

LA GUERRA (1)
Diario de Córdoba
Córdoba, jueves 20 de mayo 2004.
Gustavo Bueno presenta La vuelta a la caverna
EFE
El crítico y filósofo Gustavo Bueno presentó ayer su nuevo libro La vuelta a la caverna, un ensayo sobre las manifestaciones por la paz en el mundo a raíz de la guerra de Irak y sobre el movimiento anti-globalización, en el que identifica guerra y política.
El libro, publicado por Ediciones B, del grupo Zeta, fue presentado en el Ateneo madrileño por la periodista Isabel San Sebastián, quien introdujo al filósofo materialista (Santo Domingo de la Calzada, La Rioja 1924) como «un animador del pensamiento que siempre encuentra un modo de desafiarnos a ejercitar las neuronas».
Tras aclarar que él analiza «ideas, no sentimientos, que no me interesan», Gustavo Bueno quiso ir más lejos que el general prusiano Carl von Clausewitz (1780-1831) quien definió la guerra como la continuación de la política.
«Yo lo digo más directamente: la guerra es política», sostuvo Bueno para añadir que «la política es cada Estado con sus intereses» y la paz es «la paz de la victoria para establecer un orden», por lo que no puede hablarse de ella sin apellidos: «la paz es soviética, americana, francesa, española o ibarretxea», dijo el autor de La vuelta a la caverna.
Introducción:
Con esta primera entrega damos inicio a una serie sobre la Guerra, no una guerra en particular sino la Guerra en general que existe desde que existen las sociedades políticas, en las sociedades prepolíticas o pre-estatales no había guerra, había otra cosa. La Guerra es una idea con una vigencia permanente pero que en estos momentos está en boca de todos. La idea de Guerra es considerada y analizada desde distintas disciplinas como la sociología, la historia, la etología, la ética, la moral, la religión, etc.
Pero no se debe olvidar que las ideas son de muy diversos rangos, aparecen en el tiempo y en niveles diferentes, tampoco están desligadas enteramente, ni están entrelazadas todas con todas. Por ejemplo, la idea de Dios no es una idea eterna, sino que aparece en una fecha más o menos determinada de la historia, lo mismo sucede con la idea de Progreso que tampoco es una idea eterna, ni fueron conocidas por los filósofos griegos del periodo presocrático o socrático.
Son ideas modernas, a lo sumo con un par de siglos de vida, y sin perjuicio de su novedad, pero la filosofía del presente tiene que ocuparse de ellas. Y también, toda filosofía verdadera es una concepción del mundo, pero no toda concepción del mundo es una filosofía, para que haya filosofía debe haber ideas. La filosofía, en su sentido estricto, no es la madre de las ciencias, no es un saber de «primer grado» como las ciencias, un saber con sustancialidad propia. Por el contrario, la filosofía presupone un estado de las ciencias y de las técnicas suficientemente maduras para que pueda comenzar a constituirse como una disciplina definida.
Las ciencias son necesarias para el advenimiento de la filosofía, por eso en la entrada a la Academia de Platón estaba escrito el lema platónico: «Nadie entre aquí sin saber Geometría». El surgimiento del pensamiento filosófico en Grecia se debe de manera exclusiva al hecho de que otros saberes, como la geometría y las matemáticas, plantearan problemas que ellas mismas no podían resolver, como por ejemplo el de los números irracionales. La filosofía como saber de segundo grado, requiere de la existencia de otros saberes, a partir de cuyo conocimiento puede constatar contradicciones con el presente en marcha y de esa amanera surgen las cuestiones filosóficas, y a las que se debe responder.
Todos somos filósofos y tenemos un mapamundi del mundo, pero necesitamos un sistema para organizar nuestras ideas, para movernos. Si pensar es pensar contra algo, en este caso hay que empezar a pensar contra la filosofía mundana, pero desde una filosofía crítica y que tiene que ser sistemática. Nosotros adherimos a un sistema filosófico, eso es innegable y desde ese lugar emprendemos esta especie, si se quiere, de filosofía de la guerra. Como dijimos antes, el término Guerra es una idea y debemos centrarnos en las guerras que nos envuelven en el presente.
Pero para poder entender la idea de la guerra, no podemos confiar en los periodistas, o en los políticos, de ser así estaríamos perdidos, hay que volver a las doctrinas que desde el Materialismo Filosófico hemos seleccionado para hablar de las guerras del presente. Es imposible en nuestros días, desde que aparece el Estado, hacer política sin filosofía. Un ejemplo de ello es Platón. Y tampoco desde un individuo autónomo, o una conciencia individual, esa cosa es kantiana, que no tiene pies ni cabeza. La filosofía se hace desde un Estado, desde un Imperio.
No existe otro modo de hacer filosofía (salvo la mundana). Pero la inmensa mayoría de los llamados políticos se dedican a la política sin saber nada de filosofía política. No importa que lleguen a ocupar la Presidencia de una nación, o sean secretarios de Estado, Ministros, Senadores, etc. Y al igual que los periodistas, opinan sobre cuestiones políticas sin ninguna formación filosófica. Así hablan de la guerra desde una perspectiva ética o moral, teológica o simplemente psicológica.
Decía Gustavo Bueno Martínez: «Lo característico es el Estado. La guerra es política por naturaleza, es característica y propia de la civilización. Contraponer la guerra y paz como si se contrapusiese lo salvaje y lo civilizado es un error. En el mundo salvaje no hay guerra». En la actualidad existe una total falta de comprensión de lo que es un Estado, y por lo mismo la confunden con Gobierno, y este error lo encontramos no solo en el hombre común sino en los licenciados en Ciencias Políticas, políticos, militares, comunicadores sociales, politólogos, etc.
El sistema filosófico de Gustavo Bueno Martínez, al igual que en el Espacio Gnoseológico, para explicar cómo entiende las ciencias, nos ofrece también un «Espacio Antropológico». En el plano ontológico hay que introducir el concepto de espacio antropológico como mapa de coordenadas desde el que su sistema perfila los ámbitos en los que se desarrolla la vida humana. Es decir, cómo una sociedad está inmersa en el espacio antropológico.
