

BERNARDO DE GALVEZ
CIUDADANO HONORARIO DE ESTADOS UNIDOS
Ricardo Veisaga
Bernardo de Gálvez y Madrid, conocido también como conde de Gálvez y vizconde de Galveston (Macharaviaya, Málaga, 23 de julio de 1746 – Tacubaya, México, 30 de noviembre de 1786) Militar y político español, héroe de Pensacola e hijo de otro militar, Matías de Gálvez y Gallardo. Bernardo de Gálvez nació en Macharaviaya, un pueblo de montaña situado en la provincia de Málaga, España.
Estudió la carrera militar en la Academia de Ávila y con la edad de 16 años participó en la guerra contra Portugal, donde alcanzó el grado de teniente. Llegó a Nueva España en 1762 como capitán del Ejército Real, y llevó a cabo una campaña contra los apaches, aliado con los indígenas ópatas. Recibió múltiples heridas, algunas muy serias. Para el año 1770 ya había conseguido el grado de comandante de Armas de Nueva Vizcaya y Sonora, provincias del norte pertenecientes a Nueva España, actualmente Nuevo México.
En 1772, en compañía de su tío José de Gálvez vuelve a la Península Ibérica y es destinado a Pau (Francia) con el regimiento de Cantabria, donde aprende a hablar francés, que le sería muy útil después en la Luisiana. Destinado a Sevilla en 1775, participa en la desastrosa expedición contra Argel del año 1775 capitaneada por Alejandro O’Reilly donde, durante la conquista del fuerte que defendía la ciudad, es gravemente herido.
Ese mismo año consigue el ascenso a teniente coronel y llega a ser profesor en la Academia de Ávila. Entre 1757 y 1763 se libró la «Guerra de los Siete Años»: por un lado, Inglaterra, Prusia, Portugal y varios principados alemanes; por el otro, los reinos de la Casa de Borbón (España, Francia y Dos Sicilias), Austria, Sajonia, Piamonte y Rusia.
La vencedora fue la coalición dirigida por Londres, que expulsó a Francia de la América del Norte. Inglaterra recibió Menorca, conquistada por Francia, y la península de la Florida de España. En compensación, Luis XVI cedió a Carlos III el inmenso y despoblado territorio de la Luisiana, cuya capital era el puerto de Nueva Orleans. Los ingleses penetraban en el Golfo de México y amenazaban Cuba y el comercio entre las Indias y España.
El imperio español desde el primer momento ayudó económicamente a los rebeldes norteamericanos llegando a pertrechar a 30.000 rebeldes con sus uniformes, fusiles y 216 cañones. Pero… ¿debía intervenir militarmente como hizo posteriormente la Francia de Luis XVI tras la insistencia de Benjamin Franklin? He ahí el dilema del Rey Carlos III. Según Moreno Martín:
«España se encontraba en una posición más delicada. Por un lado nos encontramos con las tesis del Conde de Floridablanca, que abogaba por mantenerse neutral so pena de desencadenar un efecto dominó de independencias en las colonias españolas americanas. Por otro lado, el Conde de Aranda, embajador de España en París, veía en el apoyo a las Trece Colonias una oportunidad idónea para recuperar Gibraltar».
Se tomó opción por las tesis del Conde de Aranda y en 1779 España declaró la guerra a Gran Bretaña. Ya nada sería igual en la Guerra de Independencia de las Trece Colonias: Inglaterra se vería obligada a dividir esfuerzos en el Canal de la Mancha (contra Francia), el Mediterráneo (contra España) y el Golfo de México, donde Inglaterra había arrebatado años antes a España algunas plazas marítimas como San Carlos de Panzacola, conocida posteriormente como Pensacola.
