

EL FIN DEL G-20
Nuevas realidades políticas
Ricardo Veisaga
El Grupo de los 20 (G20), es un foro integrado por países industrializados y emergentes, y consta de 19 países miembros de todos los continentes, como Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica y Turquía.
A estos 19 países se suma una representación por la Unión Europea. También concurre un país invitado de manera permanente como España. El país organizador puede invitar a otros de manera ocasional, este año fueron invitados Chile y Países Bajos, más conocido como Holanda. El G-20 cuenta además con 14 organizaciones internacionales socias, cuyas presidencias también integran el foro, 7 son de alcance mundial:
Naciones Unidas (ONU), Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Mundial, el Consejo de Estabilidad Financiera (FSB), la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Organización Mundial de Comercio (OMC) y Organización Mundial de la Salud (OMS). Y 7 regionales: Unión Africana, Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), la Nueva Alianza para el Desarrollo de África (NEPAD), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la Comunidad del Caribe (CARICOM), Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF).
El G-20 cuenta con grupos de participación de la sociedad civil, llamados grupos de afinidad: Business 20 (B20) para empresarios, Civil 20 (C20) para ONGs, Labour 20 (L20) para sindicatos, Science 20 (S20) para científicos, Think 20 (T20) para institutos de investigación, Women 20 (W20) para organizaciones feministas y Youth 20 (Y20) para organizaciones juveniles.
La próxima cumbre se realizará en Japón en noviembre de 2019, correspondiendo hasta entonces la presidencia del grupo a su primer ministro, Shinzō Abe. En conjunto las entidades políticas representadas en el G20 reúnen el 66% de la población mundial y el 85% del producto bruto mundial.
Digamos que este grupo tiene un peso excepcional, pero los que cortan el bacalao son dos: Estados Unidos y China, Rusia viene por detrás, que económicamente es muy débil, tiene un PBI similar a Italia con mucha mayor población y un extenso territorio, saca ventaja por su armamento nuclear y el derecho a veto en la ONU. Es decir que este grupo bien podría reducirse y denominarse el G2 o G3.
Al cierre del congreso el presidente argentino Mauricio Macri dijo: «Hoy tenemos una Argentina conectada al mundo como nunca antes en su historia», dicho esto en medio de una enorme crisis económica. Hace cien años Argentina estaba al frente los cuatro países más ricos del mundo, algo que no pudo lograr ningún país hispanoamericano, incluyendo a España y Portugal.
Argentina es un caso ejemplar para ser estudiado en las facultades de economía, ciencias políticas y sociología del mundo. Todo lo que se debe evitar para no pasar de país rico a país pobre (como evitar el populismo). El fin de la cumbre fue muy satisfactoria para el país organizador, Argentina, en primer lugar, los mandatarios pudieron ponerse de acuerdo en un documento final cuando hace solo dos semanas el Foro de Cooperación Económica de Asia Pacífico (17-18 de noviembre en Papúa, Nueva Guinea), no pudo alcanzar una declaración final de consenso desde su creación, debido a la posición de Estados Unidos y de China.
Tampoco el (G7), grupo de las siete economías más importantes del mundo pudo sumar a Estados Unidos en el texto final pactado por sus líderes durante la cumbre celebrada el pasado mes de junio. A esto hay que sumarle que las clásicas marchas organizadas por las izquierdas, normalmente violentas, como sucedió en Hamburgo el año pasado, fueron controlados con éxito. En un momento económicamente difícil para Argentina, el presidente Mauricio Macri mantuvo 17 encuentros bilaterales en apenas cuatro días, que respalda su programa de Gobierno de «insertarse en el mundo» con el objeto de atraer inversiones.
«La Argentina ha demostrado que somos capaces de tener muy buenas relaciones con todos los países. Tenemos una excelente relación con Estados Unidos, que siempre ha sido el principal inversor, y tenemos una excelente relación con China», dijo Macri. El mejor fue con Trump, quien reafirmó su apoyo al proceso argentino de reformas económicas, y reiteró el respaldo al ingreso de la Argentina a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos).
Otra reunión de trascendencia bilateral fue con la primera ministra del Reino Unido, Theresa May, el primer encuentro a ese nivel tras la guerra de Malvinas, en 1982; como plus, el Reino Unido también apoyó el ingreso de la Argentina a la OCDE. Macri y May alabaron el acuerdo estratégico entre la telefónica británica Vodafone y Telecom, y promover más inversiones británicas en la Argentina, en sectores como energía y minería, clave para la Argentina en los próximos años.