El concepto de espacio antropológico nos es útil para organizar las dimensiones de la realidad material, como por lo demás siempre ha hecho toda concepción filosófica que haya aspirado a explicar al hombre. El sistema de estructura trimembre en la que Gustavo Bueno Martínez organiza el espacio de los contenidos, a los que puede acceder el hombre, consta de tres ejes: circular, radial y angular, según hablemos de las relaciones que el ser humano trabe con elementos pertenecientes al orden humano personal (las otras personas), al orden no personal y humano (naturaleza), y al orden personal no humano.
El conjunto de estos ejes constituye el mundo entorno que nos rodea y que hemos llegado a conceptuar. Es a través del espacio antropológico, que se distingue entre el materialismo histórico, el cosmológico y el religioso. La teoría política de Gustavo Bueno Martínez, refiere constantemente a los tres ejes y a su análisis politológico. El fenómeno de la Guerra se puede encuadrar dentro de los tres modelos, del Espacio Gnoseológico, del Antropológico y el de la Sociedad Política Canónica. Elaborar una teoría de la sociedad política o del Estado, es la única vía de esbozar una disciplina autónoma. Cabe por ello decir que filosofía política, teoría del Estado o ciencia política son tres formas que materialistamente vienen a decir lo mismo.
Podríamos decir, que la Guerra, la ubicamos dentro del eje circular del Espacio Antropológico. Para interpretar las guerras del presente, hay que tener en cuenta que previo a la constitución del Estado como algo objetivo, supone un proceso que tiene un núcleo y un curso, y el cuerpo aparece una vez constituido el Estado.
El núcleo de la sociedad política es la sociedad humana natural, y que, según Bueno Martínez, en la sociedad humana natural sucede la inversión antropológica, algo que no entienden los etólogos, los sociobiólogos, el darwinismo social, ya que, en el caso de la especie humana, ya no se puede hablar del medio, sino que los seres humanos a través de instituciones o de una cultura específicamente humana, producen una inversión, transforman el medio en un espacio, en un espacio tridimensional.
En el curso, nos encontramos con sociedades políticas pre-estatales, que no están aún constituidas, que no alcanzaron el cuerpo, sino que está en curso. No tiene aún capa cortical y sus instituciones son débiles al lado de una sociedad política o sociedad estatal. Son bandas o tribus que se apropian de un territorio y tienen una jefatura unipersonal, no está en desarrollo lo que llamamos la capa conjuntiva, esta se encuentra aún en germen. La constitución del Estado se producirá cuando el territorio apropiado lo explote, transforme su riqueza, es decir, su capa basal.
Ese territorio o capa basal que sirve de subsistencia debe tener protección y esa protección es la capa cortical. No hay Estado hasta que no haya capa cortical. Dentro de la teoría de las capas políticas, tenemos la capa conjuntiva, que es la que se configura en el seno de la dimensión circular, integrando todas las relaciones interhumanas, que son las que usualmente se estudian en los tratamientos formales del campo (socio-jurídicos y comunicacionales).
La capa basal, que nace del plano radial a través de los recursos energéticos que son indispensables para el mantenimiento del Estado, que estos extraen de sus fuentes naturales (del territorio en el que viven o que explotan), y a partir de las cuales pueden desarrollar su economía. Y la capa cortical, vinculada al contexto angular que tiene una importancia de primer orden en el asentamiento constitutivo de un Estado (asentamiento cuya localización y tamaño no está predeterminado por nadie), como también en la legitimación del poder estatal y en las relaciones exteriores.
El sistema del Materialismo Filosófico, aparece como un mapamundi, pero que está presentado en mapas topográficos de distintas escalas, y por lo mismo no es un mapa monista, sino que esas escalas están dando formas las distintas situaciones. Esta larga, pero necesaria introducción, es para afirmar que no es posible pensar de manera correcta sobre la idea de la Guerra, o cualquier otra idea, desde una filosofía mundana o desde una filosofía asistemática.
Gustavo Bueno Martínez, es el único filósofo que, desde Clausewitz a la fecha, se atrevió a filosofar sobre la guerra con tanta profundidad, y porque su sistema filosófico constituye una vasta red que da respuesta a múltiples problemas. No es posible, en este caso, filosofar sobre la Guerra al margen de Las Categorías de las Ciencias Políticas, de Gustavo Bueno, o de la filosofía política de su sistema.
En la Teoría de las Ciencia, no les resta importancia a las disciplinas humanas, sino que trata de delimitar un marco gnoseológico que consiga discernir entre los diferentes estados por los que estas pueden transitar: estados α-operatorias o β-operatorias (alfa-operatorias o beta-operatorios), según el rol de actividad que despliegue el sujeto en el campo.
La guerra no es una ciencia α-operatoria. La guerra no se funda en ciclos de la misma manera como se fundan en ciclos los fenómenos astronómicos o físicos. Y en la historia funcionan otro tipo de realidades β-operatorias. La guerra considerada en sí misma como una ciencia contiene en sí metodologías α y β. Las Metodologías β-operatorias, son procedimientos de las ciencias humanas en los cuales esas ciencias consideran como presente en sus campos al sujeto operatorio (con lo que ello implica: relaciones apotéticas, fenómenos, causas finales, etc.).
Las Metodologías α-operatorias, son procedimientos que atribuimos a las ciencias humanas en virtud de las cuales son eliminadas o neutralizadas las operaciones iniciales, a efectos de llevar a cabo conexiones entre los términos al margen de los nexos operatorios (apotéticos) originarios. El Materialismo Filosófico dice que hay dos planos operatorios y que, en uno de ellos, las operaciones de los científicos podrían quedar neutralizadas (y esto sería las metodologías α).
Antecedentes sobre la guerra.