Conclusión: las fuerzas de la guerra por la Independencia de las Trece Colonias se nivelaron. Por un lado, Reino Unido (120 navíos y 100 fragatas) y, por el otro, Francia (60 navíos y 60 fragatas) y España (60 navíos y 30 fragatas). La Casa de Borbón encontró la ocasión de vengarse de los Hannover y de los comerciantes ingleses. Francia apoyó desde el primer momento a los rebeldes y España apoyó desde el principio la Guerra de Independencia de los Estados Unidos mediante Bernardo de Gálvez, quien negoció directamente con Thomas Jefferson, Patrick Henry, Oliver Pollock y Charles Henry Lee.
Carlos III atrasó hasta julio de 1779 la declaración de guerra a Jorge III para preparar su Ejército y Marina. Bernardo de Gálvez, que en 1765 ya era capitán en el virreinato de Nueva España, fue nombrado el 19 de julio de 1776 gobernador interino de la Luisiana Occidental. Cedida en 1763 por Francia a España, en compensación por la cesión de La Florida a Inglaterra tras la Guerra de los Siete Años.
Su primer objetivo fue perseguir el contrabando inglés y favorecer el comercio con Francia y el libre tráfico con Cuba y Yucatán. Sus dos misiones fueron limitar la expansión británica y el apoyo a los rebeldes; acogió a muchos de éstos y les suministró armas y dinero. Gálvez bloqueó el puerto de Nueva Orleans para que los navíos británicos no pudiesen utilizar el río Mississippi y también facilitó el tránsito de los rebeldes americanos a través de todo el territorio al sur de la zona de guerra, ayudando al envío de armas y municiones destinadas a las tropas americanas de George Washington y George Rogers Clark.
En 1777 se casa con doña M.ª Feliciana Saint-Maxent, joven viuda criolla luisianense, con la que tuvo tres hijos: Miguel, Matilde y Guadalupe. Ella tenía una hija de su matrimonio anterior, Adelaide, a quien Bernardo siempre estimó como propia. Durante su administración funda la ciudad de Gálvezton en 1778 (en la actualidad, Galveston).
En 1779 el capitán general de la Luisiana española asaltó las guarniciones inglesas de la Luisiana Oriental: Manchac, lográndolo sin una sola baja. Igualmente, Baton Rouge y Natchez liberando la cuenca baja del río Mississippi de fuerzas inglesas que pudieran hostigar su capital, Nueva Orleans. En cuanto la guerra fue oficial, en 1781, aprovechando la mayor velocidad de los correos marítimos españoles, es informado de un nuevo comienzo de hostilidades entre España e Inglaterra.
Gálvez se puso en marcha antes de que lo hiciesen los ingleses, con un solo objetivo: expulsarles de Panzacola (Pensacola), Mobila (Mobile) y demás puertos en el Mississippi. Toma las plazas de Mobila y Panzacola. Poco tiempo después, Gálvez se apoderó de la isla Nueva Providencia en las Bahamas, abortando el último plan británico de resistencia, con lo que mantuvo el dominio español sobre el Caribe y aceleró el triunfo de las armas norteamericanas.
La ciudad de Pensacola en su bahía y la isla de Santa Rosa en la boca de acceso, formaban un estrecho con la posición fortificada de Barrancas Coloradas, desde donde provenía el principal riesgo de la empresa.
La toma de la isla de Santa Rosa.
Para llegar hasta su objetivo, la escuadra tenía que pasar a través de un estrecho flanqueado por dos baterías de cañones. Bernardo de Gálvez se decidió a tomar el fuerte de la isla de Santa Rosa para así evitar ser aniquilados por un fuego cruzado. Las tropas del malagueño desembarcan en el terreno dispuestas a derramar sangre inglesa, pero, para su sorpresa, la fortaleza estaba desmantelada. «Consiguieron tomar la isla sin ninguna baja y sin ningún disparo», sentencia Moreno Martín.
La moral aumentó, para entrar hacia la bahía de Pensacola, ya sólo tenían que pasar a través de la batería de las Barrancas Coloradas. Gálvez por la recuperación de la Florida Occidental fue recompensado con los grados de mariscal de campo y teniente general-gobernador del territorio conquistado. El rey Carlos III le concedió el título de conde de Gálvez, y le permitió incluir en sus armas el lema: Yo solo, en reconocimiento por la toma de Pensacola.