May le avisó a Macri (y al resto del mundo) que a partir del Brexit (marzo de 2019) Gran Bretaña ya fuera de la Unión Europea, estará en libertad de replantear sus contactos comerciales con el Mercosur. También se robusteció las relaciones con Rusia y con Alemania, después de las reuniones bilaterales de Macri con Vladimir Putin, y con Ángela Merkel. Se consiguió «muchos financiamientos para proyectos de agua potable, residuos e infraestructura vial, por 3.000 millones de dólares», según el propio Macri.
La Corporación para la Inversión Privada en el Extranjero estadounidense (OPIC, por sus siglas en inglés), pondrá 813 millones de dólares para financiar obras de infraestructura y desarrollos energéticos en Vaca Muerta por 3.000 millones de la misma moneda. China comprometió inversiones por 1.089 millones de dólares para el tren de cargas San Martín, financiará un tramo de las autopistas PPP y ampliará sus compras de aceites y porotos de soja.
El Banco Europeo de Inversiones prestará para obras de infraestructura 322 millones. Y entidades francesas prestarán otros 364 millones para obras de vigilancia marítima, entre tantos otros anuncios efectuados luego de decenas de reuniones ministeriales. Más allá de los acuerdos y de las líneas de financiamiento que se habilitaron en la Cumbre, el apoyo más concreto logrado por la Argentina fue el acuerdo por el desembolso de los 57 mil millones de dólares con el FMI.
El hecho de ser el anfitrión de la reunión global, contribuyó al otorgamiento de ese crédito, que resultó el paraguas financiero para tratar de encauzar una situación muy difícil. En el corto plazo no hay impacto. Pero sí, en el mediano o largo plazo, dado que la flexibilización del Mercosur, le permitirá al país negociar otro tipo de acuerdos de libre comercio que, hasta ahora, la Argentina no podía hacer. En especial, cuando asuma en Brasil, el futuro presidente electo Jair Bolsonaro.
El dólar bajó 1,15 y cayó 26 puntos el riesgo país para perforar el piso de las 700 unidades, hasta ubicarse en 680 puntos básicos, atribuidas al swap de monedas con China anunciado el último domingo que fortalece las reservas del Banco Central en 8.700 millones de dólares.
Fue de enorme influencia la tregua pactada por Donald Trump y Xi Jinping en Buenos Aires. Aumentó el precio de la soja que repuntó casi 1,5% al cerrar en 332,44 la tonelada en Chicago. La bolsa de Buenos Aires reaccionó con un alza de 1,3%. El Merval argentino subió 1,3%. Otro efecto de la tregua entre China y Estados Unidos es lo que ocurrió con el caso del petróleo cuya cotización en el caso del Brent, del Mar del Norte, y que Argentina sigue como indicador, se fortaleció en los 61,92 dólares.
Esa es, precisamente, la cotización que se sigue para inversiones en Vaca Muerta, la reserva de petróleo más importante de Argentina. La baja del dólar fue más importante en Argentina que en el resto de la región. En Brasil, descendía un 0,8%, en México, un 0,5% y en Colombia, un 1,4%. A su vez el Banco Central informó que sobre cumplió la meta de emisión cero, algo que los mercados leyeron con tono muy positivo.
El comunicado final habla de «comercio justo» y acepta que existen «problemas actuales de comercio», pero borra cualquier condena al proteccionismo. Dijo Macri «Estados Unidos no aceptó ese encasillamiento, cuando es la economía más abierta del mundo. No acepta ese etiquetado». Macri cedió la presidencia de la cumbre del G20 a su homólogo de Japón, Shinzō Abe, cuyo país será en 2019.
Distintos analistas sostienen que los países que más aprovecharon la cumbre fueron Estados Unidos, Argentina y Japón. Pero el verdadero ganador fue Donald Trump, sin necesidad de mostrar su enojo se llevó del G20 un documento donde ratifica su salida del Acuerdo de París, y puso sobre la mesa la reforma de la Organización Mundial de Comercio (OMC). También, firmó junto a Justin Trudeau, de Canadá, y Enrique Peña Nieto, de México, el nuevo acuerdo comercial muy cercano a sus deseos y dando por muerto el Nafta. Además de los acuerdos con el premier japonés Shinzō Abe.