Hay diversas categorías sobre la guerra, y al decir esto nos estamos refiriendo a los términos conceptuales que aparecen en distintas disciplinas y que tienen distinto carácter, y que en estos campos o disciplinas encontramos una gran cantidad de materiales de importancia para este propósito. Existen muchos libros que hacen referencia a tácticas y estrategias sobre el arte de la guerra, pero son metodologías β-operatorias (beta-operatorias), pero no sólo hay que tener en cuenta los tratados sobre la guerra, sino los géneros que nos hablan de la guerra que nos remite a la historia, pero ya sabemos que la historia nos remite a metodologías α-operatorias (alfa-operatorias) y metodologías β-operatorias (beta-operatorias).
Las guerras del presente nos remiten a las guerras del pasado, en este sentido se puede decir que existe una concatenación, la Segunda Guerra Mundial nos remite a la Primera Guerra Mundial inevitablemente. Existen, como dijimos antes, una gran cantidad de libros y autores que han escrito sobre la guerra, como, por ejemplo:
El Arte de la Guerra de Sun Tzu.
Sun Tzu, nacido en la provincia de Ch’i, obtuvo gracias a su obra El Arte de la Guerra una audiencia con Ho Lu, soberano de Wu. Y Ho Lu le dijo: «Señor, he leído íntegramente los trece capítulos que habéis escrito. ¿Puedes ofrecerme ahora una pequeña demostración sobre el manejo de tropas? Sun Tzu le contestó: «Sí, puedo». Ho Lu le preguntó: «¿Puedes llevar a cabo esta prueba utilizando mujeres?». Y Sun Tzu le dijo: «Sí» El soberano estuvo de acuerdo e hizo que de palacio le enviaran ciento ochenta hermosas mujeres. Sun Tzu las dividió en dos compañías y puso a las dos concubinas favoritas del soberano al mando de cada una.
Después les enseñó a todas como se llevaba una alabarda. Luego les preguntó: «¿Sabéis dónde está el corazón, y dónde la mano derecha y la izquierda, y dónde la espalda?» Las mujeres dijeron: «Lo sabemos». Sun Tzu les dijo: «Cuando yo ordene “de frente”, avanzad en la dirección del corazón, hacia mí; cuando diga “izquierda”, avanzad en la dirección de la mano izquierda; cuando diga “derecha”, hacia la derecha y cuando diga “atrás”, me daréis la espalda».
Las mujeres dijeron: «Hemos entendido». Una vez dadas estas instrucciones, se prepararon las armas del verdugo para mostrar que se estaba hablando en serio. Sun Tzu repitió tres veces las órdenes y las explicó cinco veces más, tras de lo cual dio con el tambor la orden “derecha”. Las mujeres estallaron en risa. Sun Tzu les dijo: «Si las instrucciones no son claras y las órdenes no han sido bien explicadas, el comandante tiene la culpa». Entonces, repitió las órdenes tres veces y las explicó cinco veces, y el tambor dio la orden de avanzar hacia la izquierda.
Las mujeres volvieron a reírse. Sun Tzu les dijo: «Si las instrucciones no son claras y las órdenes no han sido explicadas, el comandante tiene la culpa. Pero si las instrucciones han sido explicadas y las órdenes no son ejecutadas de acuerdo con la ley militar, los oficiales son los culpables». El soberano de Wu, que estaba observando, desde su terraza, vio que sus dos amadas concubinas estaban a ser punto de ser ejecutadas.
Aterrado, envió rápidamente a un ayudante con el siguiente mensaje: «Ahora sé que el comandante es capaz de manejar las tropas. Sin esas dos concubinas mis alimentos perderían sabor. Es mi deseo que no sean ejecutadas». Sun Tzu respondió: «Vuestro servidor ha sido designado comandante en jefe; cuando el comandante en jefe está al frente de las tropas, no está obligado a acatar todas las órdenes del soberano». Ordenó, pues, que las dos mujeres que habían mandado las compañías fuesen ejecutadas como ejemplo.
Después puso en su lugar a las dos que seguían en la fila. A continuación, repitió las órdenes con el tambor y las mujeres marcharon hacia la izquierda y a la derecha, de frente y atrás; se arrodillaron y se levantaron todas exactamente como lo exigían las órdenes. No se atrevieron a hacer el menor ruido. Sun Tzu envió un mensajero al soberano informándole: «Las tropas están ahora adiestrada. El soberano puede venir a pasar revista e inspeccionarlas. Ahora pueden ser utilizadas como el soberano lo desee, no se detendrán ante nada».
El soberano de Wu le dijo: «El comandante se puede retirar y descansar. No deseo inspeccionarlas». Sun Tzu le respondió: «Las palabras del soberano son vanas si no es capaz de ponerlas en práctica». Entonces Ho Lu se dio cuenta de la capacidad de Sun Tzu como comandante y lo puso al mando de sus ejércitos. Sun Tzu derrotó a la provincia de Ch’u en el este y entró en Ying; al norte, amenazó a Ch’i y a Chin.
Esta es una de las historias más conocidas acerca de Sun Tzu, tomada de las Memorias históricas. Sun Tzu fue un general y estratega militar de la antigua china, el nombre Sun Tzu es un título honorífico que significa «Maestro Sun». Su nombre de nacimiento era Sun Wu. Se considera a Sun Tzu como el autor de El arte de la guerra. Sin embargo, los historiadores con sobrados argumentos ponen en duda si realmente fue una figura histórica autentica.
Se afirma que su descendiente, Sun Bin, escribió sobre tácticas militares llamado: «El arte de la guerra de Sun Bin», en algún momento creyeron que ambos eran la misma persona, hasta que en 1972 se descubrió el tratado del segundo nombrado. Las Memorias históricas afirman que Sun Tzu demostró en la batalla de Boju, la eficacia de sus teorías. Pero el Zuo Zhuan, un texto histórico antiguo que relata detalladamente la batalla de Boju, no menciona a Sun Tzu.
