

CHINA Y EL PODER MUNDIAL
Ricardo Veisaga
Para poder interpretar la situación actual de China y su política internacional, es necesario hacerlo desde una plataforma filosófica implantada en el presente, pero vista desde una escala en siglos. Un sistema del presente en marcha que permite destruir, entre otras cosas, muchos mitos e ideologías que rodean a China.
Dentro del análisis de «las izquierdas políticas», China o la izquierda asiática maoísta, fue la sexta generación de las izquierdas políticas, definidas respecto al Estado, y que a partir del famoso «golpe de timón» abandona el sistema comunista por el capitalismo, en los hechos, que no significa la deserción de su misión imperial.
El desarrollo y ascenso de China es algo evidente. Pero para un análisis netamente político, lo que interesa es el ortograma imperial chino, es decir, sus planes y programas para reorganizar el mundo de acuerdo a sus propias coordenadas imperiales. Decir o repetir que China es el gigante dormido es no decir nada. China actualmente es una inmensa fábrica mundial, y aparece como un centro que atrae recursos y capitales, y cuyos proveedores de recursos se mueven en torno a ella.
Un ortograma a primera vista similar al de la China dinástica. Aunque el ortograma de la China Ming y Qing si bien es cierto se conforma como un Centro, permite a pueblos ajenos a comerciar con ellos, ya que el imperio tiene básicamente lo que necesita. Sólo quiere ser un centro autosuficiente sin mayores pretensiones.
Esa cosmovisión milenaria, aunque con intermitencias se acaba en el siglo XIX, los pueblos extranjeros por medio del comercio y su poderío político amenazan con acabar la cultura china. El aislamiento y repliegue lo llevan casi a desaparecer de la historia, ese pueblo que estuvo en el desarrollo de tantas invenciones de enorme trascendencia. La China actual no es posible entender sin la cultura occidental.
El ortograma proléptico o el «sueno chino» como vulgarmente se dice. Se puede sintetizar en cuatro personajes y sus respectivas políticas. El primero es Sun Yat- sen, que es considerado el padre de la revolución republicana de inicios del siglo XX, luego Mao Tse-Tung (Mao Zedong), considerado el fundador de la nueva china. Deng Xiaoping, el arquitecto de la reforma y la apertura china desde finales de los sesenta.
Y, por último, el actual emperador chino Xi Jinping. Excluyendo a Mao Tse-Tung, todos los demás tomaron como modelo el desarrollo Occidental, y querían una sociedad abierta. Mao fue todo lo contrario, fue la pobreza, el atraso y la persecución de sus enemigos ideológicos.
Con Mao Tse-tung (Mao Zedong), China intentó tomar su propio rumbo, un rumbo que desde el primer instante estaba condenado al fracaso. Luego de la muerte de Mao tuvo que cambiar de rumbo. ¿Pero, cuál fue ese rumbo? El capitalismo, es más, Xi Jinping en Davos se presentó como el último defensor de la globalización.
El desarrollo actual de China, que hasta hace pocas décadas estaba por debajo de África, se da en los peores momentos del Imperio hegemónico, los Estados Unidos. El presidente de China, Xi Jinping, viajó a Oriente Medio, visita frustrada en la primavera de 2015, por los combates en Yemen entre Arabia Saudita y los hutíes chiítas protegidos de Irán.
A pesar de las tensiones entre chiítas y sunitas, el presidente Xi Jinping viajó a Teherán, Riad y El Cairo, dentro del plan chino de «hablar con todas las partes y negociar con todos los estados.» La visita a los Emiratos Árabes Unidos fue sustituida por la visita a Irán, Xi Jinping es el primer líder en visitar ese país después del levantamiento de las sanciones.
En ese viaje expresó públicamente su apoyo al gobierno de Yemen (aliado de Arabia Saudita). De la región del Golfo, China obtiene una tercera parte de su suministro de gas natural y el 52% de su suministro de petróleo, y espera duplicarlo para el 2035. Cualquier agravamiento del conflicto entre sunitas y chiítas, es una amenaza para la economía china.
La iniciativa China de «Una zona, un camino», es primordial para su unión con Europa a través de las rutas más cortas, incluyendo el Medio Oriente. China necesita nuevos mercados para sus productos, y el coste del proyecto se estima en cientos de millones de euros. Un conflicto en Oriente Medio podría dañar y arrasar la enorme inversión.