Escudo de armas de Bernardo de Gálvez
Los ingleses se quedarán sin plazas en el Golfo de México, exceptuando la isla de Jamaica. Después de varias victorias, Gálvez armó una flota para atacar Panzacola, pero una tormenta la desbarató en octubre de 1780. La acción se repitió en febrero de 1781, cuando zarpó de La Habana una flota de 32 buques con ese destino. Una vez conseguido esto, lo que pretendía Bernardo de Gálvez era pasar con toda la escuadra, eso sí, lo más cerca posible de la isla (ya española) para evitar el fuego de las Barrancas Coloradas.
Pero al aventurarse por el estrecho, el fondo del casco del navío en el que viajaban Gálvez y Calvo (el San Genaro), tocó en el suelo: tenía demasiado calado para pasar. Por ello, fue necesario salir a aguas más profundas para no quedar encallados. Gálvez quería entrar en la bahía y tomar Pensacola, José Calvo (al mando de la escuadra), se negaba en rotundo a atravesar el estrecho.
Además, la batería situada en el fuerte de las Barrancas Coloradas seguía activa y, en el caso de que un navío quedara encallado, toda la escuadra podría sufrir su fuego y ser seriamente dañada. El marino José Calvo de Irazábal se negó a la propuesta de Gálvez de penetrar en la bahía a tiro de los cañones ingleses para desembarcar en tierra y cercar la ciudad con las tropas que venían por tierra desde Nueva Orleans.
Gálvez subió a bordo de un bergantín llamado «Gálveztown» (un barco con menor calado que el «San Genaro») y se dispuso a llevar a cabo una de las mayores heroicidades de la Historia española: entrar sólo en la bahía pasando a través del fuego enemigo. Sus últimas palabras quedarían grabadas en la historia:
«Una bala de a treinta y dos recogidas en el campamento, que conduzco y presento, es de las que reparte el Fuerte de la entrada. El que tenga honor y valor que me siga. Yo voy por delante con el Galvez-town para quitarle el miedo».
Gálvez enarboló la bandera de Comandante y entró en el puerto junto a dos pequeñas cañoneras y un buque de transporte. En contra de lo que se puede pensar, no sufrió serios daños por parte de las baterías enemigas y, además, atrajo el fuego sobre sus barcos. De aquí viene la leyenda que se puede leer en su escudo de armas: «Yo Solo», porque pasó sin que le siguiera en principio ningún comandante», explica Moreno. «Después pasó toda la escuadra, ya que había buques que hacían frente al fuego de las Barrancas Coloradas y podían atravesar la zona con seguridad».
Tras la entrada en la bahía de Gálvez, el resto de buques se decidieron a seguirle. ¿Todos? No. Hubo uno que se retiró, y es, según fuentes históricas, el navío en el que se encontraba José Calvo. Al parecer, el oficial decidió volver a La Habana tras ver el éxito del malagueño. Definitivamente, su misión había acabado, como más tarde le haría saber Gálvez mediante una misiva. Tras el ataque inicial, y como estaba planeado, una fuerza terrestre española tomó posiciones para ayudar a asediar Pensacola. Pero esos no serían los únicos refuerzos que recibiría Gálvez.
«Ese mes llegó una nueva escuadra de navíos, en un principio se pensaban que era enemiga y que venía a ayudar a los sitiados en Pensacola, pero descubrieron que eran españoles comandados por José Solano y Bote que acudían a socorrer a Gálvez», dice Moreno. Con esta flota eran ya casi 8.000 los hombres preparados para iniciar el asedio en contra de los 3.000 ingleses.