El arte de la guerra, fue traído a Occidente y traducido por el jesuita francés J.J.M. Amiot, y publicado por primera vez en 1772. El libro tuvo luego una amplia difusión y se multiplicaron las ediciones en idioma francés, inglés, alemán y ruso. Los trece capítulos que componen el libro son apenas un poco más de cien páginas. En el siglo XX, el libro de Sun Tzu se hizo famoso en Occidente y actualmente en todo el mundo.
Según la opinión de B. H. Liddell Hart, el libro es «la quintaesencia de la sabiduría sobre la conducción de la guerra». Y según sus críticos es aplicable tanto en los deportes, las guerras, los negocios y la política. Dicen que lo leyeron Lenin, Mao Tse-Tung y una gran cantidad de figuras políticas y militares que sería largo de nombrar. Es famosa una fotografía, donde se ve a Paris Hilton con el libro en sus manos en pose de estar leyéndola, aunque no sé qué aplicación pudo darle esta rubia mediática.
Tenía alrededor de los dieciocho años cuando leí este libro por primera vez, y mi opinión actual ha cambiado desde entonces. Considero que El arte de la guerra, es un muy buen tratado de tácticas y algunas estrategias militares y, estrictamente hablando en ella no hay filosofía de la guerra, como muchos afirman sin aportar, desde luego, argumentos sobre ello.
En la cita inicial se denomina a Ho Lu como: «Ho Lu, el soberano de Wu», pero difícilmente se puede llamar a alguien «soberano» si sus órdenes no son cumplidas, porque nadie puede estar por arriba de un soberano. Si Sun Tzu no cumplió su pedido de no ejecutar a sus concubinas, Ho Lu, ipso facto, deja de ser un soberano. En la actualidad no existe un soberano y un comandante en jefe, al menos en la gran mayoría de los países. El presidente es a su vez el comandante en Jefe, aunque en el caso de España que es una monarquía constitucional el Rey Felipe VI es el comandante en Jefe. Pero en la mayoría de los Estados el presidente es a la vez el comandante en Jefe.
Este libro de Sun Tzu es un tratado sobre la guerra, pero una guerra entre reinos o señoríos orientales y no es aplicable a nuestro presente. En ella no hay una teoría de Nación política ni de Imperio. El libro, gnoseológicamente tiene un gran interés desde el punto de vista β-operatorio, nos dice lo que debe hacer un estratega antes de entrar en guerra, hacer una evaluación previa, apreciaciones sobre las condiciones del terreno, el cuidado del mando y el orden en el ejército.
La primera conclusión es que el gobernante sea recto, que sea justo. Pero lo justo y lo recto, poco importa políticamente y la guerra es política, lo que importa es que el gobernante sea prudente (prudencia política, una distinción que hace Gustavo Bueno), pero esas apreciaciones de lo justo y lo recto, que hace Sun Tzu, nos llevan al mundo de la ética. Y como sabemos la ética está totalmente reñida con la guerra, que es esencialmente política.
Por estas apreciaciones debemos considerar que Sun Tzu es contemporáneo de Confucio y su pensamiento está muy vinculado a este movimiento. En la política de la china clásica nos encontramos con dos corrientes principales, muy influenciadas por el pensamiento filosófico y con fuertes preocupaciones sociales. Una el confucionismo y la otra llamada legalismo, pero que en la política práctica muchas veces se juntaron. Confucio parte del modelo de sociedad feudal, pero invocando para ella una política basada en los principios morales, como el «entendimiento de lo justo» y una escala de valores de afecto y respeto que está formada por las «cinco relaciones».
Esa es la base de la estructura feudal, considerado esencialmente moral. El ideal político confuciano evoca una «edad de oro» idealmente reconstruida y proyectada hacia el futuro. El legalismo de Han-Fei-Tzu, considera que la naturaleza humana es mala y que el hombre actúa bien sólo bajo la recompensa o la amenaza del castigo. Y el Estado, debía ser gobernado por un conjunto de leyes que explique lo que se debe hacer, y el premio o el castigo por cumplirlo o no. El gobernante tiene autoridad y no necesita ser sobrehumano, sólo precisa conocer el arte del gobierno.
Siguiendo el legalismo se erigió un feudo autoritario-militar en el noroeste de China (Ch’in), que dominó al resto del país. La rebelión de la dinastía Hang acabó con los Ch’in, declarándose confucionista, pero en realidad fue un gobierno legalista manejado por confucianos. Es en este contexto en el que nació El arte de la guerra.
En el capítulo III, hay muchas referencias al anhelo de la paz. Sun Tzu parece estar pensando en la paz perpetua (al estilo posterior de Kant o del presidente Wilson) pero no en la paz política. En el capítulo VIII, dice, que las guerras deberían evitar las zonas de encrucijadas, las tierras de nadie. Por lo visto Sun Tzu no manejaba lo que llamamos la teoría de la apropiación. En Sun Tzu no hay fronteras, no hay capa cortical, y su referencia es a lo geográfico militar. Como diría siglos después Yves Lacoste: «La geografía es un arma para la guerra», propio de la geopolítica, pero al ser la geografía un arma, un instrumento, está subordinada en definitiva a la guerra que es política.
Sun Tzu dice: «Por lo general, en la guerra, lo mejor es tomar un estado intacto que destruirlo». «La victoria obtenida por medio del combate no es considerada una gran victoria». Más allá de estas frases erróneas de Sun Tzu, la historia nos enseña muchos ejemplos y nos dice otra cosa. La segunda Guerra Púnica decidió la historia de Occidente, construido sobre el Imperio Romano. La eliminación de los cartagineses (norafricanos) dejó libre el camino a la influencia romana en Europa y la expansión del mundo Occidental, cosa que no hubiese ocurrido si el general romano, Escipión, el africano, no hubiera ganado en Zama.