China no puede eliminar el conflicto entre sunitas y chiítas, pero le basta con mantener el statu quo. El viaje de Xi Jinping quiso enviar ese mensaje. La construcción del gasoducto de gas natural que pasa a través de Irán y Afganistán es una muestra de ello, pero insuficiente.
El mismo objetivo tiene la conexión de la provincia de Xinjiang en el noroeste de China, con la Teherán chiíta a través de un tren de alta velocidad que pasa por los estados sunitas de Asia Central como Kazajstán, Uzbekistán y Turkmenistán.
En este sentido se puede interpretar la aprobación de la ley que permitirá al ejército chino llevar a cabo operaciones antiterroristas fuera de sus fronteras, previo acuerdo del país en cuestión. Esto permitirá a China desempeñar un papel más significativo en la lucha contra el Estado Islámico, y no sólo enviar tropas para las fuerzas de paz de la ONU.
La creación del Foro de Paz en Oriente Medio, que se creará de forma conjunta con la Fundación de China Oriente Medio para la Paz y el Desarrollo (MEFPD) y el Foro de Cooperación China-Estados Árabes, es otra muestra de la nueva política china en el Oriente Medio. China es dependiente de la energía de la región, y el sitio perfecto para mostrar su poder y capacidad en el escenario global, por ahora, en lo económico.
China propone a los Estados del Medio Oriente participar en la «nueva ruta de la seda» beneficioso para el desarrollo y el regreso del comercio chino ausente desde la antigüedad tardía y la Edad Media. No se habló de política pero fue un acto esencialmente político. Este proyecto es como la antigua «ruta de la seda» y una vía marítima como lo imaginó el almirante Zheng He, en tiempos del imperio Ming.
Zheng He cuyo nombre original era Ma He, chino de nacionalidad, eunuco, pero perteneciente a la subcasta de la etnia Hui, que se distinguían por la práctica del islam. He de familia musulmana (Ma es la adaptación china de Mahoma). Su padre y su abuelo fueron de peregrinación a La Meca.
Zheng He, fue famoso por sus expediciones navales, siete (entre 1405-1433), sus escuadras navales transportaban alrededor de 30.000 hombres. Sus viajes lograron un importante intercambio diplomático, comercial y cultural con el extranjero. Sin embargo, no anexaron territorios. Tras su muerte, los confucionistas impusieron nuevamente su visión del mundo, y en los siglos siguientes el conocido y perjudicial aislacionismo.
Para este nuevo proyecto, la República Popular China ha creado el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (BAII), del que son miembros los 3 países que el presidente chino acaba de visitar, aunque Irán no ha ratificado aún el tratado. El proyecto chino busca la unión con Rusia, para disputar o acabar con el Imperio «talasocrático» británico-norteamericano.
Es falso decir que China está ausente del conflicto sirio, en los últimos meses recibió a todas las partes involucradas. Es verdad que respaldó a grupos palestinos (tienen una representación en Beijing). Hezbollah en el 2006 utilizó misiles chinos para atacar a barcos israelíes y, según fuentes confiables, fueron chinos quienes se encargaron de lanzar los misiles.
China importa petróleo de Arabia Saudita, por valor de 70 mil millones de dólares al año. Y esperan que la familia real Saudí, permita el tránsito de sus mercancías por su territorio. No hay que olvidar que chinos y sauditas son rivales en Pakistán y se enfrentan en una guerra en Xinjiang.
Los servicios de inteligencia sauditas, reclutan yihadistas chinos durante el peregrinaje a La Meca. La etnia uigur es una de las 55 minorías nacionales de China, que representan el 9% de su población. El 91% restante de los 1.350 millones de chinos corresponde a la etnia Han. Los uigures son musulmanes, su lengua de origen túrquico y de alfabeto árabe.
Los uigures viven en Xinjiang, denominada oficialmente Región Autónoma Uigur, en la que habitan otras minorías musulmanas, o la mayoría Han, muy numerosa en la capital, Urumqi, por la política del Gobierno central de repoblar esta región con hanes. Xinjiang es la provincia más extensa de China, pero muy poco poblada (20 millones de habitantes).
Su difícil condición geográfica, incluyen el enorme desierto del Taklimakán y la cadena montañosa de Tianshan. Sufren el desigual reparto del trabajo, los más importantes son para los hanes, en especial en la administración pública. También hay población uigur en los países de Asia Central limítrofes con Xinjiang, como Kazajistán y Kirguizistán, además de Uzbekistán.