El presidente ruso Vladimir Putin, si bien es cierto que no fue derrotado pero su actuación fue deslucida, más allá del «choque las cinco» con Mohamed Bin Salman. Donald Trump le canceló la cumbre bilateral que tenían programada, pero la misma cancelación le evitó escuchar los reproches del gobierno estadounidense por la captura de 24 marineros ucranianos en el Mar de Azov.
Pero varios hablaron de la agresión rusa contra Ucrania en el estrecho de Kerch directamente con Putin, pero no hubo ninguna referencia a ésta en la declaración. Como tampoco lo hubo sobre el brutal asesinato del columnista disidente Jamal Khashoggi en octubre en el consulado de Arabia Saudita en Estambul. Mohamed Bin Salman, heredero al trono en Arabia Saudita, se fue mejor de lo que llegó.
Su cálido y mediático saludo inicial con Vladimir Putin le dio aire ante las cámaras de televisión, en momentos en que la CIA y Turquía lo acusaban por ordenar el crimen de Khashoggi, y la justicia argentina tuvo que atender una denuncia de Human Rights Watch (HRW). Mientras otros mandatarios, fuera de la agenda del G20, realizaron un tour gastronómico, el príncipe de Arabia Saudita, optó por las carnes del dueño de Las Cabreras, quien fue a cocinar a la embajada de ese país bajo la estricta mirada de los agentes de seguridad.
El brasileño Michel Temer y Enrique Peña Nieto, llegaron a Buenos Aires con sus tiempos prácticamente agotados. El primero entregará el poder el próximo 1 de enero y la sombra de Jair Bolsonaro planeó sobre la cumbre. Emmanuel Macrón, responsabilizó a Temer por el futuro de las negociaciones entre la Unión Europea (UE) y el Mercosur, sin aludir al proteccionismo al agro de su gobierno.
Enrique Peña Nieto, sólo participó de las sesiones del viernes, ya que debía regresar a su país para la asunción presidencial de Andrés Manuel López Obrador. El turco Recep Erdogan, no sólo fue testigo de cómo Bin Salman rompía el aislamiento, sino que tuvo que responder a una pregunta que nunca le harían en su país. «¿No es hora de que Turquía reconozca el genocidio armenio?», lo interrogó un periodista argentino, bisnieto de una de las víctimas. «Nadie puede decir que Turquía haya hecho un genocidio contra los armenios», contestó muy tenso el turco.
El ruso Vladimir Putin, el príncipe heredero saudí, el autócrata turco Erdogan y el presidente chino Xi Jinping, son considerados como gobiernos que no tienen mucho respeto por la ley y la justicia, entre los que se sentaron en la mesa del G20. También muchos de esos países, luego de recuperar la cordura, piensan en aquello de «mi país primero». En Brasil asumirá un gobierno no muy amigo de los organismos internacionales, en México, un populista de izquierda (los populistas, solo son de izquierdas, prometen algo que nunca podrán cumplir, lo que es la esencia del populismo) acaba de asumir el cargo.
Todo este panorama adverso se cierne sobre la próxima cumbre del G20 en Osaka, Japón. ¿Dónde están esos genios que se reían de Trump en la ONU? En la política pura y dura no caben las actitudes moralistas, la realpolitik se encarga de poner en su sitio a cada uno. Cuando se gobierna con prudencia y los países son tan necesitados de otros países, los crímenes y el autoritarismo no tienen lugar en el mundo político, en un mundo donde luego cada uno ejercerá su moralismo.
Una de las mayores enseñanzas de esta cumbre, es lo que vengo repitiendo hasta el cansancio, la moral no manda a lo político, el avance y desarrollo de los países no casan con los discursos éticos-morales, deben convivir con el pragmatismo. Los verdaderos hombres políticos deben abandonar esa filosofía tramposa, que tan bien nos explicara en un texto titulado «Sobre la filosofía de universidad», Arthur Schopenhauer.
Una crítica lucida y ácida sobre los profesionales del pensamiento que abandonan la búsqueda filosófica genuina en pos de la tranquilidad mediocre del academicismo estamental, conformista, acrítico y en sintonía con «la chusma» como llama Schopenhauer a lo que hoy llamaríamos opinión pública. Schopenhauer se enfrenta también con los «filósofos de Estado» los que se subordinan a una burocracia dominante. Y también contra aquellos que apedrean conceptualmente a un gobierno, al sólo efecto de sustituirlo por otro.