O, si Aníbal hubiera destruido Roma, como sugería su estado mayor y sus asesores, no destruir Roma fue un grave error político-militar. El viejo Catón, un senador célebre por su severidad y por su retórica, en todo momento recordaba que debían aniquilar al enemigo. Cada vez que hablaba en la asamblea del Senado terminaba repitiendo siempre lo mismo: ¡Delenda est Cartago!, ¡Cartago debe ser destruida! Si no se destruía al enemigo, Roma jamás tendría descanso y viviría con la amenaza permanente de los cartagineses. De hecho, se materializó la Tercera Guerra Púnica.
Escipión Emiliano, descendiente del general que había salvado a Roma en los tiempos de Aníbal, condujo la última Guerra Púnica, los hombres y la ciudad de Cartago sufrieron un duro castigo, los romanos saquearon, quemaron y arrasaron Cartago hasta los cimientos y luego que ésta desapareciera convertida en un montón de ruinas humeantes, los romanos pasaron el arado, sembraron con sal, y maldijeron esa tierra para siempre.
Roma acabó para siempre con su enemigo y quedó como dueño absoluto de toda la cuenca occidental del Mediterráneo. Es lo mismo que aconseja Maquiavelo hacer con el enemigo, obviamente que Maquiavelo era un genio como pensador político y Sun Tzu, no. El libro de Sun Tzu está centrado en tácticas que tienen mucho que ver con el entorno natural, geográfico, propio de las guerras del pasado dependiente de lo geográfico, lo que luego se llamaría Geopolítica. La Geopolítica es una disciplina política que de manera reduccionista y abusiva sigue llamando así a los conflictos o guerras entre Estados.
La actual tecnología en la industria militar, en la indumentaria, armamentos, alimentos, transportes, misiles intercontinentales de largo alcance, satélites, las comunicaciones, los drones, etc., redujeron de manera notable las barreras y condicionamientos geográficos. Los factores climáticos o geográficos en el siglo XXI hasta el final de la segunda década tienen escasa incidencia. Pero a partir de ahora, es un factor importantísimo, tanto es así, que debería dedicarse una nueva disciplina que analice la política de los Estados a partir de los cambios climáticos.
Miyamoto Musashi
En 1643 Miyamoto Musashi escribió El libro de los cinco anillos, (en japonés Go-rin no sho) es un tratado sobre el kenjutsu escrito por Musashi en su vejez, durante su retiro de ermitaño en la cueva de Reigandō en 1643 y finalizado el 19 de mayo de 1645, pocas semanas antes de su muerte. El libro está dedicado a su pupilo Terao Magonojo. Este tratado sobre artes marciales, se considera un tratado clásico sobre la estrategia militar de Japón, en una línea semejante a El arte de la guerra, escrito por el estratega chino Sun Tzu.
Musashi fue un guerrero famoso del Japón feudal, probablemente nació en 1584, en Miyamoto. Miyamoto Musashi es conocido por los japoneses como Kensei, es decir, «esgrimista divino» o «Santo de la espada». A diferencia de otros samuráis o ronin, Musashi desechó en su día la idea de fundar una escuela de kenjutsu (la cual más tarde perfeccionaría y llamaría como Niten Ichi Ryu) aprovechando su fama y prestigio en todo el Japón de la época, y prefirió una vida más espartana de dedicación exclusiva al estudio del arte de la espada mediante constantes viajes y recorridos por el país.
Miyamoto Musashi se transformó en el mayor samurái de su época. Huérfano criado por un tío, desde temprano se interesó por las artes militares, inspiradas en la enseñanza del Zen, sintoísmo (la religión tradicional de Japón) y confucianismo. A los 17 años, como era común en la época, imparte en Musha Shugyo, una jornada de autoperfeccionamiento, en que los samuráis viajaban de ciudad en ciudad, buscando oponentes fuertes para probar su habilidad.
El Musha Shugyo de Musashi lo llevó a tener más de 60 combates entre los 17 y 30 años, sin conocer la derrota. Estas disputas casi siempre se coronaban con la muerte del rival. Estos guerreros enfrentaban la muerte con mucha naturalidad, en las guerras y disputas su actitud era serena, aún frente a la muerte. A los samuráis se les presentaba las artes militares, para que se transformaran en buenos estrategas, valientes y aptos a tomar decisiones extremas y de manera rápida.
A los 30 años, después de vencer a Sasaki Kojirō, considerado uno de los más hábiles samuráis de la época. Musashi considera que había vencido en estos duelos no por haber dominado la estrategia, sino por ser más fuerte, preparado o simplemente por suerte. Pasa entonces a buscar el significado más profundo del Camino de la Espada, que lo lleva a entrar en contacto con otras formas de arte como escultura, pintura, caligrafía y también meditación Zen.
El Libro de Los Cinco Anillos, no se restringió solo a los practicantes del arte de la espada. Hoy, al igual que El arte de la guerra de Sun Tzu, dicen que es referencia para hombres de negocios y de marketing de Japón. Desde la década del 80, en que fue publicado también en Occidente, se considera como uno de los mejores guías psicológicos de estrategia, excelente para profesionales que necesitan imponer su marca por medio de campañas y tácticas de ventas en un mundo competitivo. Pero la guerra no se reduce a lo psicológico o al marketing.
El Libro de los Cinco Anillos, comienza con una introducción, donde el propio Musashi hace una breve presentación de él mismo, expone su experiencia como guerrero y su dedicación por adquirir los principios del Camino de la estrategia del Niten Ichi Ryu. Bajo esta escuela se basa el libro, el cual se divide en cinco volúmenes siguiendo este orden: El manuscrito de la Tierra, el manuscrito del Agua, el manuscrito del Fuego, el manuscrito del Viento y el manuscrito del Vacío. En franca referencia a la Tierra, Agua, Viento, Fuego y Vacío, los cinco elementos del Universo del Budismo.
No voy a analizar cada uno de los manuscritos, porque no es el propósito de este desarrollo, pero para que tengan una idea de su contenido me voy a detener en el Manuscrito de la Tierra. En este manuscrito trata sobre la importancia de la estrategia militar, o como él lo llama: el «Camino de la estrategia». En ella establece cuál es el espíritu y los requisitos morales para aprender este Camino.