El Congreso Mundial Uigur, con sede en Münich (Alemania), sostiene que en el mundo hay 20 millones de uigures, con comunidades en Estados Unidos, Suecia y Alemania. Luego que el Partido Comunista Chino ganara la guerra civil en 1949, el Ejército Popular de Liberación entró en Xinjiang y puso fin a la llamada República del Turkestán Oriental, que desde 1933 gobernaba el destino de los uigures.
Muchos uigures iniciaron entonces el exilio. Los que se quedaron sufrieron durante la Revolución Cultural (1966-1976), la represión de su fe, costumbres, y el abandono económico de la región. Turquía siempre se mostró molestó con China por la persecución de los uigur, unidos étnica y lingüísticamente con los turcos.
Los ultranacionalistas turcos atacan todo lo representativo de China en Turquía. Basta recordar como una masa enfurecida arrasó el restaurante Happy China de Beyoglu, en uno de los distritos más comerciales y turísticos de Estambul. Días después, al finalizar una protesta pro uigur, un grupo de fanáticos continuó la marcha y se topó con turistas coreanos, a los que confundieron con chinos, en la zona turística de Sultanahmet.
La policía tuvo que intervenir para rescatar a los turistas. Devlet Bahçeli, presidente del ultra nacionalista Partido de Acción Nacionalista (MHP), lo justificó en una entrevista. «Además, ¿qué diferencia hay entre un coreano y un chino? Total, ambos tienen los ojos rasgados». En las sedes políticas se colgaron pancartas que rezaban «Tenemos sed de sangre china».
El rey Salman y el presidente Xi Jinping inauguraron la refinería de Yasref-Yanbu, en la costa oeste de Arabia Saudita. Es la primera refinería construida en el extranjero por la empresa china Sinopec, valuada en 10.000 millones de dólares, dos tercios de esta instalación pertenecen a Aramco y un tercio a Sinopec. Esta instalación, fue construida en dos años.
La coalición encabezada por Estados Unidos contra el Estado Islámico, bombardeó destruyendo todas las inversiones similares de China en Irak. Xi Jinping se reunió también con el secretario general del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), para acelerar la creación de una zona de libre comercio, y con el de la Organización de Cooperación Islámica.
En Egipto, Xi Jinping y al-Sissi, hicieron un balance de las obras que multiplican por dos la capacidad de Canal de Suez. Egipto pasa momentos difíciles para alimentar a su población y sobrevive gracias a la ayuda financiera saudita. Ese proyecto, forma parte, a mediano plazo, del proyecto comercial de China. Una zona industrial se ha creado en la desembocadura del Canal. Allí se prevén inversiones, que darían empleo a 40.000 egipcios.
La victoria del presidente al-Sissi sobre los Hermanos Musulmanes, la relativa estabilización del país, y el descubrimiento (por los italianos) de grandes reservas de petróleo, le permite prever una solución de los problemas económicos, que le dará acceso a préstamos en los mercados internacionales. Los presidentes de China y Egipto expresaron su total respaldo al proceso político en Siria y en contra de todo intento de derrocar el régimen.
China cree, que Irán no es sólo una etapa histórica de la «ruta de la seda», es un socio que, debido a su identidad musulmana, le permite entrar más fácilmente en un mundo árabe que ve globalmente como atrasado y violento. Pero olvida que árabes y persas se odian mutuamente.
China y la Federación Rusa quieren incluir a la República Islámica de Irán como miembro pleno de la Organización de Cooperación de Shanghái. Esta decisión, suspendidas durante el periodo de las sanciones occidentales, convertiría a Teherán en un actor importante en políticas internacionales.
China plantea combatir al Daesh en Siria, y quiere aumentar su presencia militar en Oriente Medio, desplegando 10.000 soldados. «Siempre y cuando concluya la construcción de la base china en Yibuti», declaró en febrero, el portavoz del Ministerio chino de Defensa, el coronel Wu Qian.
Esta base podrá albergar hasta 5.000 soldados chinos, que participarían en las operaciones en Oriente Medio y el norte de África. China se ha alineado con Moscú y Teherán en la crisis siria, vetando las sanciones de la ONU contra Bashar al- Assad, y respaldando las operaciones antiterroristas rusas en suelo sirio.