También se les unieron cuatro fragatas francesas con casi 800 soldados. Y es que, Francia quería aportar también en esta batalla su pequeño granito de arena (o de pólvora), para favorecer la expulsión de Florida de los ingleses y, por lo tanto, luchar a favor de la independencia de los colonos. Las fuerzas terrestres, estaban comandadas por José de Ezpeleta. Este, tenía órdenes de tomar los tres fuertes que defendían Pensacola: el de la «Media Luna», el del «Sombrero» y el del «Rey Jorge». Las fuerzas españolas consiguieron tomar la fortaleza de la Media Luna, donde murieron 52 británicos. Luego pasaron a la del Sombrero, luego a la del Rey Jorge y asaltar por detrás la ciudad.
La misión tocó a su fin, pues en menos de diez días Pensacola se rindió a los españoles. Las Barrancas Coloradas fueron las siguientes en abandonar la defensa, y es que, tras la caída de la ciudad, poco tenían que hacer ante el arrojo de Gálvez. A pesar de las pocas bajas que sufrieron los dos bandos durante esta contienda (74 españolas por 145 inglesas), sin duda la de Pensacola fue una de las batallas que favoreció la independencia de los Estados Unidos.
Y es que, gracias a la toma de la ciudad, se abrió otro frente para los ingleses, que se vieron obligados a destinar soldados a las inmediaciones de la zona descuidando en cierta manera la lucha contra los colonos. Gálvez durante su incursión a Pensacola, ordenó izar su pabellón y disparar 15 cañonazos para que el enemigo supiese que era él en persona el que iba en ese barco. Le siguieron dos lanchas cañoneras y una balandra, las únicas embarcaciones que estaban bajo su mando como gobernador de la Luisiana.
Las baterías inglesas le dispararon 28 cañonazos, pero no acertaron. El capitán Calvo de Irazábal se negó a repetir el golpe, aunque Gálvez le había mandado un mensajero para «componer lo pasado». Al día siguiente los ingleses dispararon 140 cañonazos, pero no causaron muertos ni hundieron nave alguna. Durante el sitio Gálvez fue herido de gravedad dos veces.
La plaza de Panzacola, defendida por varios fuertes y más de cien cañones, se rindió el 9 de mayo. La victoria colmó de honores a Gálvez: ascendió a teniente general, fue nombrado caballero pensionado de la Real Orden de Carlos III; la bahía de Panzacola pasó a llamarse bahía de Santa María de Gálvez; se le nombró gobernador y capitán general de la Luisiana y de la Florida Occidental, que comprendía el territorio que hoy es la costa de los estados de Luisana, Alabama y Mississippi, con capital en Panzacola.
El rey de España le concedió el derecho a colocar como timbre de sus armas el bergantín «Galveztown» con el mote Yo solo. En 1783, a petición de la provincia de la Luisiana, Carlos III le concedió el título de conde de Gálvez. En ese año de 1783, el Tratado de París (Versalles), con el que concluyó la guerra entre Francia, España y los rebeldes americanos en un bando y Reino Unido en el otro, España recibió las Floridas, la Occidental y la Oriental. Gracias a ello, el Golfo de México volvió a ser un lago español.
La intervención de Gálvez se consideró tan decisiva para el triunfo de las tropas americanas que, durante la parada militar del 4 de julio, desfiló a la derecha del mismísimo George Washington en reconocimiento a su labor y apoyo a la causa americana. En 1784 viajó a España, donde se le consultaba para tratar de zanjar asuntos que luego enredaron las relaciones con los Estados Unidos, como la libre navegación por el río Mississippi y la inmigración de ciudadanos de la nueva república al territorio de la Nueva España (y que es la raíz de la independencia de Texas y la guerra entre México y Estados Unidos de 1846-1848).
Entre sus instrucciones estaban las de establecer un correo regular y cifrado con el bilbaíno Diego de Gardoqui, primer embajador español en Estados Unidos, para reforzar la soberanía de España en la cuenca del Mississippi y recordar a la república que «tenía derechos de gratitud hacia nosotros y no de usurpación».
Regresa a España, pero vuelve a las Indias el año siguiente, como gobernador y capitán general de Cuba (1784), cargo que incluía la Luisiana y las Floridas. Al poco tiempo de estar en La Habana, fallece su padre, Matías de Gálvez y Gallardo. Es promovido a virrey de Nueva España, cargo del que toma posesión el 17 de junio de 1785.