Sostiene que su escuela enseña la ventaja que ofrece el estilo de combate con dos sables al mismo tiempo: el sable largo (katana) y el corto (wakizashi). Musashi compara las características del sable con otras armas como la lanza, el arco y la alabarda. Explica la importancia de manejar los tiempos y ritmos en la estrategia. Es decir, la precisión en el tiempo y la oportunidad para vencer.
Compara el camino estratégico del guerrero con el camino de otros oficios como el del agricultor, del comerciante, etc. Musashi habla sobre la planificación, organización y liderazgo, usa metáforas como señalamos la del carpintero, para explicar con detalles como debe ser aplicada la estrategia. En el antiguo Japón se llamaba carpintero al constructor de edificios y no sólo al que construye muebles, en ese tiempo las viviendas eran de madera y sólo las fortificaciones o castillos eran de piedra y madera.
Basándose en como el carpintero (arquitecto) planifica para realizar su trabajo, es así como se debe aplicar la estrategia en el campo militar o en otros oficios. Musashi dice que aquel que dirige correctamente la construcción, selecciona la madera buena y fuerte para las columnas o pilares, la madera menos fuerte para umbrales, puertas. Las maderas nudosas o de mala calidad sirven para ayudar a la construcción como hacer andamios, y luego para hacerlos leña.
Musashi al hacer esta comparación enseña que el líder debe saber seleccionar apropiadamente el personal que reúna el perfil adecuado para lograr la realización de sus proyectos. Debe conocer las habilidades de cada uno de sus subordinados y por lo tanto saber delegar. Y todo aquel que no conozca las características de su personal, tiende al fracaso. Un líder debe saber discernir quién puede ayudar o desempeñarse mejor en una determinada labor.
Miyamoto Musashi establece los principios para alcanzar este Camino, en frases como estas: Piensa honestamente, Entrena constante y mentalmente, Conoce los Caminos de otras profesiones. Distingue las ventajas y desventajas de cualquier asunto, Presta atención aún en los pequeños detalles. Aprende a ver las cosas con un enfoque preciso. Percibe y comprende aquellas cosas que a simple vista no se pueden ver. Haz cosas útiles.
Afirma Miyamoto Musashi que el que domina este Camino es capaz de doblegar a más de veinte enemigos, y finaliza las lecciones de este manuscrito con la siguiente frase: «Saber cómo se gana, ayuda a uno mismo y al prestigio, esto es el Camino de la estrategia». Pero como dije anteriormente esto no es filosofía política. Como sucede siempre, los seguidores de Musashi, dicen que luego de la Segunda Guerra Mundial, en el que Japón quedó devastado, el libro de los Cinco Anillos fue fundamental para el renacer de Japón. Pero la verdad es otra, y es que, sin la ayuda estadounidense y su occidentalización científica tecnológica, y también por la comprobación necesaria de que el Emperador no era un ser divino (había sido derrotado), y la voluntad de un pueblo derrotado, Japón no hubiese surgido de las cenizas.
Creer que los empresarios japoneses, los fabricantes de autos, electrónicos, etc., han aprovechado hábilmente las enseñanzas de este libro, es creer que el motor de la historia son los libros, es desconocer lo que es la economía mundial y los planes políticos u ortogramas. El frenazo económico que ha experimentado Japón y el surgimiento de otros competidores asiáticos, en especial de China, Vietnam, no tiene nada que ver con un libro. Creer eso es parte de una filosofía mundana o trasnochada.
Hay algunos libros previos al de Miyamoto Musashi, que hablan de tácticas de combate y que son muy similares, por ejemplo, el Vagabayita, lectura anónima que data del siglo diez antes de la era cristiana, libro sagrado de las religiones hindúes. El arte de la guerra, de Sun Tzu, que data quinientos años antes que el libro de Musashi, se escribió para el año 1645. Y el escrito de Lao Tze que también trata temas de la guerra y de las estrategias, el escrito data del siglo VI antes de Cristo.
Es muy posible que Musashi haya conocido por vía escrita u oral, los otros escritos sobre la guerra. Los términos y frases que utiliza ya fueron usados por los autores del Bhagavad-Gita, por Lao Tse o Sun Tzu. Los cincos factores que recoge Sun Tzu son la doctrina, el tiempo, el terreno, el mando y la disciplina, y a cada uno de ellos hace referencia los que trabajó Musashi. Y también frases como «Ataca el enemigo cuando no está preparado, y aparece cuando no te espera»; «Evitarle durante un tiempo cuando es más fuerte», que en realidad no son más que frases de sentido común.
Lao Tze también tiene frases al tono como: «El valor del osado le conduce a la muerte. El valor del prudente le conserva la vida», «La mayor conquista en el carácter de un guerrero es su propio temple», «Saber y actuar son uno y lo mismo». Musashi dijo que «Las historias no son más que sucesos contados y escritos a conveniencia de los autores, llenas de mentiras y verdades. Así se describe la historia que nos enseñan». Una frase que muchos sostienen que en su caso se ha cumplido, porque se han dicho muchas cosas reales de él mezcladas con leyendas. Lo que hace difícil saber a ciencia cierta qué es lo que le pertenece, que hay de verdad de las cosas que se cuentan de él o no.
El Artha-shastra.
El Artha-shastra, es un antiguo tratado indio acerca del arte de gobernar, la política económica y la estrategia militar. Al autor se lo identifica en el libro por los nombres de Kautilia y Visnú Gupta, que tradicionalmente se identifica con Chanakia Pandit (350-283 a.C), quien fue un erudito paquistaní de Taksila y luego primer ministro del reino Mauria. Los diferentes estudiosos tradujeron la palabra Artha-shastra de muchas maneras, por ejemplo, Monier-Williams: «libro sobre vida práctica y gobierno político», entendiendo artha, como «desarrollo económico, vida práctica, gobierno político», y śāstrá, «escritura sagrada, libro».