Es importante recordar que Djibouti también acoge a bases militares de los Estados Unidos, Francia, Japón. China tiene también bases miliares en Myanmar (Birmania) y Pakistán. Oficialmente, la base militar china se utilizará «supuestamente» contra los piratas del Golfo de Adén, del océano Índico y del mar Rojo.
La India, considera la base militar de China en Djibouti, en la periferia del océano Índico, una amenaza a su territorio. Los proyectos económicos como la Ruta de la Seda Marítima (Maritima Silk Road), Skil Road Economic Belt y el Banco Asiático de Infraestructura e Inversión (Asian Infrastructure Investment Bank-AIIB), forman parte del tablero de ajedrez de la geopolítica internacional.
Un proyecto que cobija todo tipo de regímenes políticos y actores públicos y privados. En una zona sensible de corrupción y endeudamiento como los Balcanes, Europa Oriental, Oriente Medio y Asia Central. Basado en una lógica de mercado debería beneficiar a todos sus miembros. De lograrse, el principal beneficiado sería la política interior y exterior de China.
Para la Unión Europea no sería lo mismo, ya que su influencia internacional se vería reducida. En octubre de 2014 se anunció la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, con un capital inicial de 100.000 millones de dólares. China espera aumentar sus vínculos económicos, políticos, culturales con los países involucrados.
El gobierno espera doblar en 2020 los 1,25 billones de dólares que comerciaba China con los países euroasiáticos en 2013. Se están desarrollando rutas férreas para aumentar intercambios entre China, Asia Central y la Unión Europea (a través de Rusia y Bielorrusia, o de Irán y Turquía), y entre China y la Península de Indochina.
Este corredor se vería complementado por otros, de norte a sur, como el corredor China (Xinjiang)-Pakistán y el chino (Yunnan)-Myanmar-Bangladesh-India. Y para el comercio de mercancías entre China y Europa, tienen conexiones por tren que finalizan en Alemania. Se añadirían las rutas entre Polonia y China o la ruta experimental Madrid-Yiwu, la más larga del mundo.
Pero que por ahora ha resultado un fiasco. El ahorro de tiempo respecto al transporte marítimo que se consigue por el momento, nueve días en el caso de la ruta Madrid-Yiwu, no justifica la abultada diferencia de coste, unos 5.000 dólares por contenedor. Desde noviembre del 2014, sólo ocho convoyes recorrieron entre China y España.
Prometían una ruta dorada para los exportadores españoles, acortando a la mitad el tiempo que lleva recorrer los estrechos del sudeste asiático y el Canal de Suez. En cambio los empresarios españoles deben pagar el doble que los envíos por mar. El tren es un absoluto fracaso comercial. En la estepa siberiana las botellas de aceite se solidifican y pueden llegar a explotar en invierno, y su contenido echarse a perder en verano. La carga debe ser transbordada tres veces por los anchos de vía. En los Pirineos, en la frontera de Alemania con Polonia, y en la de Rusia con China.
Los casi 4 billones de dólares acumulados por China en su reserva de divisas, son insuficientes para asegurar la viabilidad del proyecto, empequeñecen frente a los 21 billones de dólares que algunos expertos internacionales estiman que costaría materializar la nueva Ruta de la Seda, o los 8 billones que el Banco de Desarrollo Asiático calcula que necesitará invertir Asia en infraestructuras hasta 2020.
Es muy difícil lograr que los inversores privados se interesen ahora o, asegurarse de que este endeudamiento contribuya al desarrollo de estos países en vez de enriquecer a grupos de poder. El gobierno chino ha rebajado su retórica no intervencionista y habla de crear mecanismos de supervisión de las inversiones y coordinar políticas económicas para asegurar el éxito del proyecto.
Fuera de China, se compara este proyecto con el sistema sinocéntrico de la China imperial y con el Plan Marshall. En distintos momentos de la China Imperial, se instrumentaron sistemas jerárquicos de relaciones internacionales, por lo que los pueblos vecinos ofrecían tributo al emperador chino como reconocimiento de su autoridad.
Esto ya no es posible, a menos que quiera someterlos por las armas, y porque China no es autosuficiente para su desarrollo socioeconómico. La nueva Ruta de la Seda no es un plan de ayuda, como lo fue el Plan Marshall que fue un plan político destinado a contener al imperio soviético.