La Nueva España es el virreinato más extenso de los que pertenecían a la Corona española y una potencia geopolítica, pues abarcaba desde las Filipinas en su extremo oriental a Cuba y Puerto Rico en el occidental, y desde el Canadá al norte hasta Panamá al sur. Madrid le nombró a él para sustituirle. Como virrey de la Nueva España, dio muestras de su honradez y su servicio a los demás.
Amparó a las víctimas de una peste y una hambruna (incluso abrió el palacio virreinal a los desamparados y donó medio millón de pesos de su patrimonio), extendió la iluminación pública en la capital, fomentó las obras públicas, patrocinó expediciones científicas y estableció que un porcentaje de la lotería se dedicase a la beneficencia.
Entre las muchas cosas que hizo durante su corto mandato como virrey (iluminación de calles, proseguir las obras del palacio de Chapultepec, destinar a beneficencia otros fondos de multas, el 16 % del producto de la Real Lotería, y destaca su apoyo a la ciencia, patrocinando la expedición de Martín de Sessé y Vicente Cervantes, que llevarían a España un completísimo catálogo de diversas especies de plantas, aves y peces.
Falleció el 30 de noviembre de 1786, en Tacubaya. La antigua villa de Tacubaya es un pueblo histórico que, por el crecimiento de la Ciudad de México, en la primera mitad del siglo XX fue absorbida y forma parte del D. F. México. Ahora el territorio de la antigua Tacubaya forma las colonias Tacubaya, Ampliación Daniel Garza, San Miguel Chapultepec II sección, y partes de Observatorio y de la Escandón de la Delegación Miguel Hidalgo del Distrito Federal, la zona se ubica al poniente de la ciudad.
En la época prehispánica se le conoció como Atlacuihuayan, que significa según Don Antonio Peñafiel «Lugar donde se toma el agua» o según el Códice Aubín «Lugar donde se labró el Atlatl», de una deformación española de esa toponimia surge el actual nombre de Tacubaya; su nombre se ha considerado derivado de los vocablos nahuas «Atlacuihuani» y «Atlatl», al que se le dan diferentes significados, como «lugar donde se labró el Atlatl» o «lugar donde se toma el agua», y que ha dado origen a sus símbolos glíficos.
En su testamento, Gálvez, pidió al secretario de Estado del Despacho Universal de Indias, marqués de la Sonora, tío suyo, que atendiese a su viuda y a sus tres hijos. Fue enterrado en la iglesia de San Fernando de la ciudad de México y quedó olvidado. Tan olvidado que Manuel Olmedo, ingeniero y miembro de la malagueña «Asociación Bernardo de Gálvez», afirma:
«En su tumba las dos únicas lápidas que existen fueron las que colocaron dos instituciones de Estados Unidos. Es decir, Bernardo de Gálvez es un héroe para los Estados Unidos y es un olvidado para España».
El 8 de mayo de 1783 el Congreso de Estados Unidos quiso rendir homenaje a la ayuda de Gálvez a la independencia de la nueva república y aprobó un acuerdo por el que se aprobada colgar un retrato en su sede. El tiempo pasó y el acuerdo se perdió hasta que lo recuperó Manuel Olmedo.
A pesar de la envergadura y mérito de las acciones de Bernardo de Gálvez, en España se mantuvo desconocido por la gran mayoría de la gente durante décadas y décadas. En el siglo XXI, en 2008 concretamente, se crea una Asociación Cultural Bernardo de Gálvez en Málaga, y se comienzan a estrechar los lazos entre ésta y Macharaviaya y las ciudades de Galveston y Pensacola, en Estados Unidos.
La figura del general español recobró la importancia que merece, más aún desde el año 2012, que se produjo el hermanamiento entre la estadounidense Pensacola y la española Macharaviaya. En su honor se ha erigido la «Estatua a Bernardo de Gálvez» junto a las «Estatuas de los Libertadores», en la Avenida de Virginia con la calle 22, en Washington, D.C.