R. P. Kangle: «ciencia de la política», «tratado de ayuda para que el rey adquiera y proteja la tierra». A. Basham L., como «un tratado sobre la forma de gobierno», D. D. Kosambi, como: «ciencia de la ganancia material». G. P. Singh, como «ciencia de la política». Para Roger Boesche: «ciencia de la economía política». El mismo Roger Boesche describe el Artha-shastra como «un libro de realismo político, un libro que analiza cómo funciona el mundo político e indica cómo debería funcionar, un libro que revela con frecuencia a un rey qué medidas calculadoras y a veces brutales debe llevar a cabo para preservar el Estado y el bien común».
Si realmente Kautilia o Visnugupta (también así se lo escribe) son el mismo ministro Chanakia del reino Mauria, entonces el Arthashastra (también se escribe de este modo) sería del siglo III antes de Cristo. Pero existen ciertas afinidades con los smritis (textos sobre tradición religiosa) y algunas referencias en ese siglo habrían sido anacrónicas (entendidas, no obsoletas sino todavía inexistentes), por lo que sugieren que el Arthasastra se habría escrito entre el siglo II y el siglo IV d. de C.
Thomas R. Trautmann y Mabbett coinciden en que el Artha-shastra no puede ser anterior al siglo II, pero sí está basado en material anterior. K. C. Ojha propone que la tradicional identificación de Visnugupta con Kautilia fue causada por una confusión entre editor y autor, y sugiere que Visnugupta es, de hecho, un recopilador de la obra original de Kautilia. Thomas Burrow va más allá y dice que Chanakia y Kautilia en realidad son dos personas diferentes. Y al final de este tratado Artha-shastra, dice: Este shastra ha sido escrito por alguien que rescató rápidamente a las Escrituras de la intolerancia (o el desgobierno) que habían pasado al rey Nanda.
El texto tuvo mucha influencia hasta el siglo XII, luego desapareció, pero continuó siendo conocido a través de referencias a él en las obras de Dandin, Bana, Visnu Sharma, Mallinathasuri, Megástenes, etc. En 1905, Rudrapatnam Shamasastry, el sanscritólogo (1868–1944), que trabajaba en el Oriental Research Institute Mysore (instituto de investigaciones orientales de Misore), cuya biblioteca albergaba miles de manuscritos sánscritos en hojas de palma, dijo haber descubierto el texto del Artha-shastra, escrito en letra grantha.
El texto había sido enviado por «un pandit del distrito de Tanyore a la Biblioteca Oriental». Rudrapatnam Shamasastry transcribió el texto y en 1909 lo publicó en letra devanagari. Lo tradujo al inglés, y lo publicó en 1915. Este descubrimiento fue considerado como «un acontecimiento trascendental en la historia del estudio de la antigua política india». Luego en otras partes de la India se descubrieron más copias del Arthashastra.
El Artha-shastra aboga por una gestión autocrática de una economía eficiente y sólida. Se discute la ética de la economía y los deberes y obligaciones de un rey. El alcance de Arthasastra, sin embargo, es mucho más amplio que el arte de gobernar, y ofrece un resumen de todo el marco legal y burocrático de la administración de un reino, con una riqueza de detalles descriptivos sobre temas culturales, tales como la mineralogía, minería, metales, agricultura, ganadería, medicina y el uso de la fauna silvestre.
El Artha-shastra también se centra en cuestiones de bienestar (por ejemplo, la redistribución de la riqueza durante una hambruna) y la ética colectiva que mantienen unida a la sociedad. El Artha-shastra se divide en 15 libros, y algunos títulos son: Acerca de la disciplina. El objetivo de las ciencias productivas y del castigo. El nombramiento de ministros. Los límites de los sentidos. El establecimiento de informantes. La protección dentro del propio estado. Las sesiones del Consejo de Estado. La misión de los embajadores. La protección de los príncipes. Las funciones del rey.
Los deberes del rey con respecto a su harén. Los deberes de los ministros de gobierno. El oficio del contador. Examen de la conducta de los servidores públicos. El superintendente de comercio. Descubrir desviaciones de impuestos realizadas por funcionarios corruptos. El superintendente de aduanas. El superintendente de las prostitutas. El superintendente de los elefantes. Acerca de la ley. El matrimonio y sus deberes. La propiedad de la esposa y las indemnizaciones debidas. Los deberes de la esposa. La difamación. La agresión. La eliminación de espinas. El juicio y la tortura para obtener una confesión. La pena de muerte, con tortura y sin ella. Relaciones sexuales con niñas. La conducta de los cortesanos. La fuente de los estados soberanos.
El fin de la política séxtupla. Adquisición de oro y compra de amigos. Acerca de los vicios y calamidades. Consideraciones sobre las dificultades enfrentadas por el rey y su reino. El trabajo de un invasor. Acerca de la guerra. La conducta de las empresas. Acerca de un poderoso enemigo. Medios estratégicos para capturar una fortaleza. Métodos secretos. El planeamiento de un tratado.
El texto fue influyente en otros textos hindúes que siguieron, tales como las secciones sobre el rey, el gobierno y los procedimientos legales incluidos en Manusmriti. La última edición basada en este manuscrito fue publicada por Muni Jina Vijay en 1959. En 1960, RP Kangle publicó una edición crítica del texto, sobre la base de todos los manuscritos disponibles. Numerosas traducciones e interpretaciones del texto se han publicado desde entonces.
El libro más grande es el segundo, con 1.285 oraciones, mientras que el más pequeño es el undécimo, con 56 frases. El libro entero tiene cerca de 5.300 frases sobre la política, la gobernabilidad, el bienestar, la economía, la protección de funcionarios clave y rey, recogida de información acerca de los estados hostiles, formando alianzas estratégicas y desarrollo de la guerra, exclusivo de su tabla de contenidos y el último libro de estilo epílogo. El examen detallado de los datos astronómicos y nombres sugiere que la obra fue compuesta en la actual Gujarat y el norte de Maharashtra.