En cambio, el chino, se regirá por criterios de mercado, y es de carácter inclusivo, no se impedirá participar a ningún Estado por su régimen político e incluso se dijo que Taiwán, que ya ha solicitado participar en el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, sería admitido. El proyecto chino no obedece a una lógica de bloques, lo que no significa que carezca de objetivos de carácter geopolítico.
El sector de la construcción generador de crecimiento económico y de empleo en China, se está agotando, debido a la desaceleración del sector inmobiliario, sumado a problemas de sobrecapacidad y al rápido incremento de la deuda interna, sobre todo de los gobiernos locales que pagan gran parte de las infraestructuras.
El gobierno ha invertido cifras billonarias en infraestructuras para reactivar la economía ante el descenso de la demanda internacional, por la crisis financiera global de 2007-2009. La economía china es muy dependiente de importaciones de fuentes de energía y materias primas, y exportaciones de larga distancia que pasan por rutas que ni controlan ni pueden controlar.
Existe una creencia de que la nueva Ruta de la Seda diversificada, eliminaría esos riesgos estratégicos con varios de los principales proveedores de materias primas y fuentes de energía de China y con su principal cliente, la Unión Europea (UE). Pero China no posee el don del conocimiento del futuro, y nuevas guerras en Medio Oriente pueden lanzar al garete esa idea.
También esperan atraer inversiones al interior de China de industrias intensivas en mano de obra. El este de China lo consiguió durante décadas, pero en los últimos años ese proceso se está revirtiendo por el rápido aumento de los costes salariales. China desea que las inversiones vayan al interior, donde los salarios son muy bajos respecto a la costa y no se trasladen a Vietnam.
Es curioso que el plan de acción oficial, realice propuestas de liberalización económica, como en lo referente al sector servicios o al papel del mercado en la asignación de recursos. Todo hace pensar en que Xi Jinping está pensando en utilizar este proyecto para impulsar reformas internas que generan resistencias en algunos sectores del régimen.
Es probable que Xi Jinping estuviese siguiendo la estrategia del ex presidente Jiang Zemin y del ministro Zhu Rongji, que dirigió el ingreso de China en la Organización Mundial de Comercio (OMC) para implementar reformas liberalizadoras pese a la oposición interna.
China, quiere impulsar una línea de alta velocidad de Beijing a Londres, pasando por Kazajistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Irán, Turquía, Bulgaria, Rumanía, Hungría, Austria, Alemania, Bélgica y Francia.
Pero de hacerse realidad, los puertos del norte de Europa perderían relevancia. Y las nuevas infraestructuras que puedan construirse en Oriente Medio y África lograrían que dejen de pasar por Europa muchas de las cadenas de suministro con origen o destino en estas regiones.
Es importante saber que China tiene frontera con 14 países, más sus vecinos cercanos del extremo oriento como del sudeste asiático. Desde hace tiempo que China tienen serias disputas territoriales que podrían derivar en conflictos armados. China tiene disputas con nueve países, India, Pakistán, Japón, Taiwán, Malasia, Filipinas, Vietnám, Bután y Brunei.
Recientemente La Corte Permanente de Arbitraje de La Haya resolvió que China no tiene base legal ni histórica para reclamar gran parte del mar de China meridional. Le da la razón a Filipinas, pero Beijing declaró nulo el dictamen y dijo que no lo acepta, el veredicto es vinculante en los dos países, según un tratado de Naciones Unidas que ambos han firmado, pero no hay una agencia que vigile su aplicación ni un mecanismo para imponer su cumplimiento.
Es por ello que sostengo siempre, que los organismos internacionales son una entelequia, no tienen fuerza para obligar. China tiene fuerza para obligar y poder real, por ello se puede pasar los dictámenes por donde le plazca. El tribunal también afirmó que cualquier derecho histórico que China pudiera haber tenido quedaría anulado si es incompatible con las zonas económicas exclusivas establecidas en un tratado de Naciones Unidas.
Estados Unidos y Japón, no se sumaron al proyecto chino por voluntad propia, y Corea del Norte, porque no desea informar de su situación económica al gobierno chino. El lúcido pensador Juan José Sebreli, sostenía que: Uno de los enigmas históricos más sugestivos consiste en desenredar la trama de las circunstancias que en un determinado momento de la humanidad llevaron a Oriente y a Occidente a seguir caminos diametralmente opuestos.