Dos documentos, localizados por la Asociación Bernardo de Gálvez, con fecha 8 de mayo de 1783 (aniversario de la Batalla de Pensacola), acreditan el agradecimiento del Congreso de los Estados Unidos por la ayuda del Reino de España, y honrar en especial a Don Bernardo de Gálvez con un retrato en las paredes del Capitolio por su destacada participación en la Guerra de Independencia. La misma ha sido ratificada en el Congreso de los Estados Unidos.
En octubre, la asociación malagueña que lleva el nombre de Gálvez entregó en el Senado de Estados Unidos un retrato del héroe, para ser colgado en la Sala de Asuntos Internacionales. El retrato es obra de Carlos Monserrate Carreño, copia exacta del cuadro de Bernardo de Gálvez realizado en 1784 y atribuido a Mariano Salvador Maella, siendo así el primer español en colgar de los muros del Capitolio.
Sin perjuicio de que el primer español homenajeado con una estatua en el Capitolio ha sido el mallorquín, Fray Junípero Serra, natural de Petra, apodado el Apóstol de California, por haber fundado durante el siglo XVIII, entre otras misiones, las ciudades de San Diego, Santa Bárbara, Los Ángeles, Sacramento y San Francisco.
El Senado estadounidense ha ratificado la concesión de la Ciudadanía Honorífica a Bernardo de Gálvez, vizconde de Galveston y conde de Gálvez. Se trata de un gran honor que Washington otorga ahora a uno de los héroes más notables de la Independencia de Estados Unidos. La decisión que aprobó ayer el Senado, y que solo está a falta de la firma del presidente del Congreso para que sea plenamente vigente. Ha sido consignada como Resolución 38 de este periodo de sesiones.
Es un reconocimiento tan importante que solo ha sido concedido otras siete veces, entre otras personalidades a Winston Churchill, el marqués de Lafayette (también héroe del levantamiento en armas de los colonos americanos contra Inglaterra), la Madre Teresa de Calcuta o William Penn y su esposa Hannah Callowin Penn, sufridos pioneros que fundaron la Provincia de Pensilvania en la costa norte de América en 1681.
Es muy importante leer la Resolución 38 americana, que es una redacción completa de los motivos que hacen a Bernardo de Gálvez, uno de los más destacados españoles del siglo XVIII, merecedor de esta gran distinción. Y dice así:
Resolución conjunta, por la que se confiere la ciudadanía honorífica de los Estados Unidos a Bernardo de Gálvez y Madrid, vizconde de Galveston y conde de Gálvez.
Considerando que los Estados Unidos ha conferido la ciudadanía honorífica en otras 7 ocasiones en toda su historia, y la ciudadanía honorífica es y debe seguir siendo un honor extraordinario que no se confiera a la ligera y no se conceda frecuentemente;
Considerando que Bernardo de Gálvez y Madrid, vizconde de Galveston y conde de Gálvez, fue un héroe de la Revolutionary War (Guerra de Independencia) que arriesgó su vida por la libertad del pueblo de los Estados Unidos y procuró suministros, inteligencia y un enorme apoyo militar al esfuerzo de guerra;
Considerando que Bernardo de Gálvez reclutó un ejército de 7.500 hombres entre los que había fuerzas españolas, francesas, afroamericanas, mexicanas, cubanas y angloamericanas y lideró el esfuerzo de España para ayudar a los colonos de Estados Unidos contra Gran Bretaña;
Considerando que durante la Revolutionary War, Bernardo de Gálvez y sus tropas tomaron el Puerto de Nueva Orleans y derrotaron a los británicos en las batallas de Baton Rouge, Luisiana, Natchez, Misisipi y Mobile, Alabama;
Considerando que Bernardo de Gálvez lideró el exitoso sitio de Pensacola, Florida, que duró dos meses, en el que sus tropas capturaron la capital de la Florida Británica Occidental y dejaron a los ingleses sin bases navales en el Golfo de México;