Luego de diez años de su creación a nivel de jefes de Estado, el Grupo de los 20 está en decadencia para resolver problemas globales. Establecido en 2008 como un recurso para regular los mercados financieros internacionales, en medio de una apabullante crisis mundial, es evidente que el formato del G20 perdió su poder. Según entiendo estos foros como numerosas instituciones internacionales fueron o aún son, el soporte de una agenda mundialista en detrimento de los estados soberanos.
Ahora, básicamente, con la llegada de Donald Trump al gobierno de la mayor potencia mundial, enemigo de la concepción ideológica mundialista, se ven fatales al no poder implementar su voluntad política. Los países de segundo orden que comulgan con dicha ideología, llámese Unión Europea, al carecer del poder militar para imponer su agenda, se valían de estos foros para someternos a su voluntad.
La obstinada actitud de la decadente canciller alemana, Angela Merkel, del niñato primer ministro canadiense Trudeau, el presidente francés y los representantes de la UE, quienes continúan agitando la bandera del multilateralismo. Incluso dentro de la UE, hay una fuerte reacción a esa agenda mundialista. Después del brexit, el ejemplo más reciente de este cambio es el de Italia. La gran sorpresa ocurrida en España, en las elecciones en Andalucía, donde el partido Vox, un partido patriota españolista, partiendo de cero bancas obtuvo 12. Logrando ganar en lugar donde se encuentra el mayor número de inmigrantes norafricanos.
Hace pocas semanas, una declaración de Hillary Clinton, provocó la repulsa de otros progres cuando declaró que con el tema de la inmigración se les había ido de las manos, que habían exagerado. El líder del movimiento deconstructivista de ese pretendido orden apátrida es, sin duda, Donald Trump.
De acuerdo al comunicado del G20, es cáscara vacía. Mientras los líderes se comprometen a reformar el sistema de comercio internacional, estos mismos se aplican aranceles punitivos entre sí, para obtener un pedazo del pastel económico global. Trump puede acelerar la obsolescencia del G20, en cuya cumbre participó solo esporádicamente, dejando el folclore para los demás. El G20 podrá continuar en los próximos años, pero puede convertirse en un muerto viviente, a la espera en el corredor el turno de su ejecución política.
El presidente de la potencia estadounidense, Donald Trump, y el emperador del Medio Xi Jinping, se comprometieron a seguir las negociaciones para buscar una solución a las exigencias de estados Unidos. Este compromiso es solo temporal (90 días). Washington fue un paso más allá en su carga contra China: informó en un breve comunicado firmado por la portavoz de Trump, Sarah Sanders, de que la reunión entre Trump y Macri, se había concentrado en «la actividad económica depredadora china».
La palabra depredadora, la misma que uso desde hace mucho tiempo para calificar al imperio chino, esa palabra «depredadora» («predatory Chinese economic activity», fue el texto completo en inglés) y cayó como una bomba en la cumbre. El viceministro chino de Comercio Wang Shouwen dijo que los aranceles existentes continuarán al 10%, y no se impondrán a productos nuevos. Y que continuarán las negociaciones para encontrar una solución que permita retirar estos gravámenes.
Si para entonces no se consigue un consenso, los aranceles se elevarán hasta el 25%, la tarifa que se esperaba que entrase en vigor a partir del 1 de enero. La Casa Blanca confirmó el acuerdo de tregua. Según Washington, Beijín comprará «una cantidad aún no decidida, pero muy sustancial, de productos agrícolas, energéticos, industriales y otros a Estados Unidos para reducir el desequilibrio comercial entre nuestros dos países». En cuanto a los productos agrícolas uno de los objetivos fijados por Trump, comenzarán las compras de inmediato.
Trump y Xi Jinping, según la Casa Blanca, «han acordado empezar inmediatamente negociaciones sobre cambios estructurales con respecto a la transferencia forzosa de tecnología, protección de la propiedad intelectual, barreras no arancelarias, piratería e intrusiones informáticas, servicios y agricultura». Trump antes de la reunión con Xi Jinping en Buenos Aires, amenazaba con elevar al 25% el 1 de enero los aranceles del 10% que ahora impone Estados Unidos sobre 200.000 millones de dólares de productos chinos.