¿Por qué extraña razón Oriente eligió la irracionalidad, el despotismo, la magia, la emoción, la inmovilidad, la pasividad, la intolerancia, la contemplación, el ensimismamiento, la autoridad, la tradición?
El atraso teórico y científico, el nulo desarrollo económico no pueden explicarse por razones étnicas o raciales, ya que los orientales demostraron en otros tiempos un espíritu creador superior al Occidental: fueron las primeras civilizaciones de la historia. Los chinos inventaron el papel, la brújula, la pólvora, la astronomía, la imprenta.
¿Por qué entonces no supieron qué hacer con esos inventos y sólo fueron capaces de usarlos como juguetes, mientras en manos de los Occidentales, transformaron el mundo? Tampoco es posible explicar el atraso oriental como consecuencia del imperialismo occidental, ya que los últimos momentos de esplendor de Oriente fueron hacia fines de la Edad Media.
El Oriente estuvo cinco siglos a solas consigo mismo, sin intromisión de ningún enemigo foráneo, pero no empleó ese tiempo en transformarse sino, sino todo lo contrario, en permanecer siempre igual a sí mismo, y como consecuencia decaer inexorablemente.
Un entrecruzamiento de circunstancias hizo que sólo en algunos pueblos de Europa pudiera darse el desarrollo que va de la esclavitud al feudalismo, de este al capitalismo, y que sólo esas formas de evolución permitieran superar a la economía natural, dar origen al comercio, luego a la producción industrial y finalmente a la formación de un mercado mundial que hizo a la vez posible una historia universal.
Aunque China, Babilonia, Egipto, la India tenían conocimientos científicos antes que Occidente, sólo en Grecia se dio a la ciencia una fundamentación matemática, sin la cual no se podía salir del estadio empírico. En la entrada de la escuela de Platón, un cartel rezaba: «Nadie entre aquí, sin saber geometría».
Luego sólo en el Renacimiento, y sobre todo en el empirismo inglés de los siglos XVII y XVIII, las ciencias naturales comenzaron a ser verificadas por la experimentación racional. La concepción del Estado como racionalización del poder a través del derecho sólo pudo desarrollarse gracias a las doctrinas jurídicas racionales del Derecho Romano.
Las causas de la declinación de Oriente son complejas, ante todo se debe buscar en el peculiar sistema económico, político y social que Hegel, antes que nadie, describiera con el nombre de «despotismo oriental» y del que Karl Marx extrajo su categoría de «modo de producción asiático», que no implicaba una connotación geográfica sino histórica, ya que se dio igualmente en África y en la América precolombina.
En los países clásicos del Asia –la China antigua principalmente, pero también la India-, y en otros continentes, en el Egipto de los faraones o el Imperio Incaico, se dio este modo especial de producción llamado asiático donde no existía la propiedad privada de los medios de producción que estaba en manos del Estado.
La tierra era entregada a los campesinos para que la trabajaran y los funcionarios estatales la administraban y cobraban los impuestos. «La ausencia de la propiedad de la tierra es, ciertamente, la clave para la comprensión de todo el Oriente», decía Engels. Las formas antagónicas de los procesos de producción de la sociedad occidental desarrollaron en su propio seno las condiciones indispensables para resolver esos mismos antagonismos.
Por el contrario, el equilibrio logrado en estructuras más o menos esclerosadas y anquilosadas, como la asiática clásica, sofocaba los conflictos, deteniendo la evolución de las sociedades china, hindú y árabe. Hegel vinculó a las religiones orientales con la imposibilidad del desarrollo del capitalismo en Asia.
Es muy difícil concebir el progreso, el bienestar material, el desarrollo económico – móviles de la sociedad burguesa-, en creyentes de religiones como la hinduista o budista, que privilegian la muerte sobre la vida, condenan la acción como perversa, exaltan la contemplación, el quietismo, el ascetismo, para quienes la suprema felicidad es la nirvana. El ciclo repetido de reencarnación en la doctrina del Karma hace imposible la idea del progreso y aun del desarrollo histórico.
Las castas inferiores se resignan a su condición miserable justificándola por sus pecados cometidos en una vida anterior, y cualquier intento de rebelión o aun de mejoramiento significa oponerse a la ley del Karma. La revolución china fue la primera revolución social y una de las primeras triunfantes con una base de masas campesinas, surgida del campo y casi sin ninguna colaboración de la ciudad, adonde sólo llegó el mismo día de la toma del poder.