Considerando que Bernardo de Gálvez fue herido en el sitio de Pensacola, y demostró un valor que le convirtió en un querido ejemplo para los soldados estadounidenses;
Considerando que las victorias de Bernardo de Gálvez contra los británicos fueron reconocidas por George Washington como un factor decisivo en el resultado de la Revolutionary War;
Considerando que Bernardo de Gálvez ayudó a redactar los términos del Tratado que puso fin a la Revolutionary War;
Considerando que el Congreso Continental de los Estados Unidos declaró, el 31 de octubre de 1778, su gratitud y sentimientos favorables a Bernardo de Gálvez por su conducta con los Estados Unidos;
Considerando que, tras la guerra, Bernardo de Gálvez sirvió como virrey de Nueva España y lideró los esfuerzos encaminados a trazar los mapas del Golfo de México, incluyendo la bahía de Galveston, la mayor de la costa de Texas;
Considerando que muchas localidades, incluyendo la Bahía de Galveston, Galveston (Texas), El Condado de Galveston (Texas), Gálvez (Luisiana) y San Bernardo Parish (Luisiana) deben su toponímico a Bernardo de Gálvez;
Considerando que el Estado de Florida ha honrado a Bernardo de Gálvez con la designación de Gran Floridense; y
Considerando que Bernardo de Gálvez jugó un papel integral en la Revolutionary War y ayudó a asegurar la independencia de los Estados Unidos, por ello, sea.
Resuelto por el Senado y la Casa de Representantes de los Estados Unidos de América y el Congreso de América en Asamblea, Que Bernardo de Gálvez y Madrid, vizconde de Galveston y conde de Gálvez, es proclamado póstumamente como un ciudadano honorífico de los Estados Unidos
Así es la historia de este héroe entre tres imperios: el investigador Manuel Olmedo, vicepresidente de la Asociación Bernardo de Gálvez y miembro de la Real Academia de San Telmo, fue quien durante una de sus maratonianas jornadas en el Archivo General de Indias en 2009 halló la primera carta, enviada al entonces Virrey de Cuba por Oliver Pollock, un comerciante norteamericano de origen irlandés que sirvió bajo las órdenes de Bernardo de Gálvez y que fue delegado del Congreso de Estados Unidos en Luisiana.
La ayuda secreta de España.
En la misiva le solicitaba que le enviase un retrato de Gálvez para el Congreso estadounidense en señal de agradecimiento por su ayuda a la independencia. «Fue el puntal de la ayuda secreta que España estaba prestando a la causa estadounidense», apunta Olmedo, que recuerda que los ejércitos de los colonos «se tapaban con mantas de Zamora, vestían uniformes confeccionados en Barcelona y utilizaban pólvora nacional».
Dos documentos localizados por Olmedo en el Archivo Nacional de Estados Unidos han sido la clave: el primero, fechado el día 8 de mayo de 1783, ha permitido demostrar que Pollock presentó la obra del general español en el Congreso. Y en el segundo, firmado un día después por John Jay, presidente del Congreso, se le respondía que se acordaba colgar el citado retrato.
Pero no se sabe qué ocurrió. Todo indica que se realizaron dos cuadros para atender la petición de Oliver Pollock, y uno, atribuido a Mariano Salvador Maella, lo conservan en Málaga los descendientes del general, la familia Haya-Gálvez. Ante la imposibilidad de enviar el retrato original, la Asociación Bernardo de Gálvez ofreció una reproducción que realizó el pintor malagueño Carlos Monserrate.
El empeño de una mujer llamada Teresa Valcarce, ferrolana de origen, malagueña de adopción y con la doble nacionalidad española y estadounidense, que hizo posible que esta historia tenga un final feliz, vive en Washington y ha recogido el guante de Manuel Olmedo y la asociación que representa. El homenaje del Congreso a Gálvez es ya una realidad.