Esta amenaza inquietó no solo a China, sino a todo el mundo. La Casa Blanca, comunicó que China, «en un maravilloso gesto humanitario», designará el fentanilo como una sustancia controlada y castigará «con la mayor pena de acuerdo con la ley» a quienes vendan esta sustancia a Estados Unidos. El fentanilo es un analgésico entre 50 y 100 veces más potente que la morfina, cuyo uso se ha vinculado al crecimiento de las muertes por sobredosis de opiáceos en Estados Unidos.
Esta sustancia entra en ese país principalmente por el tráfico de grupos mafiosos en China y México. De manera inmediata se discute sobre cinco áreas en las que Estados Unidos exige reformas a China: la transferencia forzosa de tecnología, la protección de la propiedad intelectual, las barreras no arancelarias, la piratería y las incursiones informáticas, los servicios y la agricultura. Beijíng, ve alejarse la amenaza a sus productos hasta después de la pausa del Año Nuevo chino (en febrero). China ha cedido, a primera vista en productos necesarios como en el caso de los agroalimentarios. Wang Yi, expresó que Beijíng está dispuesto a contribuir para resolver las quejas «legítimas» de Estados Unidos.
La fecha fijada por Trump para la imposición de aranceles, el 1 de marzo, coincide con el comienzo de la sesión legislativa anual en China, los 15 días en los que la Asamblea Nacional Popular (ANP) se reúne en el Gran Palacio del Pueblo de Beijíng para dar su visto bueno a los presupuestos y propuestas legislativas del Gobierno. Para Xi Jinping, cuestiones relacionadas con su política industrial o de tecnología afectan directamente a sus planes para convertir a China en una gran potencia tecnológica en menos de una década.
Las exportaciones de China a Estados Unidos en 2017 fueron de 506.000 millones de dólares. Mientras, las que salieron hacia China ascendieron a 130.000 millones de dólares. En junio, Donald Trump aplicó un arancel a productos chinos por 53.000 millones de dólares. Más tarde, en septiembre, amplió la medida a productos por otros 200.000 millones, una decisión aplazada por la tregua. Además, Washington amenazó con tasas por otros 267.000 millones si China tomaba represalias.
China replicó en julio de este año con aranceles a los productos estadounidenses por 34.000 millones de dólares, en agosto por 16.000 millones y en septiembre por 60.000 millones. En resumen, la cumbre de Buenos Aires, fue más para evitar que para hacer, Estados Unidos y China evitaron una escalada en su guerra comercial. El príncipe saudí Mohamed Bin Salman evitó el rechazo pese a su papel en el asesinato de Khashoggi y Putin ha evitado cualquier sanción por su última agresión a Ucrania.
Trump puede utilizar el nuevo tratado comercial con México y Canadá (USMCA, en sus siglas en inglés) para presionar a China. El texto incluye una cláusula muy clara en este sentido: Washington se las ingenió para incluir en el capítulo 32 del acuerdo marco pactado la semana pasada una disposición que le permitirá vetar cualquier pacto de librecambio que sus socios firmen con economías que no se consideran de mercado (como China).
Y lo hace, además, bajo la amenaza de retirarse del USMCA. La provisión número 10 establece expresamente que Estados Unidos, México o Canadá deben comunicar con tres meses de antelación al resto de socios que van a iniciar un proceso de negociación para un acuerdo de libre intercambio con un tercero que no se considere economía de mercado. «La parte deberá facilitar la mayor información posible sobre los objetivos de la negociación», estipula el acuerdo firmado en Buenos Aires.
Asimismo, se deberá distribuir el borrador del acuerdo para que todas las partes tengan «oportunidad» de revisarlo y plantear cambios al acuerdo bilateral 30 días antes de la firma. Trump ya dejó claro, durante la presentación del USMCA, que el objetivo de los cambios introducidos al viejo TLC es cerrar puertas traseras que permiten a terceros introducir productos libres de aranceles.
La cláusula, va a dificultar la capacidad de México y Canadá para ampliar sus lazos comerciales con terceros países que no entran en la categoría de economías de mercado. China fue la palabra más repetidas por Trump en la rueda de prensa luego del acto tripartito. Sostuvo que la fuerza de los aranceles fue lo que permitió cerrar el acuerdo con México y Canadá y espera que la mano dura sirva ahora para acelerar la negociación con la Unión Europea (UE) y Japón.
