su cuarta generación de izquierdas, en la historia, por construir su socialismo se cargó con unos cien millones de muertos, y dejando en la miseria a todos los países en donde se instaló, una pequeña muestra de ello, es Cuba, Corea del Norte y ahora Venezuela.
León Trotski, durante la entrevista con Sofía Casanova en San Petersburgo.
León Trotski, que no fue ningún inocente como lo pintan sus bucólicos seguidores, y tampoco un genio político, acertó cuando dijo durante su estadía en México: «Tarde o temprano me van a matar ¿Cómo podría, yo un individuo oponerme a los designios de todo un Estado?»
Querido Lev Davídovich Bronstein (alias Trotski), Aristóteles ya lo sabía, el individuo no es el sujeto de la Historia, el sujeto de la Historia es el Estado. No fue el individuo Stalin, ni el verdadero motor de la Historia es la «lucha de clases», como lo creyera erróneamente Marx y los idiotas que lo siguen repitiendo. Gustavo Bueno Martínez, ya le dio una vuelta de revés al alemán (como un calcetín), el verdadero motor de la Historia es, la dialéctica de Estados o Imperios, y la lucha de clases es una situación interna de los Estados.
10 de septiembre de 2016.