El propio Mao era un campesino que vivió muy poco en ciudades, que sólo visitó un país (la URSS) casi en la vejez y después de haber tomado el poder. No conocía ninguna lengua extranjera, por lo que su conocimiento del marxismo no podía dejar de ser elemental, basada en las escasas y pobres traducciones al chino que existían en su juventud.
Ignoró el concepto marxista de modo de producción asiático que es fundamental para analizar la realidad china. En cambio, conocía muy bien la filosofía y la literatura china, en especial la poesía. Durante la Larga Marcha consultaba el I Ching, el pensamiento de Mao se debe al arte y a los cultos tradicionales de la China clásica y no al pensamiento occidental moderno, incluido el marxismo. Y el maoísmo no pertenece a la historia del socialismo occidental, la sabiduría china clásica surge de las observaciones campesinas sobre los hábitos de la naturaleza.
El maoísmo tiene similitudes con la formación de las dinastías que estaban fundadas por un líder carismático de origen campesino, elevado al poder por una revolución de campesinos hambrientos. Para hacer más evidente la analogía, los nuevos emperadores, una vez en el poder, realizaban sangrientas purgas contra quienes los habían ayudado en sus ascensos.
Así sucedió con la caída de la dinastía Shang, y en el siglo XIX, el antecedente más directo del maoísmo lo encontramos en la revolución de los Taiping, un movimiento milenarista y mesiánico. La revolución maoísta no fue más que la última rebelión campesina.
El maoísmo fue la última dinastía china, sumándose a las diez que hubo en su historia y Mao Tse-Tung, su último emperador. Pero paradójicamente del maoísmo, se originará una nueva sociedad mayormente industrial y en especial urbana, lo cual hace imposible, sin proponérselo, una nueva rebelión campesina. El maoísmo fue el nexo entre el culto tradicional chino del campesino con el campesino detentador de todas las virtudes, en oposición al hombre urbano corrupto.
Mao sostenía que «Los campesinos analfabetos comprenden mejor las cuestiones económicas que los intelectuales». En una conferencia en 1964 recordó que los emperadores de la dinastía Ming eran analfabetos y que cuando los intelectuales habían tomado las riendas del país lo habían llevado «al desastre y a la ruina».
Esa prédica antiintelectualista llevó, durante la Revolución Cultural a clausurar por cuatro años las escuelas, los colegios y las universidades, hechos sin precedentes en cualquier sociedad alfabetizada. Mientras los campesinos fueron proclamados los guardianes del saber.
El exterminio de los intelectuales tuvo su antecedente en el Imperio de Shih Huang Ti en el año 237, cuando se quemaron libros, y se dice que 460 literatos fueron enterrados vivos. Y con Lin Piao, el campesinismo maoísta fue llevado a su máxima expresión. Lin fue uno de los artífices de la Revolución Cultural, quien acuñó la teoría del campo contra la ciudad.
La revolución campesina maoísta no sólo provocó estragos en China, uno de los genocidios más impresionantes del siglo XX fue llevado a cabo por los Jemeres rojos, maoístas camboyanos conducidos por el fanático y sanguinario Pol Pot y apoyados por China.
La muerte de Mao significó el fin de la china clásica, del modo de producción asiática. El golpe de timón fue el ingreso a un nuevo modo de producción capitalista asiática. La dialéctica de Estados o Imperios no se define sólo por el comercio, eso solo lo creen los economistas fundamentalistas.
Eso se define con las armas, eso lo sabe Rusia, los Estados Unidos y China. Actualmente el proveedor de armas de China es Rusia, pero no le vende el armamento más letal, sabe que lo pueden usar en su contra. China supera en tanques a Rusia y a Estados Unidos. Pero en las guerras actuales no son determinantes, por lo mismo China está construyendo un segundo portaaviones, aun el poderío naval norteamericano es superior.
China no tiene experiencia de combate, Rusia y Estados Unidos, lo tienen. La nueva generación de gobernantes chinos, saben que el comunismo asiático los sumió en la pobreza y no pueden regresar a gobiernos perjudiciales como lo fueron las dinastías chinas, ideologizadas por el confucionismo y el budismo, el aislacionismo los llevó a estar por debajo de África. La única forma de competir económicamente en el mundo, es el capitalismo, la otra es la última ratio, cosa que lo está eludiendo desde hace tiempo.
30 de septiembre de 2016.