Dice Valcarce: «Comprobé que el cuadro no estaba en Filadelfia (en el Carpenter’s Hall). Y un día hubo un golpe de suerte. Acompañé al Capitolio a unos amigos que rodaban un episodio de “Españoles por el mundo” y me vi delante de un congresista. Era mi oportunidad». Dicho y hecho: nada más contar la historia embriagadora de la vieja promesa incumplida por los padres de la patria, aquel congresista se volcó con el asunto.
Congresistas que colaboran.
Es una larga lista gracias al empeño de Valcarce, se involucraron los congresistas Chris Van Hollen (Maryland), Ileana Ros-Lehtinen (Florida), de origen cubano; Xavier Becerra (California), Jeff Miller (Florida), que ha logrado que se nombre a Gálvez ciudadano honorífico… La senadora Barbara Mikulski (Maryland) y su compañero Ted Cruz (Texas). También, las asociaciones de Los Hijos y las Hijas de la Revolución Americana, el Congressional Hispanic Caucus Institute, The Hispanic Association of Colleges and Universities y los cónsules españoles honorarios.
Los trámites empezaron el 9 de enero en la Cámara de Representantes, que aprobó el texto legislativo meses después, el 28 julio. La propuesta fue entonces remitida al Senado, que ha acabado aprobándola en los mismos términos, de modo que sólo falta la firma del actual presidente estadounidense, Barack Obama, para que la norma entre en vigor.
El texto -promovido por dos congresistas republicanos, el representante Jeff Miller (Florida) y el senador Marco Rubio (Florida)- subraya que De Gálvez «fue un héroe de la Guerra Revolucionaria (Guerra de la Independencia de EEUU, 1775-1783) que arriesgó su vida por la libertad del pueblo de Estados Unidos». El militar español «desempeñó un papel integral en la Guerra Revolucionaria y ayudó a asegurar la independencia de Estados Unidos», señala la resolución, al destacar que el homenajeado contribuyó con un «fuerte apoyo militar» a la lucha de las trece colonias británicas originales que se enfrentaron al Reino de Gran Bretaña.
Último asalto español a Fort George, Pensacola.
El embajador de España en Washington, Ramón Gil-Casares, subrayó que la concesión del citado título honorario al militar español es «absolutamente excepcional», pues únicamente se han dado «seis casos previos» en Estados Unidos. «Este país habría sido independiente veinte años más tarde sin Bernardo de Gálvez», subrayó el embajador, quien valoró que «se ponga cara a la participación de España» en la Guerra de la Independencia de Estados Unidos.
A fin de realzar la figura del héroe español en el país norteamericano, la Embajada de España va a organizar -entre otras iniciativas- «una gran exposición» y, en 2016, un congreso sobre «la presencia española en la independencia de Estados Unidos, con Bernardo de Gálvez a la cabeza», agregó el embajador. Tras conocerse el respaldo del Senado a la ciudadanía honoraria del militar, el Hispanic Council, un centro de pensamiento con presencia en Washington y Madrid, subrayó que el título honorífico es «el mayor reconocimiento que un extranjero puede recibir».
El homenaje constituye «un inmejorable ejemplo de la oportunidad que tiene España para aprovechar la historia compartida con Estados Unidos para fortalecer las relaciones entre ambos países», afirmó el director del Hispanic Council, Daniel Ureña, en un comunicado. Según Daniel Ureña, esa oportunidad cobrará especial significación en 2015, cuando «se celebrará el 450 aniversario de la fundación de San Agustín de la Florida por parte de españoles, la ciudad de Estados Unidos continuamente poblada más antigua del país».
Hace 231 años, los «Padres Fundadores» de Estados Unidos, ya habían aprobado homenajear a Bernardo de Gálvez con la colocación de un retrato suyo en el Congreso, junto al de figuras históricas como Thomas Jefferson o George Washington, pero nunca se cumplió esa decisión.
Este reconocimiento es parte de la verdadera Herencia Hispana, y no el pasito duranguense como muchos así lo creen.
13 de diciembre de 2014.