Pero considera que no se dan las condiciones para dialogar con Beijíng. Los expertos en acuerdos comerciales del American Enterprise Institute indican que esta provisión da a la Administración Trump un veto efectivo sobre cualquier acuerdo comercial de sus socios con China. La cláusula del capítulo sobre las excepciones y las disposiciones generales estipula, en el cuarto párrafo, que cualquier socio podrá descolgarse del USMCA si el acuerdo de librecambio de una de las partes con una economía que no es de mercado no se considera apropiado u omite las modificaciones propuestas.
En ese caso, el pacto trilateral se sustituirá en seis meses por uno bilateral. La cláusula, podría llevar a un aislamiento total de China si Estados Unidos logra incorporar una disposición similar con la Unión Europea y Japón. Esta dificultad para poder negociar acuerdos de librecambio se entiende, como una vía para forzar a que China cambie sus prácticas comerciales y las ponga en línea con las reglas de juego, especialmente en términos de propiedad intelectual.
China, solicitó ser reconocida por la Organización Mundial de Comercio como una economía de mercado. Estados Unidos y la UE cuestionan, sin embargo, que se dé este paso bajo el argumento de que el Estado chino está dando ayudas públicas a su industria que son contrarias a la competencia, porque restringe el acceso de rivales extranjeros y contribuye a hundir los precios.
Canadá, el año pasado tenía intención de negociar con China un tratado de libre intercambio para diversificar sus exportaciones. Pero las discusiones bilaterales no llegaron a nada. Los legisladores canadienses están sorprendidos con la cláusula, y la consideran restrictiva de la independencia del país y que le hace «rehén» de las decisiones de Estados Unidos.
Si los legisladores de Canadá están convencidos de lo nefasto para su país deberían votar en contra del acuerdo. Sin embargo, el ministro canadiense de Finanzas, Bill Morneau, le quitó dramatismo al condicionante, sosteniendo que los tratados comerciales incluyen cláusulas que permiten abandonar el tratado comercial. La diferencia, es que se hace una referencia expresa a las economías que no son de mercado, en reconocimiento a la importancia que se da a la apertura de los mercados y promocionar el libre comercio.
«Es muy claro que México es el gran perdedor de ese tratado de libre comercio al que le cambiaron las siglas por T-MEC. Estados Unidos se arroga el derecho de vetar cualquier acuerdo comercial, lo que no se dice explícitamente, pero es exprofeso, con una tercera potencia sin la anuencia de Trump. Es decir, todo esto fue interpretado como un veto contra China», sostuvo el analista de izquierdas y antisemita Jalife-Rahme.
«Y esto es un desastre porque muchos de nuestros proyectos de infraestructura como el Tren Maya o el Transístmico tenían como fundamento el financiamiento chino», y añadió. «Y lo peor, más allá de la cuestión energética que López Obrador ha estado ahora difundiendo, es en los rubros del siglo XXI que son el Internet y la cuestión digital donde nos hicieron papilla», dijo en entrevista con Sputnik y radio M24, medios prosoviéticos que se quedaron en el tiempo.
Para muchos mundialistas, la declaración del G20 ya no defiende el libre comercio y el cambio climático. El comunicado final que evita la condena al proteccionismo, o lo que ellos consideran proteccionismo. Donald Trump logró que el comunicado final incluyera un «apoyo a una necesaria reforma de la OMC (Organización Mundial de Comercio) para mejorar su funcionamiento». Trump ha cuestionado a este órgano regulador de los intercambios de productos.
No obstante, el texto reconoce que «el comercio internacional y la inversión son importantes motores de crecimiento, productividad, innovación, creación de empleo y desarrollo». Trump no sólo ha cuestionado a la OMC, sino que advirtió que lo abandonaría. El lenguaje suavizado del G20 señala una derrota para los defensores de la globalización y de instituciones como la OMC.
Estados Unidos fue el que obtuvo mejores resultados de los 20 asistentes, de acuerdo con Thomas Bernes, miembro distinguido del Centro de Innovación de Gobernanza Internacional de Canadá. «Ésta es la redacción más suave sobre el comercio que hemos tenido», dijo Bernes. «Los 19 decidieron enterrar sus diferencias y emitir un comunicado suavizado, lo que plantea dudas sobre su capacidad para mostrar un liderazgo decidido».