En el texto al analizar la guerra, tema que nos interesa, nos dice: Uno puede perder una guerra tan fácilmente como uno puede ganar. La guerra es inherentemente impredecible. La guerra también es cara. Evitar la guerra. Trate Upáya (cuatro estrategias). Entonces Sadgunya (seis formas de presión, no la guerra). Comprender al oponente y tratar de burlar a él. Cuando todo falla, recurrir a la fuerza militar.
El libro Arthashastra habla de la guerra, y considera numerosos escenarios y razones para la guerra. Clasifica la guerra en tres grandes tipos: de guerra abierta, la guerra encubierta y guerra silenciosa. Totalmente diferente a la clasificación que hace Gustavo Bueno, de acuerdo a los géneros de la guerra. Le dedica capítulos a la definición de cada tipo de guerra, cómo participar en estas guerras y cómo detectar que uno es un objetivo de tipos encubiertas o silenciosas. Advierte que el rey debe conocer lo que es la prudencia política (sin nombrarlo) cuando debe considerar la posibilidad de elegir entre hacer la guerra y la paz.
«Cuando el grado de avance es el mismo en la búsqueda de la paz y hacer la guerra, la paz es preferible. Porque, en la guerra, hay desventajas tales como pérdidas, gastos y ausencia del hogar». Sostiene que el Estado siempre debe estar fortificado de forma adecuada, las fuerzas militares preparadas y tener recursos para lo que la guerra demande. Kautilia es favorable a la paz sobre la guerra, porque cree que, entre la paz y la guerra, la paz es más propicia para la creación de riqueza, la prosperidad y la seguridad de las personas.
Kautilia tiene una concepción armonista sobre la paz política, y se aleja del realismo político, ya que, si uno no quiere la guerra, pero el otro sí, pues habrá guerra. Sin embargo, considera necesario todos los medios para ganar una guerra, como el asesinato de líderes enemigos, sembrar la discordia en su liderazgo, el compromiso de hombres y mujeres encubiertas en la persecución de objetivos militares y como armas de guerra.
El despliegue de las supersticiones y la propaganda para reforzar las propias tropas o desmoralizar a los soldados enemigos, las hostilidades abiertas mediante el despliegue de las fuerzas armadas del reino. Tras el éxito en una guerra por el estado justo, noble y victorioso, se aboga a favor de la integridad de los soldados y los vencidos. Estado victorioso, sí, ¿pero justo?
Las teorías expuestas en este libro son similares a otras teorías sobre la guerra y la paz en la antigua tradición india, y también contrapuestas. Por ejemplo, las leyendas en las epopeyas hindúes predican heroísmo que están en contraste con Kautilia, quien sugiriere la prudencia y sin olvidar los cuatro objetivos hindúes de la vida humana.
El Kamandaki Nitisara, similar al Arthashastra, un clásico hindú en el arte de gobernar y la política exterior, sugiere la prudencia, el compromiso y la diplomacia, la paz es preferible y debe buscarse, y sin embargo preparado para sobresalir y ganar la guerra si uno se ve obligado a la misma. En el año 1919, unos pocos años después de la traducción de la Arthashastra, Max Weber afirmó, que es verdaderamente radical «maquiavelismo», en el sentido popular de la palabra, se expresa clásicamente en la literatura india en el Arthashastra de Kautilia (escrito mucho antes del nacimiento de Cristo, aparentemente en el momento de Chandragupta): en comparación con ella, de Maquiavelo «El Príncipe» es inofensivo.
La visión que tiene Max Weber de ambos libros es equivocada, lo mismo que Roger Boesche, en su libro, La primera gran política realista: Kautilya y su Artha-shastra: dice «(…) es turbada cuando volvemos a Maquiavelo después de leer los escritos militares de Kautilya. Resulta bastante evidente que Maquiavelo no tiene nada que decirnos otra vez sobre la guerra, porque él creía que los griegos y romanos de la antigüedad sabían todo lo que hay que saber, excepto cosas tales como artillería».
Para Roger Boesche el Arthashastra representa un estado de bienestar burocrático, una especie de monarquía socializada, en el que el gobierno central administra los detalles de la economía para el bien común. Lo considera una obra de un genio en materia de política exterior y el bienestar, incluidos los principios de las relaciones internacionales desde el realismo.
En textos de la antigüedad se identifica al autor del antiguo texto sánscrito llamado Artha-shastra, con el nombre de Visnú Gupta (aquel que —a pesar de que aparenta ser un ateo— tiene escondido al dios Visnú en el corazón). En cambio, Kautilia (siendo Kautilia: falso, engañoso, deshonesto, astuto, maquiavélico) que se han identificado tradicionalmente como epítetos de Chanakia, a veces favorable y desfavorable.
Este libro describe un Estado ideal en función de su interés, poniéndose al margen de toda consideración ética o jurídica. El rey debe ser el centro de un círculo de Estados, y por lo mismo considera al vecino fronterizo del país, como un enemigo natural (distinción de amigo-enemigo político), mientras que el vecino del país enemigo es aliado natural del primero. Dispone de la pena de muerte para aquellos que no acataban las órdenes del rey.
Para muchos, al igual que los libros antes citados, la supuesta grandeza actual de la India, a la sociedad política, se debe a la aplicación de este libro. Y no mencionan el pasó del imperio depredador inglés, que para mal y para bien, marcó un antes y un después, el mismo Karl Marx así lo creyó. La India actual, es la consecuencia de muchos factores empezando con el imperio británico, los grandes empresarios que adquirieron fortuna y conocimiento tanto en Inglaterra, Estados Unidos o Canadá.
No hay que olvidar, que aún la India está en la nómina del Banco Mundial y que recibe ayuda económica de organismos mundiales, es uno de los países con mayor pobreza del mundo, y a pesar de tener armamento nuclear en una cantidad limitada, pero nada despreciables, y que militarmente no puede con Paquistán y mucho menos podría aun con China.
Continuará…
27 de marzo de 2025