Ya lo dijo Donald Trump que no va a aceptar que Estados Unidos sea gobernado por organismos internacionales. ¿Por qué condenar el «proteccionismo» cuando miembros del G-20 han intensificado sus barreras al comercio? Los negociadores de China y Europa también presionaron sobre la necesidad de una reforma de la OMC, por lo que no fue solo una necesidad para Estados Unidos.
La seguridad encargada del G20, detuvo a personas acusados ante la justicia de ser parte de organizaciones terroristas. Hubo detenidos con bombas molotov y con handies para interceptar las comunicaciones de la policía. Alertas del extranjero motivaron que la Justicia detuviera a varias personas supuestamente vinculadas al terrorismo islámico más radicalizado. Dos presos estaban relacionados con el grupo terrorista Hezbolláh, que en la Argentina no es considerado como tal por las leyes.
Hace varios meses, el servicio secreto del Reino Unido, el MI5, advirtió que dos argentinos convertidos al Islam, estaban trabajando junto al ISIS para atentar con bomba durante la marcha del orgullo gay que se realizó en Buenos Aires. Los nexos de ISIS con los argentinos, se habrían realizado en la «deep web», el internet paralelo utilizada para cometer actos ilegales.
El gobierno destruyó drones en vuelo cercano a los líderes mundiales. Los vuelos de drones fueron prohibidos en varias zonas de la Capital Federal, otras naves escaparon. La comitiva de China levantó en vuelo un drone, la policía lo descubrió y avisó que si el aparato no aterrizaba iba a ser destruido por disparos. Otro drone voló sobre el Obelisco, justo cuando los líderes del G20 entraban a la gala en el Teatro Colón, se usó tecnología israelí para bloquear su funcionamiento y cayó al suelo. Y se produjeron ciberataques contra webs vinculadas a la cumbre. Dos años trabajaron los espías extranjeros y locales, para frenar potenciales ataques durante el G20, un evento internacional duró 48 horas.
Como era de esperar el atrasismo peronista con Cristina Kirchner a la cabeza pidió a sus simpatizantes armar un «frente social, cívico y patriótico en el cual se agrupen todos los sectores que son agredidos por las políticas del neoliberalismo». La líder de ese engendro llamada Unidad Ciudadana abrió el Foro Mundial del Pensamiento Crítico, organizado por CLACSO, en el que participan otros ex mandatarios como el tupamaro uruguayo José Mujica y la brasileña Dilma Rousseff. Este foro es considerado una «contracumbre» a la del G20. Cristina evitó abucheos y cánticos contra el presidente «No gritemos porque perdemos tiempo de pensar otras cosas».
En papel filosófico, luego de mofarse del mote con los que los kirchneristas se burlan de Macri, dijo que el ser humano se caracteriza por la «diferenciación del otro», y ejemplificó: «En cambio los animales son animales. Los gatos son gatos y las yeguas son yeguas». Y los ladrones son ladrones, el tuerto (Néstor Kirchner) es el tuerto y la yegua (Cristina) es la yegua, y los peronistas el cáncer argentino.
Dejando la barbarie peronista, digamos que Trump es un empresario, un cazador, le da igual los perros, o como decía Deng Xiaoping, «No importa que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones». No tiene ideología ni escuela. Hace negocios. Tiene unos objetivos empresariales (ahora presidenciales) America First – America Great Again. Y tiene un plan de acción. Y sabe negociar muy bien, su verdadero oponente es China.
Negociar con Canadá y con México es poner orden en el patio trasero antes y saber si estos dos países son aliados o no. Ahora viene la pelea de verdad, meter en caja a su competidor de hoy y del futuro, pero no son los aranceles, son las reglas comerciales mucho más amplias: el dumping, los derechos de royalties y patentes, las garantías sobre inversiones realizadas y futuras, las reglas de Comercio, las monetarias, las devaluaciones forzadas.
Y como vemos ahora con la detención de la hija del dueño de Huwai, en Canadá, el cumplimiento de las sanciones que Estados Unidos imponga a terceros países (Irán, Rusia, Corea del Norte, etc.).
6 de diciembre de 2018.